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4.674. Sidonia, el último legado de Alfonso X a El Puerto

 

El 4 de abril de 1284 --hoy hace 737 años-- falleció en Sevilla Alfonso X, uno de los personajes más relevantes y decisivos de la Historia de España. Aún en nuestros días --aunque en franca decadencia-- los pilares de nuestra sociedad se asientan en la que nació durante su reinado, en conjunto marcado por algunos debes --careció del don y el tino de los grandes estrategas-- y no pocos haberes como político, jurista, intelectual y artífice, con sus colaboradores, de una ingente obra que abarcó al conjunto de las artes, disciplinas y saberes de su época. Gobernó, en un tiempo complejo, violento y enmarañado, con el firme empeño de vertebrar el territorio cristiano heredado y continuar la empresa que emprendió su padre Fernando III (†1252) en la conquista de al-Andalus, sometiendo y repoblando las poblaciones y tierras de la Baja Andalucía y Murcia. | En la imagen, sepulcro de Alfonso X en la capilla Real de la catedral de Sevilla. Se cumplen este año 800 de su nacimiento.

| En la imagen, urna en la catedral de Murcia donde se conserva el corazón y las entrañas del rey

Mantuvo una estrecha relación y sintió un personal afecto por El Puerto de Santa María desde que por primera vez lo pisó --cuando aún era, por poco tiempo, la andalusí al-Qanati-r-- en el verano de 1260, preparando con sus hombres más cercanos la flota que zarpó para conquistar la plaza norteafricana de Salé. Tras regresar la expedición, en noviembre pactó con el señor de Jerez, Ibn Abi Jalid --que también lo era de al-Qanatir-- la entrega de la aldea y la expulsión de sus habitantes.

| Escena de la entrega de las llaves de al-Qanatir a Alfonso X representada en el frontal del paso de la Virgen de los Milagros | Foto:  José Ramón Villar.

Comenzó entonces la historia de la Ciudad que hoy habitamos, la que en 1268 entregaron a 294 repobladores, cuyo urbanismo, ordenado a partir del andalusí, se trazó siguiendo las pautas dictadas por el propio rey. Y sobre el terreno estuvo, probablemente, la mano de Martín Pérez, a quien el Libro del Repartimiento llama el de la escuadra.

| Figuración de Santa María del Puerto en 1268, basada en el Libro del Repartimiento. Elaboración propia.

Sufrió la recién poblada Santa María del Puerto un duro revés en 1277 al ser asolada por tropas norteafricanas meriníes. Tras la desolación, el rey apostó por reavivar la población otorgándole a fines de 1281 una carta-puebla fundacional, su nueva ‘partida de nacimiento’; que fue la última carta-puebla que en vida firmó. Aún tuvo tiempo para concederle a la ciudad otros siete privilegios destinados a potenciar su desarrollo.

| Privilegio de Alfonso X otorgado el 13 de enero de 1284 para que los ganados de la Iglesia pudiesen pastar libremente en las tierras del suroeste peninsular; tal como otro privilegio de febrero de 1282 concedió a los ganaderos portuenses. | Archivo Municipal.

Pero de las huellas del rey Sabio en El Puerto y su término ya hemos escrito en Gente del Puerto en otras ocasiones; la última vez de la residencia --el palacio del rey que nombra el Libro del reparto-- que habitó durante sus estancias en Santa María (ver nótula 4.452). Lo que hoy queríamos, con motivo del aniversario de su muerte hoy, en este año que se cumplen 800 de su nacimiento, era rememorar, y enmarcarlo en su contexto histórico y espacial, el último legado que el rey Alfonso le concedió a la población que fundó, poco antes de que la parca lo llamara.

| Alfonso X tras conquistar Cádiz. Óleo de Matías Moreno González (1866) | Museo del Prado, cedido en depósito.

Cinco días antes

El 30 de marzo de 1284, cinco días antes de morir, Alfonso X otorgó al concejo de El Puerto de Santa María la incorporación del antiguo término de Sidonia --que es decir la Sierra de San Cristóbal-- al portuense. El postrero documento alfonsí (conservado en el sevillano Archivo Ducal de Medinaceli en copia autorizada de 1530) sería confirmado por su hijo y sucesor Sancho IV el 5 de octubre de 1285. Actualizada su grafía, dice:

Por gran sabor [deseo, voluntad] que tenemos de hacer bien y merced al concejo del Gran Puerto de Santa María a que indignamente [los moros] dijeron Allcatriz [al-Qanatir], dámosle por término a Sydonia con todo su término, así como nosotros lo tenemos antiguamente dado a Sydonia; y se lo damos bien y cumplideramente con montes y con fuentes y con ríos y con pastos y con entradas y con salidas y con todas sus pertenencias, así como las hubo y las debe haber.

