1.778. EL PUERTO DE SANTA MARÍA. La Ciudad de los Cien Palacios.

Mañana lunes, día 17 de junio se cumpliran 60 años de la publicación en ABC del artículo de José de las Cuevas "El Puerto de Santa María, la Ciudad de los Cien Palacios" que  tanto prestigio ha dado a nuestra Ciudad, creando incluso un eslogan que se repite en numerosas referencias periodísticas, turísticas y literarias, haciéndolas suyas infinidad de vecinos y visitantes. Lamentablemente, 60 años después, no están todos aquellos palacios y otros están en peligro de extinción. Es este un buen momento para luchar para la conservación de los que nos quedan. Reproducimos el artículo del 17 de junio de 1953.

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Cuando me han preguntado por el Puerto de Santa María, yo he contestado siempre que se trata de una ciudad elegante; esto quiere decir, de una ciudad pulcra, limpia, con camisa blanca y recién desdoblada. Lo curioso es que la misma impresión han tenido todos los viajeros en todos los tiempos: «Ciudad limpia de calles anchas y algunas tiradas a cordel…» (Suárez de Figueroa, 1617). «Las calles son espaciosas, largas y derechas, tordas cordel, con ricas casas…» (Estrada, 1747). «Bellísima ciudad… excelente empedrado de sus calles» (Ponz 1791).

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Otra impresión permanente es que el Puerto ha debido de ser siempre residencia de señores. En el Puerto se h vivido con gran tren desde hace muchos siglos. Es una ciudad rica de antiguo, no hay en ella precipitaciones ni arquitectura febril de rico nuevo. La Historia parece coincidir con nuestra impresión. Primero, corte de los Medinaceli; después invernadero de nuestras Escuadras --¡que bonita palabra invernadero! Uno supone todas las naves, con arboladuras blancas como magnolias, dentro de los cristales templados de la ría--, la ciudad se llena de veedores, administradores de Aduanas reales, contadores, proveedores de galeras, toda gente de posición y vida asegurad. Por último, tras la aparición de los opulentos cargadores a Indias y de la Capitanía General --no olvidemos a ese capitán general conde de O’Reylli  que planta naranjos a la orilla del río--, la llegada de familias vascas, tan clásica en la Andalucía del XVIII--, los Araníbar, Vizarrón, Eguiarreta, Valdivieso--, todas con apellidos y fortunas probadas, y los hombres de negocios franceses, italianos, irlandeses --los Winthuyissen, Voss, Fleming, Tirry, Cortes, Clauders--, que traen la high life de Europa en sus maletas.

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Ya es sintomático que en los inventarios del XVI aparezcan caballeros del Puerto que han gozado un cintillos de piezas esmaltadas de oro sobre terciopelo negro, o un pomo de plata para perfumes, o sesenta botones de oro para la capa y el sombree, o una cama entera de damasco carmesí, o un tarro de ámbar, o una toalla de Indias… Nada ha faltado nunca al Puerto. En la Crónica Abreviada de los Reyes Católicos, de Mosén Diego de Valera, que escribe en el Puerto a los setenta años, lejos: En este tiempo yo estaba en el Puerto e fui certificado que una nao portuguesa llamada ‘La Borrella’ avía de venir prestamente en Portugal, cargada de arneses de Milán e cubiertas e brocados e otras sedas muy ricas… En el XVIII las naves de los cargadores traen las sedas de Francia; los paños de Inglaterra; la lencería fina, de Holanda; el papel y las pieles finas curtidas, de Génova, y el cristal, de Austria. De vuelta de América, el lastre de los buques es madera exótica para barandales y consolas, y en el retorno a Italia, mármoles de Carrara, mármol blanquísimo; son los primeros buques del mundo estibados con nieve.

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Pero, ¿cuantos grandes señores han vivido en El Puerto? Gran señor no significa sólo abundante dinero: sino algo más, y esto se sabe calibrar muy finamente en el Puerto. Desde Micer Benedetto Zacharías, que ganaba un sueldo de dos mil doblas de oro al año, al terrible Andrés Doria: don Diego López de Carvajal, un gallego de Mondoñedo, vecino del Puerto, que funda los pueblos de Algar y de Prado del Rey, hasta el famoso caballero don Guillermo Tirry, Marqués de la Cañada, de quien sabemos por el entrometido Ponz que tenía una biblioteca de 7000 volúmenes y una magna colección arqueolítica, cuyo inventario ha descubierto ese gran historiador del Puerto don Hipólito Sancho, y por el cual sabemos había una estatua egipcia colosal, traída de El Cairo, una Venus romana encontrada en Madrid, dos o tres urna cinerarias y 2.596 monedas justas.

