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4.430. Antonio Cabeza Moya. El peculiar ‘aggionarmiento’ de aquel Cura Regente de la Prioral

Antonio Cabeza Moya fue párroco de la Iglesia Mayor Prioral entre 1975 y 1977, en sustitución del que fuera, además, arcipreste, Manuel Salido Gutiérrez (ver nótula núm. 2.219). Cabeza Moya procedente de Misiones en Venezuela, se caracterizó por una controvertida gestión en apenas dos años removiendo la religiosidad popular y las conciencias, los patronazgos eclesiásticos de las clases altas, la tradición e incluso destrozando parte del patrimonio de la Prioral, siguiendo una equivocada senda del Concilio Vaticano II con una falta de tacto y delicadeza que, quienes le conocieron, aún recuerdan. Más adelante sería nombrado párroco de un importante destino eclesiástico: la parroquia de San Gil, en Sevilla, sede de la Hermandad de la Macarena, donde no aplicó la misma vara de medir que en El Puerto.

1930
El año de su nacimiento, el censo de la Ciudad tenía 19.714 habitantes de hecho 19.847 habitantes de derecho y 4.468 hogares. Se producía relevo de alcaldes, siendo elegido el 26 de febrero José Luis de la Cuesta Aldaz y el 18 de marzo, Eduardo Ruiz Golluri.

| Alfonso XIII visitaba las cuevas cantera de la Sierra de San Cristóbal.

Se creaba el Instituto Colombino de El Puerto. El Castillo de San Marcos era declarado Monumento Nacional. Rafael Alberti publicaba su libro de poesías 'Sermones y Moradas'. Ese año se casaba con María Teresa León.  El 6 de junio se desbordaba el río Guadalete por el temporal de lluvias, arrastrando millares de haces de trigo y cebada y muchos animales muertos. La Virgen del Carmen realizaba el 15 de agosto su primera procesión marítima. Durante el verano  el novel equipo del Racing Club Portuense organizó una exitosa verbena en la calle José Navarrete --hoy Palacios--, donde tenía su sede social. A Pedro Muñoz Seca le dedicaban en Madrid un teatro con su nombre y ese año estrenaba un buen número de obras. El restaurador Juan Botaro daba a conocer ese año la autoría, por parte de Juan de Mesa, de la imagen del San Francisco Javier, custodiada en la iglesia de San Francisco. Se fundaba la Hermandad de la Misericordia y Ntra. Sra. de la Piedad.

| Antonio Cabeza Moya en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla).

Antonio Cabezas Moya había nacido en la pequeña población de Guillena (Sevilla) el día 3 de enero de 1930. Estudió en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla), compañero de curso en el seminario de Pilas de Ignacio Noguer Carmona, obispo que fue de Huelva, que pasaba algunos veranos en El Puerto de Santa María, donde murió una hermana suya por enfermedad. Ambos se ordenaron de sacerdotes el 17 de junio de 1956. 

Fue nombrado párroco de Fuentes de Andalucía (Sevilla). Poco después lo destinaron como padre espiritual del Seminario Menor en la vecina población de Sanlúcar de Barrameda. Se incorporó al equipo rectoral a en 1958. De allí pasó al Seminario Menor de Pilas con los alumnos y equipo de formadores de la citada institución seminal de Sanlúcar.  

| Centrado en el centro de la imagen, el que fuera párroco de San Joaquín, José María Rivas; arriba a la izquierda el seminarista Antonio Noguer Carmona, con el tiempo Obispo de Guadix y luego de Huelva, amigo de nuestro protagonista; sentado a la derecha, Antonio Cabeza Moya. Seminario Menor de Sanlúcar.

Cilicio y sacrificio
Un seminarista de Pilas recuerda: “Tal vez lo tienen idealizado, pero por lo que me ha llegado de algún otro era de esos curas antiguos dados al uso del cilicio, al sacrificio, a la lucha contra la impureza, hasta hacer que mas de uno se atara las manos y pies a la cama para no girarse mientras dormía, y se tocara o se rozara siquiera con el colchón”...

| Notas y enseres de los seminaristas.

Aproximadamente un lustro después marchó con otro profesor del Seminario de Pilas, Andrés Cárdenas Dorante, a Sudamérica para dedicar cuatro años de su vida en tierras de misión, concretamente a Venezuela donde permanecieron por espacio de cuatro años atendiendo una gran extensión de territorio y población diseminada.

