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josemariacruzgarcia_puertosantamariaJosé María Cruz García, ‘el Chico’, escribió en abril de 1993, además de los recuerdos de su infancia, los tristes memorias del inicio de la Guerra Civil, vividos por un adolescente con apenas 12 años.

Nacido el 1 de mayo de 1924, ‘El Chico’, que falleció el pasado 27 de enero de 2010, estuvo casado con María Aurora de los Milagros Vélez Hidalgo, con la que tuvo seis hijos: José María, Manolo, Gregorio, Milagros, Mercedes y Francisco. Hizo el servicio militar en Sidi Ifni (Marruecos español). Estuvo emigrado en Alemania. Trabajó toda su vida con maquinaria pesada, iniciándose en la construcción de la Base Naval de Rota. Trabajaría en la construcción de carreteras y autopistas por toda España con Dragados y Construcciones, así como en obras de pantanos en Cáceres y Badajoz. Cuando se jubiló estaba de capataz en las tristemente célebres Minas de Aznalcollar. Trajo a El Puerto la delegación de la Compañía de Seguros Norte Hispana, consiguiendo, gracias a la importante cartera de clientes que creó, abrir oficina en nuestra Ciudad.

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Rodeado de hijos y nietos, en uno de sus úlitmos cumpleaños, en el año 2006

Este es su relato realizado durante un curso impartido en el Hogar del Pensionista. La transcripción del mismo es de Manuel Paz Muñoz.

josemariacruzgarcia_ninio_puertosantamariaLA CASA DONDE NACÍ.
«Yo, José María Cruz García, nací en El Puerto de Santa María el 1 de Mayo de 1924, en la calle Santo Domingo, casa núm.3, segundo piso. Allí vivía mi abuela Dolores, con su hijo José que era viudo y su hija Lola, hermana de Jochele. Al quedarse viudo mi tío se fue a vivir con su tía Ana. En éste piso también vivía mi tío Manolo Silva y mi tía María que estaban solteros. Mis padres y yo teníamos dos habitaciones en éste piso que era muy grande, dos dormitorios, que daban a la calle Santo Domingo, y otra habitación interior con una ventana que daba al Horno de Rascón, En la actualidad (1993) es un despacho de electrodomésticos. Este piso tenía una especie de sala o recibidor, un comedor y la cocina que era inmensa de grande; no tenía cuarto de baño como hoy, sólo un retrete; tampoco luz eléctrica. Estamos hablando de los años 1928 o 29, que son lo más lejano de mis recuerdos de infancia que puedo recordar, de niño, con cinco o seis años. De quien no tengo recuerdos es de mi padre en mi casa, sólo se que mi madre se separó de él. A mi me dijeron, un poco más mayor, que mi padre desatendió sus obligaciones como padre y esposo  de mi madre.

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EL TRABAJO, LAS CALLES.
Recuerdo algo de la Fábrica de Conservas Sur que estaba en la Calle Comedias, donde trabajaban mi madre, mis tías, mi prima Lola y mi tío José, así como Manolo Silva, que lo hacía en el denominado Molino, donde fabricaban los envases de lata para las conservas. Éramos pobres, pero trabajadores, y gracias a ello teníamos para vivir humildemente. Por esos tiempos no había lujos como ahora. La mayoría de las casas eran de vecinos sin agua corriente ni luz eléctrica; un retrete comunitario es decir para todos los que allí vivían. Con esto quiero decir que nosotros teníamos un piso para la familia y vivíamos mejor que mucha gente. Recuerdo que, al caer la noche, por la calle no se veía ni un alma. Tampoco el alumbrado de las calles invitaba a pasear de noche. Nada más había un cine: el del Teatro Principal; y tampoco todo el mundo tenía para sacar la entrada. Esos tiempos eran malos.

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Milagros García, madre de nuestro protagonista y su abuela, Dolores.

