3.681. ¿Ciudad de los cien palacios?

Hoy se cumplen 10 años de Gente del Puerto. Celebramos esta conmemoración con un artículo de Luis Suárez Ávila sobre el estado de nuestro patrimonio histórico, nuestras calles y monumentos, nuestros paisajes y entorno. Un empeño  del articulista desde joven, quien se ha preocupado desde distintos ámbitos por la preservación de éste. Suárez, nos relata como acompañó a unos visitantes durante un día de paseo por El Puerto de Santa María --Ciudad a la que no regresaban desde hacía varias décadas--,  describiendo cuales eran sus recuerdos y lo que hoy se muestra ante sus ojos. Mas de cincuenta fotografías ilustran este recorrido sentimental y no menos realista. | En la imagen, artesonado del techo a cuatro aguas del Palacio de Aranibar. | Foto: Paloma Torrijos.

I

| Antigua estación de Renfe en junio de 1972.

Hace unos días, me vi en el trance de recibir en la estación del ferrocarril de este Gran Puerto de Santa María, a un amigo de la niñez, hijo de un alto funcionario que estuvo destinado en esta Ciudad en los años cincuenta del siglo pasado. Traía en su equipaje un buen número de libros, folletos y trípticos sobre la “Ciudad de los cien palacios”, ávido por reconocerla y disfrutarla.  Los primeros que tuvimos que reconocernos fuimos nosotros. Por el móvil nos fuimos dando pistas y la verdad es que, salvo en las vestimentas que nos las describimos, para, si otros detalles resultaran fallidos, que resultaron, nos reconociéramos. Ciertamente teníamos la pinta de lo que hace sesenta años fuimos. Venía con otro compañero suyo, magistrado, y, de entre los dos, mientras subían por la escalera mecánica, distinguí a mi amigo. Él me hizo un gesto. También me había distinguido. O sea, que comenzábamos bien.

| María Ramírez de Piña, en el kiosko de prensa de la antigua estación. /Foto: Ana María Brea.

Desde el principio la estación le pareció irreconocible. Recordaba aquella de los jardincillos, el solo andén, la librería, la cantina, el Bar Villarreal, el Penal, a la derecha, y el espléndido paseo de la Victoria, el olor a vino de las bodegas y aquel letrero de “El Puerto de Santa María, Cabeza de Partido Judicial”. Pues salvo el letrero, todo lo demás, casi no existe. Cogimos mi coche y tuvimos, como es lógico, que salir a la derecha para llegar a una glorieta llena de abrojos, hierbas salvajes, basura, totalmente descuidada, y primer hito con que se encuentra el viajero que llegue por tren, junto con las paredes, en ladrillo vivo de gafas, sin enfoscar ni enlucir, ni pintar, de las casas de la llamada Barriada de “Los Madrileños”, en esta “Ciudad de Historia y Turismo”. Muy edificante.

Se sorprendió con el Monasterio de la Victoria, exento de la edificación del Penal, de donde, cuando jugábamos, con los Bermúdez Tejada en la Granja, oíamos eso de: “Alerta el uno; alerta está; alerta el dos; alerta está…”, que se nos quedó en la memoria.

| Las cuatro estatuas de mármol del Paseo de la Victoria.

Se empeñó en pasar y mirar por el paseo la Victoria que vio mermado con el Instituto de Enseñanza Media “Pedro Muñoz Seca”, (primera estación demostrativa del “orror vacui”, a fin de ocupar con edificios “funcionales”, espacios públicos amplios y consolidados, tales como la Plaza de la Pescadería o la intentona, felizmente fallida, de hacer bloques de viviendas en plena Plaza del Polvorista). --No me preguntes, le decía yo.  Porque me preguntó por la portada con las cuatro estatuas de mármol, la fuente redonda de la entrada, de la que el Alcalde Eduardo Ruiz Golluri hizo manar vino, la ermita de los Caminantes asaltada, los cuatro pedestales de piedra (quedan tres con estatuas modernas de mármol que han sustituido a las antiguas que fueron machacadas y uno de los pedestales derribado hace años por un camión del Ayuntamiento y no repuesto); faltaba la rosaleda de nuestros juegos, la  hermosa casa del Jardinero Domínguez, los bancos redondos de hierro fundido, el “Cortijo”, la gruta con su fuente, hoy convertida en una camionada de piedra vertida en el lugar;  al fondo las cuatro estatuas de terracota, tampoco estaban , ni las cráteras de hierro fundido… Al final, ni se veía la Sericícola, con su casa victoriana, pintada de rojo, ni la huerta de Romero, con sus albercas, ni la Granja San Javier, ni nada de nada. --No me preguntes, repetía yo.

| “Gruta del Paseo de la Victoria”. Atribuido a Francisco Lameyer Berenguer (1825-1877). Copia colección de Vicente González Lechuga. Original Archivo Municipal. Información facilitada por Francisco M. Arniz Sanz.

En la Avenida del Estación, ya no huele a vino. --Haz el favor de no preguntarme, insistía yo.

Pero como al final íbamos a mi casa, opté porque echaran de menos los recreos de Don Manuel Díaz, el de Eduardo Tejada el de Don Emilio Lorite, los edificios del Tiro de Pichón, la Venta del Chorizo,… Así entramos por la Vereda del Hato de la Carne y por la Valenciana, para hacernos cargo de cómo se habían parcelado ilegalmente fincas y se habían construido toda clase de casas, con calles, con luz y con agua, sin el menor respeto por el paisaje rústico y la anuencia de las autoridades.

| Cortijo y capilla de Fantova, ya desaparecidos, visto desde el Camino Viejo de Rota. | Foto: Antonio Gutiérrez Ruiz.

| Foto de las desaparecidas ruinas de la alquería medieval del cortijo de 'Las Ánimas'.

| Villa Julia. Acuarela de Santiago Díez Benjumeda.

