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José Arena Pérez. ‘El Saldiguera’ y el estraperlo (II) #5.419

| Texto: Antonio Muñoz Cuenca. | Imagen: 'el Saldiguera' y 'la Dolorísima' | Tratamiento fotográfico: Moisés Torres Arena.

Otro oficio que tuvo José Arena Pérez. ‘El Saldiguera’ fue el de estraperlista. El estraperlo hay que situarlo en una España de hambre y miseria después de la Guerra Civil donde en muchos pueblos y ciudades escaseaban los artículos de primera necesidad como el trigo, el aceite, los garbanzos, alubias, etc. Y era el pueblo y la gente más desfavorecida las que pagaban el pato. En los años cuarenta del siglo pasado hubo sequías horrorosas calificadas por el régimen de la dictadura como pertinaz sequía, los campos no producían nada, estaban sin mecanizar y había grandes masas de jornaleros hambrientos. En estas circunstancias, el estraperlo era como la economía sumergida de aquella época.

La ‘droga’, es decir, los garbanzos, aceite, trigo y demás artículos los traían a veces los estraperlistas en trenes, aquellos trenes de madera, sobornando a carabineros, guardatrenes y guardias.

No he visto en mi vida procesiones como aquellas. Los hijos del ‘Saldiguera’ cogiendo la mercancía de los trenes para colocarla en su casa. Extraña procesión aquella. Dos por delante, dos por detrás y ‘el nazareno’ en el medio. El recorrido era, estación de Tren parte de atrás, paseo de la Victoria, Arco y calle de la Trinidad, Rosa y Santa Clara ‘a su templo’ su casa. Todo para evitar la temible brigadilla que te requisaba la mercancía y te metía en la cárcel.

Por delante dos avisadores en cada esquina para advertir del peligro. Por detrás, otros dos y en medio la mercancía en las espaldas del mayor de los hijos del Saldiguera. Manuel Arena Navarro, encorvado por el peso del bulto o los bultos con el género. Llegar a su destino era toda una victoria jaleada por la familia y los vecinos. Ese día, al menos, había algo de comida y clandestinamente los vecinos guardaban turno para la compra.

Yo le debo a los estraperlistas mucho. Gracias a ello, algunas veces comía. Como es lógico, estos ultramarinos no pagaban impuestos de Consumo y la CAT (Comisaría de Abastecimientos y Transportes) a través de la Fiscalía de Tasas, no los controlaba. Por eso, a veces, podíamos comer. En el Barrio Alto hubo otros estraperlistas como Pepa, en la calle Zarza, o Luisa Aldana en la calle Cantarería. Muchos productos venían de los campos cercanos.

Bueno, pues ejerciendo el estraperlo, ‘el Saldiguera’ fue a Rota por género y fue descubierto y hecho preso en la cárcel de la bella localidad roteña. Rota antes de la base de los americanos, era una despensa por sus buenos productos del campo.

La mujer del Saldi, ‘la Dolorísima’, al ver que era de noche y su marido no llegaba, se encajó en Rota. Enterada de que estaba preso, Agustina de Aragón de la Santa Clara, se personó en la cárcel de Rota con su rodete, sus mangas arremangadas y sus mohines nerviosos y empezó a gritar y a cagarse –así, como suena—en los muertos de Franco y a formar un escándalo. Menuda era ‘la Saldiguera’.

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