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Nicolás y María García-Máiquez López. Desde la botica… #6.625

María pone el alma; Nico, el rumbo: la fórmula de la Farmacia Vistahermosa

| Texto: José María Morillo

Nicolás García-Máiquez López, Nico (Murcia, pero El Puerto de Santa María, 1971) es boticario y titular de la Farmacia Vistahermosa, heredero de una tradición familiar vinculada a la farmacia y al servicio público. Formado en Granada, concibe la oficina de farmacia como un espacio de escucha, cercanía y ayuda a las personas. Comparte el manejo del establecimiento con su hermana melliza María, Técnico en Farmacia, a quien considera el alma humanizadora del equipo. Divulgador sanitario en redes sociales y estudiante senior de Psicología, Nico defiende valores como la educación, la empatía y el compromiso social. Apasionado del mar, mantiene una visión optimista de la condición humana y de la capacidad de mejora de la sociedad. Partidario del sentido del humor en todas las circunstancias, es asesor del grupo popular en el Parlamento Andaluz, ‘gratis et amore’ o lo que es lo mismo ‘sin trincar’, como diría el Beni de Cádiz.

Nuestros protagonistas, mellizos como ya hemos señalado, nacieron el 7 de mayo de 1971 en Murcia, ciudad materna, pero enseguida se vinieron a El Puerto de Santa María, donde residía la familia. Una familia donde la farmacia parecía formar parte de su ADN. Su padre, Enrique García-Máiquez, doctor en Farmacia y doctor en ciencias biológicas (microbiólogo), y su madre, Carmen López Llopis, farmacéutica y titular de la Farmacia Vistahermosa. Volveremos sobre la familia en esta entrevista.

1971

En 1971, el año en que nacieron Nicolás y María, El Puerto de Santa María vivía una etapa de transición entre la tradición y la modernidad. Bajo la alcaldía de Fernando T. de Terry Galarza, la ciudad superaba los 42.000 habitantes y mantenía su pulso económico gracias a las bodegas, la pesca, el comercio y un turismo que comenzaba a consolidarse, todavía muy marcada por el ambiente de los años finales del franquismo.

Aquel año dejó también varias estampas para la memoria colectiva: la elegante estación de ferrocarril era distinguida con un premio nacional por su arquitectura; nacía la primera edición de la Fiesta del Cante de los Puertos, una referencia del flamenco en aquellos años; la comparsa Los Hindúes, de Ariza y Arniz, conquistaba el primer premio provincial en las Fiestas Típicas Gaditanas; y, en la madrugada que daba paso a 1971, Eleuterio Sánchez «El Lute» protagonizaba una de las fugas más célebres de la historia reciente al escapar del entonces Penal de El Puerto.

| Facultad de Farmacia de Granada.

Nico, sobre quien va a gravitar esta charla, venía de estudiar en los portuenses colegios Grazalema y Guadalete, respectivamente. Continuó su etapa universitaria en Granada que le marcó profundamente. De aquellos años conserva el recuerdo de una ciudad y una provincia excepcionales, una Facultad de Farmacia de gran tradición y un ambiente universitario enriquecedor. Más allá de los tópicos gastronómicos, Granada le regaló buenos compañeros, grandes amistades y el descubrimiento de lugares emblemáticos como la Alhambra, Sierra Nevada, la Costa Tropical, el Sacromonte y el Albaicín, experiencias que contribuyeron a su formación personal y profesional. Además, Nico está cursando el primer año de Psicología y es patrón profesional de embarcaciones de recreo, así como vicepresidente y comodoro del Real Club Náutico. María hizo Secretariado Internacional y Técnico en Farmacia

Pregunta. ¿Hasta qué punto sintieron la vocación farmacéutica como una elección propia y no como una herencia familiar?
Respuesta. En ambos casos descubrimos la vocación farmacéutica a través de la intención de servicio inspirada por nuestros abuelos y nuestros padres. En un comienzo, la profesión farmacéutica pudo ser simplemente una forma de ganarnos la vida, pero la botica —-que yo concibo como algo más-— tiene un elevado componente de servicio, entrega, paciencia, empatía y mucha capacidad de escucha.

| Parte del equipo de la botica: Marta Moreno, María García-Máiquez, María Cano y Nico.

