Soledad Ruiz Guerrero, -Sol, para los amigos- es una emigrante de distancias cortas. Nacida en la capital de Cádiz, vino a El Puerto porque desde pequeña añoraba los pinos, las arboledas que todavía no se habían perdido, densas y sedentarias que limitaban con las playas. Según ella misma es muchas cosas, o ninguna. Estudió Diseño de Moda y Comunicación, pero su pasión fue siempre la literatura. Al igual que la música. Sus debilidades son la gente y la cultura. No entiende Sol una sociedad donde no se mezclen estos dos conceptos. Por eso mueve, zarandea desde lo más profundo cualquier losa que se ponga bajos sus pies para hacer algo constructivo en este Puerto de las Apatías, en el terreno cultural. "La fotografía, el erotismo y la sensualidad, los buenos ensayos y la filosofía, hacen el resto para que la vida funcione con cierto sentido".
Soledad Ruiz Guerrero, -Sol, to her friends- is a short distance emigrant. Born in the capital of Cadiz, she came to El Puerto because since she was a child she had missed the pine trees, the dense and sedentary groves which back onto the beaches that hadn’t been chopped down yet. She believes it’s all or nothing. She studied Fashion Design and Communication, but her passion was always literature and music. Her weaknesses are people and culture. Sol doesn’t understand a society that doesn’t mix these two concepts. This is why she moves and jostles any stones that end up under her feet in order to build something constructive in this town so full of apathy in the cultural terrain. "Photography, eroticism and sensuality, good essays and philosophy make up the rest in order that life goes by with a certain sense to it".
Desde su juventud pertenece a foros literarios en Cádiz, San Fernando, etc, al igual que por Internet. Confía en que las Asociaciones son un punto de partida estupendo para crear proyectos consistentes para los ciudadanos. Así, desde Al-Andalus hacía junto con otros integrantes, la revista “Sin Fronteras” editada por la Fundación Municipal de la Mujer de Cádiz. La revista fue presentada en Cuba, y en Cádiz dieron un recital emocionante donde las mujeres daban paso a sus emociones. Luego vino su pertenencia a Ámbito, o Río Arillo, para acabar en Razzia Artis, asociación nacida en El Puerto y para los portuenses ¿o porteños?
«Desde que llegué no he parado de moverme. Primero las tertulias de Tresantié, luego las exposiciones de pintura, los recitales poético musicales ya por mi cuenta y riesgo. Y la radio. Voy cada viernes a Radio Puerto Fm, con mi espacio pequeño, Soleadas, que ahora es Soldeotoño. Primero porque Fernando Durán es un alma entrañable con una vida interior más que sensible y con el que se aprende mucho; y segundo porque es un medio más para lanzar a los portuenses a la calle, a sentir la cultura, a oír música y a no apoltronarse en el sofá con, o sin excusa. Si cantar dicen que apacigua el alma, la poesía nos revela un modo diferente de existir. Así es como acabo el día, si puedo, con un verso que tranquilice mi alma.
Su pieza musical por excelencia…”las Variaciones de Goldberg de Bach”. «Ah, pero soy sibarita» sostiene que «tiene que estar interpretada por Glenn Gould. Sin él y sin Satié, el mundo tal como lo percibo sería distinto» En los afectos idolatra: adora a sus hijos, «tres jóvenes revolucionarios que creen que tienen comido el mundo ¡quien fuera joven!» Y a sus padres de los que aprendió «que la educación no es algo que se aprende solo en el colegio de 8 a 3, si no cada día, con cariño y constancia». Y a César, el asturiano «que vino hasta aquí por mí y con el cual soy más de lo que soy».
«El Puerto siente una apatía extraña» afirma Sol, «No sé a qué es debido, pero se percibe. Cuando alguno alza su voz para denunciar algo que está ocurriendo a la vista de todos, el resto calla o están, como dicen los de Barbate, “escuendíos”. Por eso no cejo en mi aptitud, porque es un lugar plagado de Historia, de vidas pasadas que seguro tuvieron la certeza de que los que vendrían detrás amarían este lugar más que a sí mismos». Si, ni las batallas, ni el poder de muchos pudieron con El Puerto -ni siquiera los últimos 16 años de catetismo ilustrado- por qué no vamos a poder tener un lugar privilegiado, ¿verdad Sol?, ese por el que luchas: El Puerto del siglo XXI.











Antonio Arenas Aniceto, conocido por el mote de “El Ratón” es un personaje que forma parte del paisaje de El Puerto. Tal es así que una pintura sobre él, de cuerpo entero, se encontraba expuesta en una de las galerías de la Casa de la Cultura (Al día de hoy, cuando hemos ido a tomar una fotografía, nadie ha sabido darnos norte de donde se encuentra o si desapareció en uno de los actos vandálicos que sufrió el edificio cuando se trasladó la Biblioteca). El Ratón es un hombre que derrocha el mejor humor, el sentido del humor portuense. Que habla con cualquiera de buen grado. Que tiene un saludo para todo el que se acerca a él. Estudió en el Colegio del Hospitalito. Fue cabrero y guardapavos, pero un curso de soldador le propició el trabajo de su vida: trabajar en Astilleros hasta su prejubilación. (El Ratón, haciendo el camino del Rocío. Foto Colección Carlos Pumar Algaba).
Pero si algo define a El Ratón es su vestimenta. En la mano, debajo del reloj, una mata de romero y yerbabuena. «Tiene un ropero, un vestidor en su casa de La Angelita Alta, en plena campiña portuense, de lo más variado. Nuestro amigo es muy coqueto y tiene un estilo al vestirse, un “dandismo sui géneris” que le hace inconfundible. Se ducha, se peina los caracolillos, se afeita teniendo cuidado con tres puntos fundamentales de su colorada y sana cara: su perillita que es como la antena de su inspiración, sus patillas largas a lo “Tempranillo” y su finísimo bigote. El acto de vestirse con su estilo inconfundible que lo hace único es un acto de creación y como de liturgia torera. Pausada, lentamente se va colocando sus prendas. Una camisa blanca que es como el alba de un canónigo; un largo y estrecho pañuelo perfectamente acoplado al cuello; un chaleco a la “torera” que hace resaltar su torso bien formado; un pantalón estrecho, largo, ajustado y perfectamente planchado y un manojito de flores silvestres en un ojal o en el bolsillo superior de su chaleco que como su señal de identificación con la naturaleza, porque El Ratón es un ecologista por cuanto ama y respeta la naturaleza y su bastón que no le sirve para apoyarse porque es un atleta, sino para enseñorearse y afirmarse. Va sobre las doce del mediodía a beberse el mundo, a Ratonear. [...] Ni un general con sus entorchados en la época prusiana andaba y se pavoneaba como El Ratón. Ya está el paisaje de El Puerto al completo. ¡Cuidado, calle Ganado, Santa Clara, San Juan que baja El Ratón! Y comienza su retahíla de aludos, de cortesía, de sonrisas, de educación exquisita. Para todo el mundo tiene su pequeña inclinación de cabeza, su letanía de saludos, su forma peculiarísima de entablar un corto diálogo.» Antonio Muñoz Cuenca. De su libro, “Paisajes y Paisanajes”. (El Ratón, con un compañero, trabajando en Astilleros de Puerto Real. Foto Colección C.P.A.)






























