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4.387. La plaza de Malcocinado y el corral del Concejo. En el Libro del Repartimiento (4)

 La fundación de Santa María del Puerto y su repoblación, enmarcada en el ambicioso proyecto del reino castellano de conquistar a los musulmanes las antiguas tierras hispanas, se llevó a cabo por la apuesta personal y el empeño de Alfonso X, que tuvo la ocasión de establecer una población ex novo y a su medida, plasmando los técnicos y operarios las directrices por él dictadas. | En la imagen, reconstrucción, basada en el Libro del Repartimiento (1268), del entorno de la plaza de Malcocinado al comenzar la repoblación cristiana.

La andalusí al-Qanatir, acotada en su perímetro (1.428 m) por un recinto murado de origen almohade y planta cuadrangular algo irregular, estaba condicionada por los cuatro accidentes naturales que limitaban su solar: las arenas litorales al sur, el curso del Guadalete al este, la ladera del cerro de la Belleza al oeste y la cárcava o arroyo del Caño de la Villa al norte.

Por ello ambas poblaciones estaban destinadas a tener una planta en damero y una distribución interior ortogonal, como no era habitual en las poblaciones islámicas, formadas, como Sevilla o Jerez, por calles, callejuelas y adarves de trazados tortuosos, y sí estaba presente en la idealización que Alfonso X tenía, heredada de la tradición clásica, de las ciudades de nueva planta. Andalusíes y cristianos dieron la misma solución ante una misma realidad geográfica; como ocurrió en época romana, cuando el Portus Gaditanus se estableció a lo largo de la ribera, con el epicentro en el entorno que ocuparía la mezquita y la iglesia fortificada alfonsí (Castillo de San Marcos), donde confluyeron las señas de identidad de las tres culturas que formaron el pasado de nuestra ciudad.

| Aspecto parcial de al-Qanatir en 1268, según el Libro del reparto.

Del mismo modo, el urbanismo de al-Qanatir se trazó a partir de una vía principal -fosilizada en la actual calle Misericordia- que en paralelo al río se extendía entre la puerta del recinto murado (que no muralla) que daba al camino de Jerez y, al fondo, la mezquita, frontera a la zona portuaria y a las casas del alguacil -la Aduana- del señor de Saris/Jerez, que por último lo fue, también de al-Qanatir, Ibn Abi Jalid. Fue Misericordia en época andalusí el espacio vertebrador de su corta población, el hara mayur, la calle Mayor o Larga de las poblaciones cristianas.

En perpendicular a su trazado (este-oeste) se abrían calles y caminos en los que se distribuían casas y tiendas dispersas, quedando la mayor parte del espacio restante, hasta el lienzo del recinto que transcurría por la calle Pagador, ocupado por casas de campo y chozas asociadas a pequeñas explotaciones agropecuarias e industriales, al modo de las alquerías rurales de la campiña portuense.

| Chozo, ya desaparecido, en tierras de la alquería de Bayna, en 1984.

La planta de la población alfonsí, fijada en 1268, tomó como base la andalusí. La cerca almohade se mantuvo en pie -“Santas cosas son llamadas los muros y las puertas de las ciudades y de las villas”, decía Alfonso X en una de las Partidas-, mientras que los espacios públicos y las casas y otros inmuebles fueron conservados unos y demolidos otros, según requiriese el nuevo trazado urbano, que quedó dividido en 23 manzanas irregulares. Se originó así el actual casco histórico de la ciudad, repetidamente renovado en sus inmuebles -y en sus señas de identidad- al paso de los siglos.

De zoco andalusí a plaza y mercado cristiano
El centro urbano de la nueva villa se marcó -dice el Libro del Repartimiento- en “la plazuela de medio de la villa, la que dicen Malcocinado”, el espacio abierto cuadrangular que probablemente fue el antiguo zoco almohade de al-Qanatir, cuyo solar se reconoce en la manzana limitada por las calles Larga, Santo Domingo, Nevería y Palacio (5.200 m2).