--Qué desolación, clamaron. Volvimos  por la carretera de Sanlúcar, no sin antes contemplar las ruinas de la hasta hace unos años conservada alquería medieval del cortijo de “Las Ánimas”, ver los grandes y anárquicos núcleos poblacionales y más y más parcelaciones y edificaciones ilegales, pero echó en falta mi amigo, los recreos de “Las Banderas”, el “Ave María”,  Fantova”, “La Julia” , “El Palomar”, “Las Marías”, conocida también como “Ravina” “El Caserón”, “La Belleza”  sin su almendral; la Venta del Porvenir, de Gabriel, la casa de Rafael Marín”, el del paso a nivel del tren de Rota: “¡Cuesta arriba, cuesta abajo, ¡qué fatiga, qué trabajo!”, cantábamos, cuando veíamos pasar aquella máquina echando humo seguida de sus vagones de madera.

| Letrero del caserío 'La Angelita'. Año 2002.

Estábamos en “El Lejío”, “El Ejido de San Juan”. Allí, la Herrería de El Chico, la casa del Manco Guindate, la casa del “Ave María”, “Villa Javiera” y, a la izquierda echó en falta el imponente caserío de “La Angelita”, ejemplo de arquitectura rústica que fue, y la portada, tan airosa con su azulejo de la Santísima Trinidad, de “El Caracol”.

| Desaparecida portada del recreo 'El Caracol'. | Foto: Retablo Cerámico.

--No me preguntes, le volví a repetir.
--¿Y la Huerta de Quijano? ¿Y la de San José?, me inquirió.
--Te he dicho que no me preguntes.

Al fondo, apareció el Cementerio, con su portada en la que faltaba, lo echó de menos, el letrero de “Hodie mihi, cras tibi”, Y lo echó de menos porque nuestra tata Antonia, cuando pasábamos por allí, nos lo traducía de esta manera: “Por aguantar un peo, aquí me veo”.

| Antigua imagen de la ermita de Santa Clara.

| Vista aérea de la ermita, rehabilitada y sin uso.

¡Hombre, por lo menos está la Ermita de Santa Clara! Saltó a alegría mi amigo, sin saber que el artesonado se dejó caer y que, de pronto, surgió la iniciativa de restaurarla para nada. --Pues podían hacer ahí el Panteón de Portuenses Ilustres”, que los hay y muchos, dijo.

Calle Santa Clara abajo, Cantarería, Meleros, calle San Juan se quedó desolado al ver el magnífico casco de bodega de los Zamorano, totalmente abandonado y sin vino y  la mayoría de las casas en ruinas. Se conserva, en cambio la casita de Santa Clara, con la Santa en el dintel; la casa de Carlota Nuchera, esquina y vuelta a la de San Juan; se conserva la del Maestro Sánchez. En cambio han derribado la de Victoriano y han rehabilitado la de Py, que tenía en el dintel de mármol de la puerta, escrita a lápiz, la alineación del Sevilla C.F. con Campanal.

| Calle San Juan. A la izquierda, solar de la casa de los Fernandez-Prada

--En la calle San Juan, en tu tramo, han caído la de Prada, la de las Terry con su bodega, la de las Vergara, que está en alberca, lo mismo que la de Leveque. Nada es igual. En cambio, permanece la de Rojas, con su accesoria donde estuvo la barbería de Juan y Mateo y, enfrente, la que habitaron los Oviedo González. Algo es algo. La de Alejo y la de Manuel Buzón, también han sucumbido y han construido sobre ellas dos bloques de pisos.

II

Yo no sé si quedar en visitar lo que sea visitable. Me sugieren ir a ver el Castillo, la Plaza de Toros, la Prioral y alguna casa-palacio. Y, la verdad es que, por la cercanía, comenzamos por la Prioral.

| Nidos de cigüeñas, vegetación e higueras bravías, abriendo grietas en la piedra y destrozando las gárgolas de la Prioral.

A los pobres se les cayeron los palos del sombrajo cuando la vieron por fuera.  Entre la vegetación y las higueras bravías que van abriendo grietas en la piedra y destrozando las gárgolas, hasta el espantoso estado de la fachada, dan una penosa impresión de dejadez.  La colonia de cigüeñas con sus nidos, destructores de la piedra…

| A la Virgen de los Milagros de la Puerta del Sol, le faltan media de la media luna y la cabeza del Niño.

Me hacen la indicación de que a la Virgen de los Milagros de la Puerta del Sol, le faltan media de la media luna y la cabeza del Niño. --Eso fue, les dije, unas Navidades, hace cosa de quince años en que al alcalde se le ocurrió mandar a los de Vías y Obras para poner una gran Estrella de Oriente de bombillas, e hicieron ese desaguisado. Y hasta la fecha. Dimos la vuelta hasta la portada del Perdón y echó en falta la baranda del campanario y los hermosos yugos de las campanas y la falta de la carraca.

| Fotografía antigua del patio de columnas de la casa número 5 de la calle San Sebastián, con una bonita estampa del jardín posterior, que se puede observar, rabioso de vegetación y luz, a través de las rejas, hoy también desaparecidas. Durante el cierre de la casa cuando es dejada de habitar,  hasta su rehabilitación como viviendas modernas, el noble edificio fue despojado --¿expoliado?-- de los elementos de ornato interior que la distinguían: el barandal de palosanto, las puertas de casetones y cuarterones de caoba, la yesería de las bóvedas, etc... Al menos quedó el escudo exterior de quienes lo mandaron construir y que vemos en la fotografía de mas abajo.