EL INGLÉS McKINLEY.
Cuando tenía edad escolar, con seis o siete años, estaba en la Escuela de Encarnación, en la calle Alquiladores. Era una mujer soltera que, no sé por que circunstancia, vivía con su hermano y dos hijos de éste --Mercedes y Eduardo--. Él trabajaba en casa de Don José de la Cuesta; era una especie de mayordomo y venía mucho a la escuela. También pasaba por allí un inglés grande y alto, que se llamaba Mckinley y cuando entraba en la escuela los niños echábamos a correr y a temblar porque, “si éramos malos” nos decían los mayores “llamarían  a Mckinley, que era más grueso que el pan”. Y así las madres asustaban a los niños con el inglés. En la plaza del Castillo solíamos jugar los chiquillos, bien a la pelota o a la piola. Era el centro de reunión de los críos. Una plaza de terrizo con árboles los cuales nos servían de portería. Allí jugué hasta los trece o catorce años, hasta que empecé a trabajar.

Jose-María-Cruz-García-y-su-madre-MaríaLA FONDA DE LA ESPADA.
En la esquina de Santo Domingo con Larga se encontraba el almacén de ultramarinos de Manolito ‘el Loco’, que creo era pariente de mi padre porque, Joaquina , hermana de ‘el Loco’ siempre les decía a mi tía Pepa y a mi padre ‘primo’. Por las noches, mi tía María y mi prima Laja liaban el pimentón, el azúcar y la harina para los clientes de por la mañana ya que, entonces, no se vendían los productos envasados sino en papeles al peso. Donde actualmente está la cafetería Milord estaba la fonda de ‘La Espada’. Allí comí varias veces con mi padre cuando ya estaba separado. Por cierto, Matilde que era la hija, cocinaba un arroz con habichuelas riquísimo --todavía me acuerdo--. La cena valía un real. (Con su madre, Milagros García, en una fotografía de la época).

DIEGO NIÑO CON CHANCA.
De la calle Santo Domingo mi madre se fue a la calle Diego Niño esquina con Chanca que era de la familia del ‘Vivo’. Ya aquí vivíamos con Rafael, un hombre viudo que se junto con mi madre. Allí viví hasta el año 1934 en el que ella falleció en Cádiz en el Hospital de Mora. Recuerdo que bajé al sótano, donde se encontraba de cuerpo presente y me dijeron que tuvo problemas con una operación.

De verdad, en aquella época vivíamos muy bien. No tuve quejas de este hombre ya que conmigo se portó muy bien y con mi madre, también. Yo los veía felices, y eso a mi me daba alegría, a mi no me faltaba de nada estaba en un buen colegio. No nos faltaba la comida que, en esas fechas, estaba escasa. Se empezaron a ver los movimientos del Frente Popular, las huelgas, los despidos, … Cerraron la Fábrica de Conservas Sur donde trabajaba mucha gente y también la empresa que hacia los envases.

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Con su primo 'Ochele' vestido con ropa del batallón infantil y José María, de marinero.

Al morir mi madre yo tenía 10 años. Entonces, mi abuela Dolores que vivía en la Calle Nevería, frente a Muebles Pedregal, me llevó con ella. Allí vivían su hijo José padre de Jochele, su hija Lola, mi tío Manolo Silva, que pertenecía al Sindicato comunista y que ‘a posteriori’ en el año 1936 en el que se declaró la Guerra Civil fue fusilado por los Falangistas. Al padre de mi tía se lo llevaron al Frente y ya no volvió. Su hija Milagritos no conoció a su padre: la crió mi tía Ana. La madre de Milagritos, que murió en 1941, a causa de una epidemia a causa de la cual murieron mucha gente, al faltar alimentos y medicinas. Y es que, durante tres años, los campos no produjeron nada: ni se sembró ni se trabajó en los campos. Fué una época de hambre y muertes.

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José María Cruz, a la izquierda, de aprendiz en la Tonelería Lores.

APRENDIZ DE TONELERO.
Yo con doce años y no teniendo nada para subsistir, me puse a trabajar de tonelero, llevándole las duelas a los que labraban las maderas para las botas. Allí ganaba un real al día, es decir seis reales de lunes a sábado. Yo, que me críe como un niño bien para la época,  me vi, de la noche a la mañana, al más bajo nivel. Todo lo que pasó era para olvidarlo.

