2.510. El Guadalete Festivo (1)

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Hace muchos años –demasiados- que El Puerto vive de espaldas al río, desde que dos de los motores de su economía –la pesca y el tráfico mercantil marítimo- pasaron a peor vida a partir de los últimos años 60-70. Y hubo un tiempo en que el Guadalete también fue protagonista de las actividades festivas y lúdicas celebradas durante los estíos, a partir de mediados del siglo XIX, cuando la ciudad se abrió –por primera vez- al turismo. /El Guadalete y El Puerto desde ‘la otra banda’ en una imagen captada por Laurent en 1872. Copia fotográfica facilitada por Javier Seren.

Todo surgió el 19 de mayo de 1846, cuando el Ayuntamiento aprobó una exposición de su procurador síndico, Fernando Yelo, en la que se afirmaba: “El interés especial de esta ciudad consiste en la afluencia de forasteros en la temporada de verano. Ninguna de la Provincia, ninguna tal vez de la Nación cuenta con tantos elementos para ello. Soberbio teatro, deliciosos paseos, hermosa y sólida Plaza de Toros, baños de mar flotantes, buenas casas, posadas y establecimientos cómodos, fáciles y baratas comunicaciones con nuevos vapores y elegantes góndolas, y una campiña sin igual por su fertilidad y verdor, hacen como he dicho, que ningún otro pueblo pueda competir con el nuestro.” 

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El ribereño paseo del Vergel en su tramo de Micaela Aramburu hacia 1910. A la derecha, el Hotel Vista Alegre. Las acacias blancas se plantaron en 1870, reemplazadas por palmeras en 1914. Los bancos se instalaron en 1908. / Foto, archivo de Luis Suárez Ávila.

Con este espíritu, Yelo proponía que se creara una Junta de Festejos Públicos –integrada por regidores del Ayuntamiento y destacados vecinos de la localidad- con el fin de llevar a efecto proyectos de animación que fomentaran la venida de turistas a la ciudad durante los veranos, señalándose para ello los días inmediatos a las festividades de San Juan (24-VI), Santiago (25-VII) y la Asunción (15-VIII, la Virgen de Agosto).

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Imagen de 1889. Un gentío embarcando en un vapor –el ‘Emilia’ o el ‘Puerto de Santa María’- de la flota de Antonio Millán que entonces cubrían la travesía entre El Puerto y Cádiz. A la izquierda, el Vista Alegre. 

Ciertamente, buenos vientos soplaban en los años 40 del siglo XIX para el despegue de El Puerto de Santa María como estación veraniega. Las condiciones naturales eran innatas y venían dadas. Las materiales iban a marcarlas los munícipes en unión a un segmento, el más implicado profesionalmente en el nuevo quehacer, de la sociedad portuense. Desde 1816 venían instalándose en el río baños flotantes, impulsados con miras turísticas en 1844; en 1840 se estableció el primer servicio regular de vapores de pasajeros con Cádiz (nótula 1.986) y se abrió, dando cara al río y al paseo del Vergel del Conde, la Posada Vista Alegre, revitalizada por el italiano Tomás Badanelly a partir de 1846 (nótula 2.098); en 1843 se construyó en el ejido de San Francisco una nueva Plaza de Toros, y en 1845 se inauguraban el Teatro Principal (nótula 319) y el puente colgante de San Alejandro (nótula 2.384), y al siguiente el de San Pedro.

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Vista de la Ribera en una litografía de 1864. En primer término, el puente colgante de San Alejandro.

El 21 de mayo del 46 se constituyó la Junta de Festejos, compuesta por los regidores Enrique O’Neale, Nicolás Galarza, Francisco Nicolau, José Campos, Rafael Taboada y Fernando Yelo; y por los vecinos Críspulo Martínez –propietario del Teatro Principal-, Francisco Gutiérrez Calderón, Miguel Pajares, Juan José Gay y Diego Carrera (los cuatro últimos, al paso de los años, también ejercerían de regidores). El alcalde era Francisco González de Quevedo.

Logros de la Junta en 1846 fue la recuperación de la vieja Feria de la Victoria, inaugurada en la festividad de la Virgen de Agosto, y propiciar la celebración de veladas en el Vergel entre San Juan y el comienzo de la Victoria, lugar del que se decía entonces que era “el de más concurrencia por ser el punto de parada de vapores, góndolas y demás carruajes”; el paseo que, creado por el conde Alejandro O’Reilly en 1779, se extendía entre Micaela Aramburu esquina a Palacio y la plaza de la Herrería, que en 1895 se amplió hasta el puente de San Alejandro, cuando se habilitó el Parque Calderón.

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El Vergel del Conde y su entorno en el último tercio del siglo XIX. Archivo Municipal de El Puerto.

La noche de la víspera de San Juan de 1846, cuando comenzaron los festejos, se iluminaron ‘a la veneciana’ (con farolillos) las casas que miraban al río, el nuevo puente de San Alejandro y los vapores y barcos surtos en el Guadalete, al tiempo que se prendieron fogatas en ambas orillas. Por la tarde, el río fue el marco donde se celebró una regata no competitiva de falúas, iluminadas ‘a la veneciana’ y llevando a bordo ‘músicas del país’ y fuegos artificiales.

Aunque el nombre de velada marítima comenzó a emplearse en 1894 para designar a una fiesta en particular organizada en una o dos jornadas del verano, habitualmente de 9 a 11 de la noche, la fiesta en sí, con sus elementos y características propias, nació durante los primeros festejos veraniegos, en 1846. Se incluían en las diversas fiestas que se jalonaban durante el estío en el paseo del Vergel y, al paso de los años, en el Parque Calderón.

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Paseando por un recién fundado Parque Calderón, frente a la plaza de la Herrería. A la derecha, la Casa de la Munición.

Las veladas marítimas, que compartían las actividades lúdicas y el marco de la Feria del Vergel y del Parque, tenían por demás otros elementos que le eran propios: especialmente señalados en el curso de los años fueron el lanzamiento de fuegos de artificio desde ambas orillas del río y la iluminación, a la veneciana o eléctrica, de los paseos, las casas linderas al Guadalete, las orillas, los barcos fondeados y el puente de San Alejandro: claro signo de que fueron tiempos en que el río estaba integrado y fundido al paisaje urbano de la ciudad marinera que siempre fuimos.

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El cantil del muelle abarrotado en una festiva jornada del verano de 1930, junto a la Fuente de las Galeras y el almacén de Obras del Puerto. Imagen facilitada por Miguel Sánchez Lobato.

Y de cuando en cuando, nuestros paisanos se asomaban al río para presenciar las actividades lúdicas que en él se celebraban, de las que escribiremos a partir de la próxima entrega. / Texto: Enrique Pérez Fernández.

Un comentario en “2.510. El Guadalete Festivo (1)

  1. JSA

    Gracias , Enrique, por darnos a conocer nuestro pasado. No cabe duda de que El Puerto era mucho más bonito y elegante que ahora.

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