Llega a la Prioral. 1975
A su vuelta, el destino sería como Cura Regente en la Iglesia Mayor Prioral en El Puerto de Santa María, templo que desde mediados los años cincuenta del siglo pasado hasta su sustitución por Cabeza Moya, había estado bajo la dirección canónica del Cura Propio y Arcipreste, Manuel Salido Gutiérrez. 

| Ceremonia concelebrada, presidida por el obispo de Jerez-Asidonia Rafael Bellido Caro, con motivo de la jubilación del arcipreste, Manuel Salido Gutiérrez y la llegada del nuevo párroco de la Prioral, Antonio Cabeza Moya. De izquierda a derecha: de espalda, Manuel Román Ruiloba, coadjutor de la Prioral; Luis Conradi, Rector de los Jesuitas; Anastasio Pérez de Andrés, capellán del Hospital Municipal; José María Rivas Rodríguez, párroco de San Joaquín; Manuel Salido Gutiérrez, Cura Propio saliente; Rafael Bellido Caro, Obispo de Jerez-Asidonia; Antonio Cabeza Moya, nuevo Cura Regente; el Vicario del Obispado; Manuel Girón Ceballos, sacristán y Maestro de Ceremonias; Ignacio Nogués Carmona; Vicario de Pastoral Parroquial y compañero del seminario del nuevo Cura Regente; Ramón González Montaño, párroco de San Marcos; y José Carmet Ramírez, Coadjutor de la parroquia de Fátima de Jerez de la Frontera.

Fue un cambio de paradigma en la dirección del primer templo local. Salido, de formación conservadora, amante de las tradiciones y de avanzada edad: 76 años, cedía el testigo a un sacerdote de 45  que provenía de misiones por Sudamérica. El cambio con las estructuras eclesiales locales fue traumático, alterando costumbres, tradiciones y organizaciones religiosas que tenían su sede en la Prioral.

Contra el Patrimonio Histórico Artístico
No sabemos si por incultura, desconocimiento, o porque las leyes de protección del patrimonio histórico no se aplicaban entonces con el rigor actual, pero incluso históricos enseres de la Prioral sufrieron los efectos de la estancia de Cabeza Moya como Cura Regente de la Prioral. La caprichosa y sesgada interpretación de las constituciones del Concilio Vaticano II, no digeridas suficientemente y con un sentido casi iconoclasta; su desconocimiento absoluto del patrimonio artístico que había sido depositado en sus manos, produjo el desprecio total de muchos elementos artísticos y enseres que fueron echados prácticamente a la basura. Fueron muchos ornamentos sagrados antiguos  tirados que no casaban con sus conceptos erróneos de la liturgia y ropa de uso como albas de encajes muy valiosas o todo un terno verde, con capa, casulla, dalmáticas, frontal de altar, atrileras, con las correspondientes estolas y manípulos y paño cubrecaliz y bolsa de corporales, entre otros. 

| Rejas de la Vía Sacra que fueron desmontadas en los tiempos del Cura Regente.

El desprecio que mantuvo contra quienes habían sostenido la Iglesia y la frecuentaban; su falta de caridad y la mofa  en público con los fieles y cofrades; el arrinconamiento de los santos varones coadjutores, hermanos Román Ruiloba; la eliminación de las rejas de la nave central de la Vía Sacra, fueron arrumbadas a su suerte no recordamos si en el patio a la intemperie o una capilla-almacén de imágenes rotas.

| En el centro de la imagen, el facistol del Coro que se desmontó.

También el facistol del Coro, sillería de la Sala Capitular, o el mobiliario de la Venerable Hermandad de Sacerdotes de la Capilla de San Pedro fueron depositados en medio del patio, al desamparo de las inclemencias del tiempo; incluso tomó la decisión de tirar objetos y enseres del siglo XVII, y otros neoclásicos, como credencias, piés, candelería, sacras valiosas, o el velero con un pie de pelicano con las crías para 24 velones de la Real, Antigua y Venerable Archicofradía del Santísimo Sacramento, hermandad a la que algunos adjudicaban la antigüedad del siglo XIII, y que el entonces Cura Regente, por verbal decreto, dejó reducida a la nada y cuyo patrimonio riquísimo fue totalmente deshecho.

| Capilla De San Pedro. | Foto: Nani Delgado Poullet | Centro Municipal de Patrimonio Histórico.

De la capilla de san Pedro, por ejemplo, desparecieron también los dos retablos laterales con un Crucificado y una Dolorosa y los cuadros al óleo del Vía Crucis que la rodeaba. En fin, que entre inculto, soberbio, mal informado y caprichoso, sus dos años de Cura Regente fueron devastadores para una parroquia que había sido conocida como "la Perla de la Archidiócesis".

| De izquierda a derecha, el cura saliente, Manuel Salido, el obispo de la Diócesis, Rafael Bellido y el cura regente entrante, Antonio Cabeza.

‘A correazos’
No pudo con la hermandad de la Archicofradía y Esclavitud de los Milagros. --aunque lo intentó--, pero otras hermandades y organizaciones con sede en la Prioral experimentaron drásticamente la ejecución de sus normas, aplicando técnicas que hoy se conocen como mobbing, y haciendo que una parte de los feligreses buscasen ‘acomodo espiritual’ en otras parroquias. Parecía que había venido a romper con el pasado, a romperlo todo --para algunos sin la necesaria caridad cristiana-- Romper con la religiosidad popular de unos fieles, a correazos --como en el pasaje bíblico de la expulsión de los mercaderes del templo-- sin iluminarles. Esa era la sensación: vino con ese encargo a despertar a El Puerto del espiritual letargo católico y sus tradiciones, aunque fuera a correazos.

