De las regatas reales a la Lista Roja del patrimonio español en peligro

Juan Carlos Neva nos trae un relato preocupante sobre el velero Hispania, una de las cuatro unidades supervivientes en el mundo de la exclusiva clase 15 Metres y declarado Bien de Interés Cultural, permanece abandonado en Puerto Sherry bajo una lona, amenazado por un deterioro que recuerda al triste final del Vapor Adriano III. Encargado por Alfonso XIII en 1909, su azarosa historia incluye regatas internacionales, desapariciones, restauraciones millonarias y numerosos problemas judiciales y económicos. Tras llegar a El Puerto de Santa María en 2011 con ambiciosos proyectos culturales y deportivos, ninguna de aquellas iniciativas llegó a materializarse. Su inclusión en 2026 en la Lista Roja de Hispania Nostra confirma el grave riesgo de desaparición de esta joya de la navegación clásica. El caso del Hispania reabre el debate sobre la conservación del patrimonio marítimo español y evoca el abandono que sufrió el desaparecido Vapor de El Puerto.
| Texto: Juan Carlos Neva
En el pantalán F-75 de Puerto Sherry languidece el velero Hispania. Cubierto con una lona como un simbólico sudario, el casco del Hispania yace a la espera, si nadie lo impide, de su inminente sepelio. Al igual que el Adriano III, nuestro querido Vaporcito, el barco del pueblo que surcaba la bahía, Bien de Interés Cultural, que de manera humillante y ante los ojos de todos se desintegró lentamente, él y su historia, a orillas del Guadalete, el Hispania, buque de sangre azul, pero no por eso menos importante, también BIC, va camino de un mismo final, quizás por su linaje regio, en silencio y alejado del ruido mediático.

¿Pero quién es este enigmático personaje? El Hispania es un velero de la clase First International Rule 15 Metres Class. Su diseño; sus 500 metros cuadrados de superficie vélica; su único mástil que, junto a su mastelero, elevan al cielo sus velas hasta 30 m y un casco de 23,22 m de eslora y 4,12 m de manga, conforman un bello y elegante cuter de vela cangreja considerado uno de los mejores barcos de regatas de su clase. De los veinte veleros de esta categoría que se construyeron en el mundo, tan sólo quedan cuatro y el Hispania, junto al Mariska, el Lady Anne y el Tuhiga, su hermano gemelo mandado a hacer por el Duque de Medinaceli y de Feria para regatear con su amigo el monarca Borbón, es uno de ellos, aunque con una larga y singular historia, que forma parte de la Historia de España, llena de tintes enigmáticos que parece haberlos heredado de la desafortunada y corta vida del Titanic del que dicen que vio por última vez a flote tras compartir con el mítico transatlántico las primeras millas a la salida del puerto de Southampton en Inglaterra.

En 1909, encargada su construcción por Alfonso XIII a los astilleros Karpard de Pasajes en el País Vasco, tuvo su bautismo de mar y tras ganar diversa regatas nacionales e internacionales y el estallido de la I Guerra Mundial, entonces el mar no estaba para regatas, el monarca, en 1916, vende el Hispania a un armador noruego. Se le pierde la pista y hasta 1936, como si de un submarino en vez de un velero se tratase, emerge de nuevo en Inglaterra en estado lamentable después de haber sido desposeído de todos sus metales para fundirlos y fabricar armas de guerra. Los restos que se salvaron fueron adquiridos por un comerciante británico que lo utilizó como vivienda en el puerto de West Mersea hasta que en 1998 es descubierto y adquirido por la Real Fundación Hispania, constituida expresamente para su adquisición y restauración. Tras un primer arreglo en Inglaterra es trasladado a Mallorca para una costosísima restauración financiada en gran parte con dinero público hasta que pudo hacerse de nuevo a la mar en 2007 y algo más tarde, en febrero de 2008, ser declarado BIC por el Consell de Mallorca.

A partir de aquí, el aciago Hispania, como si estuviera maldito, entra en otro turbulento periodo de los que parece que no se puede desprender, pero como Ave Fénix, resurge de nuevo, parece que el término resiliencia fue creado para él. Permanentes reparaciones, acumulador de importantes deudas, objeto de embargos, subastas, salidas con alevosa nocturnidad de puertos deportivos como Sotogrande, objeto de robos, pleitos judiciales y un largo etc., como una maldición, persiguen a esta joya y señor del mar en otros tiempos dorados. De sus 117 años de vida, ochenta los ha pasado inactivo y diez de ellos en proceso de restauración.
Sin la preceptiva autorización del Consell de Mallorca al ser BIC, el 7 de mayo de 2011 el Hispania zarpa del puerto de Palma de Mallorca para hacer su última travesía con destino El Puerto de Santa María. Lo que supuso la correspondiente denuncia en los juzgados por el director insular de patrimonio del Consell a la Real Fundación Hispania. Al poco tiempo ésta quiebra y es otra fundación, la Isla Ebusitana, la que se hace cargo del barco. El 15 de mayo, escoltado por otros veleros clásicos entre ellos el galeón Andalucía, perteneciente a la Fundación Nao Victoria, arriba a su futura y, por ahora, definitiva base de Puerto Sherry. Llega cargado de buenas intenciones en su henchido velamen: mantener su base permanente en este puerto; motivar la creación de una base de veleros clásicos en la Bahía de Cádiz y organizar regatas y eventos culturales y relacionados con los veleros clásicos.

El pasado mes de mayo se cumplían 25 años de esta pomposa y anunciada llegada. ¿Pero que ha pasado desde entonces? De las buenas intenciones con las que llegó, nada de nada; la responsabilidad sobre el barco se difumina entre la Real Fundación Hispania, la de Isla Ebusitana, la de Vela Clásica de España y el Consell de Mallorca; la deuda a Puerto Sherry por gastos portuarios y amarre aumenta y la prestigiosa e importante asociación Hispania Nostra dedicada a la protección, conservación y puesta en valor del patrimonio cultural y natural de España, el 27 de febrero de 2026 incluye al Hispania en su Lista Roja, “honor” otorgado por encontrarse en riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus elementos y valores.
Pero el Hispania, desgraciadamente, no está sólo, lo acompañan otros veleros clásicos también de interés patrimonial como el Sadko, el Giraldilla o el Isla Ebusitana. Esperemos que Puerto Sherry no se convierta en un cementerio de barcos importantes de la vela clásica de España ni que acompañen en su desgraciado destino a nuestro querido Vaporcito.
