Saltar al contenido

Paseo de la Victoria (2) #6.677

La belleza perdida de un vergel

| FOTO 1. Acceso al Paseo de la Victoria a comienzos del s. XX, presidido por las estatuas de las Cuatro Estaciones. A la derecha, espacio del antiguo naranjal. Foto, Archivo Municipal.

| Texto: Enrique Pérez Fernández

Tratamos en la anterior entrega del origen del Paseo de la Victoria (1734-1735), creado a iniciativa del Capitán General Tomás Idiáquez y habilitado en dos sectores: de este a oeste, un naranjal cuadrangular (en parte ocupado por el IES Muñoz Seca) y de sur a norte una larga alameda que se prolongaba hasta el camino del Tejar (480 m), hoy conservado en la mitad de su longitud, al que dedicamos esta entrega.

Un sucesor de Idiáquez, el Capitán General Alejandro O’Reilly, en 1779 renovó la alameda, al tiempo que formó un arrecife que daba paso a la ciudad por la calle Larga, levantó el puente de barcas que en su honor llamaron de San Alejandro y en el entorno de la plaza de las Galeras creó otro paseo, el Vergel del Conde.

| FOTO 2. Plano del Paseo de la Victoria de 1861. Archivo Municipal.

Desde mediados del siglo XIX se realizaron en la alameda diversas reformas parciales con la renovación del mobiliario, parterres y arbolado, como la plantación en 1847 de 100 álamos negros, 200 acacias y 100 plátanos, que fueron conformando la fisonomía del Paseo de la Victoria que se refleja en las antiguas fotografías. Era el paseo que conoció Pío Baroja durante su estancia en El Puerto hacia 1910, que lo calificó, en la novela El mundo es ansí (1912), como “un paseo muy hermoso y muy triste”. Hermoso sí pero triste no. Triste era, como es sabido, don Pío, marcado por el pesimismo existencial de la Generación del 98. Solo por el piar de los pájaros que poblaban su frondosa arboleda lo hacían ser un espacio privilegiado para pasear, conversar y divertirse en sus afamadas ferias y veladas, que comenzaron a celebrarse durante la segunda mitad del siglo XVIII. El Paseo de la Victoria siempre fue un deleite para los sentidos: “un paseo delicioso, plantado de árboles”, anotó el viajero Antonio Ponz en 1794.

| FOTO 3. En la foto, el paseo central y sus calles laterales flanqueadas con árboles y bancos confrontados de piedra con respaldos y reposabrazos de hierro (algunos se han conservado). Otros asientos de hierro fundido rodean los árboles centrales, parecidos a los “tú y yo” o “confidentes”. Los primeros bancos de hierro comenzaron a instalarse en 1881. Las farolas de gas, en 1871. En el centro, el risco-gruta y fuente que se puso en 1867. A la derecha, la arboleda del desaparecido naranjal.
| FOTO 4. Asientos circulares de hierro fundido que rodeaban los árboles.
| FOTO 5. En 1911, en el lateral izquierdo del Paseo (junto a la avda. Fray Bernal Boyl). En el centro de la imagen una caseta de feria, probablemente la Municipal que en las veladas de agosto establecía el ayuntamiento. A la izquierda, el original y bonito kiosco de música de quita y pon construido en 1905 que llamaban “kiosco japonés” y “la Canastilla”, donde daba conciertos la Banda Municipal, entonces dirigida por Domingo Veneroni. | Foto, colección de Mario Fleming.
| FOTO 6. El “kiosco japonés” fue diseñado expresamente para instalarse, sobreelevado, en “el crucero”, las cuatro esquinas de las calles Larga y Luna (a la izquierda). Foto, archivo de Luis Suárez Ávila. | A la derecha, junto al Restaurante de la Puntilla, en 1920. También fue costumbre que se colocara en el Parque Calderón, elevado sobre la fuente de La Canastilla (de la que tomó nombre), frente a la plaza de la Herrería.
| FOTO 7. En esta imagen vemos al fondo otro kiosco de música, posterior al “japonés”, levantado en obra de fábrica y apostado junto a la verja oeste del recinto, seguramente en lugar inmediato al de la FOTO 5. Era donde tocaba la Banda Municipal del maestro Rocafull, no sé si durante las tres etapas que ejerció de director de la Banda (1916-1921; 1924-1933; 1937-1949). El modesto templete se emplazaba --lo recordarán muchos portuenses-- a la altura de donde al exterior estaba, en la avda. Fray Bernal Boyl, un pequeño surtidor de gasolina. Delante del kiosco hay una fuente de mármol, probablemente la que se dispuso en 1850 por donde estuvo la de seis caños y pilón que se construyó en 1733 durante la traída de agua a la ciudad desde los manantiales de Sidueña (en FOTO 2 de la 1ª entrega).