Su marcha a la parroquia sevillana de San Gil. 1977
Era amigo del portuense Fernando Vela, un seminarista que no llegaría a tomar los hábitos, quien le ayudó en su tarea pastoral durante su breve etapa en El Puerto de Santa María. Al parecer Antonio Cabezas, tenía a la madre ya mayor y enferma y buscó un clima más caluroso, pidiendo en 1977 el traslado a Sevilla, lo  que se produjo el 9 de septiembre de dicho año, siendo sustituido por el presbítero Antonio González Montaño, a su vez, hermano de Ramón, párroco de San Marcos. 

 

| A la izquierda de la mesa de altar, Antonio Cabeza Moya concelebrándola misa con Carlos Amigo Vallejo, arzobispo emérito de Sevilla.

No sabemos el destino que Cabeza Moya tuvo en Sevilla recién salido de El Puerto, pero acabó recalando en un importante destino de la capital hispalense, como párroco de la iglesia de San Gil Abad, entre 1987 y 2007, y como director espiritual de la Hermandad de la Macarena, radicada en dicho templo, entre 1987 y 2014. Sostienen quienes le conocieron y trabajaron con él, que en la Macarena le pararon los pies y no tuvo el coraje de aplicar la misma vara de medir que usó en El Puerto.

La boda de Rocío Jurado y Ortega Cano
La boda entre la cantante chipionera y el diestro cartagenero tuvo su aquel. Cabeza Moya párroco en San Gil Abad, se negaba a celebrar la boda delante de la Macarena, y además se despachó a gusto en la homilía. Un punto ¿soberbio? llegó a manifestar en la plática a los fieles que de celebrarse la boda dejaría de ser párroco de San Gil durante ese día. ¿Era de sostenella y no enmedalla?. Al final, se casaron en la finca la Yerbabuena celebrada la ceremonia por otro sacerdote. En la información que siguen, los argumentos de uno y otros.

| El ABC de Sevilla, entre otros medios, recogía el desencuentro de Cabeza Moya con la pareja de artistas.

En octubre de 1994, Margot Molina publicaba en El País: “La cantante Rocío Jurado y el torero José Ortega Cano, protagonistas de la que se anuncia como la boda del año, han renunciado a casarse en la basílica sevillana de la Macarena, que pertenece a la parroquia de San Gil Abad de Sevilla. La pareja tomó esta decisión tras dejar muy claro la "contrariedad y el sufrimiento" que les habían producido las palabras del párroco de la basílica, Antonio Cabeza Moya, el pasado sábado en la homilía. 

Cabeza Moya, quien es también director espiritual de la Hermandad de la Macarena, aseguró que la ceremonia causaría un daño moral a sus feligreses, informa Efe. El párroco se mostró contrario a la boda eclesiástica de la pareja, ya que al tratarse del segundo matrimonio de la cantante --casada en primeras nupcias con el boxeador Pedro Carrasco--, los feligreses sencillos pensarían que la Iglesia le otorga la nulidad matrimonial por el hecho de ser famosa. La cantante y el torero, quienes no han desvelado la fecha de sus nupcias, añadieron: "En su momento comunicaremos a nuestros familiares y amigos el lugar que nuevamente hayamos elegido para la celebración de nuestra boda, dentro de la normativa canónica". 

La cantante chipionera y el diestro cartagenero han decidido tomar cartas en el asunto para aclarar las cosas tras "la conmoción que han producido en la opinión pública las manifestaciones hechas por el señor párroco de San Gil Abad", y señalan el derecho que les asiste a elegir el lugar donde celebrar su boda, de acuerdo con el canon 1.115 del Código de Derecho Canónico. Rocío Jurado y Ortega Cano añaden que "con todo el respeto que merece, pero con esa misma libertad y confianza que sugiere el Concilio, manifestamos públicamente al señor párroco de San Gil de Sevilla, Antonio Cabeza Moya, la contrariedad, el sentimiento y hasta el sufrimiento que nos han causado sus manifestaciones..." 

La pareja confesó su perplejidad ante las manifestaciones del sacerdote, quien llegó a decir que de celebrarse la boda dejaría de ser párroco de San Gil durante ese día. "Sí le rogamos encarecidamente que deje de hacer alusiones públicas a las circunstancias pasadas de la vida de Rocío y a personas que con ella se han relacionado, que ya han sido resueltas por la autoridad de los tribunales de la Santa Iglesia y de las que quizá el señor Cabeza Moya no tenga el adecuado conocimiento de causa", añadieron”.

Ya jubilado de sus responsabilidades eclesiástico administrativas y espirituales, Antonio Cabezas Moya fallecía el 29 de junio de 2016 a los 86 años de edad. Descanse en paz. 

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