1.418. RAFAEL DE LA RIVA NICOLAU. Cirujano y humanista.

Rafael de la Riva Nicolau nació en 1862 y aunque no puedo precisar la fecha de su muerte, es mi objetivo dar a conocer a los lectores de GdP las buenas acciones y el talante liberal que presidió la vida plena de vocación --un sacerdote de la medicina-- de este respetable y olvidado paisano que dirigió de forma ejemplar y admirable  durante varios años, en el tránsito de del siglo XIX al XX,  el  Hospital Municipal.

SUCESORES EN SUDAMÉRICA.
Fueron sus padres, Felipe De la Riva Yela, un indiano guatemalteco descendiente de hijosdalgos cántabros, establecido en nuestra Ciudad mediado el siglo XIX, cuando apenas contaba 27 años, dedicado al negocio de la vinatería. Enviudó joven y contrajo segundas nupcias con Victorina Nicolau Chevasco, la hija mayor de un prestigioso abogado de origen catalán pero asentado desde hacía décadas en nuestra ciudad, donde nacieron todos sus hijos.  Tenía Felipe De la Riva dos hijos de su primer matrimonio, Amelia y Luis De la Riva Ruiz, este último nacido en El Puerto.

La hembra se crió con la familia de Guatemala y el varón se mantuvo con el padre hasta los quince años de edad, cruzando el Atlántico en busca de mejor fortuna, como tantos jóvenes de su edad. Un detalle bastante emotivo de este emigrante portuense medio hermano del personaje que estamos refiriendo, fue el hecho de que, cuando montó un negocio propio en 1886 de vinatería y abarrotería, término este –abarrote- equivalente en Guatemala y Panamá al empleado en nuestra tierra para el suministro de artículos de abasto, provisiones y víveres, le puso por nombre “El Guadalete”. Sus sucesores mantienen en la actualidad un complejo empresarial denominado “De la Riva Hermanos” que engloba empresas editoras, de diseño, distribución, publicidad y artículos de joyería. /En la imagen de la izquierda, caricatura de Luis de la Riva, ya mayor, publicada en la prensa de Guatemala.

CÓLERA MORBO.
Nada mejor para conocer la personalidad de Rafael De la Riva que la opinión de sus contemporáneos. De una semblanza publicada en la Revista Portuense del 12 de marzo de 1897, entresacamos algunos fragmentos: «Rafael De la Riva Nicolau es uno de los más ilustrados facultativos de la generación actual, y lo es más aún por sus arraigadas creencias médicas. No muy sobrado de recursos, hizo la carrera a fuerza de gran energía y constancia. En el año en que estaba a punto de terminar sus estudios, cuando el cólera morbo hacía bastantes estragos en Cádiz y se cebaba tan terrible epidemia en los infelices alienados del Manicomio Provincial, De la Riva solicitó y obtuvo un puesto de honor en tan caritativo establecimiento y, luchando en desventajosísimas condiciones, salvó de las garras de la muerte a muchos de aquellos desgraciados. Su notable conducta en los tres meses de aislamiento y sacrificio voluntario fue recompensada por la Diputación con el título de Licenciado en Medicina, libre de gastos, siendo propuesto para la Cruz de Beneficencia. Cuando estudiaba en Cádiz era siempre el obligado cabeza de motín, el que arengaba a los compañeros, el “leader”, el orador de confianza de la Facultad. Actualmente, que ostenta título tan preciado como el de Director del Hospital de San Juan de Dios, puede considerársele, sin exagerar, como un brillante cirujano. Reúne admirable destreza y enorme sangre fría… antes de operar, estudia y lee mucho… Muchas madres lo bendicen, al obtener la exclusiva para la aplicación en El Puerto del suero antidiftérico Behring…  Debió ser abogado: causas especiales le hicieron variar el rumbo de sus estudios… habría sido de los de buena cepa, pues le viene de casta. Demócrata convencido, sus ideales le han causado graves disgustos en distintas ocasiones. Escritor distinguido, polemista hábil, es temido como adversario en la prensa y en las tribunas».

Plácido Navas Villasclaras, médico que fue de la Plaza de Toros, con bigote, a la izquierda de la imagen. El tercero por la derecha, en primera fila, Enrique Máiquez Adán, también médico y abuelo de Enrique, José María y Consuelo García Máiquez. No conseguimos ubicar en la imagen a Rafael de la Riva.