Cuando quieres ayudar a las personas y puedes hacerlo desde tu trabajo, empiezas a disfrutarlo y a verlo de otra manera. He procurado formarme con profesionales que me hicieran ver la cara amable de la vida, la parte alegre de cada acción. Me he preocupado mucho de que en nuestra farmacia se trabaje con entusiasmo sin perder el rigor. Que todo el equipo tenga como leitmotiv ayudar a las personas con la mejor actitud y siempre dentro del marco de la ley (no es fácil, se lo aseguro). Esa ha sido la vocación.

| De izquierda a derecha, María, su padre Enrique junto a Enrique hijo; sentados, Jaime, su madre Carmen y Nico, en una foto de familia completa y jovial.

Aunque sus hermanos Enrique y Jaime orientaron sus estudios hacia las Humanidades y las Letras, Nico eligió el camino de la ciencia. Considera que la Farmacia ha logrado reconciliar ambos mundos, porque tradicionalmente la botica ha sido mucho más que un establecimiento sanitario: un lugar de encuentro y reencuentro en la vida de los pueblos. Recuerda que antiguamente se decía que en cualquier localidad siempre había un cuartel de la Guardia Civil, una iglesia con su sacerdote y una botica con su boticario. Hoy, desaparecidos muchos de aquellos referentes, las farmacias han asumido también un papel social y cultural, convirtiéndose en espacios de cercanía, escucha y convivencia, además de seguir siendo un servicio esencial para la salud.

P. Su hermana María, técnica en Farmacia, es una pieza fundamental en la Botica de Vistahermosa. Usted ha dicho en alguna ocasión que ella aporta el componente emocional y humanizador mientras usted se ocupa más de la gestión y la dimensión social. ¿Cómo se construye ese equilibrio entre hermanos?
R. Ya nacimos equilibrados. Al ser mellizos, nos cuesta muy poco. María es una persona increíble. Soy muy afortunado de tenerla tanto en mi vida personal como en la profesional. Ella es la verdadera inspiradora de nuestra filosofía. En María, todos los pacientes encuentran un consuelo que solo ella sabe ofrecer. Eso es un don de Dios. La bondad y la generosidad también hay que trabajarlas, y María lo hace.

| María García-Máiquez López

A mí me corresponde la responsabilidad de las cuentas y la gestión de la farmacia, pero eso es cuestión de ponerse; no tiene mucho mérito. Creo que lo realmente difícil es hacer lo que ella hace. Y entre esas cosas está precisamente lo que me preguntas: hacer fácil el trabajo entre hermanos y compañeros. Le diré que la Farmacia Vistahermosa está compuesta por más profesionales de la salud, cada uno con su función, pero todos ellos son increíbles trabajadores e impresionantes personas. Somos un equipo que tiene claro que lo importante es ayudar a todo el que entra por la puerta.

P. ¿Cuál es la visión femenina de María, en contraste con la suya, respecto a la farmacia que creó su madre, la recordada Carmen López Llopis?
R. De mi madre queda mucha huella. Ella trabajó en una farmacia de los años ochenta y noventa —anteriormente estuvo ubicada en la calle San Juan— que poco tiene que ver con la farmacia actual. Creo que lo único que no ha cambiado en todos estos años es la estructura química del ciclopentanoperhidrofenantreno.

| Parte del equipo, Ana, Nico,  Beatriz y Marta.

La visión de la farmacia no la tenemos diferenciada por razón de género. Fue una de las enseñanzas de mi madre: «Todos somos iguales en el trabajo, todos somos iguales en la familia, y el mundo sería mejor si todos nos tratáramos como iguales». En un futuro cercano será mi hija Beatriz quien tome las riendas de la farmacia. Ya está estudiando la carrera y aportará una visión femenina actual, acorde con su edad y con las necesidades de la sociedad.

| El padre de nuestro protagonista con el poeta universal, Rafael Alberti, en el ingreso en la Real Academia de San Fernando de Madrid | Año 1984.

La figura de su padre, Enrique García-Máiquez, marcó profundamente a Nico, no solo por su trayectoria investigadora vinculada al vino del Marco del Jerez, sino también por el ambiente intelectual y cultural que se respiraba en casa. Recuerda cómo llegaba de la bodega y continuaba trabajando en su despacho, siempre con una especial atención a El Puerto antes de abrirse a horizontes más amplios. Aquellas vivencias estuvieron enriquecidas por la amistad familiar con Rafael Alberti y Juan Lara, así como por tertulias culturales y taurinas compartidas con Luis Suárez Ávila, Antonio Gil de Reboleño y Chiqui Muñoz —estos dos últimos, farmacéuticos—, conformando un entorno que despertó su interés por la ciencia, la cultura y las raíces de su tierra.

