1.398. EL PUERTO. ¿CIUDAD ABIERTA O CERRADA?

El debate quedó planteado en la reseña y presentación del libro del profesor Abellán (Revista de Historia de El Puerto, nº38). Los restos arqueológicos y las evidencias documentales son tan incuestionables que bastará con señalarlas para dejar zanjada la discusión.

El Puerto en 1567, visto por Anton van Wyngaerden.

El libro del repartimiento señala como límite extremo de la alquería que era El Puerto de Santa María antes de 1275 una serie de puntos muy claros: el mar o el río por la parte meridional; el ejido o una serie de ejidos en la parte norte y el camino de Jerez por el este. La alquería estaba constituida por un conjunto de 43 casas desorganizadas, dispersas y articuladas en torno a ciertos edificios o elementos urbanos, con amplios espacios vacíos que luego permitieron crear hasta 264 solares para dotar de vivienda a los repobladores que llegaron tras la segunda conquista de la villa. Se repartieron 304 casas de un total de 286 repobladores (algo menos que los establecidos en Cádiz). En principio, este disperso perímetro estaba circunvalado por valladares o muros reforzados por un foso o cárcava. Una defensa muy pobre, pero en esta época no existía amenaza musulmana, tras la derrota y expulsión de los moros de Jerez y de la comarca del Guadalete, durante la revuelta mudéjar de 1264 y 1266. El dominio cristiano de toda la zona era absoluto.

Es a partir de 1275, ante el temor de invasión de los benimerines, o bereberes de Banu Marin del norte de África, que se reagruparon tras la caída y destrucción del imperio almohade, la villa de El Puerto se amuralló, y en su interior se concentró el vecindario. Esto se constata por las crónicas meriníes Rawd al-Quirtas utilizadas por López de Coca (y que también utilizó M. González). /En la portada portada del manuscrito del Libro de Repartimiento de El Puerto de Santa María.

Esta cerca no duró mucho. A los dos años fue arrasada por estos merínidas asentados en Fez. Así, 1277 la población decreció notablemente y la muralla sufrió considerables destrozos. Alfonso X trató de remediar la situación con la promulgación en 1281 de la famosa carta-puebla y ordenó la reparación y refuerzo de la muralla, como lo menciona Pedro de Medina ("Libro de grandezas y cosas memorables de España", Clásicos Españoles I, Madrid, 1944) y Agustín de Horozco en el siglo XVI ("Historia de la ciudad de Cádiz", Cádiz, 1845). Posteriormente, hacia 1697, aún quedaban restos de esa muralla en la calle Tripería y en la calle del Muro (Ricardo Alcón, hoy). La cita de Medinilla ("Baños de mar en El Puerto de Santa María", El Puerto de Santa María, 1880) completa el trazado de este muro de defensa medieval por las calles Jesús de los Milagros y posiblemente por la calle Nevería.  Pero es Francisco Ciria ("Tartessos", texto mecanografiado en dos volúmenes, 1934) quien se atreve a enunciar su trazado completo. Según el señor Ciria, la muralla comenzaba en el castillo de San Marcos, seguía por Pozuelo (Federico Rubio), Nevería y Muro (Ricardo Alcón).

Para el historiador M.A. Caballero "Las manzanas o parcelaciones urbanas están rodeadas de cercas, aunque en algunos detalles parecen asemejarse a muros construidos de tapial". (Del plano de Wyngaerden).

Este trazado no contradice el propuesto por Miguel Ángel Caballero Sánchez, historiador del Centro Municipal del Patrimonio Histórico de El Puerto de Santa María, que la hace recorrer la calle Jesús de los Milagros (antigua Dulce Nombre de Jesús) hasta la plaza de la Herrería, subir por Ricardo Alcón hasta la plaza de Abastos; seguiría por Santa María, plaza Juan Gavala, plaza de la Iglesia, sin incluirla, Pagador y La Palma. Lanza esta última tesis fundamentado en la excavación de Francisco Giles Pacheco en 1995, en los aledaños de la calle Placilla, que atisbaba una continuidad de la misma por la Casa de los Leones y el actual Bar Vicente, y la calle Ricardo Alcón (antigua calle Muro), en donde se conservan once metros y medio de muro de origen medieval de casi dos metros de espesor. Su factura almohade, anterior a la intervención del rey sabio, sólo refuerza la tesis de su existencia. Alfonso X sólo tuvo que completar el trazado.

