El hombre que desafió a la adversidad a golpe de sonrisas
| Texto: Pipi Gago y José María Morillo
El Puerto de Santa María despidió el pasado día de la Hispanidad a Ángel María García González, Ángel Cressi, conocido y querido por todos como ‘el Batalla’, en un sepelio cargado de emoción, hondura y un entrañable homenaje a su imborrable vitalidad. La ceremonia religiosa contó con la cercanía del diácono Juan Villarreal, amigo del finado, y con símbolos que resumían bien sus grandes devociones: el féretro lució cobijado por la bandera de su hermandad de la Veracruz, la enseña de su Club de Rugby Atlético Portuense y el escudo de la hermandad de los Negritos, de Sevilla. En esta crónica del sepelio, desvelamos algunas anécdotas.
| Fotografía del Expediente de Investigación de Rafael Sánchez de Lamadrid del Cuvillo (1940). Fuente: España. Ministerio de Cultura. Archivo Histórico Nacional. SECRETARIA, 240. Exp. 246_0001.
| Texto: Bernardo Rodríguez Caparrini
Rafael Sánchez de Lamadrid del Cuvillo, futuro sacerdote jesuita, nació en El Puerto de Santa María —en el n.º 85 de la calle Larga— el 7 de enero de 1898. Era hijo del matrimonio formado por el comerciante jerezano Gabriel Sánchez de Lamadrid Gómez (c. 1859-1903) y la portuense Eloísa del Cuvillo Sancho (1868-1936). Gabriel Sánchez de Lamadrid Gómez fue copropietario —con su hermano Rafael— de la marca de comercio “Ochavico”, que se les concedió para distinguir vinos, coñac, aguardientes, licores y otras bebidas alcohólicas el 28 de diciembre de 1900. Al fallecer en El Puerto a mediados de marzo de 1903, Gabriel Sánchez de Lamadrid era vicecónsul de la República Argentina en esta ciudad.
| Fuente: Boletín Oficial de la Propiedad Intelectual e Industrial (Madrid, 16 enero 1901).
| FOTO 1. Virgen de los Milagros, Patrona de El Puerto de Santa María. Foto, Juan José López Amador.
La historia de Santa María del Puerto, hoy Virgen de los Milagros, se remonta a la conquista alfonsí de al-Qanatir en el siglo XIII. Las Cantigas de Santa María documentan el nacimiento de la villa, la construcción de su iglesia-fortaleza y la fama milagrosa de la imagen. Los autores cuestionan la tradición que sitúa su hallazgo en el Pozo Santo y plantean que pudo ser traída por el propio Alfonso X a la nueva población conquistada. Tallada originalmente en madera de alerce como una pequeña Virgen sedente con el Niño, la imagen experimentó importantes transformaciones durante los siglos posteriores. En el siglo XIV adquirió su característica tez negra y, desde finales del XV, pasó a presidir la nueva Iglesia Mayor Prioral. Convertida en patrona y titular de la ciudad, continúa siendo un símbolo religioso, histórico y sentimental para generaciones de portuenses | José María Morillo
| Texto: Enrique Pérez Fernández y Juan José López Amador
En noviembre de 1260 concluyó la historia de al-Qanatir, la población y puerto dependiente de Šariš (Jerez) que en el siglo X -durante el califato de Córdoba- se estableció en la desembocadura del Guadalete, sucesora del Portus Gaditanus que a fines del siglo I a.C. fundó Balbo el Menor y del Portum tardorromano, bizantino y visigodo. Capituló entonces la aldea andalusí, pero su control por los castellanos era efectivo desde 1255, por vía de vasallaje.
Alfredo Heredia Santiago es el nuevo pastor de la comunidad cristiana de la Iglesia Evangélica de Filadelfia establecida en la barriada de Sudamérica, cuya sede se encuentra en el número 16 de la calle Bolivia. Se incorpora a El Puerto de Santa María después de haber desarrollado su ministerio pastoral en Los Barrios, dentro de la comarca del Campo de Gibraltar y, anteriormente en Coín (Málaga) donde ejerció también como pastor.