Y defendemos que ninguno no sea osado de ir contra esta donación que nosotros les damos, que cualquiera que lo hiciese [deberá] pecharnos ya en coto [pagarnos en tributo] mil maravedís de la moneda blanca, y al concejo sobredicho o a quien su voz tomare todo el daño doblado.

| En la imagen de la izquierda, Sancho IV ‘el Bravo’ (1258-1295) en una miniatura del s. XIII | Biblioteca Nacional, Madrid.

Tras fallecer el monarca, su sucesor Sancho IV, en fecha desconocida de aquel año, le concedió al comerciante y marino genovés Benedetto Zaccaria el señorío de El Puerto de Santa María a cambio de que su flota vigilara la entrada de fuerzas meriníes por el Estrecho de Gibraltar y de que tuviera presta una galera para defender la costa entre el Guadalquivir y el Guadalete. Así quedó vinculado el término de Sidonia al señorío portuense, seguramente después de que la flota de Zaccaria salió victoriosa de la guerra que aquel verano enfrentó a Génova con la vecina República de Pisa. Y hacia 1286 se fundó, en el lugar que ocupa la torre de Doña Blanca, una ermita mariana bajo la advocación de Nuestra Señora de Sidueña.

La Sidonia alfonsí

Es sabido que Santa María del Puerto nació en 1268 como población dependiente de Cádiz, tal como sucedió en época romana con Gades y Portus Gaditanus, el puerto de embarque de los productos de la inmediata y fértil campiña. Con este fin, Alfonso X concedió en marzo de 1262 a los primeros repobladores de Cádiz, que lo fueron Guillén de Berja y sus cien hombres armados, cinco de las alquerías portuenses: Campix, Fontanina, Poblanina, Grañina y Finojera (nótulas 2.294 y 2.308). Al paso de cuatro años, marzo de 1266, por mandato del rey se fijó la mojonera del término gaditano con los de Rota, Sanlúcar y Jerez.

| Topónimos mencionados en la mojonera del término municipal de Cádiz (1266), en linde a los de Rota, Sanlúcar y Jerez.

El documento que recogía el deslinde --perdido en el saqueo de Cádiz de 1596 pero que el historiador gaditano Agustín de Horozco alcanzó a conocer y copiar-6y5- menciona el mojón que pusieron en la cima del cerro de San Cristóbal (nº12 del plano adjunto): Y hay otro mojón en la cabeza que llaman la Cantera de grandes cantos y piedras menudas y este mojón parte término con Cádiz, Xerez y Cidueña. El lugar que desde entonces marca el linde de los términos municipales de El Puerto y Jerez. Lo dice un documento de 1335 en el que los jerezanos ya litigaban por hacer suyas las inmediatas canteras, a lo que desde El Puerto respondieron que el espacio demandado se lo había concedido el rey don Alonso, que Dios perdone, al Puerto por términos, que eran primeramente de Çidonia, con la dicha Çidonia. (Litigios que se prolongaron durante siete siglos, hasta que, en nuestro tiempo, una resolución del Tribunal Supremo de 2006 dio por zanjado el interminable pleito, que en los últimos años renació para dilucidar a qué municipio correspondía la titularidad de la ‘barriada de la Sierra’.)

| La Sierra de San Cristóbal desde el antiguo camino de La Trocha de Jerez a El Puerto, a su paso por el arroyo Carrillo o Matarrocines. | Foto, gentileza de Agustín García Lázaro.

Así pues, Sidonia --o sus variantes castellanas de Cidueña y Sidueña-- aún mantenía su propio término en 1266. Nada dice el Libro del Repartimiento, porque nada tenía que decir, sobre su repoblación en 1268. Sí está mencionada su existencia en dos ocasiones como punto de referencia geográfico al repartirse la tierra calva (no cultivada) de Santa María del Puerto. Así, en la última partida de su primera partición:Y hasta aquí fue partido y dado para majuelos, y lo al [demás]que finca [queda] para concejo de esta parte, y es ejido hasta el término de Sidonia y del término de Machar Grasul.

| Espacio aproximado de los términos de al-Qanatir, Sidonia y Machar Grasul, limitados por la cañada del Verdugo.