P. Su trayectoria profesional parecía encaminada hacia el mundo del vino y la investigación. Estaba trabajando con las levaduras de velo de flor en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos, dependiente del CSIC en Valencia, cuando recibió la llamada materna para hacerse cargo de la farmacia de su madre en Vistahermosa. ¿Sintió aquella decisión como una renuncia o como una oportunidad inesperada?
R. No pensé; obedecí de inmediato a mi madre porque nunca salió nada malo de ella para nosotros. Ella mandaba pocas veces, pero cuando lo hacía era por nuestro bien y no por capricho. Mi madre no era una mujer caprichosa; a decir verdad, mis padres nunca lo han sido.

| Parte del equipo: Yumara, Nico y Paloma

Es cierto que dejé colgada una tesis apasionante y novedosa para la época, porque eran los comienzos de las pruebas de PCR, e introducirlas en el vino del Marco de Jerez era un giro que propició mi padre. Colaboraron dos bodegas de Sanlúcar, dos de Jerez y dos de El Puerto.
Pero me quedó la afición por beber el mejor vino del mundo. Es un privilegio y una maravilla saber que nuestros vinos, empezando por el fino y la manzanilla, están criados por esos microorganismos que hoy llamamos tan alegremente «probióticos». Y, si lo miramos desde el punto de vista de la salud, en nuestra tierra nos hemos protegido la inmunidad de la mejor manera posible. Todo esto lo digo en broma... aunque no tan en broma.

P. Quienes le conocen destacan de usted una combinación poco frecuente: una personalidad decidida y valiente junto a una sensibilidad muy marcada hacia las personas vulnerables. ¿De dónde nace esa preocupación por quienes atraviesan momentos difíciles?
R. De entrada, creo que ser mellizo te regala una determinada visión de la vida y te obliga a trabajar la generosidad desde el primer momento. Todo se comparte al cincuenta por ciento.
Quizá ese carácter decidido y valiente —-muy generoso por su parte al definirlo así-— provenga de esa misma circunstancia, enriquecida por la educación recibida en mi familia. Además, tengo que reconocer que me he criado rodeado de personas valientes y decididas. La valentía que me enseñaron es la responsabilidad de asumir las decisiones tomadas.
A mi abuelo Pepe no llegué a conocerlo, pero siempre me han hablado de él como de un hombre extraordinariamente bueno, militar de profesión y gran persona. A mis abuelas sí las conocí y, en sus diferentes circunstancias, ambas eran mujeres justas y valientes a su manera. Mi abuelo Nicolás, mi padrino, sencillamente era maravilloso.

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P. Durante la pandemia decidió abrir una cuenta de Instagram cuando ni siquiera era usuario habitual de redes sociales. Hoy reúne una comunidad de alrededor de 20.000 seguidores donde mezcla divulgación sanitaria, reflexiones personales y cercanía. ¿Qué descubrió sobre las personas y sobre usted mismo a través de esa experiencia?
R. Soy un firme defensor del uso bondadoso de las redes sociales, del respeto, de la tolerancia y de la libertad. Muestro en ellas una experiencia que engloba el día a día de la farmacia, con sus pros y sus contras. Lo que no hago es engañar a nadie ni engañarme a mí mismo. Quien viene a nuestra farmacia y nos sigue en redes sabe lo que va a encontrar; espero que siempre sea algo bueno.

Yo te conozco en la vida real y tú no eres así».

Sé que no vamos a gustarle a todo el mundo, ni mi contenido ni yo mismo, pero eso sucede cuando no mostramos imposturas. Ni yo ni nadie del equipo. No le temo al qué dirán. Lo que digo, lo pienso. No digo todo lo que pienso, pero lo que digo en redes lo defiendo igualmente en mi casa y en la calle. Ojalá todo el mundo hiciera lo mismo. Creo que uno de los grandes problemas de las redes sociales es la impostura. Debería existir un botón que dijera: «Yo te conozco en la vida real y tú no eres así». Nuestra cuenta está basada precisamente en ese botón imaginario: que nadie pueda acusarme de ser una persona falsa. Por eso, a veces me enfado y otras me río, exactamente igual que en la vida real.