--Acuérdate, decía, que desde el mirador de la casa de Antoñito Márquez (San Sebastián, 5) la veíamos. Aquella casa con portada blasonada, con aquel patio de columnas, con la escalera con cúpula de ricos y artísticos estucos, con su barandal de palo santo, con su fresquera, con su jardín y aquellos dos nogales que daban nueces tan buenas. --Pues olvídate, la han rehabilitado: no quedan ni las puertas de cuarterones. En el jardín han construido apartamentos y toda la casa está dividida en pequeños partidos. No me hagas hablar.

| A la derecha, frente a la Capilla de la Aurora, casa de la calle San Sebastián, 5, número 38 en la numeración antigua del siglo XIX, que aún conserva en azulejo en la fachada de la puerta principal.

Al mirar a la capilla de la Aurora, se sorprendió con que estuviera cerrada. --Está a punto de caerse y con ella los estucos de su cúpula y sus bóvedas. Y los más grave es que dentro aún están, para un día confundirse con los escombros, los bancos con los escudos de los Duques de Medinaceli y muchos cuadros que estuvieron en la Prioral, entre ellos la magnífica Inmaculada, que estuvo en el ábside.

| El paso del San Pedro que hasta 1948 formaba parte del cortejo de la hermandad de la Humildad y Paciencia con la imagen, de cartón piedra, destrozada a raíz de un fuerte aguacero tras haber quedado olvidada en el patio trasero de la Prioral.

Mi amigo recordaba a Barrabás y Marquillo de cartón piedra; a San Pedro con su gallo de lo mismo y a los dos romanos altísimos, también de cartón, todos obra de Magaña, que se perdieron una vez que llovió en la procesión del Jueves Santo.

| La farola estuvo en el centro de la plaza de la Iglesia, que cayó tras un vendaval. Con posterioridad la colocaron en el Parque Ruiz-Calderón y en la actualidad, en la plaza de los Jazmines, frente al hotel Duques de Medinaceli.

Recordaba también, cuando la farola del centro de la Plaza de la Iglesia, se cayó en un vendaval y la quitaron; se acordaba del día en que se colocó --era el año 1954-- la primera piedra del Monumento a la Inmaculada; se acordaba de la casa de don Serafín; de la de don Juan Vencelá, de la de la Marquesa de la Candia, donde vivía la “del Calamar”, magnífica camisera; se acordaba del Almacén del Santolio; de la casa de Antonio Pérez y su droguería, Se acordaba…

| Antoñito el Sacristán.

Pues se acordaba hasta de Antoñito el Sacristán y de Pepa la de las sillas y hasta le salieron del alma, cantando aquellos versos:

La Iglesia Mayor Prioral
orgullosa debe estar,
porque encierra en sus capillas
a Pepa la de las sillas
y a Antoñito el sacristán.

--Si tienes fortaleza de ánimo entramos. Aquí cada cura ha hecho lo que le ha venido en gana. Y me vas decir todo lo que echas en falta.

Entramos por la puerta del taller, subimos la escalera. Faltaban la Sala Capitular de la Real y Pontificia Archicofradía del Santísimo Sacramento; el curato neoclásico, toda una joya; faltan, en la sacristía, el reloj de mesa inglés sobre la ménsula dorada rococó; los cuadros con escenas de la vida de San Francisco… Le añadí que faltaban muchos ornamentos porque un sacerdote anglicano convertido optó por echarlos a la basura. La capilla de San Pedro, donde faltan los cuadritos al óleo del Vía Crucis y los dos retablitos laterales con un Crucifijo y una Dolorosa; falta también un crucifijo --que un cura-- le dije, regaló al colegio de Lasalle.

| La Vía Sacra, las rejas que iba desde el coro al altar mayor, permanece amontonada en el patio trasero de la iglesia.

Total que le insistí en que, en el cuerpo de la Iglesia me dijera qué notaba en falta. Pues –me dijo--, la hermosa Vía Sacra, del coro al presbiterio;  en el Sagrario, el hachero neoclásico con el pelícano dando su sangre a sus hijos; el púlpito, en la nave de la Patrona, desde donde el Padre Ruiz Andreu predicaba todos los domingos; el retablo de la Soledad Chiquita y el de la Misericordia, que han sido sustituidos por unos que parecen de Muebles Lirola; faltan algunas lámparas; faltan los cuadros (están apilados, les dije, en la capilla del Bautismo, dentro de esos grandes armarios pudriéndose); faltan los libros de coro miniados en pergamino (están en otro armario, ese verde, de la capilla de la sillas, donde estarán totalmente comidos de termitas, porque, desde hace más de treinta años, no se les ve el pelo); faltan las mesas de altar de los retablos de Santa Ana y San Francisco Javier; faltan las dos consolas imperio de la capilla del Rosario; en la del Nazareno no reconoció al Cristo tuneado; y se sorprendió con la vestimenta de Santo Tomás de Villanueva, aquel al que su madre le rezaba con la oración de:

| Esta oración impresa era de Aurora Gutiérrez Rodríguez-Madrazo --abuela del autor de esta nótula-- y era muy común rezarla a Santo Tomás de Villanueva, en la Prioral. | Ilustración: Colección L.S.A.