Dando cara a la plaza y prolongándose por la calle Larga hasta la desaparecida calle de Juan de Mar se encontraba “la tienda que fue de Burgalés, el judío” (en FIGS. 2 y 8 nº1), extenso edificio que en 1268 se repartió a ocho repobladores y que debió ser la Alhóndiga andalusí, donde se almacenaba las provisiones agrícolas de la población y que también cumplía la función de hospedar a los mercaderes que a ella venían. El lugar mantuvo la tradición de acoger la Alhóndiga, conociéndose que en 1620, en sustitución de la que existía a fines del siglo XV, se levantó la que perduró hasta que en 1741 se construyó otra junto al Castillo de San Marcos, derribada en 1988.

| Situación de la plaza de Malcocinado, el corral del Concejo y el Castillo de San Marcos (Santa María) en el recinto murado andalusí y alfonsí. En el cruce de Palacio-Nevería, el centro de la población.

En la intersección de Nevería y Palacio lindera a la plaza de Malcocinado es donde está el centro físico de la población intramuros medieval, el crucero del viario que se conformó en 1268 al modo del decumanus maximus (E-O) y el cardo maximus (N-S) romanos, en cuya confluencia se levantaban los foros.  Aparentemente, la planta de la población quedó así dividida en cuatro sectores a modo de una cruz, como las cuatro collaciones en que se partió Écija en 1263, según su Libro del reparto: “Partimos la villa en cuatro collaciones en remembranza de cruz”.

Decir Malcocinado en castellano viejo era decir ‘menudos’ y el lugar donde se vendían. Aún en el siglo XVII tripera era “la que vende el mal cocinado” (Diccionario de Covarrubias, 1611). En la plaza existiría un mercado de casquería de las reses sacrificadas en el cercano corral del concejo. Destacada infraestructura ésta, como lo sería el horno que fue del concejo que estaba frente por frente a Malcocinado, en Nevería esquina a Santo Domingo (FIG. 8 nº2). La mención al horno en pasado lo vincularía -y al corral del concejo- a los años previos a la repoblación, cuando el maestro Alí y sus obreros levantaron sobre la mezquita de al-Qanatir (hacia1265-67) la iglesia fortificada de Santa María del Puerto, la de la venerada imagen tan presente en las Cantigas del rey Alfonso.

| Foto izquierda: muros tardorromanos (s. IV) descubiertos en el solar que ocupó la plaza de Malcocinado, en calle Santo Domingo nº 12. Excavación de urgencia dirigida por Francisco Giles Pacheco en 1994 | Foto, Museo Municipal. 

| Foto derecha: inhumación infantil tardorromana (s. IV) en Santo Domingo nº9, junto a la tienda del judío Burgalés. Excavación de urgencia realizada en 1998 por Esperanza Mata Almonte, quien ha facilitado la imagen.

Debió de ser la plaza de Malcocinado el principal lugar para establecer en su solar, como el rey fijó en la carta-puebla de 1281 por la que se refundó la población, dos mercados a la semana, los miércoles y los sábados, si bien el documento daba carta libre para instalarlos en distintos enclaves: “que se cambien cada vegada [vez] en qual lugar que entendieren los de la villa que es más yermo porque se pueble mejor”. Pero, dadas las características del paisaje urbano de la población alfonsí, la céntrica plaza de Malcocinado sería el espacio acostumbrado donde instalarían, a cielo abierto, los puestos del mercado.

Como punto de referencia empleado por los partidores al repartir las casas y solares, se nombra en el Libro del Repartimiento una higuera -de origen andalusí- dentro de la plaza, frente a Nevería (en FIGS. 1-2 y 8 nº3); que nos recuerda, en lugar inmediato, la araucaria de gran porte que se yergue sobre el solar de la desaparecida plaza.

| La araucaria de calle Nevería, en el solar que ocupó la plaza de Malcocinado.

