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Tomás Terry Merello. Su relación con celebridades #5.350

| Texto: Carmen Duerto.

Cuando se cumplían 25 años del Salón Internacional del Caballo (SICAB) en Sevilla, el portuense Tomás Terry Merello, contaba sus relaciones con famosos y celebridades que se acercaron por el Salón. «Me pidieron que echáramos una mano y así lo hice». Terry es un caballero de ojos azules que usa la palabra con maestría y las relaciones públicas con señorío. De familia bodeguera y criadores de caballos, es ganadero y un experto en las relaciones públicas, que siempre que se lo han pedido, ha ayudado a la promoción de El Puerto de Santa María.

–¿De pequeños les daban un chupito de brandy para ir haciendo paladar?
–Entonces era tradicional que antes de bajar a la playa o después del baño nos dieran una copita de vino dulce o abocado para entrar en calor. Era fantástico; lo hemos tomado todos y, a día de hoy, no somos alcohólicos, nos arrebataba. Se me quedó impregnado ese olor del vino porque a las comidas también se le añadía. Cuando nos lavaban el pelo, también nos ponían vinagre de Jerez, e incluso vivíamos pegados a las bodegas.

| Tomás Terry, el primer niño por la izquierda, en la Puerta del Sol de la Basílica Menor, asistiendo a la boda de María Terry.

–Hace años, también conoció a Jackie Kennedy; ¿qué tal era la viuda de JFK?
–Ella vino a Sevilla y se alojó en el Palacio de las Dueñas invitada por Cayetana de Alba. Por cierto, eso fue el mismo año en que estuvieron Grace Kelly y Alberto de Mónaco, pero los príncipes se alojaron en el hotel Alfonso XIII. En vez de ir en unos de los muchos carruajes que hay en la Casa de Alba, Jackie quería montar a caballo por las calles, así que le dejamos dos: «Descarado», para ella, y «Nevado», para Cayetana. Con ellos se pasearon por toda Sevilla. Las dos eran grandes amazonas.

–¿Cómo era su amiga Cayetana de Alba?
–Excepcional, guapísima y muy puntual. Ella jamás ha llegado tarde. Era capaz de llegar antes y hacer tiempo dando vueltas a la manzana hasta que era la hora. Era disciplinada, sus obligaciones pasaban por delante de todo. Fue educada como una reina; la educación de Cayetana estaba fuera de lo corriente.

| Tomás Terry colaboró desinteresadamente en la promoción de El Puerto de Santa Maria. En la imagen le vemos en FITUR 1995 junto al ex alcalde Hernán Díaz Cortés, Cayetana De Alba y el marqués de Cubas.

–Cayetana, genio y figura, ¿verdad?
–Fíjese cómo sería que cuando el pabellón de Marruecos invitó a Cayetana a visitarlo le regalaron una montura de cuero repujado y ella, con un flamenquito que había, se lanzó a bailar rumbas. Por entonces ya era novia de Alfonso Díez, aunque ese día no estaba con ella, pero sí que andaba por allí Ortega Cano, que, muy animado, se pegó a la Duquesa a bailar, agarrándola de la cintura, y cuando Alfonso vio esas imágenes por televisión le dio un ataque de ansiedad.

–Cuestión de celos...
–Sí, como cuando invitaron a Gina Lollobrigida a la cena de gala del hotel Alfonso XIII. Iba con Javier Rigau y en la mesa sentaron a Carmen Lomana al lado de su novio. Entró en cólera diciendo que quitaran a esa rubia del lado de Rigau.

–¿Y qué impresión le dio Ivana Trump cuando estuvo en Sevilla?
–Estupenda. Sólo tuvimos que pagarle el billete de avión desde Estados Unidos y el hotel. No pidió nada más. Además, le encantan los caballos, nos dijo que ella tiene unos cuantos. Lo único que me pidió fue que, como le iban a hacer fotos y preguntas y no iba a poder probar bocado, la llevase a cenar antes. Así que la acompañé a cenar comida española: paella, un pescadito frito y jamón.

| Sofía Loren en una imagen de febrero de 2021.

–De las famosas que han pasado por el Sicab, ¿quién se lo ha puesto más difícil?
–Sophia Loren, porque no quería hacer nada. Venía con su representante y eso es fatal porque muchas veces no son las «celebrities», sino los representantes los que lo dificultan todo. La Loren acababa de rodar «L’oro di Napoli», donde cantaba el «funiculí, funiculá». Buscamos el disco por todos los sitios, conseguimos una carroza para que diera la vuelta al ruedo antes del espectáculo ecuestre y, cinco minutos antes del «show», el representante nos dice: «La señora no va en carroza». Saqué como argumento que el carruaje era igual que el que usaba la reina madre inglesa, a sus 101 años. Al rato, el representante regresó y me dijo: «La regina es la regina y la señora es la señora. No va en carroza».

–¿Y las que mejores recuerdos han dejado a su paso?
–Sin duda Diandra Douglas, Daryl Hannah y Bo Derek, que hasta aprovechaba para comprar caballos. A Bo le gustaba tanto que vino varias veces. También estuvieron aquí Catherine Deneuve y Alain Delon, que se tomó veinte mil copas y se lo pasó estupendamente, hasta que el mánager apareció para llevárselo (aunque él quería seguir divirtiéndose).

| Con su hijo Tomás Terry González, en la boda de Álvaro Falcó, este año 2022.

–¿Hay algo que tengan en común todos los famosos en el entorno en el que trató con ellos?
–Sí, el denominador común de todas las «celebrities» es que a todas les encanta el jamón. Sophia Loren sólo quería comer jamón y Deneuve se llevó uno debajo del brazo cual termómetro. De hecho, su representante pidió otro. Al cabo de los días se lo mandaron y llamó enfadado quejándose de que el suyo no era como el de la actriz, sino que le habían mandado paletilla. Recuerdo también a Latoya Jackson, que quiso vestirse de flamenca –y la persona que me ayudaba, Silvia Peris, tuvo que prestarle uno de sus trajes porque no era fácil– y que se sentó delante de un plato de jamón y según se le acababa, pedía otro.

–Tras tantos años rodeado de personajes y de gente común, ¿cree que la sociedad ha cambiado para bien o para mal?
–Todo cambia. En mi niñez era como una cuesta que se iba subiendo poco a poco, pero de repente se ha transformado en acantilado. A principios de los años cincuenta nosotros íbamos desde El Puerto de Santa María a Jerez en coche de caballos y tardábamos hora y media. De eso no hace tanto, y ahora suena como a la época de las diligencias. Es cierto que ese tiempo ha muerto, pero ahora la sociedad está menos encorsetada, todo el mundo hace ahora un poco más lo que quiere, las cosas suceden de modo más natural. Quizá se ha perdido un poco de educación y de buenas maneras. Y siempre es bueno que el dinero cambie de manos.

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