2.021. LOS ADRIANO. La herencia de una tradición. 4: Adriano I (1930-1955) y Punta Umbría (1929-1934)

En la imagen siguiente, el muelle del Vapor en 1930, próximo a concluirse. A la izquierda, el Hotel Vista Alegre. /Foto: Herederos de Eduardo Ruiz Golluri (entonces alcalde de la ciudad) es copia del Centro Municipal de Patrimonio Histórico.

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En julio de 1930 se concluyó un nuevo muelle del Vapor, que sustituyó al que un año antes desbarató la explosión del Cádiz, el que en 1901 construyeron los Millán para el uso exclusivo de sus vapores de pasajeros. El nuevo se levantó a  iniciativa de la ‘Comisión Administrativa del Puerto del Guadalete’, en hormigón armado, que es el que sigue en pie junto a la plaza y fuente de las Galeras, con algunas reformas y al día de hoy sin uso. Se dio por inaugurado el 31 de julio, festividad de San Ignacio, como fue bautizado, aunque la gente lo continuó llamando muelle del Vapor, desde que en 1840 se levantó el primero en el mismo lugar.

EL PUNTA UMBRÍA.
Cuando el Adriano I llegó del Guadalquivir –de la Exposición Iberoamericana de Sevilla- otra embarcación venía cubriendo el servicio marítimo entre El Puerto y Cádiz, desde el 6 de octubre de 1929, cuando comenzó las travesías –con motivo de una novillada a celebrar en Cádiz- el yate Punta Umbría,  acabado de construir aquel año en Isla Cristina por el armador onubense Manuel Orta.

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En los primeros años 30 y en medio del río, el Punta Umbría. /Foto: Colección Francisco Mata en copia de Luis Serrano.

La iniciativa de restablecer y renovar la línea –la que sustituyó al vapor Cádiz- partió de un íntimo amigo de Orta, el armador de buques José Monís García, que entonces pasaba el verano en nuestra ciudad, en su recreo ‘Nuestra Señora de los Milagros’. El consignatario era Antonio Ruiz de Cortázar, con local enfrente, en la plaza de las Galeras esquina a Micaela Aramburu (donde estuvo el Bar la Galera y hoy La Venencia); que también ejercería como tal, al paso de unos años, del Adriano I.

El Punta Umbría tenía 21 metros de eslora, motor diésel de 120 caballos, apto para recorrer 12 millas a la hora (la ida y vuelta de El Puerto a Cádiz) y capaz para 215 pasajeros. Desde su llegada al Guadalete, su punto de atraque y embarque fue al otro extremo del Parque Calderón, en la escalinata del muelle general inmediata al puente de San Alejandro. Se decía entonces en la Revista Portuense que “podrá salir y entrar con todos los aguajes sin esperar mareas, lo que permitirá realizar los proyectos de su armador de hacer cada día cuatro viajes del Puerto de Santa María a Cádiz, y otros cuatro de regreso, a horas fijas y adecuadas para enlazar con los diversos trenes” (el mixto, el expreso y el ómnibus, y las mercancías y correspondencias, en el mensajero  y el correo).

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Detalle de la fotografía anterior, con su publicidad

Pero la falta de experiencia en la travesía, unida a condiciones climáticas adversas, le hizo pasar al Punta Umbría un mal trago a los tres días de inaugurarse la línea, el 9 de octubre del 29, cuando quedó encallado al salir del río, sin más consecuencia. Lo contó la Revista: “El vapor Punta Umbría al emprender ayer su viaje a la capital, y efecto a la intensa niebla que existe, quedó embarrancado poco antes de llegar a la barra, frente a la Puntilla. Allí permaneció hasta la marea de la tarde, en que salió por su propio impulso, dándole remolque hasta este puerto un bote del mismo vapor.