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Miembros de una Compañía del Tercio de Regulares.

EL GOLPE DE ESTADO EN EL PUERTO.
Una tarde, el 18 de Julio de 1936, se declaró la Guerra Civil. Franco dió un golpe de estado y se levantó contra el Gobierno de la República presidido por Don Manuel Azaña. Yo estaba en la plaza del Polvorista recogiendo agua en una tinaja en la fuente pública. Estaba en la esquina del Cuartel que se derrumbó para construir lo que hoy son pisos de empleados de Osborne. Allí cogíamos el agua para uso doméstico, ya que no todo el mundo tenía grifo en su casa, ni baño, ni muchas cosas que hoy tenemos. La vida era muy dura, en fin, como digo yo estaba en la fuente, y por el río entró un barco con una Compañía del Tercio de Regulares, quienes tomaron El Puerto en un periquete. No hubo nadie que le hiciera frente. Desembarcaron en el muelle del Vapor, cogieron la calle Luna arriba, calle Larga y plaza de Isaac Peral donde tomaron el Ayuntamiento. En los calabozos había gente detenida, de derechas, que fueron puestas en libertad.

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Las tropas italianas, acuarteladas en la Plaza del Polvorista, recibiendo un homenaje en El Puerto. La instantánea el 1 de octubre de 1938 en la Plaza de Isaac Peral. (Foto: Sánchez Pérez).

LOS FUSILAMIENTOS.
Todos salieron armados con su correspondiente pistolas. Aquella misma noche empezaron a detener a todos los que pertenecían a algún partido de izquierdas y empezaron los fusilamientos. Era horrible.  De noche se sentían los tiros de los que fusilaban en la tapia del Cementerio. ¿Por qué? Ellos no hicieron nada, solo tener unas ideas diferentes, es decir ser de izquierdas. Dieron instrucciones los sublevados a las órdenes de los franquistas de quitar de en medio a todos los socialistas, comunistas o republicanos.

sieteesquinas_puertosantamariaMi maestro, Don Ángel Madrigal también fue fusilado y casi todos los maestros nacionales:  la mayoría pertenecían a la República. Como aquellas fechas eran muy malas, como ya digo, mi tío José el padre de Jochele ya no podía trabajar estaba enfermo de los pulmones, mi tía ya no tenía trabajo en la Fábrica de Conservas y mi tío Manolo también se quedó parado así que no podíamos pagar la casa y nos echaron a la calle.

PALIZAS Y FUSILAMIENTO DE MI TÍO.
Nos fuimos a una casa en las Siete Esquinas (en la imagen de la izquierda). Allí fue la catástrofe: murió mi tío José de una paliza que le dieron los falangistas para que dijera donde estaba escondido su hermano Manolo 'el Silva'. Y él de verdad que no lo sabía; eso no lo sabía nadie nada más que mi tía Ana que lo tenía en su casa detrás de un armario. Pero un día de los muchos que registraron la casa, se salió del escondite y se fue a la azotea donde un vecino simpatizante del régimen franquista lo vio subir las escaleras y se lo dijo a Zamacola que era el Jefe de la Falange.

Manolo-'el-Silva'Subieron a la azotea y vieron un cordel por donde se echó a la casa de junto y allí lo detuvieron. Le dieron una paliza brutal y de inmediato fue fusilado: el único pecado que cometió fue ser del Sindicato. (En la imagen de la izquierda, Manolo 'el Silva').

HAMBRE Y MISERIA.
Aquellos fueron unos años muy duros y más para los que olíamos a izquierdas. A mi, con doce años, cuando iba por la calle --aquellos que yo creí que eran mis amigos porque jugaban conmigo-- me llamaban 'rojo'. Pasamos mucha hambre y miseria, los muebles los quemamos para no pasar frío. No teníamos nada de nada, ni dinero ni comida.

