2.597. Juanito Mosquera. Colaborador de la Basílica de Ntra. Sra. de los Milagros.

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Juan Mosquera, de 62 años, fallecía la madrugada del pasado 1 de septiembre en su ciudad, El Puerto de Santa María. Vivió en calle San Sebastián esquina calle Cruces, pero vivirá eternamente en la Basílica de Nuestra Señora de los Milagros. [Le sobreviven su madre, en El Puerto y una hermana, en Rota].

Hoy tendrás que disculparme por dos razones. No te leeré en alto esta carta, como cuando me pedías en la Casa de Hermandad que te recitase algún pregón, ya que sé que lo leerás con esos ojos rebosantes de ilusión desde el mejor de los lugares. Y por supuesto no voy a parar de decir cosas buenas de ti aunque te sonrojes y emitas esa sonrisa pícara como cuando vestías tu abrigo largo de terciopelo.

Qué extraño se me hace subir calle Palacios o San Sebastián y no ver tu sonrisa trotar por las aceras. Cuan ajena se me hace nuestra Prioral, ahora Basílica, sin su correcaminos indagando por cada rincón de la misma. Qué pequeña la capilla de los Encisos sin ti, Juanito.

Hace poco más de un mes que te fuiste y te aseguro que aún no imagino siquiera que llegará una Madrugá y no vendrás con tus nervios a flor de piel para pedirme que te anude el cíngulo del hábito nazareno. Ese mismo con el que habrás llegado ante San Pedro y habrás cruzado las puertas del cielo abiertas de par en par.

El Nazareno te habrá perdonado todas esas travesuras que en tu eterna juventud cometiste entre las capillas de la parroquia para que a tus titulares jamás le faltasen flores de ese determinado color ni agua.

Tan lejos y tan cerca al mismo tiempo de esos lugares donde los cristianos son perseguidos y degollados, no ya en el mundo, sino aquí en El Puerto hacen falta tantos como tú...

Persona desvivida por cualquier necesidad que tuviese un semejante que pisaba por primera vez la hermandad, así como en donde quiera que se encontrase. ¿Cuántos favores habrá hecho Juan Mosquera a lo largo de toda su vida a todas las Hermandades de la ciudad? Ser humano con principios inquebrantables que al ser tentado respondía como debiera hacer cualquiera, aunque a ti te tacharán de tonto. Con una educación tan brillante que ni los cientos de doctorados que en muchas ocasiones te rodeaban podrían aspirar. Y una amabilidad y simpatía que convertías tu entorno en una sagrada familia.

Algunos piensan en su titánica ignorancia que eras tonto, lástima que no se acercarán a ti en todos los aspectos y conociesen a un cristiano que no se esforzaba en serlo, tú desde que naciste ya escuchabas y mirabas con el corazón de un niño lleno de ilusión, alegría y bondad que estaba al servicio de todo aquel que se cruzaba en tu camino.

Qué rápido ha sucedido todo Juan, pero la vida conlleva la muerte y ésta, para nosotros, también contiene dosis de eternidad. Sit tibi terra levis. /Texto: Mar Vázquez Parra.

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