LA BUENA COMPETENCIA.
A partir del 15 de junio de 1930 el Adriano I  y el Punta Umbría compartieron el servicio durante cinco años, no pisándose en lo posible los horarios y en armonía y sana competencia, como está dado en la gente de mar  y se comprobó el 14 de agosto del 34, cuando ocurrió esto:  “Accidente marítimo.- Lo sufrió en la noche del domingo cuando hacía un viaje a la capital, el vapor Adriano que encalló abriéndosele una vía de agua cuando navegaba por las proximidades de La Puntilla. Tras ímprobos esfuerzos por el peligro que significaba acercarse al Adriano y con el auxilio de unas lanchas, fue tomando el pasaje que llevaba el Punta Umbría, quien lo condujo a Cádiz. El Adriano pudo ser sacado ayer del lugar donde embarrancó y conducido al varadero, lugar en el que le será reparada la avería sufrida.

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Horarios en la prensa de la época. La corrida la lidiaron Armillita Chico, Domingo Ortega y Victoriano de la Serna.

Movido día aquél para el Punta Umbría, porque unas horas antes ocurrió que un individuo –Perro Pachón lo llamaban, que la llevaba tan gorda que ni el agua se la quitó-, tras insolentarse con otros pasajeros, se escribió en el periódico, “optó por último por tirarse al agua cuando se encontraba dicho vapor en plena barra. Tras de originar que el barco evolucionara, al par que una lancha hasta restituirle a bordo, volvió el hombre a hacer la gracia cuando ya el Punta Umbría se encontraba frente a la fábrica de gas…” Ya en tierra fue invitado por dos guardias a visitar al sr. Juez de Instrucción.

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El Adriano I en 1933, en reposo próximo al puente de San Alejandro. Al fondo, los trabajos de la draga. /Foto: Colección Francisco Mata.

Ni al paso de dos meses, otro suceso de más calado impidió que el Punta Umbría tuviera una larga vida. Justo a los cinco años de comenzar las travesías, el 7 de octubre de 1934, la embarcación se fue a pique en el puerto de Cádiz. Pasó que una fuerte marejada de levante provocó que el patrón perdiera el gobierno al enfilar la dársena y la resaca lo hizo chocar contra la punta del muelle del Martillo. Hubo tiempo para que el remolcador de los prácticos del puerto -el Mercedes- acudiera en su auxilio y lograra atracar el barco, salvándose los nueve pasajeros y la tripulación (el patrón, un mecánico y dos marineros). Después, al ser remolcado para vararlo en lugar más protegido, se hundió. Al paso de unos días se reflotó y se puso en reparación, pero las averías que sufrió impidieron que el Punta Umbría volviera a navegar. Me suena.

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El Adriano I atracado delante del Parque Calderón, junto a unos faluchos. Detrás podemos ver el imponente edificio que existía con anterioridad a la actual sede de Romerijo.

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El desaparecido edificio donde hoy se encuentra Romerijo, y donde en las dos puertas de la derecha se encontraba el antiguo Bar ‘La Draga’. Enfrente, cruzando la calle Jesús de los Milagros, el actual Bar ‘La Herrería, ‘El Antiguo Dragón’, cuando El Puerto era más marítimo y marinero.

EL DÍA A DÍA. 
Como quedó acordado en Sevilla entre José María Millán y Antonio Fernández, su propietario y constructor, la motonave Adriano I (a la que desde su llegada,  como al Punta Umbría, continuaron llamando vapor y vaporcito) estuvo navegando bajo la razón social ‘Herederos de Antonio Millán’, con sede en la gaditana plaza de Mendizábal, hasta marzo de 1935, cuando se extinguió la vieja empresa naviera que en 1872 fundara Antonio Millán Carrasco. Luego estuvo un tiempo de consignatario Ruiz de Cortázar –el del Punta Umbría-, hasta poco después de comenzar la guerra civil, cuando la familia de Pepe ‘el del Vapor’ se hizo con el control de la línea y él con el gobierno del barco.

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El Adriano enfilando el río frente al muelle del Vapor. /Foto: Colección Miguel Sánchez Lobato.

