Han pasado doce años desde que edité el último número de la guía turística PUERTOGUIA, en el verano de 1999. Fue un número diferente y antológico en el ocaso del siglo XX, fin de un ciclo que había durado 15 años. Con la colaboración impagable de la mayoría de las empresas y comerciantes que habían patrocinado y hecho posible la publicación de la guía en años precedentes, pusimos en las manos de nuestros visitantes aquel verano de 1999 un libreto de 75 páginas a todo color, sin una sola página de publicidad y un contenido generalista que intentaba recoger todos los aspectos culturales y lúdicos de la ciudad, en cualquier época del año:
Monumentos: (Tres retablos barrocos; Iglesias y conventos; Monasterio de la Victoria; Edificios desaparecidos; Colegio de San Luis Gonzaga; Casas palacios de
los Cargadores a Indias; Castillo de San Marcos; Excavaciones arqueológicas; Plaza de Toros y estatuaria urbana definida como “Homenaje en bronce”), fiestas: (Calendario de fiestas locales; Carnavales; Semana Santa, hermandad por hermandad; Feria de Primavera; Corpus Christi; Virgen del Carmen y Fiestas Patronales), fichas de historia: (Alfonso X conquista El Puerto; La época del Descubrimiento; Felipe V, huésped ilustre; Vizarrón, virrey de Méjico; El Condado del Puerto de Santa María; La invasión anglo-holandesa de 1702 y la abolición de la Constitución) y una serie de páginas de interés para el visitante que incluimos en el índice de contenidos como “Peculiaridades”: (Bodegas visitables; el vaporcito de El Puerto a Cádiz; Un siglo de vocación turística; José Luis Tejada; Rafael Alberti; Museos y fundaciones; El toro de Osborne; Gastronomía local; Ocio y tiempo libre y nuestras playas.)

35 NÚMEROS.
En la presentación de este número final, que hacía el 35 de los editados desde el verano de 1985 tuve un emocionado recuerdo, que ahora repito, amplificándolo, para Antonio Pérez Ruiz, amigo y socio, que falleció en 1987, con el que realicé, conjuntamente, los PUERTOGUIA de 1985, 1986 y 1987. En 1988 cambié al formato que, con ligeras variaciones en 1991 y 1992, se mantendría hasta el final. Ahora, en la distancia, resulta agotador y un tanto nostálgico, recordar las innumerables horas dedicadas en mi tiempo libre y con tan modestos medios a diseñar páginas, recopilar información tanto literaria como gráfica, contactar con anunciantes y confeccionar sus anuncios en ocasiones, coordinar la impresión y realizar el reparto… hasta incluso, para ahorrar costes, realizar en casa con la ayuda de toda la familia en pleno, el montaje y grapado de los libretos.

COLABORACIONES.
Bien verdad que, en distintas épocas, he tenido el consejo y ayuda técnica de creativos portuenses como Javier Gandulla, Pepe Fernández Villegas y Josema Martínez, a los que reitero décadas después mi agradecimiento por su amistosa colaboración, así como a Antonio Jiménez, en su calidad de presidente de Acocén y a José María Morillo, gerente del entonces Patronato Municipal de Turismo, entidades que tuvieron gran importancia, con su patrocinio y ayuda económica, en la consolidación de la publicación, al igual que los numerosos anunciantes locales, 32 de los cuales cubrieron por iguales partes el coste de este número antológico final.

Los tres primeros años la guía se imprimió en la imprenta Jiménez Mena, de Cádiz y el resto, salvo algunas ediciones puntuales que se realizaron en una imprenta de Lloret de Mar, en la imprenta Bollullo de esta ciudad, a cuyo responsable, Ramón Bollullo Estepa y al personal de la misma quiero mostrar, igualmente, mi agradecimiento por el trato y amistad recibido en todos esos años.
LUCES Y SOMBRAS.
Aunque resulta evidente que la publicación alcanzó altas cotas de popularidad y aceptación, tuvo sus sombras en los primeros años. En 1988 fracasó un intento de ampliar el radio de actividad a la cercana ciudad de Rota. Edité una “Guía de Rota” en Puertograf, con el anagrama diseñado por Jesús Suarez Ávila que resultó un fiasco económico ante la ausencia de apoyo por parte de los comerciantes, desistiendo de continuar. También, a modo de ensayo, se realizaron tiradas de primavera y otoño-invierno en los años 1988, 1989 y 1990, de las que igualmente desistimos para afianzar la publicación del verano, haciendo una especie de sustitución de las mismas con números extras de Feria y Semana Santa.
Me alegra comprobar que otras publicaciones han cubierto el hueco de la mía, modesta continuadora de la tradición de otras anteriores y pionera en el último cuarto del pasado siglo en dar información útil y practica a cuantos nos visitaban cada verano en un formato digno y manejable.
ASOCIACIÓN CULTURAL ‘PUERTOGUÍA’.
Me quedó el ‘gusanillo’ y es por eso que creé una asociación cultural con este mismo nombre, con la única finalidad de difundir la historia, cultura y tradiciones de El Puerto y sus gentes, editora hasta el momento de tres libros, dos de ellos agotados y también colaboradora, a través de mi persona, en esta web, con más de una treintena de temas. (Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguía).