La congregación portuense reúne habitualmente a unas cincuenta personas y forma parte del amplio mundo cristiano evangélico de iglesias pentecostales de España. Conviene precisar que el término «evangélico» engloba numerosas denominaciones y sensibilidades religiosas.
El Rvdo. P. José María de la Torre | Fuente: Memoria, 1919-1920. Archivo Histórico Colegio San Luis Gonzaga (El Puerto de Santa María) | Imagen retocada digitalmente.
| Texto: Bernardo Rodríguez Caparrini
El futuro sacerdote jesuita José María de la Torre Miranda (1848-1919) —hijo de José de la Torre Santaella y de María Josefa Miranda Giménez— nació en Granada (Cortijo de Calero) el 29 de abril de 1848. Al ser bautizado en la parroquia de Santa Escolástica el primero de mayo se le impusieron, además, los nombres de Pedro, Agustín y del Corazón de Jesús. La vinculación de José María de la Torre con El Puerto de Santa María comenzó el 12 de mayo de 1865, cuando recién cumplidos los 17 años ingresó como novicio escolar en la casa de probación ubicada en el antiguo convento de la Victoria. Como consecuencia de la revolución de septiembre de 1868 y del posterior decreto de supresión de la Compañía de Jesús en toda España, el joven José María partió con otros muchos novicios y estudiantes jesuitas hacia un exilio voluntario en Francia, recalando inicialmente en el noviciado de Angers (Maine y Loira), para instalarse a finales de junio de 1869 en el castillo de Poyanne (no lejos de Bayona), recién adquirido por la provincia jesuita de Castilla.
Dos brujas portuenses ante la Inquisición en el siglo XVII
| FOTO 1 Joven sentenciada por la Inquisición ataviada con sus insignias, el sambenito y la coroza. Imagen generada con IA.
| Texto: Enrique Pérez Fernández
En la España de los siglos XVI y XVII abundaron las beatas, mujeres laicas que al margen de las órdenes religiosas hacían votos de castidad, pobreza y obediencia, y se dedicaban a la oración y a hacer obras de caridad, a cuidar enfermos y desamparados… Vestían sobriamente con tocas blancas, sayas pardas con cordones atados a la cintura al modo franciscano y mantos negros. En algunas poblaciones residían en beaterios, como el que existió en Jerez (1642), aunque lo habitual era que vivieran en sus casas.
| FOTO 2 Beata del s. XVII con su tradicional vestimenta: toca, saya, cordón y manto. Imagen generada con IA.
El artesano de la emoción: Belenismo, Carnaval, Semana Santa y pan de oro
| Texto: Ángel Mendoza
Hay quien nace para ser mero espectador y quien viene al mundo para crear esas obras que habrán de emocionar a los meros espectadores. Los primeros viven en la comodidad de saber que siempre existirán creadores y que es suficiente con ponerse delante y esperar; los segundos llevarán una vida más agitada, más comprometida y más agotadora también, pero mucho más recompensante, por supuesto, porque cuando ya no estén, su huella indeleble quedará en sus obras. Esto lo supo muy pronto José Luis Girón Vichi, portuense de febrero del sesenta y siete, que acudió siendo un renacuajo a formar parte de una banda de música en la parroquia de San Marcos y tuvo que conformarse con salir de penitente en la entonces flamante Hermandad de la Borriquita: ya no había sitio en la banda.
El farmacéutico que no confundió el mostrador con un negocio
| José María en el puente de mando del desaparecido vapor ‘Adriano III’. Una imagen que define la personalidad del boticario que eligió la calle Navegantes para montar su farmacia
En junio de 1976, José María Giráldez Deiró abrió la primera farmacia del extrarradio norte de El Puerto de Santa María en una zona que aún estaba por construir. 50 años después, el barrio que creció a su alrededor recuerda a un hombre que nunca confundió el mostrador con un negocio.
| Texto: Rafael Morro Rascón
Hubo un tiempo en que El Puerto terminaba bastante antes de lo que hoy marcan sus avenidas. Más allá de la estación de tren y de la Venta Millán arrancaba otro éxodo: el de muchas familias que dejaban atrás las casas de vecinos del centro para mudarse a pisos de nueva construcción. La barriada, ese extrarradio que iba ocupando poco a poco el lugar de lo que antes era casi campo. Allí, en junio de 1976, abrió sus puertas la Farmacia Giráldez. Medio siglo después, el establecimiento sigue formando parte del paisaje cotidiano de la Ciudad, pero su origen fue la apuesta personal de un farmacéutico llegado desde Utrera que acabaría convirtiéndose en un portuense con corazón utrerano.