CIRUJANO EJEMPLAR Y DEMÓCRATA.
Elogian en la semblanza su profesionalidad y brillantez. Sirva como botón de muestra la operación que practicó en el verano de 1894 en el Hospital Municipal, asistido por los médicos forenses Manuel Medinilla y Plácido Navas,  extrayendo un proyectil alojado en el cráneo desde hacía ocho años a un excombatiente.

FEDERICO RUBIO.
En 1900, el año en que moría el siglo XIX y nacía el XX, nuestro paisano Federico Rubio Galy, al que no quedaban muchos meses de vida,  gozaba de un merecido reconocimiento de todos los estamentos sociales por sus aportaciones científicas y humanísticas, recibiendo múltiples elogios y homenajes en numerosos lugares de la nación. Menos en su tierra natal, a lo que parece, pues en esa fecha, concretamente el 26 de junio de ese año, un paisano y colega, médico y cirujano también, firmaba en la Revista Portuense un artículo a él dedicado titulado “Honor y Caridad”. El autor,  Rafael de la Riva Nicolau y en él alertaba de la inminente visita a Cádiz del sabio doctor, proponiendo fuesen al andén de la estación, a su paso por esta, para honrarle y saludarle, una comisión municipal a la que se agregasen los médicos y vecinos que lo tuviesen a bien. Igualmente, apuntaba la idea de colocar una lápida conmemorativa en la casa en la que nació y destacaba en el amplio contenido de su colaboración en el periódico local sus virtudes y méritos profesionales: «Todos los que han tenido como yo el honor de tratar a don Federico, saben perfectamente que lo de ejercer y predicar la honradez profesional constituye en él una preocupación constante, casi una obsesión… no deja pasar momento propicio para predicar que seamos siquiera buenos los que apenas podemos ser científicos». /En la imagen de la izquierda, Federico Rubio.

CACICADA JUDICIAL.
Citan también su talante democrático y los sinsabores que esta actitud ante la vida le proporcionaron en ocasiones como cuando, siendo director del periódico local “La Protesta” el juez Luis Villarazo lo mantuvo casi dos semanas encarcelado, durante todas las fiestas navideñas como consecuencia de haber instruido un proceso contra la revista por supuestas injurias contra las autoridades, solicitando una elevada fianza: 7.500 Ptas. ·El ‘grave pecado’ consistió en una serie de tres artículos acusando de ineptos a las autoridades ante su falta de efectividad para esclarecer e impedir una serie de robos que venían produciéndose. Esta pasividad de las autoridades aumentaba la impunidad de que gozaban los ladrones y de ahí la denuncia pública del periódico, llamando ‘al pan, pan y al vino, vino’. La prensa ‘rival’, es decir la Revista Portuense,  criticó la decisión judicial y realizó desde sus páginas una campaña diaria solicitando su puesta en libertad y denunciando la desproporción del importe solicitado como fianza.  Dicho de otro modo: una cacicada judicial contra la libertad de expresión que tuvo su final la víspera del día de Reyes de 1892, fecha en la que fue puesto en libertad.

Sala de estar de la casa número 59 de la calle Larga, esquina con Chanca, donde vivió el matrimonio de la Riva Bela , vivienda que compartirían con la familia Py Ramírez, en diferente planta.

LA FAMILIA.
Estaba casado con la también portuense Amalia Bela Mateo. Hemos localizado a la familia en los padrones de 1895, que en esa fecha estaba compuesta por el matrimonio y dos hijos: Victorina y Jorge,  censados en el número 11 de la antigua calle Correos, de donde se trasladaron a la casa número 59 de calle Larga, esquina con Chanca, inmueble que compartían con  la familia Py Ramírez. Creemos que, posteriormente, el matrimonio tuvo tres hijos más: Luis Felipe, que falleció párvulo, Amalia y Milagros De la Riva Bela.

CABALLERO HOSPITALARIO.
Este Caballero Hospitalario, título honorífico concedido en Cádiz en 1897,  pasaba consulta diaria gratuita para familias pobres a las tres de la tarde en una botica que había en el número 4 de la Plaza de Abastos, llamada “San Ginés”.

