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4.370. Antonio Gómez Sánchez. ‘La buena madre’ Capataz de Bodegas Osborne

Antonio Gómez fue uno de los últimos capataces de bodega a la antigua usanza en El Puerto de Santa María, que sentía el vino del Marco del Jerez de forma romántica como algo suyo, que ponía el alma en cada detalle de su elaboración y crianza, que conocía sus raíces, sus métodos y sus tiempos, pero que no entendía el vino como un producto industrial que hubiera que someter a la tiranía del cronómetro, la planificación y los rendimientos. Y a ello dedicó su vida laboral, anteponiendo con frecuencia estos quehaceres a su vida personal.

1919
El año de su nacimiento era alcalde de El Puerto, Ernesto S. Piury Dagnino. Era el segundo año de la mal llamada ‘Gripe Española,’ pandemia apenas tuvo incidencia en nuestra Ciudad en 1919. 

Aquel fue un año plagado de conflictos a nivel nacional, por la situación política y de empleo en España. La sociedad que aglutinaba al gremio de arrumbadores estaba en desavenencia con los Criadores y Exportadores de Vinos, alcanzando el conflicto tales cotas gravedad que se llegó a producir el cierre patronal al inicio del verano. 

|  Vapor ‘Puerto de Santa María’  embarrancado en ‘Boca Chica’ (Puerto Real). La Unión Ilustrada. Año XI. N 489. 23 de enero de 1919.

El Vapor ‘Puerto de Santa María’, propiedad de la naviera Millán que hacía su recorrido entre El Puerto y Cádiz, se perdió en aquel año por varada, embarrancando en la zona de ‘Boca Chica’, cerca de Puerto Real. La sociedad ‘Electra Peral Portuense’ recibía autorización para ocupar una parcela en la margen izquierda del río Guadalete para construir una Subestación de Transformación de energía eléctrica.

| Anuncios en la Revista Portuense en 1919

Juventud y Guerra Civil
Aunque su nombre era José Antonio, todos lo llamaban Antonio, como su padre. Nació en 1919 y fue el hijo mayor de Antonio Gómez Serrano y Milagros Sánchez Márquez, que se casaron en 1917 en la iglesia de San Joaquín. Su padre era el casero y jardinero del recreo el Pinar de los Osborne y era conocido en El Puerto como Antonio "el de la Tartana" porque iba con frecuencia al centro a hacer los recados y las compras con una tartana, que era como la camioneta de la época. La temprana muerte de su madre, a la que estaba muy unido, en 1932 cuando sólo tenía 13 años, entristeció su infancia y lo marcó para el resto de su vida. 

| Antonio y su novia Ana, de novios, en la plaza de la Cárcel.

Allí vivió Antonio hasta que se casó en 1949 con Ana Benítez Sánchez (Ver nótula 417 en Gente del Puerto), a la que había conocido en el mismo Pinar, donde ella trabajaba por aquel tiempo al servicio del II Conde de Osborne Tomás Osborne Guezala y de su mujer Elisa Vázquez García de la Serna. Fue aquel un noviazgo mantenido en la distancia de forma obligada, debido a su movilización militar durante seis años, pero a su regreso se intensificaron las relaciones y se casaron 

| Antonio, al año y medio de ser movilizado, el 11 de septiembre de 1939.

Antonio empezó a trabajar de aprendiz en la bodega Osborne en el año 1934, cuando todavía no había cumplido 15 años. Pero en abril del año 1938 fue movilizado a la guerra civil y destinado al 221 Batallón del Regimiento de Castilla nº 3 de Sevilla, con un paso de corta duración por la unidad mixta italo-española Flechas Negras. Le tocó combatir en los frentes de Córdoba y Extremadura, donde cayó gravemente herido en la cabeza y la rodilla izquierda en agosto del año 1938 en la localidad de El Zújar, en las proximidades de Castuera. Debido a la gravedad de sus heridas debió pasar por  los Hospitales Militares de Córdoba y Sevilla hasta su restablecimiento. Después, volvió al frente en Córdoba, Montoro, Bujalance y El Carpio hasta la terminación de la guerra. Por actos de guerra le concedieron una Medalla de Campaña, una Cruz Roja y una Cruz de Guerra. Posteriormente fue destinado a la Maestranza de Artillería de Sevilla donde estuvo en misiones de vigilancia de convoyes con destinos temporales en Córdoba, Baena, Martos y La Laguna (Tenerife) hasta 1944. 