Echó en falta mi amigo la en otro tiempo famosa lotería de las Ánimas Benditas, en la puerta de su capilla. Se trataba de un juego en el que girando una perillita, por una ventanita, salía un número. Ese número lo mirabas en una lista y se rezaba por el que hubiera tocado: por las almas de los Obispos más necesitados de sufragios, por las meretrices, por los marineros ahogados en el mar… Y esa era la distracción de las beatas fijas y fijas discontinuas de la Prioral.

--El equipo de restauración de la Academia de Bellas Artes, poco a poco, va restaurando algún cuadro, siempre que se lo permiten los medios con que cuenta y las aportaciones de los socios.

Como la puerta del Campo estaba abierta, nos permitimos entrar el corral, antiguo cementerio de la Prioral , donde el magnífico Vía Crucis de cerámica del siglo XVIII ha sido mutilado por un monaguillo de los años 40, picando con una piedra las caras de los romanos y los judíos; donde en la bóveda estuvieron los dos artísticos “palenques” de la Hermandad  de San Pedro de Venerables Sacerdotes, los restos de los grandes túmulos de los funerales de Felipe V y de Carlos III que se usaron después para el monumento del Jueves Santo, los dos pasitos que se sacaban en el Corpus junto al templete de la custodia, con la Cruz de Mayo y el relicario del Lignum Crucis y las reliquias de San Pedro y San Pablo; una cantidad de objetos e imágenes que fueron desalojados y tirados a la basura por un cura, para establecer allí una Asociación Parroquial Juvenil, de vida bien efímera.

Me recordó mi amigo el magnífico sonido de los órganos del coro, cuando los tocaba Don José de la Rubiera, que nos llamaba la atención por su elefantiasis, y luego el Maestro Don Francisco Dueñas. --Pues no suenan, le repuse, están estropeados desde hace más de cuarenta años aunque parece que hay cierta inquietud por restaurarlos por una Fundación Vicuña, en la que tengo gran fe.

Tengo que decir que lo primero que hicimos fue visitar a la Dueña, a la Virgen de los Milagros en su capilla tan bien cuidada por la Archicofradía y Esclavitud de la Patrona. De repente, le salió a mi amigo de su alma aquello de los gozos:

Pues por Divina Patrona,
te venera esta Ciudad:

a lo que yo contesté:

Dulce Madre de Milagros,
ten de tus hijos piedad.

Y nos miramos complacidos de haber recordado aquello que él tenía muy lejano. Estuvimos un rato contemplándola en su camarín, silenciosos y admirados.

| Capilla de la Virgen de los Milagros. Monumento del Jueves Santo, construido con los restos de los (escalinatas y balaustradas) de los túmulos funerarios que se levantaron a la muerte de Felipe V y Carlos III, en la Prioral.

--Aquí está la sacristía propia de la Virgen, me dijo al bajar. Pues yo le tuve que decir que “estaba”, porque en la actualidad está llena de cachivaches y de toda la orfebrería de la Iglesia colocada de aquella manera.

Él se acordaba de cuando, en tiempos de don Antonio Cía, la capilla del Rosario, la cuidaba amorosamente Doña Ángeles Domecq; la del Nazareno, mi madre,  Mercedes Ávila; la de la Misericordia, su hermandad; la de la Soledad, la suya; la de Santa Rita, mi abuela Aurora; la de Santo Tomás, las hermanas Terry; la del Santo Ángel, Doña Isabel Rufoni; la de San José, Carmen Pérez y Valentina; la de la Soledad Chiquita, don Cástor Montoto; la de las Ánimas, Doña Matilde Reynolds; la de San Antonio Doña María Gálvez; la del Sagrario, la Archicofradía del Santísimo y así todo iba en perfecto orden. No había pieza despegada, que no se pegara inmediatamente; no había desperfecto que no fuera enseguida reparado. No faltaba de nada.

Ahora la Prioral es Basílica Menor, pero no creas que ha cambiado nada. Se consiguió el título de Roma, pero las obligaciones que ello impone, ni siquiera se cumplen. ¿Tú crees que el día de San Pedro se celebra como manda el título? Pues no. Ya ni se pone en el altar mayor la imagen de San Pedro, con su sillón, su capa, su tiara, su cruz y sus llaves… Tú te crees que no tiene ni tintinábulo, ni conopeo, sino que se piden prestados a Santa María de Arcos. ¿Te acuerdas? La “Perla de la Archidiócesis” era llamada esta Prioral cuando pertenecíamos a la de Sevilla.

--Glorioso tiempo aquel, dijo mi amigo, en que en los Seminarios hacían estudiar a los seminaristas varios cursos de Historia del Arte, porque cuando fueran destinados a sus parroquias tendrían muchos en su poder auténticos tesoros artísticos que tendrían que valorar, cuidar y conservar. Y es que ahora, ni saben Historia del Arte, ni saben latín, que es el idioma que, de toda la vida, han entendido perfectamente Dios, la Virgen y los Santos.

III

¿Qué te parece si cogemos el coche y damos un paseo hasta la Plaza de Toros?