CON ISAAC PERAL.
Militaba en el partido Progresista Federalista, de corte republicano, uno de los que formaron coalición para presentar a Isaac Peral como diputado por la ciudad. Orador destacado en cuantos mítines se celebraron en Puerto Real, Rota y El Puerto durante la campaña electoral, solía también colaborar con cierta asiduidad en la prensa local. En uno de estos artículos, titulado “Escandaloso”,  referido a la alarmante progresión de las epidemias de viruela en la última década del siglo XIX,  denunciaba el conformismo de la propia clase médica: «No pretendo ser el único médico ilustrado. Me creo, por el contrario, el último entre mis compañeros de profesión; pero debo decir porque es la norma que ha venido informando todos mis actos en lo que con la medicina se relaciona que, el médico de hoy no puede ni debe limitarse a tomar el pulso y recetar. Debemos ser los centinelas que den la voz de alerta a las autoridades, debemos ser higienistas y evitar con nuestras advertencias, con nuestros consejos y con nuestra energía en casos extremos que las epidemias se apoderen del pueblo en el que ejercemos.» /En la imagen de la izquierda, Isaac Peral.

En la imagen de la izquierda, Justino Castroverde.

DURAS CRÍTICAS.
Su altruismo más allá de la caridad cristiana, su constante lucha por mejorar la sanidad pública y lo certero de sus críticas hacia autoridades incompetentes y sectores ultraconservadores de la sociedad en la que convivía influirían, sin duda, para que apenas quede recuerdo en la memoria colectiva de su trayectoria vital. Ya en vida experimentó cierto desencanto en este sentido, reflejado en una carta abierta, plena de ironía, dirigida a su amigo José Castroverde García, joven galeno y portuense como él, asiduo colaborador de revistas médicas, hijo del profesional de la abogacía y poeta por afición, José Castroverde Quirós y hermano del prestigioso y popular fotógrafo Justino Castroverde. En ella, y con esto ponemos punto final a este recordatorio de un ilustre paisano de orgulloso recuerdo para el que esto escribe, decía:

«Ríete de toda esa moral que predicas, ríete de los que hacen en otros pueblos y sigue el camino que me atrevo a señalarte: No escribas nada, no estudies, adula a todo el mundo ante una operación que pueda salvar la vida de un enfermo, pero que en caso adverso, si puede comprometer tu crédito, deja que resulte lo que quiera. Por supuesto no te olvides de criticar después lo que opera otro si este otro es un “mediquito” (como lo llamaban sus detractores). Esta es la marcha y aún cuando siempre tendrás el inconveniente de no tener dinero y de ser hijo de la población, adelantarás algo y puede que que llegues a acaparar tres destinos como le ocurre a varios padres graves de posición desahogada. Por último, y esto es muy esencial, receta en latín con signos y abreviaturas, que esto siempre da importancia, aunque esté prohibido.” (Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz - A.C. Puertoguía).

4 comentarios en “1.418. RAFAEL DE LA RIVA NICOLAU. Cirujano y humanista.

  1. Amalia de la Riva

    Me resulta de gran interés el comentario, y me gustaría que te contactaras al e mail que te dejo.

  2. jose Romero

    He leido con mucho interés el artículo, sobre todo en la parte que afecta a mi bisabuelo, el doctor Castroverde GArcia, de cuya vida apenas nada conozco. Un saludo

  3. Lector Empedernido

    Como si viviéramos hoy. Muy bueno, Antonio.

    «Ríete de toda esa moral que predicas, ríete de los que hacen en otros pueblos y sigue el camino que me atrevo a señalarte: No escribas nada, no estudies, adula a todo el mundo ante una operación que pueda salvar la vida de un enfermo, pero que en caso adverso, si puede comprometer tu crédito, deja que resulte lo que quiera. Por supuesto no te olvides de criticar después lo que opera otro si este otro es un “mediquito” (como lo llamaban sus detractores). Esta es la marcha y aún cuando siempre tendrás el inconveniente de no tener dinero y de ser hijo de la población, adelantarás algo y puede que que llegues a acaparar tres destinos como le ocurre a varios padres graves de posición desahogada. Por último, y esto es muy esencial, receta en latín con signos y abreviaturas, que esto siempre da importancia, aunque esté prohibido.”

  4. Vicente González Lechuga

    Antonio, me ha encantado conocer parte de la história de mi casa. Cuando tengas el libro terminado avísame , por favor.

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