Los primeros horarios del Adriano, a partir del 15 de junio del 30, se establecieron así: salidas desde El Puerto a las 9 de la mañana, a la 13, a las 16 y a las 18 horas; de Cádiz a las 11 y a las 3, 5 y 7 de la tarde. En cubierta el precio del pasaje se fijó en 1 peseta, en la toldilla 1’50 y los menores hasta 12 años 50 céntimos, al igual que los cosarios, los más habituales y fieles pasajeros: José Requejo, José Tabla, Tardío Hermanos, Alejo y Ca…, que embarcaban diversos productos para su reembarque en Cádiz, principalmente vino y frutas.

vapores_4_7_puertosantamariaY al poco, el tiempo de la guerra, cuando los soldados italianos acuartelados en la ciudad frecuentemente embarcaban en el Adriano para ser transportados a Cádiz y a los barcos de bandera italiana fondeados en la bahía, mientras que el Hotel Vista Alegre, el que estaba frente al muelle del Vapor, fue requisado para alojar a la oficialidad fascista.  Después de la guerra el Adriano I tuvo que estar un tiempo sin salir, cuando los países productores cortaran el suministro de combustible tras la victoria de Franco. /En la imagen de la izquierda, José Fernández Sanjuán, Pepe el del Vapor (1909-2001), en 1955, con su hijo Juan a bordo del Adriano II. Foto: GdP

Y los años de la posguerra, cuando el comercio ilegal también viajaba en el Adriano. Sobre todo, pan y patatas embarcaban los estraperlistas. Algún disgusto se llevó  el bueno de Pepe a cuenta de ello porque la Fiscalía fichó al barco. En una ocasión varios ilegales lograron escaparse de las fuerzas del orden –que ya es difícil escaparse de un barco- y tras ser detenidos pretendieron implicar en el asunto a Pepe, pero todo terminó aclarándose, porque José Fernández Sanjuán siempre fue honrado a carta cabal. Otra cosa era hacer la vista gorda, como es de bien nacido, a gente humilde que sólo vivía para subsistir.

EL BARCO DE ‘EL ADRIANO’.
El Adriano I, la motonave que Antonio Fernández ‘el Adriano’ diseñó y construyó en su pequeño astillero de la playa de Mañinos en 1927, fue la más pequeña de la saga.  No tenía calado, era plana por abajo, más propia para navegar por la ría de Ferrol para la que se construyó que por las aguas de la bahía de Cádiz y salvar la barra del Guadalete, en todo tiempo un obstáculo pese a los dragados que de cuando en cuando se hacían.

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El Adriano I atracado frente a la Fuente de las Galeras mientras atraca el II. A la derecha el almacén de Obras del Puerto

Por ello, el primer Adriano sólo podía salir con las mareas altas, y aun así era peligroso cruzarla; cada día había que asumir el riesgo de tocar fondo, y si era así la embarcación quedaba al capricho del viento reinante. Por ello, Pepe tomó la costumbre diaria, mantenida durante años, de acercarse de madrugada a la desembocadura y cuando amanecía, según el estado del mar y las mareas, sabía si podían salir o no. Que mejor que sí, porque si no a Pepe le faltaba algo.

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Panorámica del Guadalete con el Adriano I. /Foto: Copia en Colección Miguel Sánchez Lobato.

Aun con las carencias y dificultades, tuvo buena y larga vida el Adriano I, porque Antonio Fernández  ‘el Adriano’ hizo un buen trabajo: un cuarto de siglo cubriendo casi a diario la carrera El Puerto-Cádiz, con escasísimos accidentes ocurridos, algo que Pepe, en su modestia, siempre llevó a gala. Que yo sepa, la incidencia más destacada pasó en agosto de 1930. Lo relató la Revista: “En la noche del pasado domingo, el vaporcito Adriano, en el viaje que hacía con dirección a esta habiendo salido de Cádiz a las ocho, no pudo entrar en nuestro puerto por encontrar que no funcionaban las luces que señalan el enfilamiento de la canal.De regreso en la capital formularon algunos de los viajeros la correspondiente denuncia como protesta del caso.”