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Y naturalmente, los grandes señores levantaron grandes y holgadas casas. En la época dorada, y una de las mayores felicidades de la riqueza debe de ser ésta de levantar su propia casa como si fuera una hija blanca y hermosa. ¡Oh las delicias de ver celar el mármol de los capiteles del patio; de oír los martillazos de los maravillosos carpinteros de lo blanco del Puerto machihembrado el cedro y el criprés de los artesonados! Todos estos cargadores a Indias, opulentos hombres de negocios, sienten como les llega en la vida esa hora madura de levantar una casa, que les perpetúe en la ciudad. Así surge la espléndida colección de casas del Puerto, la mejor de toda Andalucía. Casa de don Juan de Araníbar, de los hermanos Vizarrón, de Reynoso de Mendoza, del conde de Cumbre Hermosa, de Imblusqueta, de Barrios y Borja, de Plantarrosa.

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Mil ochocientas sesenta y dos casas asegura Madoz que tiene el Puerto, y Madoz lo sabe todo. De las 1.862 podemos separar medico centenar magníficas. Todas, además, con un mismo patrón, el patrón de las casa de los cargadores a Indias. Portada de columnas, balcón voladizo, cuatro pisos: el bajo para los almacenes --¡como debían oler a cacao, a café virreinal, a vainilla!--; el entresuelo, el típico entresuelo del Puerto --como ha observado don Antonio Sancho Corbacho--; el patio de arcadas y columnas italizanizantes; la escalera en el patio con pasamanos de acaná, palosanto, granadilla…, y luego las salas del primer piso con artesonado de cuatro aguas y piñas estalagmitas en el centro, lo barroco y lo mudéjar, confundido como miel en panales. Más tarde, las casa se hacen más rizadas aun y reciben influencias extrañas; aparecen los hidrópicos cierros acristalados, la yesería excesiva, las cornisas con ricos festones de punjantes.

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Y amuebladas por dentro, ¿cuantas casas de estas quedan? --me preguntará usted que me lee--. Es una pena. Sólo queda una. La de don Agustín Ramírez de Viana y Ortuño, marqués de Villarreal y Purullena, y queda tal y como la dejó el Estado Mayor en 1808. Sin embargo, es impresionante ver aún sus salones --salón de los pajes, del dosel, comedor de los Reyes, salón verde- cn sus espejos de Venecia, sus arañas y sus candelabros de Murano, sus muebles tapizados de sedas y damascos. Pero, como dice don Hipólito Sancho ¿como sería por dentro la casa de don Juan Vizarrón, que hospeda varios meses a Felipe V, o la del marqués de la Cañada, con su museo famoso, o la de Aguado, la de Montelirios, la reedificada por los Imblusqueta, que recibe a los infantes?

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En verdad que si el turismo andaluz se cuidara, era preciso considerar al Puerto la ciudad de las bellas casas, como una típica ciudad del XVIII. Ciudad blanca, alhajada, sosegada; ciudad cuando Europa fue más Europa que en ningún otro siglo. Ciudad para escribir sonetos. Ciudad donde Andalucía ha filtrado a Europa y ha petrificado en urbe geométrica a través de la sal, la cal y la brisa. Don Luis Carrillo, cuatralbo de galeras y poeta en el Puerto, hubiera escrito convertida en perlas. Otro gran poeta del Puerto, de hoy, José Luis Tejada, hubiera dicho que así le pasa a la nieve cuando estalla en cristal. Es bonito, pues, saber, no me lo negaréis, que Andalucía tiene la radiografía diamantina de la Europa del XVIII, la Europa-Europa, en la desembocadura del Guadalete. /Texto: José de las Cuevas

3 comentarios en “1.778. EL PUERTO DE SANTA MARÍA. La Ciudad de los Cien Palacios.

  1. Aberasturi

    En un principio alguien se empeño en acabar con el trazado rectilíneo diferente a los laberintos de calles de otras ciudades y poblaciones, más tarde continuaron perpetrando destrozos prácticamente en todo el patrimonio histórico, siendo imposible enumerar los estropicios consumados. Ni uno ni dos los culpables, sino mucho más y se siguen yendo de rositas….

  2. Teresa Marroquin Nieto

    El Puerto ERA la ciudad de los cien palacios, la historia del el Puerto se la han pasado muchos por el trasero, solo hay que ver en las condiciones que estan ahora.

  3. Antonio

    La fotografía colocada en quinto lugar es nada menos que el Palacio del Capitan General Uriarte y Borja, derribado por los Osborne para construir el "escritorio" de la Bodega. Muchos de su elementos, entre ellos la portada, se pueden admirar en Sevilla en el Hotel Doña María, en la calle Don Remondo.

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