Admirado por el estado deplorable de las casas y edificios, mi amigo recordó los bandos que todos los años publicaban los alcaldes invitando a revocar y pintar las fachadas. Y la gente los obedecía. Este era un pueblo blanco, limpio; la gente no amontonaba la basura y los muebles viejos y así quedan días y días, a cualquier hora; el centro estaba poblado, todas eran familias, de todas las clases, que conocíamos hasta por cuatro apellidos.

| Derribo a piqueta en 1969 del Palacio de Cumbre Hermosa, en la esquina de las calles Valdés y Avda. de la Bajamar. En la actualidad existen unos cascos de bodega.

Lo malo han sido los “paracaidistas”, que caen aquí, no se sabe de dónde han venido, hacen dos o tres despropósitos, derriban un palacio, lo hacen apartamentos con cocina americana, de uno o dos dormitorios, y se van. A veces, ni eso, dejan el solar en alberca y, si te vi, no me acuerdo. Esto, desde el cielo, parece una cuidad bombardeada. En los años 60 del siglo pasado, se le perdió el respeto a El Puerto. Su urbanismo en damero, que heredaron las ciudades hispanoamericanas de esta Ciudad, está desapareciendo en el centro histórico; todo se reduce a hacer cuanto más calles peatonales, mejor; cuanto menos aparcamientos, mejor, cuantos menos aceras, mejor.

| A su paso por El Puerto en 1965, el fotógrafo Masats tomó esta imagen de la calle Misericordia, cuando estaba asentada sobre adoquines bien escuadrados --típicos de El Puerto, que desaparecieron con la última remodelación del llamado urbanismo comercial--, delante del Colegio de las Esclavas y ‘La Bodeguita’ de González Rico, hoy cafetería de la familia Besteiro. La imagen se encuentra en el Centro Nacional de Arte ‘Reina Sofía’ (Madrid), según documenta José Antonio Tejero.

Los adoquines que pusieron el maestro Palomino con la colaboración de la familia del “Demonio” y sus hijos, venidos de Gerena, están siendo sustituidos por unos de conglomerado de granito, cortados con láser, que duran ”mantente, mientras cobro”. Aquí, entre que no dan licencias de obra, o cuando te las dan es al cabo de dos años, el caso es que aburren  a María Santísima.

| La Real Plaza de Toros, restaurada parcialmente, y cerrada a las visitas.

Y, hablando, hablando, ya tenemos delante a la Real Plaza de Toros. A mi amigo le sorprendió el monumento a Paquirri, y el otro al toro de Javier Tejada. Por la puerta 59, la principal, entramos. --Ahí está., como siempre, el mural de azulejos de Joselito: “Quien no ha visto toros en El Puerto, no sabe lo que es un día de toros”, y otros nuevos: la décima de Aquilino Duque, la del homenaje a Álvaro Domecq, la del homenaje a Galloso, la de recuerdo del promotor de la Plaza, Don Tomás Osborne Bölh de Faber… En el centro del ruedo, tuvo la visión de la plaza restaurada cuidadosamente con los colores originales. --Está igual, pero con otros colores, dijo. Y es que mi amigo no sufrió la etapa de la “reconstrucción” de cuadradillos de hierro, toda pintada de verde. Mi amigo la recordaba con estos hierros de hoy, pero de gris, cuando los americanos regalaron al Ayuntamiento pintura de sus barcos y los colorines originales desvaídos fueron tapados.  Se llevó años y años toda gris, aunque el palco de la presidencia tenía aún sus tonos, pero descoloridos.

| 'El Tigre', en la puerta del Hospitalito. Protagonizaba diversos números en las charlotadas taurinas que se celebraban en la Real Plaza de Toros. Disfrazado como Hombre Yerba, 'el Tigre' permanecía quieto mientras la vaca comía la yerba, al quedarse descubierto, 'El Tigre' emprendía la huída. Otro número de 'El Tigre' fue el de retratista al minuto, con su máquina, trípode y cubito, vestido con un baby, esperando la salida del 'morlaco' del toril y recibirlo a porta gayola, con el resultado de que la máquina salía despedida por los aires y 'el Tigre' salía corriendo.

Sintió una gran emoción, se le veía, cuando me relataba los desencajonamientos, a los que íbamos, con las rifas del dormitorio, la máquina de coser, las cajas de vino o las entradas para el día siguiente. O las charlotadas con “El Tigre”, “El Caneco”, “La Farfolla” de presidenta o “Cándida la Negra” pidiendo la llave del toril, montada en un burro, y su parte seria con Elías Vaca “Vaquita”… las inenarrables tardes con Luis Rojas “Rojitas” y con Isidorito Peinado…

--¿Y los clarines, siguen?  ¡Qué hermosos toques de clarines los de Arce y Viñas!

--¿Te acuerdas cuando la gente se colaba en la plaza marineando por la fachada hasta lograr alcanzar una ventana donde agarrase y entrar? ¿Te acuerdas de la parada de cabestros de don José Luis Osborne, con sus cencerros y el boyero, mandándolos con la honda y la voz? ¿Te acuerdas del tiro de mulillas de Pacurri?...