José Manuel Sánchez García nació en El Puerto en 1913, siendo el pequeño de cuatro hermanos. Sus padres llegaron a nuestra Ciudad procedentes de un pueblo de Málaga llamado Tolo. Vinieron buscando trabajo como pinaleros y fueron contratados por la familia Osborne para talar el Pinar del Conde en el Camino Viejo de Rota. Con las ramas que cortaban preparaban leña para los hornos, además de carbón.
José ‘el Carbonero’ estudió en escuela de D. Juan Pinto Salas, (imagen de la izquierda) en la calle Meleros. Era famosa la frase en el recreo con el desayuno, cuando el maestro decía aquello de: «Cada cual se come lo suyo y Dios lo de todos». Vivió en las calles Cantarería (Pedro de Villa) y Ganado (Calvo Sotelo). Pronto empezaría a trabajar de temporero en el campo, de consumista, pinalero, carbonero, salinero, en la Sierra de San Cristóbal, picando piedra… José ‘el Carbonero’ fue como muchas personas anónimas de los años de la posguerra que pasaron muchas calamidades, no creadas por la sociedad de consumo sino por una situación trágica. Salir de una guerra civil como muchos de ellos, les obligaba a trabajar en los oficios más diversos, para sacar su prole adelante.




Rafael Arvilla Jiménez nace en El Puerto el 23 de Enero de 1928, hijo de José Arvilla Hernández y María Jiménez Sancho. Cursa los estudios elementales y de bachillerato en el Colegio del Pilar de Madrid. /En la imagen, Rafael Arvilla en un autorretrato de 1971, realizado con óleo a espátula.
Su padre era un ingeniero industrial de Deusto (Bilbao) que consigue su primer trabajo en Sevilla en una refinería de petróleo. Poco después se traslada a Madrid con CAMPSA (Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleo Sociedad Anónima), la mayor empresa petrolífera de España, y en 1934 es nombrado director general de CAMPSA. Desde la calle Luchana se trasladan a Calle General Mola No. 33 en 1934 y en 1938 se mudan a Burgos. Durante la guerra civil española viven entre Burgos y Ávila. En 1942 Félix de Gregorio le sucede en el puesto de Director General de CAMPSA y comienza a trabajar en una empresa de oxígeno líquido donde ejerce hasta el final de sus días. / En la imagen, nuestro protagonista en El Puerto con sus primos y hermanos. De izquierda a derecha y de abajo arriba: Teresa Ceballos Jiménez, José y nuestro protagonista Rafael Arvilla Jiménez, y Magdalena Ceballos y María Arvilla.
FALLECIMIENTO DEL PADRE.
DOCTOR ARQUITECTO EN MARBELLA.
EN LA MILLA DE ORO.
EL RETRATO Y SUS TÉCNICAS.
‘Retales de Torería’ es el título de esta exposición de fotografía taurina inaugurada anoche en la Sala Rosa Capote de la Real Plaza de Toros de El Puerto, que recoge los detalles toreros del último lustro de Toros en El Puerto. Con una mirada distinta y renovada, los dos autores, el fotógrafo Víctor Bellvís con las imágenes, y el periodista José Pablo García con los textos, pretenden sorprenderle en esta original galería de arte efímero en la que se convierte la sala de exposiciones de la plaza porteña. Junto a una cuidada selección fotografías en distintos tamaños que reúne pases, retratos y detalles taurinos, y con una pincelada torera, una reproducción de los burladeros del ruedo portuense a escala, las palabras complementan estas instantáneas taurinas. /Portada del catálogo de la muestra, con una imagen de Morante de la Puebla.


VICTOR BELLVIS ACOSTA. (BELVA). Fotógrafo.
JOSÉ PABLO GARCÍA BAEZ. Periodista.
Sus padres provenían de Puerto Real. Hasta seis hermanos nacieron fruto del matrimonio entre el maestro Felipe Lamadrid (padre) y Ana Gutiérrez: Carmen, Ana, Maruja, Pepe, Felipe y Paz. Hasta dos estos hermanos llegaron a estudiar lmagisterio como Felipe. Fue el caso de Carmen, que no llegó a ejercer, y de Maruja.
En el Día del Árbol. Vemos con mascota y de perfil a Felipe Lamadrid. Su nieto, el artista Felipe Lamadrid, hijo a su vez del conocido ATS ('Practicante' en aquellos tiempos), del mismo nombre, lo identifica en la foto y recuerda que, en cierta ocasión, camino de La Puntilla su padre le dijo: "--Hijo, estos eucaliptos los plantó tu abuelo". El profesor Juan Gómez Fernández, preparando su tesis doctoral, descubrió en la sede de la Dirección General de Seguridad de Madrid, el expediente de su abuelo, título de maestro, así como los nombres de quienes lo delataron.

Todavía hay quien recuerda la figura aún cercana de un inglés alto y gordo, de rostro extraordinariamente colorado --resultado, sin duda, de su peculiar tez sajona en feliz conjunción con los sabrosos caldos de esta tierra, a los que, al parecer, y como buen británico, era generosamente aficionado-- y al que comúnmente se le conocía con el nombre de Don Píter. Pues bien: Don Píter --Peter de Polnay-- nos dejó un día. Y meses después apareció por los escaparates de las librerías una novela editada por Planeta con el título --tan sugeridor y atractivo para nosotros-- de El Puerto. Sí; El Puerto era, en efecto, nuestro Puerto de Santa María. Y, ávidos de curiosidad, todos nos lanzamos a leer el libro. Pero, la verdad, todos quedamos igualmente defraudados. Al Puerto, media docena de frases aparte, no se le veía por ningún lado. Y en cuanto a las calidades novelísticas de la obra, vinieron a resultar bastante por debajo de un discreto término medio. /Portada de la versión española de ‘El Puerto’. Traducción del inglés por J.Romero de Tejada. Editorial Planeta (Barcelona, 1959).
ARGUMENTO.
EL VINO.