| Antonio Gómez, tercero por la izquierda, en una fotografía tomada en la bodega el 13 de marzo de 1944

Trabajo en la bodega
Una vez terminada la movilización, Antonio se reintegró a su puesto en la Bodega Osborne en abril del año 1944. Antonio, era un trabajador incansable y responsable hasta límites inimaginables. Para mejorar su formación que había debido abandonar a causa de la guerra y aumentar sus expectativas laborales, Antonio estudió por correspondencia, con enorme esfuerzo por su parte, en el Instituto Popular Politécnico de Sevilla. Empezó en 1947 y obtuvo en primer lugar los certificados de estudios primarios y secundarios y posteriormente el diploma de especialización en Química y Enología en el año 1964. 

| Carnet de Instituto Popular Politécnico que le acreditaba como especialista en Química y Enología, en 1964

Sus hijos le recuerdan como por las noches dedicaba el poco tiempo libre que tenía a estudiar y hacer los ejercicios y exámenes, restándole horas al sueño. Y eso después de jornadas de trabajo muy prolongadas y extenuantes, porque había que hacer muchas horas extras para sacar adelante una familia con siete hijos.  Este esfuerzo le sirvió para ir subiendo en el escalafón de la empresa hasta llegar en primer lugar al puesto de Capataz General de las bodegas de Brandy y después de las bodegas de Vino. 

| Antonio, el tercero por la derecha, con una cuadrilla de trabajadores de la bodega. 29 de abril de 1954.

El trabajo, artesano y a mano
Los tiempos de la posguerra eran de hambre, de cartillas de racionamiento y de extrema necesidad para muchos y el trabajo en bodega era muy duro porque todo se hacía a mano.

| Portada de una cartilla de racionamiento de 1952. Aparecen los sellos de Ultramarinos La Argentina y Panadería Rascón. En la hojilla de la derecha, cupones para pan o harina.

No había bombas ni tuberías para hacer los trasiegos de vino que se debían hacer rodando las botas. Todos los que vivieron en los años 50 y 60 recordarán las hileras de arrumbadores rodando las botas por calles como San Bartolomé, Comedias y Valdés para llevar el vino de una bodega a otra. No había carretillas eléctricas y el montaje de las botas de mosto o de vino en las andanas a segunda altura se hacía con la bota llena que pesaba unos 700 kilos. Para montar las botas en tercera o cuarta ya se hacía con la bota vacía y se rellenaban con jarras bodegueras de 11 litros, pero era más lento y laborioso. Las sacas y rocíos se hacían a mano con bombillos, jarras, canoas y rociadores. No había depósitos y los cabeceos y tratamientos de los vinos también se hacían en botas. 

El barril del gasto
La costumbre del vino del gasto que bebían los arrumbadores del barril del gasto que siempre había en las bodegas no era una gentileza de las empresas con sus arrumbadores, sino simplemente una fuente adicional de energía que debían tomar los arrumbadores que solían tener una alimentación pobre y escasa. 

| Antonio, a la izquierda de la imagen, en el patio de 'la Grande, a la derecha José Domínguez Neto.

“La buena madre”
Antonio ayudaba a todo el que podía y era comprensivo con las circunstancias personales de muchos a los que tenía que reprender, pero, llegado el caso, el castigo más frecuente que les imponía era no dirigirles la palabra durante una semana. Muchos padres le llevaban a sus hijos para que les enseñara el oficio y se pudieran quedar en la bodega como aprendices. Antonio siempre los cuidó, tratándolos como a sus propios hijos, siempre guiándolos por el buen camino, y de ahí le vino el apodo de "la buena madre". 