En estas estábamos, cuando nos dio por salir, dar una vuelta por la Plaza del Ave María y ver la impresionante fachada del Colegio de San Luis Gonzaga. --Pues hoy esta parte es un edificio municipal. Ahí están el Archivo Histórico, las Concejalías de Cultura y Educación y el Centro de Patrimonio Histórico, que no sé por qué no está en Urbanismo, que falta le hace. Este fue el Colegio más importante de la Baja Andalucía.  En él se educaron Juan Ramón Jiménez, Pedro Muñoz Seca, Rafael Alberti, Dionisio Pérez, Fernando Villalón, Manuel Halcón, Jesús Pabón, Rafael de León; se dice que fue el “colegio de los poetas”. Hoy tiene su entrada por el fondo y es concertado. ¡Ya quisieran muchos pueblos tener una plaza mayor como el patio de este colegio!

| Patio central colegio San Luis Gonzaga.

Mi amigo se sorprendió con que la huerta del Colegio está construida con casas de dos plantas, rodeándola, y al ver la calle Valdés, sin la Barriada del 18 de Julio, ni las huertas del Granado, de Alcántara, de Malacara, de Vinagre y de la de Cuesta.

--Por ahí, por el Camino de los Enamorados, se llegaba a la playa, por la huerta de Crevillet, de don Pantaleón Sánchez Robledo, y las dunas de San Antón. --Pues si te digo que los Baños Termales de la Puntilla fueron derribados, sin oficio ni beneficio… Bueno, lo del beneficio, lo retiro, porque las impresionantes bañeras “romanas” de mármol fueron aventadas y no se sabe dónde fueron a parar. Alguien las tendrá.

| Baños Termales de La Puntilla | Foto: Colección Antonio Gutiérrez.

Echó en falta el Asilo de las Hermanitas de los Pobres y los inhóspitos cascos de bodegas a punto de caerse, cuando no ya caídos. --¡Qué desolación! Y, ¿no hay una autoridad que les obligue a hacer ese I.T.V. de los edificios que se llama I.T.E.?

--Mira, pues le mandan la I.T.E. a cualquier viejecita pensionista de la calle Espelete para que ponga nuevos todos los techos de su casa, pero ni los cascos de bodega, ni siquiera los edificios municipales, que están todavía peores, cuando debían de dar ejemplo, están de recibo. Fíjate que ni las sentencias judiciales las ejecutan, cuando está mandado ejecutarlas. ¿Te acuerdas de la Casa de las Cadenas, donde Felipe V, Isabel Farnesio y los Infantes estuvieron dos veranos?, pues la mitad del palacio fue derribado y está mandado, por sentencia firme que se reedifique.

| La parte trasera derribada del Palacio de las Cadenas, presenta este lamentable aspecto.

Pues nada, los palacios de Las Cadenas y el de Aguado están para caerse; el de Cumbre Hermosa, fue derribado, el de Purullena expoliado y, ahora se dice que reconstruido, pero nada, han hecho un edificio de los llamados “rehabilitados”… Si pasas por la calle Larga la verás irreconocible, faltan casas y casas, verdaderamente palaciegas; si por la Bajamar, no verás aquellos cerca de trescientos barcos de pesca que había, dando de comer a tantas familias; las aserradoras de cajas de pescado, los talleres y efectos navales, las vendedurías…

| Las ruinas del Vapor, en lo que queda del varadero Guadalete.

Ni siquiera el vapor Adriano III, que se hundió del peso de ser B.I.C., declarado por la Junta de Andalucía, y se pudren sus restos en el varadero de Neto; el comercio, en centro, sestea o está cerrado y los locales se venden o alquilan, sin futuro; Bancos y bares, es lo que hay.  Y, aunque, el llamado Palacio de la Capitanía General de la Mar Océana lo derribaron, se instaló allí “Romerijo”, que ha sido el motor de la plaza de la Herrería, de la calle Misericordia, de la plaza de la Cárcel y de la Ribera.

| Antes de su derribo, el llamado Palacio de la Capitanía General de la Mar Océana, donde hoy se encuentra Romerijo.

| El Palacio de Aranibar, en 1972.

| Palacio de Aranibar, rehabilitado, sede de Turismo.

| Rehabilitación del Palacio de Valdivieso. 1983.

| Palacio de Valdivieso, rehabilitado, sede de Urbanismo.

| Ajardinamiento de la plaza del Polvorista en 1970.

| Palacio de Reynoso Mendoza, rehabilitado, oficinas municipales en la plaza del Polvorista.

En cambio se rehabilitaron, no se restauraron, que restaurar es otra cosa, los Palacios de Valdivieso en la calle Conde de Osborne, que es la sede de la Concejalía de Urbanismo, y el de Araníbar, en la Plaza del Castillo, que fueron los Juzgados y hoy es la Concejalía de Turismo, o el de Reinoso que fue Ayuntamiento durante un tiempo.

El Teatro Principal ardió a mediados de los ochenta y fue una gran desgracia. Peder aquel teatro tan hermoso, que a mi me recordaba el de Carlos II de El Escorial, fue una lástima. Estuvimos muchísimo tiempo sin teatro hasta que rompió la cosa en utilizar el solar del cuartel de la Plaza del Polvorista, conservando la mitad de la fachada principal y las otras fachadas y, sobre él, construir un estafermo.

| Salón de baile del Palacio de Purullena.

| El salón de baile del Palacio de Purullena, ya destruido.

Desde los años setenta y tanto se intentó un amago de museo que recogiera las piezas de las excavaciones fenicias del Castillo de Doña Blanca; luego se le dotó de una Sala en el Hospitalito, pero el Museo, Museo, la verdad es que no ha cuajado, aunque hay piezas para llenar uno y muy bueno, pero están en los almacenes dispersas y desaprovechadas.