Desde el altar levantado en el Estadio de Gran Canaria, convertido por unas horas en el corazón espiritual de la Iglesia española, el Papa León XIV presidió una de las celebraciones más multitudinarias de su primer viaje pastoral a España. Entre los ministros que acompañaron al Pontífice en la jornada del pasado jueves día 11 de junio, cargada de simbolismo, se encontraba el diácono permanente portuense Juan Luis Izquierdo Fernández, llamado a desempeñar la función de diácono asistente durante la solemne eucaristía.
| María Santísima de Gracia y Esperanza en el paso de palio. Realizada con técnica de acuarela, pigmento principal Daniel Smith y pigmento auxiliar gold Sennelier, en papel Arches de fibra de algodón de 300 gramo, medidas 76 x 56 centímetros.
| Texto: Verbigracia García L.
La acuarela que el pintor portuense Pedro Pablo Lamadrid Pérez ha donado a la Hermandad de la Sagrada Oración en el Huerto y María Santísima de Gracia y Esperanza pertenece a esa rara categoría en la que la técnica se somete, sin reservas, a la emoción. Forma parte de las representaciones artísticas que no se contemplan: se rezan.
La obra —de generoso formato y ejecutada sobre papel de algodón— despliega una escena nocturna del paso de palio. El juego de transparencias propio de la acuarela encuentra aquí un aliado perfecto en la atmósfera cofrade, donde los dorados apenas respiran entre sombras y las velas parecen latir más que arder. No es casualidad: Lamadrid demuestra conocer el lenguaje íntimo de la Semana Santa, en el que el silencio tiene peso y la penumbra, significado.
| La primera cuadrilla de costaleros del paso del Cristo, donde podemos distinguir en la fila del medio, segundo por la derecha, al torero José Luis Galloso y a su mozo de confianza, Antonio Sabio, Tao Torrecillas, Alfonso Terry, Lolete, Pepe Gómez, José Manuel Terry Cuervo y a Santiago Bienzobas, entre otros.
| Texto: Verbigracia García L.
Hay hombres que llevan la ciudad cosida al alma, no solo por los triunfos que figuran en su palmarés, sino por los silencios que guardan en las naves de una iglesia. José Luis Galloso (1953), medalla de oro de la Ciudad, es bien conocido por su mando en el ruedo, pero existe una faena más íntima, una que no buscaba el aplauso de la grada, sino el alivio de la fe: su paso como costalero de la Hermandad del Nazareno.
Resulta fascinante imaginar esa transición de mundos. Un diestro que ha sentido el aliento del toro en los medios, de repente se ajusta el costal, busca el palo y se funde en el anonimato de una cuadrilla. Dicen los que compartieron maderas con él que bajo el paso del Señor no había figura del toreo, solo un portuense más, apretando los dientes y sumando el riñón cuando la chicotá se hacía eterna.
Un recorrido por las voces, recuerdos y legado que dan identidad a la Ciudad
| Foto: Justino Castroverde
| Texto: Medina Benítez
Sobre 1650 se fundó en El Puerto la orden seglar franciscana, la llamada Venerable Orden Tercera de San Francisco de la Observancia, con el Nazareno de los Afligidos, talla de origen guatemalteco como ha analizado el investigador Francisco González Luque, como titular.
El Greñúo portuense procesionaba en la madrugada del Viernes Santo, con la calle Cruces como Vía Dolorosa y de nuevo la imagen, por mor de los arreglos en el hospital de San Juan de Dios, se encuentra en la parroquia de San Francisco, desde donde iniciará el cortejo procesional este lunes.
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