| Viña La Atalaya

Las viñas y la vendimia
En aquel tiempo, se contaban por decenas las bodegas que había en El Puerto y muy numerosas las viñas en su término municipal, especialmente en el pago de Balbaína baja, como la viña de Aranibar (llamada de Anibal) que fue del cargador de Indias Juan de Aranibar y cuyo espléndido palacete en la plaza del Castillo es actualmente la Oficina de Turismo. O El Carmen, Pineda, María Manuela, Campbell (llamada Locambre), La Palma, El Majuelo de Laffite. Hoy la mayoría de ellas están arrancadas y se dedican a otros cultivos de menos enjundia. La vendimia se hacía en las viñas y se recibían los mostos a la piquera en las bodegas. En aquellos años en el mes de septiembre olía a vendimia en muchas calles de El Puerto. Antonio debía organizar las cuadrillas de hombres que iban a las viñas y los que quedaban en las bodegas para recibir el mosto y pasarlo a las botas para fermentar. Y todo ello lo anotaba cuidadosamente en los cuadernos de trabajo que todavía conservan sus hijos.

| Bodegas en la calle Fernán Caballero en 1940.

Biodiversidad enológica
Esta forma de trabajar permitía conservar la identidad de la viña y del vino que rociaba siempre cada solera y que todas ellas tuvieran su personalidad propia y reflejaran como un espejo las características del terruño de donde venía. Esto constituía una formidable riqueza de biodiversidad enológica que otorgaba al bodeguero unas grandes posibilidades a la hora de elegir los vinos para los cabeceos. 

Cambio de paradigma
Todo eso se perdió en los años 80 cuando se construyeron los grandes lagares, como el de ‘Atalaya’ de Osborne y ‘El Pino’ de Terry, que ya requerían mucha menos mano de obra y se mezclaban las uvas de diferentes viñas porque era menos costoso.

Esta forma de trabajar sin duda más eficiente desde el punto de vista económico, pero poco acorde con la tradición de vinos de El Puerto que Antonio representaba, permitió un florecimiento del sector del vino en El Puerto que consiguió que el Fino Quinta, el Fino Maruja y el Fino Pavón fueran referencias en el sector durante cierto tiempo. Pero fue un crecimiento efímero; de las bodegas grandes, Terry fue absorbida por Domecq y Osborne terminó vendiendo las viñas y vaciando el lagar y las bodegas de vino. Solo Caballero, que también tiene bodegas en Jerez, mantiene su Fino Pavón como vino de características netamente portuenses. Las causas de este proceso son complejas, pero sin duda el hecho de que cada vez había menos gente de El Puerto que sintiera ese vino como suyo --y así lo defendiera y bebiera-- aumentó el desapego de los portuenses con sus vinos, fenómeno que ha ido creciendo con el tiempo. 

| Faena a la antigua usanza en la bodega.

Anecdotario: Paco Herrera “el Cohete”
Eran tiempos en los que el trabajo en la bodega no se hacía bajo el control del cronómetro y siempre había un rato libre para echar un cigarro y contar un chascarrillo. Antonio que parecía muy serio y de pocas palabras era muy socarrón y le gustaba gastar bromas, en especial a un compañero mecánico Paco Herrera Ramírez al que apodaban “el Cohete” y que le seguía el juego. Este era de origen gitano y un gran artesano de la fragua en su tiempo libre, y recordando su origen humilde decía que le gustaban los bocadillos usados. “El Cohete” era aficionado a los canarios y siempre tenía uno en una jaula en el patio de la bodega. Una vez Antonio le escondió el canario y le metió una babucha vieja en la jaula. Habría que haber oído al “Cohete” echando fuego por la boca en esos momentos. Otra vez le pintó la bicicleta de blanco y se la dejó sobre la pared encalada para que no resaltara su color y así no la encontrara. También le regalaron una flauta de caña a la que le habían metido polvo de carbón dentro para que le tiznara la cara cuando la tocara. 

| Antonio, usando la venencia ante una andana de botas

Estas bromas también las gastaba en su casa. Contaba que en una ocasión le tocó un jamón en la rifa que había en los desencajonamientos que había los días antes de la corrida de toros. Antonio lo llevó a casa y le dijo a su mujer Anita que el jamón era del gerente de la bodega D. José Pastor, que se lo había dejado para que se lo guardara. Al día siguiente cuando empezó a cortarlo su mujer muy preocupada empezó a decirle «--Antonio, ¿pero que haces? ¿No ves que te van a echar de la bodega?». Y el le respondía que no pasaba nada, que no se iban a dar cuenta. Hasta que ya no pudo aguantar la risa...

| Ana y Antonio, recién casados.

