Del Barrio Obrero al sueño de Primera con el Cádiz

| Texto: José María Morillo
El futbolista portuense ha abandonado el fútbol profesional a los 33 años tras admitir el desgaste mental sufrido durante sus dos últimas temporadas. El ascenso a Primera, el episodio de Ceuta y su difícil relación con Sergio González marcaron una despedida cargada de recuerdos.
Iza Carcelén cerró su etapa como futbolista profesional cumpliendo la promesa que se hizo a sí mismo: retirarse vistiendo la camiseta del Cádiz CF. El lateral portuense, que todavía tenía un año de contrato, decidió adelantar su despedida después de siete temporadas, 226 partidos oficiales entre Primera y Segunda División, tres goles y ocho asistencias. Lo anunció el pasado 7 de julio en El Puerto de Santa María.
La retirada devuelve ahora a Iza Carcelén a sus raíces. El jugador nunca ha olvidado sus comienzos en la cantera del SAFA ni su relación con el Barrio Obrero. Desde el pasado 12 de agosto, la renovada pista deportiva de Pinillo Chico, situada en la calle Ronda del Ferrocarril, lleva su nombre como reconocimiento a una carrera construida desde El Puerto de Santa María hasta la élite del fútbol español.

Su marcha no responde a problemas físicos. A sus 33 años, Carcelén se encontraba en condiciones de seguir compitiendo, pero reconoció que había llegado al límite desde el punto de vista mental. Esperó a que el equipo asegurara la permanencia para comunicar su decisión al club y, desde entonces, ha comenzado una vida diferente, con más tiempo para los amigos, los viajes y aquellas actividades que las exigencias del fútbol profesional le habían impedido disfrutar.
El jugador entendió que su ciclo en el Cádiz estaba agotado y que el vestuario necesitaba nuevas energías. Nunca se planteó escuchar ofertas ni continuar su carrera en otro equipo. Los dos últimos años, especialmente la segunda vuelta de su última temporada, terminaron por acelerar una decisión que llevaba tiempo madurando.
Su despedida pública tuvo lugar sobre el césped del Nuevo Mirandilla el 8 de agosto, antes del Trofeo Carranza frente a la UD Las Palmas. Inicialmente se había previsto una comparecencia ante los medios, pero la salida de Manuel Vizcaíno y el relevo en la presidencia con Christian Septien modificaron los planes. El homenaje resultó emotivo, aunque el propio futbolista percibió cierta frialdad en el ambiente.

Carcelén se ha marchado convencido de haber protagonizado una etapa importante en la historia reciente del Cádiz. No son muchos los jugadores que alcanzan su cifra de encuentros ni los que pueden presumir de haber defendido al equipo durante cuatro temporadas consecutivas en Primera División. También admite que su fuerte carácter pudo provocar reacciones difíciles de comprender desde fuera, especialmente cuando se sintió cuestionado o tratado injustamente.
El portuense considera que los futbolistas de la tierra soportan una exigencia añadida. Durante su trayectoria como cadista jugó lesionado, infiltrado y afectado por problemas como la pubalgia, circunstancias desconocidas por buena parte de la afición. A su juicio, el compromiso de los jugadores formados cerca del club no siempre recibe la misma consideración que el rendimiento puntual de quienes llegan desde fuera.
Uno de los episodios que más le afectaron se produjo tras la derrota ante el Ceuta en el Alfonso Murube. Las imágenes de Iza llorando sobre el césped desencadenaron una controversia con Sergio González, entonces entrenador cadista, que fue destituido el pasado 22 de abril. El lateral sostiene que el técnico interpretó aquella reacción emocional como una señal de debilidad ante el vestuario y que posteriormente lo expuso de manera injusta en rueda de prensa.
Carcelén considera que el entrenador gestionó mal aquel momento y todavía mantiene pendiente una conversación personal con él. Su relato refleja una herida que continúa abierta y que coincidió con una segunda vuelta muy negativa para el equipo, incapaz de recuperar una dinámica competitiva estable.

Por encima de las dificultades, el ascenso del Cádiz a Primera División ocupa el lugar más destacado de su carrera. Jugar en la máxima categoría era el sueño que perseguía desde sus comienzos y alcanzarlo con el conjunto amarillo convirtió aquella temporada en el recuerdo más valioso de su trayectoria. También guarda un balance especialmente positivo de su segundo curso en Primera, probablemente el mejor de su carrera en el plano individual.
Antes de consolidarse en Cádiz, Iza recorrió un camino con luces y sombras por el filial del Betis, el Zaragoza, la Cultural Leonesa y el Rayo Majadahonda. Vivió temporadas de crecimiento, pero también descensos y campañas difíciles que terminaron moldeando su carácter competitivo.
Entre los compañeros que más lo impresionaron destaca la calidad de Theo Bongonda, a quien considera el futbolista más desequilibrante que vio durante sus años en el Cádiz. Entiende que el modelo de juego del equipo limitó parte de su potencial. También conserva una admiración especial por Álvaro Negredo, tanto por su trayectoria como por su comportamiento dentro del vestuario. Si amplía la mirada al conjunto de su carrera, sitúa a Rubén Castro como el mejor jugador con el que coincidió.

Iza deja el fútbol sin buscar otro destino y con una promesa cumplida. Su último escudo ha sido el del Cádiz, el mismo con el que vivió un ascenso histórico, cuatro temporadas en Primera y algunos de los momentos más felices —y también más dolorosos— de su vida deportiva.
