Ferias de Primavera (1945-1965)

| Texto: Enrique Pérez Fernández
Tras el paréntesis de la Segunda República y de la guerra civil, las veladas del Paseo de la Victoria se retomaron en la posguerra, todavía en sus años más duros, en 1945. Así se acordó en el pleno municipal del 17 de enero, siendo alcalde Ignacio Osborne Vázquez. Se prolongó del domingo 22 de abril al jueves 26, compartiendo calendario con la Feria de Ganado, que también se recuperó entonces en su antiguo y tradicional emplazamiento del Palmar de la Victoria los días 24, 26 y 27 de abril de aquel decisivo 1945 para la Historia: el día 28 ejecutaron a Mussolini, el 30 se suicidó Hitler y el 8 de mayo concluyó la Segunda Guerra Mundial.
En esas andaba el mundo cuando en El Puerto se recuperó, después de 15 años, la Velada de la Victoria, ahora rebautizada como Feria de Primavera. El cambio de fechas fue la gran novedad. Las tradicionales veladas celebradas durante la segunda quincena de agosto desde 1846 pasaron al mes de abril o a comienzos de mayo, durante 3-5 días, según la ocasión. Con ello, el Ayuntamiento quería potenciar la llegada de turistas durante el verano y que fuera el Parque Calderón, espacialmente integrado en la ciudad y a orilla del Guadalete, el lugar de paseo y solaz en las tardes y noches estivales.

La Feria de Primavera de 1945 marcó el comienzo de las ferias de abril-mayo de nuestros días, las que se han sucedido en 81 ediciones con los cambios de sede y la evolución que ha tenido a la par que la sociedad. Pero la esencia era la misma que en las Veladas de la Victoria. Quienes organizaron la Feria de Primavera a partir de 1945 -y el común de los portuenses- tenían presente el modelo que habían conocido antes de 1930, heredado de generación en generación.
El modelo era el de las ferias bajo andaluzas. Como la de Sevilla, creada como mercado agrícola y ganadero en 1847, un año después de restablecerse las Veladas de la Victoria que existieron durante el último tercio del siglo XVIII y el primero del XIX. O la de Jerez, también con su sello inicial de feria de ganado en los Llanos de Caulina (frente al circuito de velocidad), que desde 1903, cuando se trasladó al Parque González Hontoria, comenzó a tomar las improntas de las ferias que han llegado a nuestros días.

A partir de 1945 se recuperaron los desfiles de carrozas en el Paseo, al modo de las Batallas de Flores del año 30 pero sin el lanzamiento de flores y serpentinas entre el público y las ocupantes -siempre mujeres- de las carrozas (fotos 12-13-14 de la anterior entrega).


Otra novedad relevante en las Ferias de Primavera fue la reubicación de los “cacharritos”, tenderetes y barracas de feria al exterior del recinto del Paseo. Hasta 1930, las contadas atracciones -teatros portátiles, cines, tiovivos, cunitas- se establecían al final del Paseo, en torno a la fuente de la gruta, espacio insuficiente para acoger las atracciones de los feriantes que comenzaron a proliferar en la década de los 50. Por ello, la “calle del infierno” se dispuso en la explanada que daba cara al convento de la Victoria y a la estación. Así fue hasta 1961, cuando se habilitó el actual trazado de la carretera N-IV en linde al Paseo.

Fue en los años 50 cuando se instalaba en la explanada, según recordaba Luis Suárez de su primera juventud (nótula 275), “el tren de los escobazos, los espejos de la risa, el laberinto, la zaranda, la ola y las cunitas, el carro de las patás (FOTO 7) y los cochecitos.” Y “los Cristobitas”, los populares títeres de guante. Recordaba también Luis las barracas -hoy impensables afortunadamente- de personas y animales con alguna anomalía física, como Los Hermanos Canarios (FOTO 7) y la vaca Paquita, que tenía cinco patas, cuatro cuernos y tres ubres. Y no faltaba, para los mayores, el Teatro Chino de Manolita Chen (1950-1986) de la vedette madrileña Manuela Fernández Pérez y su esposo Chen Tse-Ping (Chepín).


Y bajo las luces, frente al salón central, las casetas, los kioscos de bebidas y -los recordaba también Luis Suárez- los puestos de turrón, de almendras garrapiñadas, de fruta de Aragón, de coco de La Habana y reolinas que siempre tocan y “-¡Al rico parisién, compre!”. Propias de aquellos años eran las “tómbolas de caridad”. Y en El Puerto, la de “las Luisas de Marillac”, de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl de la calle Cielos, sucesora de las tómbolas de la misma congregación del Asilo de San José (1917-1932). Que compartían el espacio, entre otras, con la caseta de Tadeo (Sánchez Rodrígiuez) -el del Bar Tadeo de la playa de Valdelagrana-, la de Murga (Enrique Martínez de Murga) -sucursal del kiosco de Caza y Pesca del Parque Calderón-, la del Club Náutico, la de los empleados de Bodegas Caballero o la de la “Peña de los Embusteros” que presidía Luis Benvenuti, que tenía un pozo lleno de vino que se escanciaba a cubetas.

Continuaron siendo tradicionales los conciertos de la Banda Municipal, desde 1916 y hasta 1949, un año antes de fallecer, dirigidos por José Joaquín Barba Rocafull, el maestro Rocafull, a quien sucedió Francisco Dueñas Piñero, hasta 1982.