Saltan a veces voces que prometen en todas las campañas electorales, hacer un Museo Taurino en los bodegones de la Plaza de Toros, e incluso un Museo de los Cargadores a Indias, o un Museo del Vino. Todo se queda en palabras, en bonitas promesas y, al final, nada de nada.

| Escalera imperial del Palacio de Purullena.

| Tras la rehabilitación, el mismo espacio del Palacio de Purullena, visto desde el lado contrario.

Pero lo cierto es, como te digo, que a El Puerto se le perdió el respeto desde los años 1960 hasta hoy y parece que sigue. Aquellas casas con tapices, plata, pintura, porcelana, alfombras y mobiliario exquisitos, han desaparecido. Me duele ver en las revistas de decoración que en un chalet de Sotogrande, o en otro de Marbella, por ejemplo, haya un barandal de escalera de palo santo, o unas rejas, o unas estatuas de mármol, o unos muebles, o unas alfombras, procedentes de  palacios de El Puerto de Santa María; o que en Madrid se expongan por la Fundación March diez Tiépolos adquiridos de un palacio de El Puerto; o que salgan a subasta los ladrillos de por tabla de cerámica pintada del XVIII, expoliados del Palacio de Purullena. El Puerto se ha vendido en almoneda. Los anticuarios, los derribistas, los “paracaidistas” y los ávidos depredadores han hecho su agosto con esta Ciudad.

IV

De una en otra, sin detenernos mucho, hemos visto escabechina del picudo rojo en las palmeras de la Avenida Micaela de Aramburu, las del Parque, las de la Avenida de los Baños, el deterioro del Parque de Calderón, el cierre del Hospital de San Juan de Dios, que se cae y la destrucción de su farmacia, con sus anaqueles, sus albarelos, sus pesos de precisión. ¡Si sor Gregoria levantara la cabeza!

Al pasar por la Plaza de Cristóbal Colón la vio parecida, casi idéntica, pero sin la pérgola, casi como la diseñara en 1938 Juan Ávila. Pero al fondo, no estaba la Posada de Antonio Manso, el compadre de don Juan de Austria. Al fondo, han levantado un enorme bloque de pisos, que ni cuadra con esa plaza, ni con la contigua de Alfonso X.

Y el castillo, el castillo de San Marcos, el santuario fortificado de Santa María do Porto, objeto de veinticuatro Cantigas del Rey Sabio, todo un cancionero propio, el mejor cancionero marial de toda la Edad Media. Es el monumento fundacional de El Puerto, el más significativo, el que nos retrata. Menos mal que cayó en manos privadas, la casa Luis Caballero que lo mima, lo tiene abierto al público y además ha construido un edificio anejo, por la calle Pozuelo, que dedica a la Cátedra de Estudios Alfonsíes, con una magnífica biblioteca monográfica sobre la vida y la obra del Rey Sabio; organiza cada dos años, la Semana de Estudios Alfonsíes, con la asistencia de catedráticos españoles y extranjeros y publica la revista “Alcanate”, que es el nombre árabe de esta Ciudad.

El castillo se construyó sobre una mezquita y aprovechó elementos romanos. Alfonso X lo convirtió en santuario de Santa María del Puerto “por otro nombre Nuestra Señora de los Milagros”, la Patrona. El castillo sirvió de fortaleza, de iglesia, de lugar donde se reunía el Concejo, de residencia de los Duques de Medinaceli que acogieron a Cristóbal Colón y a Juan de la Cosa; el castillo que terminó en el siglo XIX por ser casa de vecindad. En los años 1940 fue restaurado por la condesa de Gavia, su propietaria, con el asesoramiento del historiador don Hipólito Sancho y volvió a convertirla en iglesia presidida por la imagen de Santa María de Sidueña. A la muerte de la condesa la heredaron unos frailes franciscanos, se recuerda al Fray Pedro, larguirucho, que vendió el monumento a la firma vinatera Luis Caballero que, ciertamente lo mima, lo repara y conserva para admiración de propios y extraños.

En cambio, la plaza del Castillo ha roto el urbanismo en damero, no se rodea por calles y ha perdido todo aquel misterio que tenía. Que no esté mal, es una cosa, pero otra que los arquitectos deben saber que los árboles crecen y plantar un árbol pegado a una farola es un peligro, incluso de incendio.

El Puerto está desconectado en sí mismo, está descoyuntado, muchas calles se han cerrado, rompiendo el urbanismo tradicional que, en la novela picaresca de los Siglos de Oro, llamaban los pícaros al seis de la baraja “las calles de El Puerto”, porque los palos de esa carta estaban dispuestos de forma que quedaban esas calle paralelas y perpendiculares, como las que en El Puerto había.  Por ejemplo, hoy no se puede venir de la calle Diego Niño a la calle Nevería; ni se puede ir de la calle Misericordia a la Bajada del Castillo; ni la Bajamar se conecta con la Plaza de las Galeras Reales; ni… El urbanismo en damero que exportamos a América, y que allí se conserva, se ha perdido en la Ciudad de referencia de origen.

No hemos tenido suerte con los Ayuntamientos que nos han tocado. Algunos munícipes son sólo inservibles vitaminados que decía un amigo mío.  Se han despreocupado de la Ciudad, que ni les va ni les viene. Aquel Real Decreto 3038/1980 de 4 de diciembre por el que se declaró a El Gran Puerto de Santa María Conjunto Histórico-Artístico, no ha servido para nada; luego que la Junta de Andalucía que asumió las competencias y, ahora, desde hace bastantes años, nos marean con el Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Casco Histórico y su Entorno (PEPYRICHE), que me suena a aquello de Dámaso Alonso “Del Siglo de Oro a este siglo de siglas”. El Puerto está parado.

