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Antonio Pomares Manzano. Patrón de pesca, redero y cocinero #5.799

Fue testigo y testimonio de los cambios en el extenuado sector de la Pesca en El Puerto

En la imagen, Antonio Pomares Manzano, saluda al que fuera secretario de la Cofradía de Pescadores, Antonio Carbonell

| Texto: Francisco Andrés Gallardo

Antonio Pomares Manzano nació en Sanlúcar de Barrameda en 1933. En 1945, desde su ciudad natal llegó andando a El Puerto de Santa María en busca de trabajo. Con 12 años, casi ilegal, se enroló en los porteños barcos de vela que faenaban en la costa de Barbate. «Trabajando a pulso, sin máquinas, con antorchas para iluminar de noche la cubierta, con mucha jambre», recordaba. 22 años al servicio del pesquero ‘Bahía de la Fustera’, algunos de ellos como patrón. En 1996 la extinta Cofradía de Pescadores le distinguió durante la festividad de la Virgen del Carmen, por su profesionalidad y veteranía.

A mediados de los años 50 se incorporó a un barco a motor de Manuel Romero. En aquellos años, el país y sus trabajadores mejoraban, aunque fuera a marchas forzadas

Uno de sus peores momentos fue cuando embarrancó el «Virgen de la Palma» en el cabo de Agadir (Marruecos) debido a la niebla, «son momentos dramáticos en los que te encomiendas y no sabes qué va a ocurrir. La mar es imprevisible, como caprichosa compañera», evocaba mientras se tomaba una cerveza hace ya 28 años en el también desaparecido bar La Lucha, su refugio de puerto.

Detrás del mostrador, José Gómez Barrera, 'Joselete' y Gonzalo Camacho Bolaños, a quien todo el mundo llamaba Pepito y nadie Gonzalo. Quien aparece por fuera del mostrador,era Manuel de la Cruz Santilario, Jefe maitre del Restaurante "El Resbaladero" | Foto: Colección Vicente González Lechuga

Jamás probaba una gota de alcohol mientras estaba embarcado, después de meses entre olas, pero cuando pisaba tierra portuense le gustaba obsequiarse con una 'bombita' que gustoso le servía Gonzalo Camacho.

Fue testigo y testimonio de los cambios en el extenuado sector de la Pesca en El Puerto

«El cambio se notó, sobre todo, con la pérdida del Sahara por Marruecos». Los caladeros frente a Canarias se convirtieron en un incierto coto, debido a las reclamaciones territoriales de las aguas y por la guerra. «Una vez cuando el ‘Bahía de la Fustera’, tras ser apresado, fue enviado a Daklha --la antigua Villa Cisneros hispano-saharaui--, el toque de queda obligaba a quedarnos sin luz desde las ocho de la tarde». No tenía queja de cómo le trataron las autoridades marroquíes a su barco cuando estuvo detenido.

Pero la mayor transformación en las artes pesqueras la trajo los inmensos buques coreanos, japoneses o soviéticos, «no podíamos hacer la competencia a semejantes buques». Entre paisanos y forasteros, el caladero del Golfo de Cádiz quedó bastantes esquilmado al igual que las cercanías atlánticas donde faenaban bastantes embarcaciones andaluzas.

«Ya no se podía trabajar como antaño porque no había bastantes peces, no había especies rentables», sentenciaba.

Pesquero ‘Bahía de la Fustera’.

Pesquero 'Bahía de la Fustera'

Este pesquero, donde Antonio Pomares estuvo más de 20 años de su vida en la mar, fue construido en el Astillero de Belliure, en Calpe (Alicante). El barco mantuvo su actividad pesquera desde 1974 a 1999. En el año 2000 fue desguazado por mor de la finalización del Convenio de Pesca con Marruecos. Sus armadores fueron Esteban Julián Castell y Manuel Manga García; este último era cuñado de Antonio Pomares y ambos fueron patrones de la embarcación, que se avituallaba en la desaparecida alimentación Los Caballos, de Manuel García Gómez. Su redero en tierra fue Noni Grado Hidalgo.

1.889. JOSÉ MANUEL GARCÍA GÓMEZ. Montañés.

El «Bahía de la Fustera» capturaba, hasta su desguace en el año 2000, sobre todo cefalópodos, lo que les suponía el mayor beneficio económico. La fragilidad en la conservación de, por ejemplo, la pescadilla, obligaba a pescarla sólo pocos días antes de volver a puerto.

Marino versátil, guardaba el secreto de la mejor cocina a bordo.

Rape al pimentón | Foto: Guisando Rico.

Su toque especial en el pescado al caldero, el rape al pimentón, el arroz abanda o las papas con chocos, le afamaron en los fogones de alta mar. Los restaurantes de muchos tenedores se lo hubieran rifado si hubiera decidido dejar maromas y redes.

Con la seriedad jocosa y el espíritu de compañerismo de aquéllos que han forjado su vida al vaivén de brisas y temporales, prosiguió unido hasta su óbito, como nudo umbilical, a la líquida alfombra de los siete mares.

A la izquierda de la fotografía, José Devesa Molina con Antonio Pomares Manzano | Fotografía Colección J.D.M.

Humillado por su condición sexual

Rememoraba en Gente del Puerto el añorado Antonio Carbonell, secretario que fue de la Cofradía de Pescadores, las humillaciones que sufrió Antonio Pomares por su condición de homosexual.  «Estas humillaciones que cuento también las sufrió en sus propias carnes el pescador Antonio Pomares Manzano, un profesional de la mar en su sentido más amplio ya que realizaba todas las faenas como cocinero, redero, nevero, contramaestre y práctico de pesca, siendo respetado y querido por toda la marinería.

Recuerdo que, en una de sus arribadas a este puerto, me contó que: ‘donde mejor se encontraba en su juventud era en la mar’, a la que lamentablemente huía, como si fuera un delincuente, evitando el sufrimiento de los suyos, especialmente el de su madre, que en silencio sobrellevaban toda la carga social de aquel entonces».

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