Cuando unas vacaciones acaban por bulerías

| Texto: José María Morillo | Fotos: Adrián Morillo
Existen viajeros que regresan de Europa con la maleta llena de fotografías. Otros vuelven con imanes para la nevera, alguna botella de vino y un puñado de recuerdos. Pero Alexander y Jasmine, un matrimonio ítalo-canadiense que recientemente ha recorrido varios países europeos, se llevaron de El Puerto de Santa María algo bastante más difícil de guardar en el equipaje: el compás de las bulerías.
Entre monumentos, paisajes y ciudades históricas, la pareja encontró en nuestra tierra una experiencia que no figuraba en las guías turísticas. Durante su estancia en El Puerto decidieron cruzar las puertas de la academia de baile de Diana Andrades y adentrarse en ese universo fascinante donde las palmas marcan el tiempo, los pies conversan con el suelo y la alegría se expresa bailando. Como pudieron comprobar por la tarde en un tabanco.

Lo que comenzó como una curiosidad terminó convirtiéndose en una de las vivencias más recordadas de su viaje. Alexander y Jasmine descubrieron que las bulerías no se aprenden únicamente con los pies, sino también con la sonrisa, la improvisación y esa forma tan portuense de entender la vida, que convierte cualquier encuentro en una celebración.

Quizá dentro de unos años olviden el nombre de alguna plaza europea, la fachada de algún museo o monumento visitado. Lo que parece más difícil es que olviden aquel día en que, en una academia portuense, cambiaron por un rato la condición de turistas por la de alumnos de flamenco. Y es que, además de guardar los recuerdos en fotografías estos, sencillamente, se quedan para siempre en el corazón... y en el compás.
