2.940. Juan Andrés García Durán ‘El Rubio’. Mecánico y criador de canarios.

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Juan Andrés García Durán nació en el cuartel de la Benemérita de Llerena (Badajoz) en 1936, en plena Guerra Civil, en el seno de una familia humilde y numerosa de la que, de ocho hermanos, él fue uno de los cinco únicos supervivientes. Por aquella época y en aquel rincón de España, castigado por el conflicto bélico y las "hambrunas", las necesidades eran tantas que, desde que tuvo apenas doce años, ya se vio obligado a trabajar y aprender un oficio arreglando los pocos automóviles que circulaban en esos días por las campiñas extremeñas.

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En el convulso año del nacimiento de nuestro protagonista, El Puerto conoció varios alcaldes. Ramón García Llano accedió a la alcaldía de forma accidental el 3 de enero, sustiuyendo a José Luis Macías Caro. Turbas enfurecidas intentaron derribar el monumento al Corazón de Jesús, situado en la plaza de los Jazmines, fracturándole un dedo.

En las elecciones municipales celebradas a mediados de febrero resultó elegido Francisco Veneroni Arcos, al frente de la coalición electoral de izquierdas denominada Frente Popular. Al mes siguiente tomó posesión de la alcaldía, el 18 de marzo, José Blandino Mitjes y al mes siguiente el 24 de abril, Manuel Fernández Moro, que es desalojado de la alcaldía tras la sublevación militar del 18 de julio, desapareciendo, sin que hayan sido hallados sus restos mortales. El día de la rebelión ejerció en funciones de alcalde el teniente Fernando Ristori; luego el 27 de julio, el capitán Ramón Iribarren Jiménez ocupa el sillón de primer edil y será el 23 de diciembre cuando, subiendo el escalafón en la graduación militar se hará cargo de la vara de alcalde el coronel Ángel Guinea de León Garavito. Nacían ese año Francisco del Castillo Tellería, el Hermano de la Salle Taudiano Prieto Palacios, el marinero Rafael Galvez Pallares, Hombre del Mar 2009.

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En el centro de la imagen, un joven 'Rubio' ya apuntaba maneras de mecánico.

Como hemos señalado, desde los doce años ejerció como mecánico y a ello se dedicó prácticamente el resto de su vida. Por sus manos, a menudo oscurecidas por la grasa de los motores, primero pasaron bicicletas, ciclomotores, maquinarias agrícolas y, posteriormente, vehículos ligeros y pesados de todas las marcas, en un sector –el de la industria del automóvil- que durante esas décadas fue uno de los que más cambiaron y ayudaron al desarrollo económico del país. Muy pronto, su habilidad para reparar motores no pasó desapercibida, pues muchos se sorprendían de que pudiera diagnosticar “de oído” --aún no existían los coches eléctricos ni los ordenadores-- el origen de muchas de las averías que luego, con pericia y acierto, a menudo solucionaba.

Con apenas veinte años, a mediados de los cincuenta, su hermano mayor, cabo de la Guardia Civil en Llerena, fue destinado al antiguo cuartel de la calle Pagador de El Puerto de Santa María. Juan aprovechó la coyuntura y emigró con él a la localidad gaditana, que empezaba a consolidarse ya como un conocido destino turístico, buscando el porvenir que por aquel entonces no se encontraba en la España rural del interior.

Una vez residiendo ya en El Puerto, comenzó a trabajar –como muchos otros- para el empresario Gurrea y, a continuación, en el taller de motocicletas que Gonzalo Ganaza tuvo abierto durante años en la calle de San Juan, frente a la casa del Párroco de la Prioral, cerca del lugar, singularmente ‘maldito’, donde en 2011 se estrelló un helicóptero con sus tres ocupantes (afortunadamente sin daños personales) (ver nótula 2.933) y donde, muchos años antes, en 1963, el trágico accidente de un camión sin frenos causó la muerte de seis personas. (ver nótula 195) El propio Juan fue testigo del suceso y salvó la vida milagrosamente al poder resguardarse in extremis en el interior del garaje.

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'El Rubio' en el garage de motos de Gonzalo Ganaza en la calle San Juan, frente a la casa del párroco de la Prioral.

Durante esos primeros años, tan difíciles, "El Rubio" iba y venía desde El Puerto hasta Llerena, usando cualquiera de las motos que le prestaban en el taller, para poder ver así a su familia y a su novia, Salvadora Larrondo Requena, con quien acabaría casándose en 1961 y estableciéndose definitivamente en El Puerto de Santa María, alquilando una pequeña casa en el número 10 de la calle Santa Lucía, donde convivían con ocho familias de vecinos más y donde nacieron luego sus hijos Inmaculada y Juan Jesús García Larrondo (ver nótula 082).

 

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'El Rubio' y su familia en 1966.

Con el tiempo, Juan se trasladó al nuevo taller que Ganaza abrió en la zona de la venta de El Molino y la familia se mudó a la primera planta del edificio, que era algo más amplia y disponía de dos habitaciones; todo un lujo para la época. En esa casa de la calle Santa Lucía, junto a las torres miradores de los palacios anexos y a la sombra de las cigüeñas de la Iglesia Mayor Prioral, vivió con su familia hasta su muerte en 1994.