Desconocemos la vida que tuvo Malcocinado como espacio público. En 1484 aún existía, según se desprende de estas palabras tomadas de un protocolo notarial de aquel año: “…la calle que va de la plaza a la iglesia” (Palacio y la Prioral, que por entonces se concluía). Probablemente fue durante la primera mitad del siglo XVI, tiempos de bonanza para El Puerto, cuando el solar de la plaza medieval se urbanizó en su integridad, al tiempo que la población crecía en arrabales a extramuros del recinto. El nomenclátor de Tejada (1874) la menciona, sin indicar fechas, llevando los nombres de plaza Pública, de Fruteros y de Vendedores.

Vecinos de la plaza
En 1268, presidiendo la repoblada plaza de Malcocinado (en calle Palacio) le entregaron cuatro casas linderas andalusíes a don Pedro de Llano (FIG. 8 nº4), padre del alcalde de Cádiz don Pedro Alfonso, que sospechamos fue quien introdujo a su hijo en la política y en los entresijos del poder.

| Entorno de la plaza de Malcocinado en 1268: -1- tienda de Burgalés el judío. -2- horno del Concejo. -3- higuera. -4- casas de don Pedro de Llano. -5- solar de Pedro Pérez de Llano. -6- solar del pregonero Domingo Miguel. -7- solar de Martín Pérez ‘el de la escuadra’. 

El alcalde recibió un gran par de casas andalusíes en Nevería, entre Luna y el lienzo del muro de Ricardo Alcón, fronteras a cuatro solares linderos que los partidores entregaron a cuatro religiosos: un maestre, un abad y dos clérigos, donde probablemente se previó construir un convento dominico o franciscano, las dos órdenes de predicadores (el recién electo obispo de Cádiz era franciscano) predominantes en la región; las que entonces se implantaron en Jerez. Otros cuatro solares recibieron los religiosos en Nevería (entre Luna y Palacio), que serían sus aposentos mientras se edificaba el convento, que si llegó a culminarse sería destruido durante los asaltos mariníes que sufrió la villa en 1277 y 1285.

Otros dos familiares del alcalde gaditano residieron en las inmediaciones de la plaza: su hermana Urraca Alfonso recibió dos casas andalusíes en Larga y su hermano Pedro Pérez de Llano un solar en Larga esquina a Palacio (FIG. 8 no5).

No debió ser por casualidad que en lugar inmediato a la plaza de Malcocinado (en calle Palacio) le entregaran un solar para construir su casa al repoblador Domingo Miguel, de oficio pregonero (FIG. 8 nº6). También fue vecino de la plaza (en Santo Domingo, FIG. 8 nº7) Martín Pérez, a quien el Libro llama el de la escuadra, el técnico que probablemente trazó, siguiendo las pautas marcadas por el monarca, el entramado urbano de la población, como probablemente fueron sus artífices en calidad de maestros de obras don Gonzalo y Miguel Domingo, ambos nombrados en el Libro con el apelativo de ‘el de la obra’. La que a nuestro juicio fue la ‘obra’ por antonomasia: la propia edificación de Santa María del Puerto a partir de 1268.

El corral del Concejo
Decíamos que la plaza de Malcocinado acogió en los primeros años de la incipiente villa cristiana un mercado público donde se vendía el mal cocinado, los menudos de las reses que traían al ‘corral del concejo’ para el abasto de la población. Que se emplazaba en el extremo noroeste del recinto murado, frente al espacio que el Libro del reparto llama ‘plaza Chica’.

Anejos al corral existían en 1268 dos inmuebles andalusíes que entregaron al clérigo García Pérez (FIG. 9 nº1). Información que apunta al origen andalusí de este espacio como corral, y la presencia del clérigo indicaría el control que iba a ejercer la Iglesia -el cobro de los diezmos- sobre tan importante infraestructura. Vínculo que parece confirmarlo el hecho de que el mismo clérigo recibiera en la alquería de Grañina “la torre chica, que está de parte de Grañina, con esas casas que se tienen con el corral de las vacas.” Tampoco fue por casualidad que a uno de los cinco repobladores que eran carniceros, Domingo Yuannes, le dieran un solar anejo a la puerta del recinto murado en Ricardo Alcón-San Bartolomé, por donde las reses accedían a su última morada (FIG. 9 nº2).

