417. ANA BENÍTEZ. Bondad y dulzura.


anabenitez_obispojerez_puertosantamariaAna Benítez vino al mundo en un ya lejano 17 de Abril de 1918 en la cercana ciudad de Arcos de la Frontera. Su niñez se vio afectada por las difíciles circunstancias que atravesaba la convulsa España de aquella época, marcada por la decadencia general del país y por la guerra colonial en el Norte de África que desembocaron en la dictadura de Primo de Rivera en al año 1923. A pesar de ello siempre recordaba con dulzura en su paso por el colegio a Dña. María su adorada maestra y sus clases de geografía en las que les hizo aprender todos los ríos y afluentes de España y que ya anciana seguía recordando sin falta. También recordaba los cuentos y canciones del colegio como “Tarara Andino/ hermoso pescado/ pequeño vecino” y también “El aire libre es mi elemento/ y lo respiro con fruición”. La temprana muerte de su padre cuando sólo tenía 11 años la obligó a vivir 3 años en Sevilla con una tía de la que siempre guardó un excelente recuerdo y después con 14 años seguir la senda que antes habían seguido sus hermanas Antonia y María y venir a trabajar a El Puerto de Santa María en el servicio de los Condes de Osborne en su finca El Pinar. (En la imagen, Ana Benítez en su domicilio, recibiendo la visita del que fuera Obispo de Jerez-Asidonia, Juan del Río).

anabenitez_puertosantamariaFue entonces cuando ya se hizo hija adoptiva de El Puerto, aunque nunca renunció a su origen arcense. Durante esos primeros años conoció a José Antonio Gómez Sánchez, el hijo de Antonio el guarda y jardinero de la finca, más conocido en El Puerto por Antonio “el de la tartana”, porque utilizaba este vehículo para hacer en El Puerto algunos de los recados de la casa. Ana y José Antonio pronto congeniaron y se hicieron novios a la usanza de la época, pero la guerra civil en la que José Antonio participó como combatiente y cayó herido y una segunda movilización militar de la que fue objeto los separó temporalmente y les hizo retrasar su boda hasta el año 1949, el 20 de marzo. Tras una brevísima luna de miel en Sevilla, se fueron a vivir al nº 28 de la calle Palacios, junto a la farmacia de Viqueira y del Dr. Luis Bootello, frente al almacén de Leveque (más tarde La Montaña) y la librería Muñoz y por supuesto justo al lado de su hermana María que vivía en el nº 30. En esa casa nacieron sus 7 hijos que llenaron y alegraron sus vidas, aunque exigiendo a Ana y José  Antonio una dedicación absoluta para sacarlos adelante y darles a todos una buena educación y los estudios que cada uno eligieron: José Antonio formó parte, entre otras asociaciones, de la APA del Colegio de las Esclavas, con nótula propia en Gente del Puerto. (En la fotografía, Ana Gómez, el 1 de octubre de 1938).


joseantoniogomez_puertosantamariaPara ello, su marido José Antonio trabajó duramente en la bodega de Osborne donde llegó a ser capataz general de bodega. Ana y María Benítez eran hermanas inseparables e hicieron una puerta de comunicación interna entre sus casas para verse más fácilmente. María Benítez, muy reconocida en su época como cocinera y repostera, tuvo dos hijas, Carmen y Josefina, y ayudaban a Ana en todo lo que podía en el diario cuidado de la numerosa prole que también se afanaba en ayudar a la Tía María en la cocina porque siempre se podía rebañar algún cacharro Cuando pasado el tiempo las circunstancias económicas fueron mejorando y les permitieron comprarse una casa en propiedad, las dos se fueron a vivir juntas con sus familias a la zona conocida en El Puerto como de la Avenida, en la calle Colibrí. (En la fotografía, José Antonio Gómez, el 24 de marzo de 1939).


