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4.927. Los Dos Siglos. Por Pedro Muñoz Seca

La Revista portuense publicaba el 1 de enero de 1901 ‘Los Dos Siglos’ Diálogo sin pie, cabeza, ni punta, del comediógrafo Pedro Muñoz Seca. Con formato de obrita de teatro, hace referencia a la unificación horaria en España y una velada crítica de la situación municipal en El Puerto de Santa Maria, citando como adjetivos, los apellidos del alcalde y concejales de hace 122 años, que bien pudiera resultar un espejismo del reciente Pleno Municipal sobre el estado de la Ciudad, celebrado el pasado día 29 de diciembre.

Representa la escena uno de los salones inmensos del espacio. El Siglo XIX decrépito y achacoso, lee para bien morir, las actualidades de P.P. y W. (ilegible) …que es un paje de delgada figura agradable como los existentes en los tapices de nuestro Ayuntamiento. Se presenta algo tardío con varios royos de papeles.

| Dependencias de la alcaldía en el edificio de la plaza de Isaac Peral. Siglo XIX

Siglo XIX. –Mira, comunícate con Morfeo. Ya es hora, que despiertes a mi sucesor.
Ulises, (después de hacer junto al aparato algunas piruetas de salón –El Siglo XX despertó hace doce meses, señor.
Siglo XIX, (aparte). –Diablo de chico. Pues bien, avísale, tengo que verle. (Ulises lo hace y se retira.)

Pausa.
La escena se llena de humo pestilente y aparece el Siglo XX, dirigiendo un rápido automóvil de gasolina. Viste pantalón alemán y americana inglesa.

| La calle Larga a principio del siglo XX. A la izquierda, el Casino.

Siglo XX. –Salve digno ascendiente. Padre de la luz. Sublime demócrata.
Siglo XIX. –Estoy absorto. ¡Despierto ya cuando aun te faltan unas horas de sueño!
Siglo XX. --¡Qué quieres caro antecesor! Los de ahí abajo me despertaron con sus discusiones, y aquí me tienes. Vengo del mundo.
Siglo XIX. --¡Dios Santo! ¿Qué has hecho? ¿Dónde has estado?
Siglo XX. –En España.
Siglo XIX, (desmayándose). --¡¡Horror!!
Siglo XX. –Me dijeron las gracias que las españolas …..
Siglo XIX. --¡Jesús, Jesús! Ir a España siendo Silvela …..
[Francisco Silvela era, a la sazón, presidente del Consejo de Ministros]

Siglo XX. --Bah, pero si no he llegado a Madrid. Tu verás. Cogí el automóvil, bajé a toda fuerza, no sin antes producir un breve eclipse solar y como mis ojos no estaban acostumbrados a ver y a mis tímpanos les faltaba el hábito de oír, me pregunté en los aires: ¿hacia donde me encamino? ¿Dónde habrá menos bullicio y más tranquilidad? En las márgenes del Guadalete, me dijeron, pues al Guadalete y ¡pai! En menos tiempo que el que necesita Francisco para hacer chapó me planté en el Puerto.
Siglo XIX, (desmayándose de nuevo). --¡Desgraciado!
Siglo XX. --¡Ah! Es una ciudad muy bonita, muy histórica; vamos un museo de ruinas y antigüedades. Al discurrir yo solo, por aquellas calles cubiertas de ortigas y jaramagos, me creí feliz. Pero ……
Siglo XIX. –Continúa.
Siglo XX. –Mi curiosidad de niño, me indujo a visitar los más escogidos lugares y… entré en el Ayuntamiento.
Siglo XIX, (abrazando con efusión al siglo XX). --¡Pobre descendiente mío! ¿Y vives? ¡Hosanna!
Siglo XX, (con miedo). –Que húmedo era aquel local este invierno. Destilaban sus paredes tanta agua, que no perecí ahogado en aquel mare magnum, por misericordia. Poco faltó para que me hubiesen traído a tu presencia entre cuatro tablas de madera que tu hubieras pagado, para evitar nuevas discusiones. Que rato sufrí. Nadé como ardilla, hasta encontrar un soberbio puente, cava apenas visible cuesta salvé mediante una elegante carrera y una vez seguro en el castillo, me reí de la minoría de mi cuerpo y pensé en los felices tiempos que… pueden venir.