Desde 1968 se urbanizó la finca de Vista Hermosa y resultó genial; luego, El Manantial; más luego, Valle Alto y, a imitación, porque fue mimetismo, todo el mundo quiso tener su parcela con su chalet, y se destrozó el paisaje rural de El Puerto, con parcelaciones ilegales, con construcciones ilegales, con saneamientos ilegales—pozos ciegos que han contaminado todos los acuíferos—pero con la anuencia de las autoridades que han dado enganches de luz y agua.

| Manifestación contra el talado de pinares en Bahía Blanca.

Se han talado pinares y pinares, aquellos que en la costa de el Puerto sembró Don Juan Camacho Jaina, el que donó el Sagrario de plata de la Prioral, el portuense primer editor de sor Juana Inés de la Cruz.  Pero tenemos casi dieciséis kilómetros de playas, magníficas. Aunque en un folleto turístico de Jerez, anuncian como suyas: “Playas de finas arenas”.

Pese a todo, los visitantes quedan admirados, porque no van al centro. El Puerto que está diseminado en urbanizaciones, se ha quedado sin la estructura de otras ciudades.

Pero a nuestras autoridades se les llena la boca con lo de “La Ciudad de los cien palacios”; “Ciudad de Historia y Turismo”. Aunque nuestras autoridades, de verdad, lo que hacen es ver pasar los días y estar más quietos que Don Tancredo.

V

Fue un día muy intenso, mi amigo y su amigo, ya amigo mío, se tuvieron que marchar sin ver otras muchas cosas. Mi amigo recordaba la idílica ciudad de los años 50, nuestras excursiones a las cuevas-cantera de la Sierra de San Cristóbal, cuando íbamos de llevar pan, queso de los americanos y leche en polvo a sus habitantes.

| Las cuevas cantera, en explotación, en una imagen del pasado.

| En el segundo, tercer y cuarto del siglo XX existieron iniciativas varias para recuperar las cuevas para el turismo, hasta ahora, sin éxito. ¡Que envidia de las cuevas de Palermo o, en otro estilo, las de Lanzarote!

| Lamentable estado que presenta una de las cuevas canteras.

Aquellas cuevas que son verdaderas catedrales subterráneas, que no se han aprovechado como atractivo turístico y permanecen llenas de basuras y lugar de vaciadero de escombros. El tiempo había discurrido más rápido de lo que quisiéramos. Con lo visto, quedó claro que casi no reconoció la ciudad. Y, con pena y nostalgia, los vi embarcar en el tren que les llevó a una capital de provincia lejana, donde son autoridad y donde las cosas se ven de otra manera. | Texto: Luis Suárez Ávila.

8 comentarios en “3.681. ¿Ciudad de los cien palacios?

  1. Tere Marroquin Nieto

    Una pena muy grande me da, al leer este gran articulo sobre lo que fue el Puerto y lo que es ahora. Muy indignante que nadie en el ayuntamiento ha tenido la conciencia de preservar tantas joyas que el Puerto ha tenido...mucha pena..

  2. Jesús Suárez Avila

    Todo lo que cuenta Luis no sirve para nada porque es un problema de sensibilidades, cultura y educación.

  3. Margarita Vistabella

    Enhorabuena por los diez años de vida de gente de El Puerto, no por la situación de nuestra ciudad que es tan complicada....

  4. Milagros Muñoz Gil

    Magnifico trabajo, tengo en breve 69 años y muchas de las imágenes y las cronicas las reconozco es una suerte que sigan habiendo personas que les preocupe la ciudad y sus habitantes, mi enhorabuena por los que seguís haciendo historia de la historia de mi Ciudad , El Puerto de Santa María.

  5. Teodomiro Cardoso Alcántara

    Muy buen recorrido por El Puerto abandonado Luis. Y aún quedan muchos hitos abandonados al tiempo y lo que su fluir natural les depare, venciendo las oportunidades y posibilidades de hacer de esta ciudad una acogedora y atractiva ciudad para todos: hospital de San Juan de Dios, castillo de Santa Catalina, edificio "de la Aduana", recuperación pública de El Resbaladero etc etc.
    Y nunca es tarde, siempre hay tiempo para que aflore en algun momento la sensibilidad de nuestros políticos. La de todos sin excepción. Se trata de apostar por la cultura para disfrute colectivo y respetuoso motor económico.
    Y es esencial habitar los centros de las ciudades. Ningún plan dinamizador comercial del casco antiguo tendrá éxito mientras no se lleven a cabo planes creativos para su repoblación.

  6. Juan B. Poquet Grimalt

    No se si darle a el emoticono de llorar...de indignación... de pena... de rabia e impotencia... todos esos sentimientos he sentido al leer y ver las fotos. Muy bien expresado con su fina pluma... la de quien le duele el deterioro y expolio de nuestra ciudad. Luis Suárez gracias por mantener y transmitir la memoria histórica de lo que fuimos.

  7. Carmen González

    Magnífico artículo de Luis Suárez Ávila. Según iba leyéndolo me pasaba como a él: tristeza, desilusión, rabia y pena... mucha pena del deterioro de una ciudad que no se merece el trato que se le da por parte de todos, ¡¡¡Sí, de todos!!!

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