Dos cualidades adornaban el carácter de Ana por encima de otras: su profundo sentido religioso unido a una bondad natural admirable y su carácter afable. Su religiosidad la llevó a gala toda su vida. Cuando los hijos eran pequeños y su marido se iba a trabajar temprano ella aprovechaba para ir a misa de 7 al Hospital y después comprar el pan recién hecho en la panadería de Maruja de la calle Nevería para dar el desayuno a los hijos. Vivió su religiosidad dedicándose con pasión a su familia y su sueño hubiera sido tener algún hijo religioso. Por eso, ella siempre recordaba con regocijo como cuado un hijo quería evitar una regañina le preguntaba: “--Mamá, ¿tu quieres que yo sea cura?”. Hasta tal punto llevaba su sentido religioso y ético de la vida que repetía frecuentemente “--Las mentiras no son lícitas ni aún en caso de necesidad”.


los_gomez_puntilla_puertosantamariaPor su carácter afable nadie le recuerda una mala cara ni una mala respuesta, siempre tenía una palabra agradable para todo el que encontraba y al que podía ayudar siempre lo hacía. Cuando veía a alguien preocupado y callado siempre preguntaba “--¿Qué te traes entre manos?” para entablar conversación e intentar aligerar su carga. Su religiosidad también le ayudó a sobrellevar la pérdida en triste accidente de su hijo varón mayor José Antonio en el año 1983. (En la fotografía, tomada entre las playas de La Puntilla y La Colorá, los hijos de Ana y José Antonio: , Milagros, Paco, José Antonio (+), Juan y Trini Gómez Benítez).


Esta religiosidad y bondad natural la llevaba a sentir un profundo cariño por los animales porque como ella decía “también son de Dios” y por eso cantaba con frecuencia la canción popular:


“Antonio Divino Antonio,

suplícale al Dios inmenso

que por su gracia divina

alumbre mi entendimiento”

refiriéndose al milagro que San Antonio de Padua hizo siendo niño con los animales. Aunque el canto no era una de sus virtudes, como relataban sus hijos cuando los iba a dormir cantándoles “Ya se murió el burro que acarreaba el vinagre” pues le pedían que los durmiera la tía María que sí que cantaba muy bien.

Los7magnificos_puertosantamariaCuando sus dedicaciones se lo fueron permitiendo se incorporó al Camino Neocatecumenal en la parroquia de El Carmen y San Marcos para vivir más de cerca su gran vocación. Y cuando su salud empezó a quebrantarse y a ver disminuida su movilidad veía en la televisión todas las misas de todas las cadenas y recibía diariamente la comunión. Sus últimos años de vejez fueron de paz y plenitud, en compañía diaria con su hija Milagros, y rodeada en todo momento de sus hijos Francisco, Juan, Trini, Ana María e Inma, así como sus sobrinas, nueras, yernos y sus 13 nietos y 3 bisnietos. Cuando se encontraba rodeada de ellos era cuando más feliz se mostraba y si no venían con toda la asiduidad que ella querría alguna vez se le oyó quejarse de forma exagerada “--Apenas venís a verme”. (En la imagen, 'los siete magníficos' hijos de Ana y José Antonio: Paco, José Antonio, Milagros, Inmaculada, Ana, Trini y Juan Gómez Benítez, tomada en la década de los sesenta del siglo pasado).


anabenitez_bodaPara completar su compromiso con su ciudad adoptiva y terminar su estancia en este mundo, con 91 años,  no pudo elegir mejor día que el de la patrona de El Puerto de Santa María, el día de  la Virgen de los Milagros del año 2009. Para los creyentes, a partir de ese momento se encuentra intercediendo ante el Todopoderoso por sus paisanos de Arcos y El Puerto. (En la fotografía, Ana y José Antonio el 20 de marzo de 1949, día de su boda).

8 comentarios en “417. ANA BENÍTEZ. Bondad y dulzura.

  1. Anama

    Siempre una sonrisa, siempre a nuestro lado, siempre preocupándose porque todos nosotros estuviéramos bien.

    Siempre que podía recitaba lo que se sabía y recordaba, y nos lo hacía repetir hasta que nos lo aprendiéramos.

    Siempre ahí, siempre con nosotros.

    A la mejor persona, a la mejor heroína, a mi ángel de la guarda, a mi abuela...

    Te tengo siempre presente y espero que estés a mi lado.

    Te echo de menos!

  2. Carmina

    Para mi fué una señora encantadora, cariñosa, dulce y siempre con una sonrisa en los labios, una gran perdida ......la echaremos de menos.