Aún recordado por muchos portuenses, El Cortijo fue el establecimiento más emblemático del Paseo de la Victoria. Se levantó en 1945 para el uso compartido de un destacamento militar de transmisiones y el Ayuntamiento, pero pronto, tras reformarlo el ingeniero Enrique Letang, quedó en manos del municipio en 1947, desde entonces con el nombre de El Cortijo. Durante las Ferias de Primavera hacía las veces de caseta municipal, y durante el resto de la temporada veraniega fue bar, restaurante, sala de bailes y de actuaciones musicales. Por concesión del Ayuntamiento, lo llevaron destacados hosteleros, como Fernando Pasaje, José Villarreal Cala (del desaparecido Bar Villarreal frentl a la estación) y, tras fallecer en 1958, su viuda, Encarnación Jiménez.
A su espalda tenía un precioso espacio muy bien diseñado, presidido por un estanque con forma de cruz griega. Muchos lo llamaban El Cortijito, no sé si por su tamaño o en alusión al Cortijo Los Rosales del gaditano Parque Genovés, todo un referente en su época (1942-1970) como sala de fiestas y escenario de gran prestigio por el que desfiló lo más granado de la música... Serrat, Julio Iglesias, Raphael, Nino Bravo, Miguel Ríos, Rocío Jurado... Un clásico del Cortijo gaditano fue Antonio Machín, que también cantó en El Cortijo portuense, como lo hicieron Celia Cruz y José Luis y su guitarra. El Cortijo desapareció en 1968, cuando se construyó, en terrenos del viejo naranjal del Paseo de la Victoria, el Instituto Muñoz Seca.


La Feria de Ganado
Las Ferias de Primavera estuvieron estrechamente unidas a las Ferias de Ganado celebradas en el cercano descampado de El Palmar durante los tres últimos días de la Feria de la Victoria, a fines de agosto o comienzo de septiembre. Antes, en 1943 y 1944, la Feria de Ganado se organizó en el Coto de la Isleta. Se retomó así una tradición que nació en 1871 y se interrumpió en 1916, en el mismo espacio, entre la carretera de Jerez y la marisma inmediata al desaparecido curso de la ‘madre vieja’ del Guadalete.
Hay que recordar que el Paseo de la Victoria -desde que se creó en 1734 hasta muy avanzado el s. XIX- se extendía hasta el camino del Tejar (hoy avenida de las Américas), donde comenzaba El Palmar, terrenos baldíos de los Propios de la ciudad desde tiempos de Alfonso X. De muy antiguo, fue en El Palmar donde se reunía al ganado camino del Matadero. Ahí acudió varias jornadas Felipe V en el verano de 1729 para cazar pájaros. Donde en 1912 se inauguró el Tiro de Pichón y mediado el XIX un hipódromo. Lugar también donde se vivió el fallido “Pronunciamiento del Palmar” en julio de 1819 por el que militares liberales, acampados en su solar, pretendieron imponer a Fernando VII un régimen constitucionalista.

En tan histórico baldío se celebró, organizada por el Ayuntamiento y la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos, la Feria de Ganado durante 65 años, en dos etapas: de 1871 a 1916 y de 1945 a 1965, siempre como antesala a las Veladas y Ferias de la Victoria. Por las mañanas y al mediodía la gente se arremolinaba en El Palmar, y por la tarde-noche acudía a la feria de la Victoria.
Esos días en El Palmar se comerciaba con la compraventa de ganado, principalmente caballos, cabras y vacas de leche, pero también retintas españolas, ovejas, burros garañones, gallinas de Guinea, gallos españoles, pollos ingleses... En la feria de 1945 entraron en El Palmar 1.106 cabezas de ganado mayor. En 1916, 359 cabezas.

Pero El Palmar también era esos días un estupendo lugar de esparcimiento para muchos portuenses. Otra feria. Campera. Con los alicientes de una feria dispuesta en un amplio espacio abierto donde se levantaban, con troncos de eucaliptos y cubiertas de palmas, las casetas de las sucursales de la Antigua de Cabo, Caza y Pesca, La Fuentecilla, Obregón, La Viña, La Gallera, Helo-Libo... Y las atracciones y puestos de feria, al tiempo que podía contemplarse el desfile de los animales que entraban en concurso y el de caballistas y carruajes. Y la sana costumbre de compartir en familia y entre amigos comidas campestres.


En 1965 se celebró por última vez la Feria de Ganado y también la Feria de Primavera en el Paseo de la Victoria, que se había quedado muy pequeño para un tiempo en que la ciudad crecía a un ritmo muy rápido. Era preciso cambiar de escenario. Y el Ayuntamiento decidió trasladar la Feria al entorno de la Barriada Crevillet, donde permaneció hasta 1980. Y al año siguiente mudó al actual recinto de Las Banderas.
Volvió a instalarse una feria en el Paseo de la Victoria, de 1971 a 1975, en septiembre, la Feria del Vino Fino, apelativo que se añadiría a la de Primavera a partir de 1994. Pero ya no fue lo mismo. El Paseo de la Victoria, especialmente a raíz de la gran merma que sufrió con la construcción del Muñoz Seca, ya no era lo que fue, el hermoso Paseo que se creó en 1734, dentro de ocho años hará 300. Hoy es un espacio desértico que no se atrevería a cruzar -para qué- el mismísimo Lawrence de Arabia.
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Paseo de la Victoria (1) La belleza perdida de un vergel
Paseo de la Victoria (2). La belleza perdida de un vergel
Paseo de la Victoria (3). Ferias y Veladas (1777-1930)
