3.146. Richard Ford. El Viajero Romántico y El Puerto.

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Richard Ford (Londres 1796-1858). De rica familia, estudió derecho sin llegar a ejercer. Casado con una mujer de salud frágil, vino a España en 1830 en busca de mejor clima. Aprovechó la estancia para recorrer todo el territorio peninsular, cuestión que le valdría para sus libros sobre el país. Su conservadurismo quedó también patente en sus opiniones sobre la guerra carlista y algunos sucesos ocurridos en la España de Fernando VII.

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A Handbook for travellers in Spain
[Manual para viajeros por España]
Tomo I. Págs. 139-140
John Murray. Londres. 1855

“El Puerto de Sta-Maria, Port St. Mary, por lo general llamado el Puerto, el puerto (o-porto), fue el Portus Menesthei (Le Min Asta, Portus Astae), una palabra púnica, que los griegos, que como cogido de costumbre en el sonido, no en el sentido, conectaron con el Menesteo de Atenas. Se en- cuentra distante de Cádiz 8 L. por tierra, 2 L. por mar.

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En 1832 Richard Ford fue pintado por el padre del poeta Gustavo Adolfo Bécquer, José Domínguez, como 'majo serio', al que gustaba viajar por España en compañía de arrieros y vestido como un natural, frecuentando las clases bajas y criticando contundentemente la corrupción y el mal gobierno del país; "el pueblo español es muy superior a sus dirigentes y clases altas", dejó escrito.

Inns.- El lugar más próximo de alojamiento es el Vista Alegre que, a un mirador alegre, une limpieza y diversas comodidades inglesas raras en el continente. Aquí el Guadalete entra en la bahía, y 97 la barra es peligrosa y muy descuidada. En los días de los barcos de vela se recurría principalmente a las oraciones a las almas benditas del purgatorio y a persignarse; ahora pequeños vapores van hacia un lado y hacia otro tres veces al día, el pasaje lleva media, tres cuartos o una hora. El Puerto es agradable y bien construido; pop. 18.000. El río está cruzado por un puente colgante; en la Plaza de Toros se le dio una gran corrida de toros al Duque, descrita por Byron, mejor como poeta que no como un torero correcto. El suelo de los alrededores es rico, y el agua tan excelente que Cádiz se suministra con el coste de 10.000 Lib. al año; mientras que el Gades antiguo fue abastecido por un acueducto que O’Reilly habría restaurado si hubiera permanecido en el cargo.

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El Puerto, una de las tres grandes ciudades de la exportación de vino, compite con Jerez y Sanlúcar. Las casas principales son de franceses e ingleses. La vecindad a Cádiz, el centro de intercambio, es favorable a los negocios, mientras que el camino a Jerez es conveniente para el transporte de los vinos, pero lo más ventajoso para evitarlo es el transporte por el Guadalete. Entre las mejores casas pueden ser nombradas Osborne y Gordon Duff, cuyo Amontillado es inigualable, Mousley, Oldham, Burdon and Gray, Pico, Mora, Heald, Gorman and Co. Las bodegas de vino merecen una visita, aunque las de Jerez son de una escala mayor. La ciudad es de origen vínico y poco interesante: las casas se parecen a las de Cádiz: la calle Larga es la mejor, la más bonita alameda es la Victoria. Aquí Ferd. VII. desembarcó el 1 de octubre de 1823, cuando fue liberado de los constitucionalistas por los franceses, y de inmediato procedió a violar cada promesa solemne a amigos y enemigos. Aquí, 30 de julio de 1843, Baldomero Espartero, duque regente, expulsado por las intrigas de Luis Felipe y Cristina, con- cluyó su primera carrera a bordo de un británico buque de guerra”. /Texto: Juan Gómez Fernández. ‘El Puerto en la visión de los viajeros ilustrados y románticos’.

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