| Texto: Verbigracia García L.
El día de la Velada de la Feria de Primavera y Fiesta del Vino Fino, cuando la ciudad empieza a oler a albero recién regado y a Vino Fino servido a placer, llegan nuevas sevillanas con firma local. Jesule del Puerto presenta A compás de El Puerto, un tema musical que enlaza la tradición con oficio y conocimiento… aunque sin demasiadas ganas de salirse del guion. Eso sí, con una excelente ejecución en la coreografía y en la toma y mezcla de las imágenes de los espacios portuenses que se muestran.
Hay canciones que nacen para quedarse en la memoria… y otras que encuentran su sitio por excelencia en la caseta. Las nuevas sevillanas de Jesule del Puerto, pertenecen sin duda a esta segunda categoría: música pensada para ser bailada, compartida y, sobre todo, reconocida desde el primer compás.
El proyecto respira cercanía. Sin artificios ni pretensiones de laboratorio musical: aquí hay grupo, oficio y una dirección musical que sabe perfectamente dónde baila. Jesule, curtido en el flamenco de base, no busca reinventar nada. Su apuesta es más normal —y también más arriesgada dicho de otra manera—: sonar a lo que ya somos.
Y lo consigue. Las sevillanas entran del tirón hasta la cocina, fluyen con naturalidad y encajan como un guante de satén en el panorama festivo de El Puerto de Santa María. No hay rupturas inesperadas ni giros que descoloquen al bailaor, no hay compases desproporcionados. Todo está medido para que funcione en ese territorio donde la música deja de ser protagonista para convertirse en una excusa para convivir.
Sin embargo, ahí mismo aparece… ¿acaso un límite?. Porque cuando una Ciudad con tanta historia, tantas mezclas y tanta personalidad como El Puerto se convierte en pieza musical, uno espera algo más que una evocación amable. Se echa en falta ese pellizco que sorprenda, esa letra que se quede flotando más allá del último acorde, ese riesgo que convierta lo correcto en memorable.

A compás de El Puerto prefiere no complicarse la vida. Y eso, en tiempos de experimentos y fusiones, tiene incluso un punto de rebeldía… aunque también deja la sensación de oportunidad a medio camino ¿Será en la siguiente?
En cualquier caso, estas sevillanas cumplirán con su cometido. Sonarán en las casetas, acompañarán palmas y compases, giros y miradas cómplices, y formarán parte del paisaje sonoro que cada primavera se renueva... pero sin dejar de ser el mismo. No todas las coplas están hechas para cambiar las cosas. Algunas —como esta— están hechas, simplemente, para que todo siga sonando como siempre.
