Saltar al contenido

4.781. El Museo de Ciencias de San Luis Gonzaga. Un tributo a la naturaleza desconocido (y II)

 

En la nótula núm. 4.759 de GdP, se publicó la primera parte de un trabajo del padre jesuita Luis Conde, S.J., «Un tributo a la naturaleza desconocido». En él, informaba sobre los orígenes y piezas del Museo de Ciencias Naturales de San Luis Gonzaga, donde se habían dado cita exóticas especies de la fauna americana. Hoy conoceremos la azarosa historia de esos animales. Centenares de aves y miles de conchas salvaron su existencia

Juan Ramón Jiménez aseguraba a «Platero» que sí, que la tortuga que su hermano y él habían encontrado en la callejilla de Moguer era una tortuga griega. Así lo había comprobado en su libro de Historia Natural cuando estudió en los jesuitas de El Puerto de Santa María; era igualita a la que vio embalsamada en el Museo de San Luis con su cartelito identificador. He tenido la curiosidad de buscar, tras los cristales de los grandes armarios, la tortuga de Juan Ramón con sus dibujos en oro y negro. En vano. Si no fue torpe mi pesquisa, lo más probable es que la tortuga embalsamada se haya perdido en medio de tantas aventuras que corrió el Museo. Ya dije que la Revolución de 1868 (liderada por el almirante Topete e iniciada precisamente en la Bahía de Cádiz) interrumpió bruscamente la vida colegial recién estrenado el nuevo edificio de San Luis.

Los jesuitas, avisados por el mismo Topete, abandonaron precipitadamente la casa. Amenazas de la multitud vociferante y exaltada. La Junta Revolucionaria de El Puerto decretó la expulsión de la Ciudad de los religiosos de la Compañía de Jesús e incautación de sus bienes en nombre del Estado. Del 27 de octubre al 9 de noviembre, una comisión del Ayuntamiento, en presencia de don Bartolomé Vergara, representante de los padres de los alumnos, elaboró un minucioso inventario. Lo he consultado en el Archivo Municipal, y esta indagación nos permite precisar datos.

Once folios ocupan la relación de artilugios de la Sala de Física, encabezada por una escopeta de aire comprimido y la máquina de vapor de Watt. Sin embargo, no encuentro alusión al Museo de Ciencias Naturales. Indicio probable de que sus comienzos hay que fecharlos en 1875, cuando los jesuitas regresaron del exilio. Desde entonces, sus fondos y los ya numerosos del Gabinete de Física fueron acrecentándose.

| Sala de Física.

Larga y dorada etapa. Noviciado, República, Guerra civil
En 1924, la provincia jesuita de Toledo (que abarcaba los territorios de Extremadura, Castilla-La Mancha, Murcia y Andalucía) se dividió en dos unidades administrativas. La nueva Provincia Bética quedó constituida por los jesuitas y obras de la región andaluza. El reajuste de personal y la creación de una nueva Casa de Formación exigió el cierre de San Luis Gonzaga y su transformación en Noviciado-Juniorado de los jesuitas.

El Museo, privado de su función educativa para alumnos de enseñanza secundaria, permaneció cerrado hasta que la Segunda República disolvió la Compañía de Jesús y se incautó de sus bienes por Decreto del 25 de enero de 1932. Un testigo de los acontecimientos refiere que «unos cuantos antiguos alumnos, el mismo domingo 24, sin contar más que con su buena intención y sin encomendarse a nadie, se dirigieron al Museo y se llevaron los aparatos de más valor que aún quedaban». «Los artilugios de los laboratorios del Colegio --precisa otro-- los trasladaron al Cortijo de San Andrés (en la carretera Arcos-Bornos), propiedad de la familia De la Lastra, de Sevilla».

Durante el período republicano, el Colegio fue destinado para uso ocasional de colonias escolares dependientes del Patronato Cultural de Sevilla. Después, durante la Guerra civil (1936-1939), funcionó como Hospital de sangre de los soldados marroquíes integrados en el ejército del general Franco.

Cuando regresaron los jesuitas del extranjero, una vez terminada la guerra, las piezas del Museo estaban dispersas por diversas estancias y algunas guardadas en cajas; se pudieron reunir, ordenar y colocar en sus tradicionales vitrinas. Allí tuve la oportunidad de admirarlas en 1946 (estaban rigurosamente guardadas en una gran sala, junto a la capilla del entonces noviciado, en la segunda planta del edificio).

En este período de holganza pedagógica, la mayor parte de los aparatos del Gabinete de Física fueron distribuidos entre los colegios jesuísticos de Málaga y Sevilla para continuar ejerciendo allí su función docente.

Pillaje y voracidad del tiempo
En 1961, el Noviciado y Centro de Formación Humanista de la Compañía de Jesús se trasladó a Córdoba. La reapertura del Colegio de San Luis (internado y externado) y las reparaciones de emergencia en el viejo edificio propiciaron fáciles circunstancias para la sustracción de piezas del Museo de menor entidad y especialmente apetecibles.

Grupo de niños hubo que, burlando la vigilancia del «inspector», organizó incursiones a esta zona prohibida de la segunda planta, cargada de misterio para ellos. En una de sus exploraciones, practicaron un boquete en cierto tabique agrietado y penetraron, maravillados, en la sala de los bichos. Diez años más tarde (1971), por razones de readaptación de locales para alumnos, se trasladaron los fondos del Museo a cuartos de la crujía principal de la fachada, junto a la antigua Biblioteca.

Allí se inicia un largo proceso de selección del material. El tiempo voraz había reventado las entrañas, partido el esqueleto artificial de numerosos animales disecados (jabalíes, pavo real, una pareja de ciervos...). Ya eran despojos. Hubo que tirarlos.

Antonio Díaz Vaca, colaborador en esta dolorosa tarea, calcula que tuvieron que prescindir de más del 50% del avejentado parque zoológico. Las piezas que habían sobrevivido tenían un inmenso valor. El padre Luis Conradi Toro (1975) logró ayudas privadas que permitieron la restauración taxidérmica de aves, peces y mamíferos.

Tras una paciente labor de reclasificación, se instalaron conchas y demás fondos del Museo en estantes acristalados del primer piso de la Biblioteca. Finalmente, tras la cesión al Ayuntamiento del pabellón de fachada, se iniciaron en 1982 las obras insoslayables de rehabilitación integral del edificio. Comenta el padre Conradi: «En septiembre de 1985, después de cinco traslados en once años, [el Museo] ha vuelto a su sitio primitivo de los estantes del Colegio. Esperamos que ya para siempre». | Texto: Luis Conde S.J. 

1 comentario en “4.781. El Museo de Ciencias de San Luis Gonzaga. Un tributo a la naturaleza desconocido (y II)

  1. jesús suárez avila

    Creo que Fernando Terry Merello ayudó mucho a la restauración de muchas piezas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

- Al enviar este comentario estoy aceptando la totalidad de las codiciones de la POLITICA DE PRIVACIDAD Y AVISO LEGAL.
error: Alerta: Este contenido está protegido