[Aquí Pedro Muñoz Seca hace referencia en el anterior párrafo al alcalde y concejales, que el propio autor destaca en cursiva: Ardila, Puente, José de la Cuesta, Carrera, Marqués del Castillo de San Felipe, Felices]

| Plaza de los Jazmines, hacia 1900.

Siglo XIX. --¿Y saliste ileso?
Siglo XX. --Si, pero con voto en contra.
Siglo XIX. --Menos mal. Prosigue.
Siglo XX. --Tras ese incidente, hice vida de legítimo portuense; y pasaba unos ratos en una cervecería muy crítica, (me refiero al lugar), otros en un silencioso Casino, y otros en fin confundido con la multitud apiñada que contemplaba las habilidades (ilegible) y cantaban villancicos (ilegible). ¡Dios mío! Si no retorno muero mártir como San…
Siglo XIX. --¿Y es posible que no hayas encontrado ninguna buena nueva?
Siglo XX. –Si una calle, pero eso de la novedad, debe ser capricho, porque a nadie se le ocurra llamar nueva, a la terriza superficie del globo.
Siglo XIX, (con el gesto avinagrado). –Has perdido el tiempo lastimosamente hijo mío; y me duele ver en ti falta de virilidad y de energías. Tú, que debías hallarte irritado y colérico.
Siglo XX. --¿Por qué?
Siglo XIX. –Ignoras desagraciado, que han descuartizado a tus tataranietos, los días, en veinte y cuatro partes reales y efectivas.

| La estación apeadero de El Puerto de Santa María 

[El autor se refiere al ajuste horario que se producía el 1 de enero de 1901 cuando, hasta entonces, cada provincia española tenía una hora diferente dependiendo de su situación geográfica. No era la misma hora en Madrid, Cádiz, Barcelona o La Coruña. Hubo necesidad de ajustar los distintos horarios, por imperativo del progreso: los trenes demandaban un criterio común, que evitara los retrasos y los accidentes de dos trenes circulando por la misma vía. Entre Cádiz y Barcelona había una diferencia de 34 minutos y 51 segundos. Se utilizó el sistema del meridiano de Greenwich, con 24 husos horarios cada 15 grados].
Siglo XX. --¡Miserables! ¡Quienes! Pronto…
Siglo XIX. –Seguramente los ingleses; esa gentuza …
Siglo XX. –Voy a vengarme.
Siglo XIX. –Conoces a algún inglés.
Siglo XX. –Sí: a dos. (reflexionando). Pero no sirven. Los conocí en el Puerto; y el uno solo tiene de inglés el sombrero: el otro, una libra. Hasta el resto del Kilo, es español.
Siglo XIX, (desfallecido). Véngate y venga a Krüger.

[Paul Krüger, fue presidente del estado boer Transvaal (Sudáfrica) entre 1883 y 1900, ejerciendo un gobierno paternalista y autoritario e inspirado en la Biblia.]
Siglo XX. –Lo vengaré porque es amigo mío.
Siglo XIX. –Pero ¿le has visto?
Siglo XX. –En retrato.
Siglo XIX, (apoyando la cabeza entre las manos). --Muero, hijo mío… se feliz.
Siglo XX. --¡Tan pronto!
Siglo XIX. --¡Que hemos de hacerle! (Lee el artículo del P. Montaña, hace una flección con el brazo, al mirar el mundo y espira).
El Siglo XX le besa en la frente, monta en su automóvil y entre general repique y universal estruendo se lanza a la vida volviendo la cara como los malos matadores de toros y diciendo: adiós tú, veremos como me porto.
Telón rápido.

| Texto: Pedro Muñoz Seca. Puerto, 31-12-900. | Notas: J.M. Morillo-León. Original Revista Portuense: Archivo Municipal.

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