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La Virgen del Carmen embarcada en el Adriano I, 15 de agosto de 1935. 

CON LA VIRGEN DEL CARMEN. 
Además de los servicios diarios de pasaje, el Adriano I, como luego hicieron sus hermanos menores,  fue utilizado regularmente con diversos motivos festivos y lúdicos. Por ejemplo, cuando embarcaron a la Virgen del Carmen para procesionarla por el Guadalete. No en 1930, la primera vez que desfiló por el río, en el falucho Bellita, adornado para la ocasión al modo de una góndola veneciana, pero en la segunda ocasión sí.

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La misma jornada, de regreso.

Fue en 1935, no en su festividad, sino, como en 1930, el 15 de agosto, en la Asunción de la Virgen. La imagen fue embarcada en el muelle del Vapor en un Adriano exornado con una gran estrella tras la imagen –la Estrella del Mar-, un pez dorado en la proa que simulaba arrastrar la embarcación y numerosas guirnaldas cubriendo el casco del barco, elementos diseñados por Juan Ávila. La acompañaron a bordo los clarineros municipales y el Conjunto Musical Portuense (1934-1936), que entonces hacía las veces de banda municipal, dirigida por Antonio Gabarrón. No faltó en la travesía el lanzamiento de bengalas y el tronar de las sirenas (las de los 95 pesqueros que formaban entonces la flota porteña, la mitad de procedencia alicantina), que se harían tradicionales en décadas posteriores. La procesión fue organizada por un grupo de vecinos, y coincidió con una de las ‘veladas marítimas’ que de antiguo, desde 1846, se celebraban frente al muelle del Vapor, en el Vergel del Conde y el Parque Calderón.

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Pasajeros a bordo del Adriano I.

La segunda vez que pasearon a la Virgen marinera en el Adriano fue en 1941, nuevamente el 15 de agosto, “adornado con atributos marinos y sobre el fondo una gran estrella por el notable y joven artista don Juan Lara Izquierdo”, yendo a bordo el clero y la Banda Municipal, dirigida por Joaquín Barba Rocafull. Fue la última vez que el Adriano I paseó a la Virgen de los marineros por el río (las procesiones marítimas se interrumpieron entre 1944 y 1970).

DOS HERMANOS.
Entonces hacía siete años, desde 1934, que el Adriano I no estaba solo. Tenía como hermano menor al Adriano II, también nacido de la mano de Antonio Fernández en su astillero de la ría de Ferrol, en 1932.

El primero de la saga navegó hasta 1955, cuando definitivamente fue varado entre el puente de San Alejandro y el varadero de Pastrana. El que se construyó en aguas gallegas en 1927 y tras su paso por la Exposición de Sevilla llegó a la bahía de Cádiz para quedarse. Terminó sus días devorado, desguazados los materiales para su venta. Aún deben quedar bajo el cieno parte de las cuadernas de su esqueleto.

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Los hermanos Adriano I y II, relevándose, en un  río lleno de vida comercial.

Su hermano, el Adriano II, lo construyó ‘el Adriano’ pensando, ahora sí, en la bahía y el Guadalete. Y así le salió. El más bonito de la saga, con elegante empaque marinero, el que vivió los mejores tiempos de las travesías entre El Puerto y Cádiz, el pinturero del inmortal pasodoble de Paco Alba. Lo recordaremos en la próxima entrega. (Texto: Enrique Pérez Fernández) Continuará

Más Capítulos de Enrique Pérez sobre: Los Adriano: Historia de una tradición.
Capítulo 1. Los vapores (1840-1929). Nótula 1.986

Capítulo 2. Los faluchos. Nótula 1.993.
Capítulo 3. Antonio Fernández, ‘el Adriano’. Nótula 2.007.

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