Nicolás García Máiquez habla sobre pruebas de detección en la Oficina de Farmacia. Invita a perder el miedo y la vergüenza a ofrecer servicios y formarse en ellos para que se ofrezca un consejo lo más completo y excelente posible. | Colegio Oficial de Farmacéuticos | Año 2018.

P. En una entrevista afirmó que se puede tener un título de Farmacia y, sin embargo, no llegar a ser verdaderamente farmacéutico, porque hacen falta empatía, inteligencia emocional y vocación de servicio. ¿Esa es la principal carencia que detecta en la sociedad actual: la falta de humanidad?
R. No. La humanidad siempre termina apareciendo; no hay nada más humano que el egoísmo. Desde mi pequeño prisma, el problema principal es la falta de educación. Y entiendo la educación también como el cumplimiento de nuestras obligaciones hacia los demás. Exigir solo derechos y olvidarse de las obligaciones es un acto profundamente egoísta. Basta observar cómo algunas personas se lanzan a los pasos de peatones.

Faltan más buenos días, gracias, por favor y perdón»

En el mostrador de la botica sufrimos mucho esa falta de educación, pero también la vemos en la cola del pan, en la cafetería o en la calle. El «todo vale» no vale, Se exige mucho y, además, se exige mal. El resultado es una sociedad permanentemente enfadada. Faltan muchos «buenos días», muchos «gracias», muchos «por favor» y muchos «perdón».

P. Actualmente estudia Psicología. Asegura que lo hace a su ritmo y que se considera «estudiante de todo lo que me haga mejor persona, aunque suspenda con frecuencia». ¿Qué busca realmente en los libros y en el aprendizaje continuo que no aparece en la vida cotidiana? En el momento de transcribir esta entrevista su hijo se ha graduado como psicólogo.
R. Voy tan despacio con la carrera que a veces pienso que estoy parado, pero no desisto. Busco entender muchas de las cosas de las que hemos hablado durante esta conversación. Me encanta la antropología, comprender al ser humano como una especie racional que busca independizarse del medio y, sin embargo, no puede hacerlo. Somos seres gregarios.
La psicología viene de la filosofía, y la ciencia también. Creo que no hay dos sin tres. No pienso que la psicología lo arregle todo, pero sí ayuda a comprender cuestiones que, sin esas herramientas, quizá nunca terminaríamos de aceptar. Algún día la terminaré. Mi hijo, Nico Jr., ya la ha terminado, así que no me faltarán herramientas. Y me temo que conmigo va a tener trabajo. Será un magnífico psicólogo.

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P. La farmacia es uno de los pocos lugares donde la gente sigue entrando a contar sus problemas, muchas veces más allá de una receta médica. ¿Qué les ha enseñado a ambos el contacto diario con miles de personas sobre la condición humana?
R. Que la gente es maravillosa. Es cierto que hoy vivimos de una forma más acelerada y más crispada, pero cuando conectas con una persona dañada y la acompañas en su evolución, la experiencia resulta extraordinaria.
En las respuestas anteriores puede haberse entreverado una cierta visión catastrofista, pero no lo soy. Soy optimista y estoy convencido de que, el día que queramos mejorar nuestros barrios, podremos hacerlo. Es una cuestión de voluntad.

Las personas nos sentimos mejor haciendo el bien que haciendo el mal"

También estoy convencido de que las personas nos sentimos mejor haciendo el bien que haciendo el mal. A veces el dañado he sido yo, y han sido ellos quienes me han llevado en volandas sin siquiera saberlo. Quizá algunos se estén enterando ahora. Esa es la magia de la botica.

P. Nico, del mismo modo que heredó la vocación científica de sus padres, también heredó de su padre la afición por el mar. Es vicepresidente y comodoro del Real Club Náutico portuense, pescador y windsurfista madurito, ¿qué encuentra en el mar que no está en ningún otro lugar?

| Una espectacular imagen de Nico, durante una maniobra de forward loop disfruntando del windsurf

R. Las tres «S»: la soledad, el silencio y el secreto. Te contaré un secreto. Aunque no estemos hablando de la Bahía, cuando éramos niños mi padre siempre se llevaba a pescar a mi hermano Enrique. A mí aquello me inquietaba tanto, y me quedé con tantas ganas de pescar, que cuando tuve la primera oportunidad no la desaproveché. Y hasta hoy seguimos pescando juntos: él con 83 años y yo con 55. Enrique conserva ese orgullo de primogénito y también heredó una gran afición por la pesca.

| Nico, presumiendo de una buena captura

Cuando vuelves del mar a tierra firme, la soledad se transforma en vida social y redes sociales a toda velocidad; el silencio se convierte en ruido y el secreto se enfrenta al chismorreo. Por eso el mar es curativo. En él puedes desconectarte de todo, conectarte contigo mismo o conectarte con Dios. Tú eliges.