En ése trágico verano del 36 estaba de vacaciones escolares. Mi maestro, D. Angel Madrigal, un buen hombre y mejor persona --yo lo apreciaba-- se esmeraba mucho con sus alumnos para que aprendieran, era muy cariñoso con todos, pero el Movimiento acabó con él y con todos los maestros que eran republicanos. Aquel gobierno fue resultante de una votación democrática y constitucional, pero los militares franquistas se alzaron en armas con los falangistas y declararon la guerra a la República: empezaron los fusilamientos, los Moros tomaron El Puerto y se hicieron dueños del Puerto. Entraron como Dios por su Casa no pegaron tiros ni nadie les hizo frente ni le pusieron resistencia, después fueron fusilados todo aquellos que eran de izquierdas o sindicalistas.

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Los niños y los falangistas, en una festividad del Corpus Christi, en la Plaza de España.

EL PENAL DEL PUERTO.
El Penal del Puerto estaba lleno de presos políticos. Había hombres de todos los pueblos de la provincia y fuera de la provincia. De este Penal, por las noches, salían los camiones cargados de personas y bien eran fusilados o desaparecían sin saberse nada más de
ellos.

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En el Penal del Puerto, todos obligados a levantar el brazo.

Hubo un hombre al que todas las noches lo nombraban y al rato de subirse en el camión lo volvían a bajar y le decían «--Tu te quedas para mañana, hoy a ti no te toca». Así varias veces hasta que Zamacola le dijo: «--Enrique, más vale que te vayas voluntario al frente porque tu propio hermano quiere fusilarte».

fernando_zamacola_puertosantamariaMi pregunta es la siguiente: ¿que sangre tiene un hermano que por tener ideas diferentes quiera matar a su propio hermano? Este hombre se va  a ‘Los Leones de Rota’ [centuria falangista a cuyo frente se encontraba Fernando Zamacola Abrisqueta, cantero bronquista de procedencia gallega, afincado en El Puerto, con antecedentes según la policía, de atracador por robo a mano armada, arrestado en El Puerto por borrachera, escándalo público y estafa, que dió bandazos entre la CNT y los partidos de la derecha y cuyo hermano Domingo ostentó la jefatura de la Falange en El Puerto, muriendo en el frente de batalla, según el historiador Fernando Romero] al frente y tuvo la fatalidad de caer prisionero de los rojos siendo llevado a un Campo de Concentración donde reconoce su tendencia de izquierda de la UGT, y se alista con el bando de Izquierda siendo ésta vez detenido por la Falange y llevado nuevamente a otro Campo de Trabajo Forzados estando el resto de la guerra trabajando de sol a sol hasta que finalizó ésta. (En la imagen, Fernando Zamacola, en un retrato realizado por Julio Pérez Palacios).

Cuando Franco venía al Puerto a visitar a la Viuda de Terry, éste al ser sindicalista era detenido o encerrado en su casa hasta que el dictador se iba de la localidad, por miedo a que Enrique lo matara o provocara algún tipo de movida dentro de la Bodega.

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Otra visión del Penal del Puerto antiguo: Eucaliptos y edificiaciones delante del Monasterio de la Victoria, donde vivían los funcionarios de prisiones, hoy desaparecidas en la explanada de la Estación de Renfe.

Del Penal del Puerto se escribe poco y fueron muchos los que no se saben donde están y a algún sitio fueron a parar sin juzgar, sin juicio ni abogado que los defendiera. Pienso que fueron fusilados y exterminados así porque sí, porque eran de Izquierdas. Franco se sublevó contra la República: un gobierno democrático elegido por el pueblo en unas votaciones libres. Por éste motivo Franco fue un dictador.

Ya tengo poco tiempo para escribir más. Pero estaría escribiendo todo lo que me quede de vida de aquella situación. La paciencia es la virtud de los viejos. El honor es la base principal de una familia: aquella que lo pierda no lo recupera jamás».

José María Cruz Garcia, ‘el Chico’.
abril 1993.