Por los días que concluía el reparto de El Puerto y su alfoz, el 6 de noviembre de 1268 Alfonso X dio un nuevo paso e integró en la jurisdicción de Cádiz el término de Sidonia, además de los de Rota, Sanlúcar y La Puente (San Fernando). Pero el proyecto alfonsí de conceder al concejo de Cádiz la recién fundada Santa María del Puerto iba a tener una vida corta pues a fines de 1272 la entregó a la Orden militar que entonces el rey creó con el nombre de Santa María de España; de oscura y efímera vida también porque en 1280 se desmanteló y se integró en la de Santiago, abandonando su señorío portuense. El tiempo de impasse que transcurrió hasta que en 1284 se integró en el portuense, el término de Sidonia debió de ser tierra de nadie. O acaso de todos.

| En la imagen de la izquierda, el  tell de Doña Blanca desde Las Cruces, el lugar que en el camino de Sidueña marcaba los términos jerezano y portuense. | Foto, gentileza de Antonio Gutiérrez Ruiz, comienzos de los 80 (unos años antes de que robaran las cruces).

La andalusí Siduna

La Sidonia alfonsí era heredera de la población de Siduna que se levantó sobre las ciudades fenicias y púnicas del Castillo de Doña Blanca y su entorno y que fue, según sostiene con firmes argumentos el arabista jerezano Miguel Ángel Borrego Soto, la primera capital de la cora (provincia) de su nombre entre los años 733 y 844, cuando fue arrasada por fuerzas vikingas y abandonada. Despoblada estaba, o seguía, mediado el siglo XII, según testimonió entonces el geógrafo al-Zuhri: Y sobre este río [Guadalete] hay otra ciudad llamada Xadona. Y ahora está yerma.” Deshabitada, pero pronto, bajo el dominio almohade (1146-1231) renació y vivió una época de apogeo compartida con las vecinas Saris (Jerez) y al-Qanatir y las alquerías de la campiña, pero sin la relevancia de su pasado capitalino.

| Planimetría de las excavaciones dirigidas por Diego Ruiz Mata en el flanco oriental de Doña Blanca. Las construcciones de la Siduna andalusí fueron desmontadas como material de acarreo durante siglos; la ‘cantera de abajo’ que llamaban los canteros de la Sierra.

A lo largo y ancho de la Sierra existieron otros núcleos andalusíes habitados hasta la conquista cristiana. Los dio a conocer el historiador jerezano del siglo XVII fray Juan Espínola (†1646), que en sus manos tuvo el desaparecido Libro del reparto rústico de Xerez (1269), donde se nombraban las alquerías y machares (caserías) de Bonaina, Tiros, Hela, Leyar y la aldea de los Santos.

| En verde, término de la Sidonia alfonsí con la ubicación de Doña Blanca (en rojo) y las aldeas andalusíes de Bonaina y Tiros. La X, hacia donde en 1266 marcaron el linde con Xerez.

La aldea de Bonaina se emplazaba, decía el Libro jerezano, en el valle de su nombre --el pago de Bonaina que aún llamaban en el siglo XIX--, el espacio contiguo al curso de la madre vieja del Guadalete, al norte de Doña Blanca; donde Miguel Ángel Borrego sitúa, entre los términos jerezano y portuense y a orilla del río, la alquería andalusí de Bunayna. El paraje donde el año 1500 se estableció la pesquería jerezana de Puerto Franco. Con Bonaina debe vincularse la torre, andalusí o cristiana, que en 1567 trazó Wyngaerde (cuyos cimientos aún parecen vislumbrarse en el terreno), que es la torre que un documento de una ‘visita de término’ que realizó el cabildo portuense en 1525 decía que estaba aneja a una venta, propia de Pedro Franco.

 

| Boceto que Anton van den Wyngaerde trazó en 1567 desde El Puerto de Santa María hacia la Sierra de San Cristóbal. | Biblioteca Nacional de Viena.

La aldea de Tiros, que ha perdurado en la toponimia y repetidamente en la documentación histórica --la huerta de Tiros ya nombrada a comienzos del siglo XVI--, se ubicaba al sur de Doña Blanca (a 1.900 m) e inmediata al camino de Sidueña (o de Tiros) y a la madre vieja del río, entre la carretera de El Portal y la marisma; donde está el pozo medieval de Esquivel y la antigua estación de aguas de La Piedad.

| El antiguo camino de Sidueña a su paso por la aldea de Tiros | Foto: J.J.L.A.