El Paseo de la Victoria tradicionalmente acogió --especialmente durante la Feria de la Victoria, en la segunda quincena de agosto-- la instalación de kioscos de bebidas que eran sucursales de los establecimientos más populares de la ciudad. Como anillo al dedo, se integraban y fundían con el paisaje del paseo…

| FOTO 8. Este era el kiosco que el carpintero Antonio Reina confeccionó en 1914 para ser la sucursal de La Mezquita que Fernando Pasage Blandino tenía desde 1905 en la calle Luna. Desde entonces se estableció de forma permanente en el Parque Calderón, pero cuando llegaba la Feria de la Victoria se desmontaba y se instalaba al final del paseo, junto a la verja, por donde hoy pasa la carretera. En la foto de arriba, tomada hacia 1923, está el piano de José Luis Benítez Rey, profesor de piano en la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, que daba conciertos en el kiosco de Pasage, en el Parque Calderón y en la Victoria. Lo vemos al fondo, sentado junto a dos músicos de la Banda Municipal  | Fotos, colección de Carlos Pumar Algaba.

Al fondo del paseo, enfrente del kiosco de Pasaje, se construyó en 1867 un estanque circular --con patos para el disfrute de los niños-- y, en su interior, un risco de rocalla con gruta y adornado con cuatro estatuas femeninas alegóricas a las Cuatro Estaciones, de estilo neoclásico y facturadas en terracota.

| FOTO 9. Arriba, dibujo del risco proyectado para el Paseo de la Victoria, 1867. Archivo Municipal. En la foto de abajo solo permanecía una de las estatuas, dentro de la gruta. Al fondo, la Estación Sericícola.
| FOTO 10. El estanque del risco, con los patos y protegido con una barandilla de fundición.
| FOTO 11. En 1971 se levantó --en la foto-- otro risco en su lugar a imitación del antiguo, también con patos, pero duraron poco porque a los jóvenes rebeldes siempre les dio por fastidiar a los patos. En la “reforma” del Paseo en 2009 se habilitó, a petición de muchos vecinos, un tercer “risco”, el actual, que más parece un monumento a los majanos o a las escombreras.
| FOTO 12. Al paso de unos años de permanecer en el risco original, reubicaron las estatuas de las Cuatro Estaciones al otro extremo del paseo, presidiendo el acceso al salón, sobre pedestales. Como marcaban los tiempos, vestidas de forma recatada y mostrando sus atributos tradicionales: joven con flores y corona (primavera), con espigas de trigo y hoz (verano), con uvas (otoño) y abrigada (invierno). A la derecha de la foto, la casa del guarda.

Pero al paso de los años “desaparecieron” las estatuas. Debió de ser en la década de 1950. Siendo que para la Feria de Primavera se quitaban porque en el acceso al paseo se montaba la portada del recinto ferial, llegó la ocasión en que no volvieron a ponerse. Fueron reemplazadas por otras cuatro figuras de las Cuatro Estaciones, ahora de mármol y semidesnudas. Que tuvieron --y sus sucesoras-- un deambular un tanto confuso.

| FOTO 13. En 1970 se colocaron sobre columnas en la plaza del Polvorista, que entonces se rehabilitó y ajardinó. O quizás era otro lote de otras Cuatro Estaciones y las que reemplazaron a las originales continuaron en la Victoria. No lo sé. En cualquier caso, las del Polvorista continuaron allí hasta que una tras otra sufrieron actos vandálicos. El primero, mediado los 80, cuando a un individuo se le ocurrió subirse a una y por donde la espalda pierde su casto nombre palparla con tal fricción que estatua e individuo se precipitaron al suelo. El caso es que las cuatro estatuas terminaron en el taller de restauración del Museo Municipal. Tres se encuentran hoy expuestas en su sede del Hospitalito. La cuarta, fracturada en trozos, en algún almacén municipal.
| FOTO 14. La imagen de la izquierda está tomada por Rafa en junio de 1971: solo dos estatuas en los extremos del acceso al Paseo, que son las dos que por las décadas de los 50-60 (lo muestra alguna fotografía de entonces) estaban colocadas en la puerta de la biblioteca municipal, la que radicaba en la planta baja del ayuntamiento de Peral. | A la derecha, en año impreciso, las otras dos Estaciones que completaban la serie de cuatro en los pilares de entrada al Paseo en la avda. de la Estación. Pero hay una tercera estatua al fondo…

Otras piezas del puzle: en la reforma del Paseo en 2011 se instalaron en su lugar tradicional otras réplicas en mármol de las estatuas (nótula 958). Una de ellas, en mayo de 2013, fue derribada y rota por un camión de mantenimiento del ayuntamiento. Volvieron a quitarse todas hasta que en 2022 se colocaron otras réplicas.

En 1975 se realizaron obras de cierta consideración: se cerró con verjas el lado de la nueva carretera nacional (1963) y en el paseo se reformó la fuente (que se desmanteló en 2009), los parterres, los asientos, el albero… Pero el Paseo de la Victoria ya estaba, al menos desde que en 1968 se construyó el Muñoz Seca, muy tocado y en franca decadencia. Que ha proseguido hasta nuestros días tras la desafortunada actuación de 2011. Hoy el Paseo de la Victoria no es ni sombra de lo que fue, pero siempre se puede presentar la ocasión para que vuelva a vivir nuevos tiempos de esplendor.

En la próxima entrega evocaremos las antiguas veladas y Ferias de la Victoria, las que comenzaron a mediados del siglo XVIII y se prolongaron hasta mediados del XX. (Continuará)

__________
Paseo de la Victoria. (1)

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

- Al enviar este comentario estoy aceptando la totalidad de las codiciones de la POLITICA DE PRIVACIDAD Y AVISO LEGAL.