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Aquel 26 de junio de 1567: llegan 70 cautivos portuenses en la flota de Juan Andrea Doria #6.622

Galeras, corsarios y cautivos: la extraordinaria jornada que vivió El Puerto

| Foto 1: Imagen creada con IA

| Texto: Enrique Pérez Fernández

Hoy se cumplen 459 años de la entrada de la flota del almirante genovés Giovanni Andrea Doria en el Guadalete, en la que venían 600 cautivos cristianos que había liberado al derrotar en el Estrecho de Gibraltar a una escuadra de corsarios berberiscos. Y entre ellos, 70 portuenses que volvieron a casa.

Era entonces la ría del Guadalete, desde 1540, la base e invernadero de las Galeras de España, dedicadas a proteger el Estrecho de Gibraltar y el litoral andaluz de las continuas incursiones y saqueos de los corsarios otomanos y berberiscos. Fueron éstos muy virulentos durante la década de 1560, con el apoyo de los turcos, planificando sus pillajes, asesinatos y captura de cautivos desde sus plazas de Salé, Tetuán, Argel, Túnez, Trípoli…

Era Giovanni Andrea Doria miembro de una de las familias más poderosas e influyentes de la república de Génova, entonces el centro financiero de Europa y el motor económico del Imperio español. Y sobrino --e hijo adoptivo-- del célebre almirante y armador Andrea Doria, el gran aliado del emperador Carlos I, como lo fue de Felipe II su sobrino y heredero Giovanni, poniendo su flota al servicio de la corona española para lo que fuese menester.

| Foto 2a. En la imagen de la izquierda, Giovanni (o Juan) Andrea Doria (1539-1606) retratado por Tiziano hacia 1569. Colección Contini Bonacossi, Florencia. | Foto 2b. En la imagen de la derecha, su tío Andrea Doria (1466-1560), lienzo de Sebastiano del Piombo, 1526. Colección de la Villa del Príncipe, Génova.

A comienzos de abril de 1567 Juan Andrea se encontraba en Cartagena con su escuadra de 38 galeras para que embarcaran 15 compañías de infantería del duque de Alba --los célebres Tercios-- rumbo al puerto de Génova, a donde llegaron, tras hacer una escala en Tarragona para recoger a otras dos compañías, a fines de abril. (De allí marcharon a pie hasta los Países Bajos para sofocar las revueltas protestantes contra Felipe II, los prolegómenos de la Guerra de los Ochenta Años.)

| Foto 3. Imagen creada con IA

Regresó de inmediato el joven almirante --28 años tenía Juan Andrea-- a la costa española, hasta el Estrecho de Gibraltar, donde la fortuna le llevó a encontrarse con una escuadra berberisca, compuesta, como era costumbre, por galeotas y fustas, más pequeñas y maniobrables que las galeras. Salieron derrotados los corsarios de la Berbería, y fueron liberados los referidos 600 cautivos que llevarían como galeotes y otros capturados en alguna reciente razia en el litoral andaluz o levantino.

No tengo la certeza, pero acaso eran los asaltos a los que se refería a comienzos de 1567 Felipe II en una carta que envió a don Álvaro de Bazán, entonces Capitán General de las Galeras de Nápoles, en la que le decía: “…las fustas y galeras de Argel han hecho grandes daños y tomados muchos navíos en el Estrecho y fuera de él, y últimamente tres navíos que venían de las Indias y que además tenían el ánimo de esperar la Flota.  

El caso es que aquel 26 de junio de 1567 Juan Andrea Doria entró en la ría del Guadalete con su flota y los barcos apresados a los berberiscos, “como un triunfador de los tiempos clásicos”, apuntó Hipólito Sancho. Ese mismo día se reunieron en Cabildo el corregidor y los capitulares, y acordaron esto:   

Y luego los dichos señores trataron sobre que el Príncipe [de Melfi, título heredado de su tío] Andrea Doria ha entrado hoy en el río de esta villa con 38 galeras de que es General y con otros navíos de moros que tomó en el Estrecho donde se han redimido más de 600 cristianos y que había más de 70 vecinos y residentes de esta villa y los dichos señores acordaron que el señor Corregidor y todos estos señores con él le vayan a visitar y que se le haga algún servicio en reconocimiento y gratificación de su victoria y de la buena obra que esta villa ha recibido con su venida así por la redención de los cristianos que ha redimido como por la seguridad y guardia que este verano habrá en el Estrecho donde tanto daño hacen los moros cada año.

| Foto 4: Imagen creada con IA

Aquella feliz jornada y las que siguieron debieron ser emocionantes. Y también caóticas dado el número de cautivos y marineros llegados de rondón a una población que rondaba las 7.000 almas, con una doble administración --la del duque de Medinaceli y la del rey--, no preparada para asumir la logística que conllevaría acomodar a tal marabunta de gentes, darles sustento, alojarlos, tramitar la vuelta a los lugares de origen de los cautivos... Y es de imaginar las escenas de los reencuentros de los portuenses cautivos con sus seres queridos.

Ese Puerto de Santa María es el que dibujó aquel mismo año el flamenco Anton van den Wyngaerde en su icónica panorámica de la villa. No llegaron a coincidir Doria y Wyngaerde en El Puerto, por poco. El holandés, que desde 1562 venía dibujando por mandato de Felipe II las principales poblaciones del reino, el 20 de marzo se encontraba en Zahara de los Atunes dibujando su almadraba. Luego, sin que conste las fechas, fue a Cádiz, El Puerto, Jerez y Sanlúcar, a donde llega hacia mayo. Por tanto, debió de ser por abril cuando estuvo en El Puerto, dos meses antes de la llegada de Doria. Las ocho galeras que esbozó en la ría son las que estaban al mando del citado don Álvaro de Bazán, el más reconocido y respetado marino de la época.

| Foto 5. Detalle del dibujo de Wyngaerde de la villa porteña, 1567. Junto a las pilas del puente romano.

Sí coincidieron Bazán y Doria al paso de unos años en la más célebre y decisiva batalla de la historia de España, la de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, cuando la coalición cristiana de la Liga Santa (mayoritariamente compuesta por fuerzas españoles) infligió una severa derrota a la armada del imperio otomano, que frenó su ansia expansionista por la Europa occidental. Se diluyó entonces el sueño del sultán turco de convertir la Basílica de San Pedro de Roma en la mayor mezquita del mundo.    

Bajo el mando de don Juan de Austria (el hermano bastardo de Felipe II), don Álvaro de Bazán fue el líder y el estratega de la contienda, mientras que Juan Andrea Doria estuvo al mando del ala derecha de la flota. Mandó bordar cinco tapices con escenas de Lepanto, que se conservan en su palacio de la Villa del Príncipe, en Génova.

De aquel inevitable choque entre las dos civilizaciones mediterráneas, Cervantes, soldado en la batalla, dejó escrito en el Quijote que aquella fue La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros. En 1575, cuando regresaba a España de Nápoles, fue hecho prisionero por corsarios berberiscos y pasó cinco años cautivo en Argel. De vuelta a casa, conoció bien don Miguel El Puerto, cuando se ganaba la vida como comisario de abastos de las galeras de España.     

| Foto 6. Imagen generada con IA

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