Durante el siglo XV la muralla quedó desolada debido a las luchas civiles en las que se vio envuelta la ciudad. En la primera, entre 1464 y 1474, se enfrentan las casas nobiliarias de Arcos y Medina. En la segunda, según Pedro Barbadillo Delgado, se enfrentó el duque de Medinaceli, que reclamaba el ducado de Medina Sidonia para su mujer doña Mencía de Guzmán, contra don Pedro Girón, primogénito del conde Ureña, pretendiente del mismo ducado.

El Castillo de San Marcos visto desde la calle Cañas.

Cuando los enfrentamientos terminaron y los ocupantes abandonaron la villa, El Puerto aprendió la lección y se amuralló. Al mismo tiempo, reforzó la vigilancia del castillo y las entradas (Hipólito Sancho de Sopranis).

En 1577, el rey Felipe II encarga a don Luis Bravo de Laguna la inspección del estado de las defensas atlánticas. Este ingeniero constata la existencia de esta cerca defensiva y recomienda su restauración, ya que se halla muy asolada. Desconocemos las causas de esto pero sí se conservan documentos que la mencionan durante las epidemias de 1683, pues los restos de las murallas sirvieron de control de la enfermedad, levantándose tapias adosadas a las mismas que aislaban a los contagiados, sobre todo la levantada en la Plaza de la Carnecería.

En 1733, el espacio urbano perimetrado por la cerca medieval quedaba comprendido entre las calles Palacios, Vicario, Plaza de la ciudad (probablemente el Mercado de Abastos, aunque no se especifica en la mención de Abad Mercadillo, Actas Capitulares 1784, conservada en el Archivo Municipal de El Puerto de Santa María, folio 6) y dirección a la Placilla.

“Vista del Puerto de Santa María”, óleo sobre lienzo, 70 x 95 cm, 1781-1785 (propiedad del Museo del Prado, en depósito en el Museo Naval de Madrid) [P1151]. Autor: Sánchez, Mariano Ramón (Valencia, 1740-1822). Pintor y miniaturista español. Se trasladó a Madrid cuando contaba siete años, para ingresar, en 1752, en la Academia de San Fernando.

Si este trazado es el que realmente tuvo la muralla en el siglo XVIII, la ciudad intramuros tendría exiguas dimensiones y, tanto la Iglesia Mayor Prioral como el Palacio de los Duques quedarían extramuros; algo que sería absurdo desde un punto de vista defensivo. De nuevo es Hipólito Sancho Sopranis (1943) quien sugiere que la Iglesia Mayor Prioral aunque en extramuros, donde se situarían valladares o defensas avanzadas que protegían las tierras del Concejo y el Ejido, hacia el suroeste y el sureste, se construyó frente a una de las puertas principales, la del Arco, desde la carretera de Sanlúcar. Su teoría se apoya en la denominación primitiva de la calle Palacios, llamada primitivamente "Arco". La otra puerta estaría en la plaza de la Herrería que comunicaría con el camino a Jerez.

En conclusión, es muy probable que antes del siglo XIII ya existiera una cerca almohade, muy limitada y cuyo trazado fuera el utilizado por la muralla ordenada levantar por el rey Alfonso X. Al crecer la ciudad en el siglo XVI y el XVII, el perímetro de la antigua muralla se amplió. La situación geoestratégica de la ciudad, con dunas y formaciones cenagosas al otro lado del río, numeroso bancos de arena en la desembocadura, y la marisma, con numerosas ciénagas, disiparían las intenciones de ataque por aquel flanco. (Texto: Álvaro Rendón Gómez).

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