  3. Paqui Fernández

    Precioso y merecido artículo para homenajear la serena sonrisa de Ana. Un abrazo fuerte a su familia; vuestra madre y abuela os cuida desde el cielo. De una cartagenera afincada en el Puerto.

  4. Leonor Brea (desde Grecia)

    Es un buen homenaje a nuestra querida Ana pero creo que todo lo que se diga de ella es poco. Poseia una serie de valores raros de encontrar y mantener en nuestra epoca.Supo hacerlo y lo consiguio,supo llegar muy dentro de los que la conociamos y supo ser" la madre"de todo el que se acercaba a ella.
    "Fuiste,eres y seras un ejmplo para todos nosotros"

    "Ana,no te olvidare nunca"

  5. Redaccion

    Cuando escribes sobre alguien de quien todo el mundo, sin excepción, afirma que “es una persona buena”, parece que estás hablando de un objeto frágil, poco usual, que hay que cuidar no vaya a romperse, un icono casi para ser expuesto en vitrinas de museos. Pero no, esos seres existen y, desgraciadamente, no son eternos aunque si su ejemplo, su recuerdo y sus palabras. Cuando el pasado martes, poco después del comienzo de la Función Principal de Estatutos de la Archicofradía y Esclavitud de los Milagros, dejaba este mundo Ana Benítez, un ejemplo de vida desaparecía de forma corpórea para quedar fijado a nuestra memoria por cuanto bien dejó hecho. Y por su legado puesto de manifiesto en sus hijos, Milagros, Paco, Juan, Trini, Ana e Inmaculada -y recordamos también ahora al desaparecido prematuramente José Antonio Gómez Benítez-. Quienes conozcan a estos hermanos convendrán conmigo que son buenas gentes, que aprendieron en su casa de la mano de sus padres, Antonio Gómez, capataz general que fue de Osborne y de Ana Benítez a hacer el bien, ayudar a los demás y dejar buen sabor de boca a cuantas amistades y personas se relacionan con ellos. Y es que Ana Benítez, la arqueña que vino a El Puerto con apenas 13 años para ganarse el sustento, no hizo en la vida sino trabajar, ayudar en cuanto pudo a todo el mundo y hacer el bien a los demás. La religión fue su sostenimiento en los últimos años de su vida. Sus amigas de siempre, estuvieron con ella hasta el final cuando ya no salía de casa, aquella casa de la calle Colibrí donde se formaban interesantes tertulias, en torno a Ana, como desde pequeños formaron las amistades de sus hijos entre las que tengo el honor de encontrarme. Ahora Ana Benítez, quien formaba parte, subliminalmente, del paisaje moral y ético de El Puerto nos ha dejado con 91 años y cuantos la conocimos recordamos. Recordándola viva, sus conocimientos y sus enseñanzas. In memoriam.
    José María Morillo

  6. el apadrinado

    Según sus sobrinas (mejor tía y tío no han podido tener) todo fue bondad y cariño, siempre estuvieron con ellas en todos los momentos, no se olvidan del 90 cumpleaños, que fue unos de los últimos momentos en los cuales se juntaron casi
    toda la familia, desde allí arriba vela por nosotras.

    BESOS

  7. IGNACIO

    Justo homenaje a una ejemplar vida de bondad. Un fuerte abrazo a esta excelente familia y un cariñoso recuerdo para Jose Antonio.

  8. Manolo Sánchez

    Otro inolvidable modelo de abnegación y constancia en una época en la que esos valores parece que empiezan a importar menos. Ahí está su ejemplo y sus hijos e hijas son semillas que cayeron en tierra buena y siguen dando fruto. Abrazos a tod@s y ánimo.

    J. M. Morillo ya me llama el "corregidor", porque mis últimos comentarios han tenido este sentido, pero motivo hay y mi única intención es la de colaborar a mejorar esta maravillosa página. Y en este caso, tengo que aportar que el fallecimiento de José Antonio Gómez Benítez se produjo a primeros de 1983 y no en 1981. Era profesor en SAFA y era mi primer año en esa escuela y por tanto yo debía tener ya 14 años mínimo, valga la referencia.

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