P. Hace siete años formó parte de una candidatura municipal del Partido Popular y posteriormente abandonó responsabilidades orgánicas por discrepancias con la línea seguida por dicho partido. Sin embargo, continúa colaborando como asesor del Partido Popular en el Parlamento andaluz sin percibir remuneración. ¿Qué necesidad personal le impulsa a dedicar tiempo a la política cuando podría vivir mucho más tranquilo al margen de ella?
R. No fue con el partido; fue con algunos cargos directivos del partido. Pero para mí eso ya forma parte del pasado. Creo en una política que se preocupe de verdad por las personas. También creo que el mundo cambia y que los políticos, sin perder sus principios básicos, pueden evolucionar y transformarse sin olvidar por qué decidieron dedicarse a la política. No creo en los radicalismos ideológicos ni en el exhibicionismo ridículo de quienes se visten de políticos para preguntarse únicamente: «¿Y de lo mío qué?».

| Con Jesús Aguirre, presidente del Parlamento de Andalucía.

En política, como en cualquier otro ámbito de la vida, quien la haga debe pagarla. Así de sencillo. Creo que hay partidos para todos los gustos y que eso merece respeto, tanto en las ideas como en las personas.
El partido en el que milito y del que formo parte de la Ejecutiva Regional es una organización muy completa. Quizá no perfecta, pero sí integrada por muchas personas generosas e implicadas. A veces nos dejamos llevar por lo que nos cuentan, pero puedo asegurar que existen cargos políticos en Andalucía —del Partido Popular, que son los que yo conozco— que son honrados, trabajadores y profundamente vinculados a la realidad de la calle y de sus vecinos.
Estoy políticamente donde me dejan estar y donde me dicen que esté. Ahora es en Sevilla, en la Ejecutiva Regional. En el futuro, nunca se sabe.

P. Volvemos a su padre, quien escribió en 2010 una reflexión muy crítica sobre la evolución de El Puerto de Santa María, lamentando la pérdida de valores como el esfuerzo, la disciplina, la educación o la capacidad de sacrificio. Dieciséis años después, ¿cree que aquel diagnóstico sigue vigente o percibe señales de recuperación?

| Enrique García-Máiquez, en la actualidad, disfrutando de una jornada de pesca

R. Vigentísimo. Pero la culpa es nuestra, y me incluyo, por supuesto. Somos una sociedad más acomodada que la de nuestros padres y mucho más acomodada que la de nuestros abuelos. Es una realidad, y quien no quiera verla… Decían que de la pandemia saldríamos convertidos en una sociedad mejor. Permítame que le haga yo una pregunta: ¿Somos una sociedad mejor después de la pandemia?

P. No, evidentemente… pero seguimos con usted, que es el interpelado. Si tuviera que elegir una única receta para mejorar El Puerto de Santa María en los próximos veinte años, una receta que pudiera despacharse sin necesidad de prescripción médica, ¿qué ingredientes llevaría?
R. Como en las cremas que se elaboran en el mortero, tenemos dos fases: una acuosa y otra oleosa. Hágase según arte (HSA).

La parte política sería la fase oleosa:
Honradez: se es honrado cuando se es justo; actuar de forma justa para todos. Honestidad: se basa en ser sincero. Como decía mi madre, «Hay que decir la verdad aunque duela». Eso sí, no debemos confundir decir la verdad con las formas de decirla, porque hay quien ofende amparándose en el argumento de «Yo digo lo que pienso». Las formas son muy importantes. Integridad: implica vivir de manera coherente entre los valores y principios que se defienden y las acciones que se realizan. Basta asistir a algunos mítines para comprobar que aquí se falla con frecuencia.

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La fase acuosa sería la parte municipal:
Eficacia: hacer aquello que se ha dicho que se va a hacer. Eficiencia: hacer más con menos. Afectividad: poner cariño en las personas y en las acciones.

Y el emulgente de ambas fases sería el sentido del humor. El humor es fundamental. Si no sabemos reírnos de las cosas de la vida, tanto de las buenas como de las menos buenas, estaremos perdiendo el tiempo.
Una sonrisa abre más puertas que un llavero.

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