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3.427. Manuel García Rozo. El primer español que subió el globo y su ascensión en El Puerto. 1832.

El periódico ‘El Correo’ de Madrid daba a conocer que el 11 de junio 1832 se verificó la ‘ascensión aerostática del gaditano Manuel García Rozo, primer aeronauta español lo que, según él, no habían querido hacer otros extranjeros en Cádiz por miedo a caer al mar. Esto lo hizo el gaditano: amerizar de manera controlada, pudiendo, incluso, plegar y recoger el globo sobre las aguas. Siendo, de esta manera, no solo el que inició los vuelos en nuestra provincia sino que lo hizo en sus aguas, de donde fue recogido y llevado ‘en triunfo’ por las calles.

La ascensión formó parte de los eventos que se llevaron a cabo el día de San Fernando para celebrar la onomástica del Rey Fernando VII. El aeronauta repitió ascensión en El Puerto de Santa María en agosto de ese 1832, haciéndolo ante Francisco de Paula de Borbón, hermano del Rey Fernando VII.

| Desde la canastilla del aerostato, recitó este poema dedicado 'al bello sexo del puerto de Santa María' aquel 21 de agosto de 1832.

En esa ocasión, al sobrevolar la ciudad lanzó unos papeles en donde se decía:

«… Porque diga la historia
Al tiempo venidero,
Que el Español primero
Que osó fiar su vida al aire vano,
Fue un hijo de tu suelo, Un Gaditano.»

Lástima que los vuelos posteriores que realizaría en Madrid ante el propio rey Fernando VII no tuvieran éxito, de tal manera que por dos ocasiones fue incapaz de ascender en el cielo madrileño; una por las inclemencias del tiempo y la otra porque no se pudo hinchar el globo con el gas. El propio Mariano José de Larra  le dedicó un artículo intentando comprender que no solamente era volar lo que se esperaba de estos aeronautas sino que además debían de hacer gala de sus conocimientos científicos. «Mucho habrá sufrido el público desairado; más creemos sin embargo que habrá sufrido el desventurado aeronauta. Compadezcamos, pues, su desgracia, y esperemos que será más feliz en otra ocasión», decía Larra al referirse a Manuel García Rozo.

Los aeronautas tenían además el peligro que al aterrizar solían ser muy mal recibidos por los labriegos, que a veces los agredían y en ocasiones intentaron lincharles, no solo por los daños que pusiesen ocasionarles sino por miedo a algo desconocido con tintes, para ellos, de algo sobrenatural. | Texto: José María Caravaca de Coca.

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