977. DOS SONETOS AL BAR VICENTE.

A Vicente Sordo Gómez, con mi amistad.

Es una inacabable algarabía,
donde todo es posible e inaudito:
desde la tapa insigne al numerito,
que vende silenciosa “La Alegría”.

Una alegre y flamenca bulería
en la barra ... Se bebe Fernandito
su quinto “valdepeñas”, como un rito
solemne, alrededor del mediodía.

Todo tiene un acento costumbrista:
en la puerta la foto de un artista
se cuelga del cristal, calladamente.

Y el tiempo que parece se ha quedado,
al pie de La Placilla ensimismado,
colgado en la pared del “Bar Vicente".

Todo tiene el sabor recio y añejo
de aquel Puerto de ayer, tan aldeano,
donde imperaba el trato campechano
no falto de sapiencia y de gracejo.

Baja de La Angelita el Puerto viejo,
campesino y sufrido, al par que humano.
Gesticula al hablar su recia mano,
dando al ambiente un aire de festejo.

“Los Dos Pepes” ayer ... Hoy, padre e hijo,
en un constante y cálido amasijo
de lealtad y servicio a sus clientes,

escriben, sin saberlo, lo que historia
mañana habrá de ser ... Que en la memoria
del Puerto han de quedar los “Dos Vicentes”.

Paco del Castillo.
3 de octubre de 2002.

Fotos: Bar Vicente

Mas información en Gente del Puerto.
014. BAR VICENTE. O Las Mellizas (el Rubio), o Los Pepes.
655. MANUEL GARCÍA GÓMEZ. El Tabique.

7 comentarios en “977. DOS SONETOS AL BAR VICENTE.

  1. AGL

    Tras el cariñoso comentario de FJCO, enhorabuena a este establecimiento, sus dueños y todo el personal que allí trabaja, pues dada la vecindad del comentarista y la conversación mantenida esta semana, no me cabe la menor duda de la categoría del Bar Vicente.

  2. FJCO

    El Bar Vicente es de lo poco auténtico que queda en en El Puerto. Si alguien quiere hacerse una idea de la conformación social de esta Ciudad, sólo tiene que desayunar un día en “Los Pepes”. Allí concurren toda clase de clientes: viejos, jóvenes y niños, amas de casa, abuelos con sus nietos, padres con sus hijos y suegras con sus nueras; jubilados, pensionistas y parados; mayetos, marineros y trabajadores de bodegas; gente humilde de siempre, junto con empresarios, industriales y profesionales liberales de posición acomodada; creyentes, cofrades, agnósticos y ateos; nativos y portuenses de la diáspora, foráneos y turistas curiosos; ilustrados, analfabetos, pícaros y algún borrachucio que otro, ….. , en definitiva, gente de toda clase y condición social.
    ! Y lo más sorprendente, todos ellos en perfecta comunión y armonía !. ! Hay que ver, que lo que no consiguen nuestros gobernantes, sucede con absoluta normalidad y a diario en este genuino establecimiento I.
    Por esta razón, y por la amabilidad de sus dueños y de todo el personal que allí trabaja -además de por su buen café, chocolate y molletes-, es por la que cada sábado me empeño en desayunar con mi familia en el “Bar VIcente”. !Y que sea por muchos años!

  3. Antonio L.

    Olé por esa ensaladilla servida en concha blanca, olé por esos boquerones, olé por ese higado encebollado, olé por esos molletes con jamón, olé por todo ese arte que allí hay. Es de esos sitios en los que uno se siente como en su casa.

    Un saludo.

  4. Ángel

    Lo primero que tengo que reconocer es que no voy a la plaza tanto como quisiera, he sido engullido por el oscuro monstruo de las grandes superficies, pero aún así, me he propuesto ir a la plaza todos los sábados e intento cumplir con esta agradabilísima obligación. Me gustan sobretodo las pescaderías y como no desayunar en el Bar Vicente. Si es posible en la mesa redonda, esa mesa siempre me ha atraído y si puedo ir con mis hijos que viven fuera reconozco que soy el portuense más feliz en ese momento. Vicente muchas gracias, pues sin saberlo contribuyes a la felicidad de muchos portuenses o porteños de nacimiento y de adopción.

  5. Marina

    Desde que tengo uso de razón, mi gente no sólo es mi propia familia, son todas esas personas que han dejado huella en mi corazón. A los Vicentes les tengo mucho cariño, por esa bondad perceptible con sólo mirar sus ojos. Tito ha sido compañero de juegos infantiles y su padre de fatiga de los mios. En la Placilla los vecinos eramos como una gran familia,( cada uno en su casa y Dios en la de todos) pero todos estabamos dispuestos a tender las dos manos en caso de alguna necesidad de nuestros entrañables vecinos. Gracias por vuestra amistad sois geniales. .Un abrazo.

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