La familia: los hijos
Antonio y su mujer Anita tuvieron siete hijos. Milagros, que trabajó en el archivo de Terry; José Antonio, que era aparejador posteriormente fue profesor en los colegios de la SAFA; Francisco, que fue gerente en Vistahermosa Club de Golf; Juan, que estudió Químicas y fue enólogo en Osborne y después profesor de Enología en la Universidad de Cádiz; Trini, que trabajó en el departamento de administración de las oficinas de Osborne; Ana María, que es médico de atención primaria el centro de saludad Dr. Federico Rubio de la calle Ganado y por último María José, a la que todos llamamos Inma, que es enfermera con destino en la unidad de diálisis del Hospital Universitario de Puerto Real. Antonio siempre presumió de su familia y con ella se sentía la persona más feliz y orgullosa del mundo. 

| En el Colegio de las Esclavas, de cuya Asociación de Padres formaba parte, Antonio es el cuarto por la izquierda. 

Antonio que era consciente de la importancia de la educación en las personas, se involucró mucho en la formación de sus hijos y quiso que se estudiaran en los mejores colegios posibles. Los varones estudiaron primero en el Colegio de San José y San Estanislao, vulgo ‘La Pescadería’ y después en los Jesuitas y las chicas estudiaron todas en las Esclavas. Además, Antonio se involucró en las asociaciones de padres de alumnos, especialmente en la de las Esclavas. Además, con su ejemplo y el de su mujer Anita, inculcó en sus hijos unos valores que nunca han olvidado y han guiado sus vidas.

| En el centro de la imagen, de pié, Antonio con Pepe Castrelo, activo trabajador de la bodega. A la izquierda, el hijo de Antonio, el profesor doctor Juan Gómez Benítez, a su lado Enrique Osborne McPherson (hermano de Rafael, que mandó construir la casa que sería Joy Sherry y contrató/acordó el Toro de Osborne de Manolo Prieto y la botella de Dalí del Brandy Conde de Osborne). Sentado a la derecha, Tomás Osborne Vázquez, IV Conde de Osborne.

Amistades
Eran tiempos en lo que se labraban grandes amistades en el trabajo. Como la que tenía con Pepe Castrelo, el capataz de la zona de tratamiento de vinos y organizador de todos los viajes y todos los festejos y homenajes que se organizaban a los jubilados de empresa. O la que tenía con Chano y Manolo Rodríguez que lo sucedieron en el puesto de capataz en el brandy y con los que iba a pescar los fines de semana en su barquito. Ellos decían en broma que lo llevaban en el barco para compensarle de los disgustos que le habían dado cuando trabajaban a sus órdenes. 

| En el Centro de la Imagen, Antonio, acompañado de Eligio Pastor, químico de la bodega, a su derecha, José Antonio Camacho, capataz que fue de la bodega de la Pastora y hermano de la mujer de José Antonio Romero, fundador de Romerijo, además de capataz de pasos y Antonio Gálvez, en el acto homenaje por su jubilación, celebrado en 'Tierra, Mar y Vino'.

Jubilación
Antonio trabajo a las órdenes de varios directores técnicos de la bodega. Primero Joaquín Osborne Vázquez, después Eligio Pastor, le siguió Luis de Funes y por último Francisco Perdigones. Con todos ellos tuvo un trato respetuoso y amable y se encontró a gusto. Antonio adelantó su jubilación al año 1979 con 60 años y a su homenaje por jubilación asistieron innumerables compañeros de la bodega, familiares y miembros del consejo de administración de la bodega.

| Practicando una de sus aficiones, la pesca.

A partir de entonces, Antonio vivió una dulce jubilación, acompañado de su mujer, sus hijos y sus nietos, dedicado a sus hobbies preferidos, la lectura y la pesca. Pero la trágica muerte de su hijo varón mayor José Antonio el año 1983 en un accidente navegando en la bahía apenó sus últimos años. Antonio murió en 1992 dejando un recuerdo imborrable entre su familia, compañeros y amigos.

| Agradecemos a Juan Gómez Benítez su amable disposición para la elaboración de esta nótula, así como la documentación gráfica aportada. | Fotos: Familia Gómez Benítez.

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