
Enrique Calvario Ceballos nace en El Puerto de Santa María, el 19 de noviembre de 1949. Fallece en 2007, con 58 años de edad. Vive toda su infancia en el campo familiar, siendo el menor de diez hermanos. Desde muy crío tiene inquietudes artísticas, tanto que a la temprana edad de 13 años, talla en madera la que sería su primera ‘obra’, un Cristo crucificado. Con 15 años, se traslada con la familia al centro de la Ciudad para ayudar a su padre en el despacho de cereales que tenía en la calle Cruces, muy cerca de la esquina con San Juan, frente al desaparecido Bar ‘El Golpe’ y el almacén de ultramarinos de Rafael.
Pero mientras trabaja en el despacho, no desatiende sus inquietudes artísticas y es en la casa familiar, en un desván, donde tiene su primer estudio donde comenzó a interesarse por el arte de la escultura. También se matricula en la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia. Es durante este curso, cuando se inicia la entrañable amistad vía postal con el escultor portuense Juan José Bottaro Palmer (ver nótulas núm. 212 y 285), ya retirado de la enseñanza en la Cartuja de Jerez. Juan Bottaro ejerce de profesor de Bellas Artes, sobre todo de escultura, a través de las cartas que se envían. Es él mismo el que pone en contacto a Enrique con una ilustre figura portuense, el pintor Juan Lara, con que que forja una sólida amistad hasta la muerte del pintor, del que realizará un busto en terracota --en la imagen de la izquierda-- que presidiría la exposición póstuma organizada por la Academia de Bellas Artes en la Sala Cai, en octubre de 2009.
A los 18 años, y recomendado por Juan Bottaro, ingresa en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Jerez de la Frontera, donde desarrolla parte de su potencial creativo, porque pronto tendrá que dejar a un lado sus estudios para acudir a sus compromisos familiares. Enrique tendrá que compaginar su trabajo como decorador de interiores con su afición a la escultura. Es, a partir de ese momento, cuando empieza una fructífera época autodidacta que le aportará personalidad a su obra y que dará a luz las cuatro exposiciones de su vida.

Terracotas de la Exposición de Personajes de El Puerto: Tonino, Romualdo y Pepe el del Vapor. Año 1988.
PERSONAJES DE EL PUERTO.
En agosto de 1988 expone por primera vez una colección de Figuras-Retratos en terracota, de personajes en El Puerto. Un largo trabajo de documentación, ya que muchos de los personajes ya habían fallecido, investigación por a las tascas portuenses y fotografía de los personajes más conocidos y queridos de nuestra Ciudad. Una obra completa de 36 retratos que retrata entre otros a Pepe ‘el del Vapor’ (nótula num. 1.026 en GdP), Cándida ‘la Negra’ (nótula num. 214 en GdP), ‘el Papi’ (nótula num. 009 en GdP), o ‘Tonino’ (nótula num. 051 en GdP), ‘el Baba’ (ver nótula núm. 229 en GdP) o ‘La Bilili’.


Esta obrita se representó previamente en La Salle en los actos navideños de 1961 y en vista del éxito les propusieron hacerla en el desaparecido Teatro de la calle Luna. El a modo de director musical y de variedades en La Salle lo fue en aquella época el Hermano Fulgencio de Andrés (de nombre Blas García, en la vida civil), primer director del centro, fallecido en Granada en 1992. /Foto: Colección Francisco M. Arniz Sanz.


Cuando le preguntábamos a Daniel Sueiras sobre la inspiración de su obra, donde los animales reemplazan y encarna la imagen de las personas, nos contestó llanamente, que: «--El ser humano descubrió tarde que procedíamos de los animales, sin embargo, se le ha olvidado muy pronto». Por ello mi obra en cierto modo es una ironía, donde pretendo llamar la atención y buscar de alguna manera, descontextualizar lo primario y lo preconcebido, y encontrar una reconciliación con la propia raza humana; humanizando a los animales y animalizando a los humanos”. Una visión del artista que pretende ser didáctica a través del arte, ya que, contemplando la obra, al mismo tiempo se crea en la mente del observador, preguntas y pensamientos jamás planteados, llegándose a una meditación que trastoca todo lo que hasta ahora dábamos por consolidado según nuestras más arcaicas creencias religiosas. Por otra parte, también le gusta jugar con la naturaleza, manipulándola con su imaginación y creando híbridos imposibles a los ojos del observador.

Camus quiso alejar su obra de la estructura teatral tradicional y concibió el espectáculo con la ambición de mezclar en él todas las formas de expresión dramática hasta entonces conocidas. Mi aportación a la recreación actual ha pretendido respetar al máximo esos anhelos, especialmente en el aspecto literario, dejando que las palabras de Camus se apareasen con las mías hasta crear un estilo y un acento que pudieran seguir siendo comprensibles para los oídos de nuestra época. Al final, espero haber pasado desapercibido y haber logrado estar a la altura de su voz, de su mensaje y de su obra.



Humberto Egoavil Parra nació en el Balneario de Barranco (Lima-Perú) el 10 de mayo de 1960, --lugar cantado por la cantautor a y folclorista peruana Chabuca Granda--, siendo el mayor de cinco hermanos del matrimonio formado por Humberto y Victoria.
AFICIÓN POR LOS TOROS.


María Luisa Cárave García nació el 19 de octubre de 1940 en la calle Pozuelo, 47, donde vivió toda su vida. Segunda hija del matrimonio formado por Juan Cárave Carrasco --fundador de la desaparecida Droguería Cárave de la calle Ganado, junto a la Divina Pastora-- y María García Escazúa, ambos de El Puerto. Milagros, Juan y Mari son sus otros hermanos. A los 7 años se quedó huérfana de padre, quien fallecería en 1947, con apenas 35 años, no así su madre que nos dejó hace ahora tres años. Luisa fallecía el 26 de diciembre de 2010, hace hoy un año.
Cada vez me asalta más la impresión de que en El Puerto hay, por día, menos portuenses. Porque hay olores, sabores, paisajes e incluso sonidos de toda la vida que no se perciben por casi nadie. Yo, el domingo pasado, día de Santiago, me partí las manos, francamente en solitario, aplaudiendo a la banda Maestro Dueñas, cuando en el paseillo, en nuestra Plaza Real, sonaron las notas del pasodoble de Manolo del Pino “Niño del Matadero”. Era como si se me hubiera llenado el cuerpo de alegría, gozo y nostalgia. Hacía lo menos veinticinco años que no lo oía. Y la última vez fue por la misma banda, pero bajo la batuta de Miguel Leveque.