El general Espartero en el vapor Betis. Un episodio de la historia de España

| Texto: Enrique Pérez Fernández
Fue el español más conocido de su tiempo. Su enorme popularidad comenzó a granjearla en el verano de 1839 al poner término a su favor a la primera guerra carlista que enfrentó a liberales y absolutistas tras la muerte de Fernando VII. Al exiliarse la regente María Cristina, el general Baldomero Espaertero alcanzó la más alta instancia del Estado en mayo de 1841, cuando asumió la regencia.
Su gobierno, caracterizado por una decidida política progresista y un talante cesarista, le conllevó en los tres años que duró su mandato la enemistad de muchos, incluidos no pocos de sus correligionarios. Sublevados al general algunos compañeros de armas –los generales Narváez, Pezuela, Concha, Serrano y el oficial Prim- comenzó la huida de Espartero hacia el sur: Madrid, Ciudad Real, Albacete, Córdoba, Sevilla... y El Puerto.
La noche del 29 de julio de 1843, perseguido por una columna militar procedente de Lebrija, entró, a caballo, en El Puerto, siendo aclamado por sus incondicionales en el Café Nuevo de la calle Larga.

En esta calle pernoctó, en el domicilio de doña Manuela del Castillo, la casa en la que el 1 de octubre de 1823 se había hospedado su otrora incondicional enemigo el rey Fernando VII, donde firmó la nulidad de todo lo aprobado por el Gobierno constitucional durante el Trienio Liberal (1820-1823). Conocedor de esta coincidencia, Espartero le dijo al alcalde portuense: “Señor alcalde, puesto que esta es de recuerdos, en ella anuncio a usted que el despotismo viene tras de mí; pero que me parece imposible le sobrelleven los españoles, después de la sangre derramada para derrocarlo.”

Al amanecer, acompañado de sus más fieles partidarios (entre ellos el alcalde, Francisco Nicolau), en el muelle del Vapor embarcó en el Betis a Cádiz, y en Cádiz, en el navío Malabar tomó rumbo a Gibraltar, de donde partiría para comenzar su destierro en Inglaterra. Lo narró Pérez Galdós en el relato Bodas Reales (cap. V) de sus Episodios Nacionales:
“Espartero llegó al Puerto de Santa María sin más ejército que su escolta, sus ayudantes y un grupo de fieles amigos, entre los cuales se contaban Nogueras, Van Halen, Infante, Linaje, Montesino, Gurrea, Milagro y otros cuyos nombres quedan desvanecidos en el oleaje del tiempo. Refugiados en el vapor Betis, firmó el Regente su protesta, último resuello de un poder expirante, y luego se trasladó a bordo del navío Malabar, de la Marina real inglesa, el cual, guardándole miramientos exquisitos y no escatimándole los honores oficiales, le llevó a Lisboa. De Lisboa partió a Londres en otro buque inglés.”

De la protesta sobre su destitución como regente del reino y persecución, extraigo estas palabras que Espartero escribió a bordo del Betis:
“Una insurrección militar que hasta carece de pretexto ha concluido la obra que muy pocos comenzaron, y, abandonado de los mismos que tantas veces conduje a la victoria, me veo en la necesidad de marchar a tierra extraña, haciendo los más fervientes votos para la felicidad de mi querida patria.”
Probablemente no fue aquella ocasión la primera que Espartero cruzó la bahía. Tres décadas antes, en circunstancias menos traumáticas para él, en aquel Cádiz de las Cortes, cuando el joven Baldomero se formaba –y mal estudiaba- como cadete de la Academia Militar, raro sería que no embarcara alguna que otra vez a El Puerto en alguno de los faluchos que hacían la travesía entre ambas poblaciones.
Espartero regresó de su exilio inglés en 1848, mientras la política española transcurría con la ‘década moderada’ (1843-1854) que se implantó tras su huida. Aún viviría el viejo general tiempos de gloria, que llegaron entre 1854 y 1856, cuando alcanzó de nuevo el poder en otra corta etapa progresista.

El vapor Betis
El barco que acogió a Espartero al comenzar su destierro fue el primer vapor abanderado en España, construido en 1817 en el astillero sevillano de Los Remedios, en Triana. Bautizado como Real Fernando (por Fernando VII), también lo llamaban Fernandino. Su casco era de madera, achatado, de poco calado y revestido con planchas de cobre. La máquina, inglesa, impulsaba ruedas de paletas en los costados que le permitían navegar a 6 nudos.
Fue puesto en servicio por la ‘Compañía de Navegación del Guadalquivir’ para hacer la línea entre Sevilla, Sanlúcar de Barrameda y Cádiz, que cubría, en condiciones favorables, en ¡nueve horas! Compartía los viajes desde 1824, en días alternos, con el Coriano, con el que al paso de unos años volvería a reencontrarse en el Guadalete.

El Betis y el Coriano comenzaron las travesías entre Cádiz y El Puerto en junio de 1840, siendo su propietaria la gaditana ‘Sociedad de Retortillo’. No tuvieron larga vida cubriendo la travesía pues ambos fueron sustituidos al paso de unos meses del embarque de Espartero por el Veloz, a comienzos de marzo de 1844, propio del puertorrealeño y vecino de Cádiz Rafael Laserra. Con los años llegarían otros vapores: Andaluz, Infante Don Enrique (en el que embarcó Alejandro Dumas), Nerea, Hércules, Relámpago, Pensamiento… y otros muchos que se sucedieron hasta 1929.
Al primero de todos, el primer vapor que se construyó en España, el Betis, le tocó ser el que en una noche del verano de 1843 embarcó un ilustre personaje, el general Baldomero Espartero, donde firmó su renuncia a la jefatura del Gobierno de España.

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