En época almohade el entorno del corral, salvo los dos inmuebles citados, no estaría habitado, a excepción, quizás, de algún chozo aislado. En 1268 se repartieron en derredor del corral 21 solares que formaron una manzana. La alfonsí calleja del Pozo (R. Alcón), lindera al recinto murado, se prolongaba hasta su extremo noroeste, y al oeste se creó otra calle frente a la cerca, la calleja de Pedro Ganzana. La manzana de los solares se cerraba al sur por la calle de Pedro Oreja (Luna) y al este la calle a las viñas (San Bartolomé), ambas dando cara también a la plaza Chica.   

| Transformación del entorno del corral del Concejo en los siglos XIII y XV-XVI.

Hacia mediados del s. XV el entorno del corral alfonsí se modificó, naciendo la planta del espacio urbano que ha llegado a nuestros días. El corral del concejo se trasladó a la intersección noroeste del inmediato recinto murado, desapareciendo así la calleja de Pedro Ganzana y la de Ricardo Alcón en este trecho. Con esta medida se liberó un espacio en la manzana que acogía al corral con el fin de abrir en su mediación (de este a oeste) una nueva calle, que es uno de los dos tramos de la actual calle Santa María. Y al fondo de ella se abrió un postigo en el lienzo del recinto, ensanchado hasta la calle Vicario, ya existente en 1484 -la calle que va al Postigo, dice un documento de aquel año-, una vez que se había edificado al exterior del muro el tramo de Santa María y Vicario. Así comenzó a expandirse en este sector el arrabal del Barrio Alto.

| En el recodo de calle Santa María, con salida a Vicario, el hueco del postigo abierto en el siglo XV en el lienzo del recinto murado.

Por ubicarse en el enclave más indicado, el corral del concejo pervivió mucho tiempo, de ser, como creemos, el que en 1498 llamaban corral de las Vacas de esta villa. Aquel año el mayordomo de la Prioral corrió con el gasto de alguna reforma realizada en el corral (11.170 maravedís), que al año siguiente le fue reintegrado por el Concejo. Era el mismo corral del concejo que repetidamente se menciona en las primeras Ordenanzas del Concejo, de 1506, cuando se fijaron las reglas por las que debía regirse.

| Fachada de la Carnicería Pública del s. XVII, plano levantado por Ángel Pinto en1871. Archivo Municipal.

Junto al Corral, en la Edad Moderna se estableció la Carnicería Pública, de cuya memoria se conoce la que se construyó en 1692, cuyas huellas perviven en las columnas y arcos cegados del Bar Vicente. Enfrente, entre Ricardo Alcón (que también llevó el nombre de Tripería) y Ganado se encontraba el Matadero, antes de que en 1699 se trasladara a las afueras de la población (frente a la estación de trenes). Y dando cara a la Carnicería y al Matadero, en el lugar que hoy ocupa la Plaza de Abastos (1874) ya a comienzos del siglo XVIII se encontraba, al aire libre, el Mercado de las frutas, hortalizas y legumbres, heredero del que en la Edad Media probablemente existió en la plaza de Malcocinado.| Texto: Enrique Pérez Fernández y Juan José López Amador.

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Serie 'En el libro del Repartimiento
4.267. Juan de Mar, las huellas de una calle de al-Qanatir | En el libro del Repartimiento (1)
4.317. Las casas del alguacil de Jerez, el motor de al-Qanatir | En el Libro del Repartimiento (2)
4.352.  Juan de Cádiz, el primer gaditano. En el Libro del Repartimiento (3)
4.387. La plaza de Malcocinado y el corral del Concejo. En el Libro del Repartimiento (4)

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