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En la imagen, 'el Rubio' a la derecha de Gonzalo Ganaza con la plantilla del Taller de Coches en los años setenta del siglo pasado.

A pesar de que siempre fue una casa comunal, humilde y hermosa, con patios de columnas, losas de Tarifa y jardines bien cuidados por sus moradores, la propiedad fue cambiando de dueños y deteriorándose hasta que, recientemente, en mayo de 2016, la policía municipal tuvo que desalojar a su viuda y al resto de los inquilinos que aún vivían arrendados en la antigua finca a causa del derrumbe de uno de los tejados y el alarmante estado en que el inmueble se conserva.

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Casa de la calle Santa Lucía, donde vivió Juan Andrés García Durán

Aunque ‘El Rubio’ pasó en El Puerto la mayor parte de su vida y aquí mantuvo y sacó adelante a su familia, jamás perdió el contacto y el vínculo con su tierra de origen: Extremadura. Tanto su mujer como él y sus hijos viajaron con frecuencia a Llerena para visitar a paisanos y parientes, primero en vespa, cuando eran solo dos, luego en un vieja berlina de la marca ‘Gordini’ cuando fueron llegando los niños y, finalmente, en un ‘Renault 12’, que conservó impecable hasta que cayó enfermo y falleció en 1994.

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El viejo 'Gordini' de nuestro protagonista.

Aún hoy numerosas personas le recuerdan en ambas ciudades por su sentido del humor y por haber sido un hombre sencillo, trabajador, honesto y gran amigo de sus amigos. De estar con vida, este mes de septiembre de 2016 habría cumplido 80 años. No solo tuvo ‘oído’ para los motores, sino también para la música. Siempre mostró gran afecto por los animales, especialmente hacia los perros y los canarios. Era impresionante verle comunicarse con ellos a través de sus silbidos, en la pajarera donde los criaba y que él mismo se construyó en la azotea de la casa. Le gustaba el sonido del acordeón, los boleros de Pérez Prado, el Athletic de Bilbao, los crucigramas y reunirse en Navidad para cantar villancicos con toda la familia.

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La familia García Larrondo

Desgraciadamente, el destino quiso que sus dos últimos años fueran quizás los más difíciles. Juan Andrés García Durán nos dejó demasiado pronto. Apenas disfrutó de su merecida jubilación tras toda una vida de esfuerzo, trabajo y sacrificio. Se fue sin concebir la era digital, los teléfonos móviles, internet, sin conocer a sus nietos, sin asistir a ningún estreno teatral de su hijo y sin disfrutar de una vejez serena con su esposa a la que tanto amaba. Se fue tras una larga enfermedad, pero antes de irse él mismo liberó a todas sus aves quizás para que le guiaran en el vuelo que le aguardaba. Su madre, nonagenaria, falleció meses después, literalmente, por la pena. Quizás no fue un hombre afortunado en algunos aspectos, pero sí fue una persona rica en bondad y en abnegación hacia su familia. Un hombre al que, aún hoy, en El Puerto, donde gustaba mariscar, de sus gentes y sus fiestas, y donde vio el mar por vez primera, algunos le recuerdan, además de por ser un magnífico mecánico, también por su generosidad y su alegría.

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Juan García Durán 'el Rubio' con su hijo en la playa de La Puntilla, en los años setenta.

Muchos le conocieron como Juan “El Rubio”, pues de ese color dorado era verdaderamente el largo flequillo que acostumbraba a peinarse hacia atrás gracias a la ayuda de la brillantina. Juan fue y sigue siendo en nuestra memoria un alma noble, un buen hombre al que, como a tantos otros, jamás le dio la vida la oportunidad de pintar canas. Quizás por eso su alias y su recuerdo permanecen aún vivos entre nosotros: como el don de aquel rubiales que, desde crío, ya sabía escuchar y entender a los pájaros… y a los motores de los automóviles.

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5 comentarios en “2.940. Juan Andrés García Durán ‘El Rubio’. Mecánico y criador de canarios.

  1. jesús suárez ávila.

    Lo recuerdo muy bien. Una gran persona. Llevábamos las bicicletas a ese taller porque vivíamos en el nº 19 , hoy 17, donde sigue viviendo mi hermano Luis.

  2. José Luis

    Me hubiera gustado haber conocido más al tío de mi mujer, María, sobrina de Juan, el "rubio".
    Lo conocí el verano de 1980 en Llerena. Su sentido del humor me llamó la atención y me encandiló. Se comportó como si me conociera de toda la vida; en fin, me encantó haberlo conocido y lamenté profundamente su fallecimiento junto a su hermano José, mi suegro.

  3. Juan García Larrondo

    Muchas gracias por esta semblanza en mi nombre y en el de toda la familia. Es un estupendo regalo de cumpleaños. No sé si desde dónde él está en estos momentos tiene acceso a Internet y puede leer "Gente del Puerto" pero, si es así, debe sentirse azorado a la par que contento. Es un orgullo para nosotros que "El Rubio" esté en esta página. ¡Gracias!

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