Desconocemos los emplazamientos de los otros tres asentamientos que, según Espínola, mencionaba el Libro rústico jerezano sitos en la Sierra de San Cristóbal. Probablemente se perdieron al abrirse las grandes explotaciones a cielo abierto que mutilaron gran parte de su superficie, o acaso alguno pervive, como Bonaina y Tiros, al pie de la falda de la Sierra que mira al río y las marismas. Hela y Leyar parecen lecturas castellanas de alquerías o machares andalusíes. El curioso nombre de aldea de los Santos podría aludir a la población del entorno de Siduna que mencionaba al-Razi (el moro Rasis de las crónicas castellanas) hacia mediados del siglo X: Y yace majada [donde recogen al ganado y se cobijan los pastores] de Saduna, donde cogen muy buen alanbar [ámbar]; y en su majada yace una villa que llaman Santa. Y en Santa aportaron unas gentes que los cristianos llaman herejes”.

| Jerez desde el cerro de San Cristóbal. Detrás del toro, el cortijo de Matacardillo | Foto: J.J.L.A.

La Siduna jerezana

A nuestro juicio, el término de la Siduna andalusí, además de abarcar de punta a punta la Sierra de San Cristóbal, se prolongaba hasta los pies de los cerros donde se levantó Jerez (Saris) en el siglo IX, cubriendo el espacio (este-oeste) que media entre las carreteras de El Portal y de Jerez-El Puerto y el que separa (sur-norte) los arroyos --en la Edad Media aún caudalosos cursos fluviales-- del Carrillo o Matarrocines que pasa al pie del cerro de San Cristóbal y el arroyo Guadajabaque que corría, al pie de Jerez, por el terreno de La Hoyanca y la ‘playa de San Telmo’ de la historiografía y la tradición jerezana. Este apuntado pudo ser el espacio que ocuparía el primer término de Siduna, la radicada en Doña Blanca (743-844), que una vez convertida Saris en la capital de la cora hacia la mitad del siglo X se incorporaría a su territorio; la Saris Siduna --en memoria de su primera fundación-- que nombran las fuentes árabes de los siglos X-XI. El Jerez del que al-Razi, rememorando su pasado decía que en el término de Saris Saduña hay muchos rastros antiguos y señaladamente la ciudad de Saduna, donde ella fue primeramente poblada; y por esto lleva ella [Jerez] el nombre de Saduña, que fue muy antigua ciudad y muy grande a maravilla.

| Entorno del término de Siduna/Sidonia más antiguo: 1. Sidonia (Doña Blanca); 2. Bonaina (Puerto Franco); 3. Tiros; 4. camino de Sidueña; 5. Linde términos de Jerez y El Puerto; 6. arroyo del Carrillo; 7. Trocha de El Puerto a Jerez; 8. Matacardillo (¿Barruayana?); 9. Torrox; 10. Parpalana; 11. El Portal Viejo; 12. cerro de Gibalcón (¿aldea de Guadajabaque?); 13. arroyo Guadajabaque; 14. Jerez.

Los asentamientos andalusíes que existían en el espacio referido en julio de 1269, cuando comenzó el reparto rústico de Jerez, eran: Barruayana, junto a la Trocha de El Puerto, hacia donde está el cerro y cortijo de Matacardillo. Sus tierras, fronteras al arroyo Carrillo y al cerro de San Cristóbal, lindaban con las de Torrox, que es topónimo que ha llegado a nuestros días, donde ciertamente hubo una vieja torre: E fasta otro mojón que fue fecho en canto del camino que va a la Torre de Torrox, dice un documento de 1434. A su vez Torrox lindaba con Parparana, la actual Parpalana. Y junto al arroyo homónimo (el wadi as-sabak andalusí o río de las redes) debía encontrarse el asentamiento de Guadajabaque, por el cerro de Gibalcón, que es orónimo árabe, de Yabl(al)qull.

De la aldea de El Portal decía Juan Espínola que fue fundada por Alfonso X en el tiempo de la conquista de Jerez (1267) y poblada con cien vecinos, según constaba en su propio Libro de reparto, también desaparecido. Era El Portal --no en su actual emplazamiento sino en la boca del Guadajabaque-- que menciona una cantiga de Santa María, la de la riada que desde El Portal se llevó aguas abajo del Guadalete un puente (embarcadero) cuyas maderas fueron empleadas en el andamiaje de la iglesia fortificada de Santa María del Puerto, la que se construyó, sobre la mezquita de al-Qanatir, hacia los años 1266-67. Que fue el primer legado material --y el único que en pie ha llegado a nuestros días-- que Alfonso X dio --decía otra cantiga-- a El gran Puerto / que el Rey había mandado poblar, / que es de Santa María, / en el que él se afanaba / por hacer una buena villa; / para eso le daba gran término / por mar y por tierra, / pues el lugar es uno de los mejores / del mundo para hacer gran villa / o una muy gran ciudad.Texto: Enrique Pérez Fernández y Juan José López Amador.

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