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1. Juan Ramón Jiménez; 2. Pedro Muñoz Seca; 3. Fernando Villalón; 4. Dionisio Pérez.  Al lado de Villalón, a la derecha de la Virgen,  Francisco Ciria y Vergara de la Concha. En la fila de abajo, segundo por la derecha,  Juan Ávila González. (Foto Colección LSA).

A Don Francisco Ciria y Vergara de la Concha, Marqués de Ciria y Marqués de Piedrabuena, siempre lo miré como a un personaje enigmático y misterioso. Yo no lo traté, pero lo conocí y observé con curiosidad.
Fue condiscípulo riguroso, en el Colegio de San Luis Gonzaga portuense, de Juan Ramón Jiménez, de Fernando Villalón, de Pedro Muñoz Seca y coincidió, pero en curso inferior, con Dionisio Pérez y con mi abuelo Juan Avila.

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Don Francisco, por arrojo y temeridad, rompió en torero, con el sobrenombre de "El Marquesito", y en jinete y garrochista; por los poderes ocultos, en espiritista y teósofo; por herencia, fue bodeguero, agricultor y lo que se llamaba "propietario"; por inspiración, poeta notable y arqueólogo intuitivo y, por inclinación, enamorado doncel, aun bien maduro, que llegó a ser paradigma local de la vida desatenta. (En la ilustración, etiqueta de Francisco Ciria y Vergara. 'Vargas-Machuca' Manzanilla Olorosa).
La descripción registral de su casa-bodega es de las más hermosas que he visto: Al frente, la calle Pozos Dulces; a la izquierda, según se mira la fachada, la calle de la Plata; a la derecha, los estribos del Puente de San Alejandro y, al fondo, la playa del Río Guadalete. En esa casa conservaba un retrato al óleo, de tamaño natural, de un pariente de su madre, el Padre de la Concha, sacerdote que, según él decía, era el "fundador de la estirpe".

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Torre de Doña Blanca. Yacimiento Arqueológico.

A sus incursiones y excavaciones arqueológicas por la Vega de los Pérez y por el Castillo de Doña Blanca se debe el conocimiento posterior de esos yacimientos y de lo que él llamaba el "cementerio de los gigantes".
Dejó muchas poesías ingeniosas y bien construidas y dos tomos infumables sobre Tartessos. Su biblioteca que vi, después de faltar él, era escogidísima y muy nutrida en obras raras y curiosas.
Lo conocí de observarlo en la tienda de Manolo Gatica, en la esquina de las calles Cielo y Espíritu Santo, donde se reunía con Miguel Caro Beato, con Javier Ruiz de Cortázar y Tosar de Zurutuza, con Juanito Buhigas, con Juan Antonio Campuzano de Hoyos, con Luis Benvenuti Morphy... Y allí arreglaban el mundo. Cuando lo tenían arreglado y Gatica cerraba, se decía que Don Francisco, con algunos otros, se quedaba hasta bien tarde para oír Radio Pirenaica, emisora clandestina que ponía de chupa de dómine al régimen franquista, con lo que se solazaban los reunidos.

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Almacén de Gatica. (Foto: José Ig. Delgado Poullet. Centro Municipal de Patrimonio Histórico).

Durante un tiempo frecuentó la tienda de Gatica el Párroco de San Joaquín, Don José María Rivas, que se hizo amigo de don Francisco, le rebatía sus teorías esotéricas y le sermoneaba, entre copa y copa. Así, una mañana, siendo yo muy jovencito, llamaron a la puerta de mi casa, salió mi padre y oí a Eduardo Ciria: "Luis, acaba de morir papá y se ha reconciliado con la Iglesia". Igualito, igualito, que el don Guido de Machado. (Texto: Luis Suárez Ávila).

aquilinoduquegimeno_puertosantamariaEl escritor Aquilino Duque Gimeno conoció a Francisco Ciria, y lo utilizó, como personaje literario, con nombres diversos en varias novelas de juventud del propio Aquilino, cuya acción transcurre en El Puerto, con personajes ficticios, caricaturizados, inspirados en personas reales, calles y plazas reales y apellidos locales: «La Operación Marabú» (Editorial Renacimiento). Otras novelas fueron «Los Consulados del Más Allá» y «Los Agujeros Negros». Lamentaba el escritor no haber conocido este texto de Luis Suárez cuando escribió «Mano en Candela». He aquí un fragmento de La Operación Marabú:

"Era Juan Ignacio Benvenuti varón de magras proporciones y aventajada estatura. La leve cargazón de los hombros, la vaga lejanía de la mirada, el perceptible temblor de las manos, lo ingrávido y quebradizo de la apostura lo sustraían un tanto a las terrenas pesadumbres de la existencia, de modo tal que al caminar procedía cual si marchara sobre nubes. Ave zancuda y potestad angélica, los finos y largos remos lo elevaban muy por encima de sus semejantes; caminaba abstraído y eran sus piernas dos delgadísimas columnas de humo, transparentes a la altura de las canillas. Una diadema de cortos rizos coronaba de oro su frente alabastrina, reproduciéndose luego a la altura de las cejas en un áureo trazo sin solución de continuidad. Cobraba al sonreír una expresión a un tiempo augusta y bobalicona, y esta circunstancia, unida a lo rubio de su tez y lo desgarbado de su estatura le confería empaque y vitola de alteza real en el exilio. Solía con la mano izquierda hacer un gesto como de guardarse la cartera o un documento cifrado en el bolsillo interior de la levita, mientras que con la diestra parecía siempre estar dando bajo cuerda una propina o depositando con disimulo un billete galante en la consola de un “boudoir”. Ceceante la prosodia, pastoso  el parlamento, tenían sus frases y conceptos muy poco que ver con la prosa ambiente del ordinario mundo. Gustaba vestir estrecho pantalón a cuadros grises y negros, chaleco rameado con botones de nácar y entallada levita de amplios faldones que en determinados momentos parecían cobrar condición aerostática para arrebatar, tal un par de enormes alas negras, por los aires a su zancudo portador»

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manuelsanchez_zutanito_puertosantamariaManuel Sánchez y Sánchez (1921-1984). Segundo de cuatro hermanos, nació en la calle Los Moros, en la casa de la Bodega de Mora, antes de pertenecer a Osborne, cuando era propiedad de Alvaro Picardo y Cía, S.A.. Aquel será el año en el que emprende el vuelo por primera vez el autogiro La Cierva, desde el aeródromo de Getafe. También ese año, el Gobierno español establece el seguro obrero obligatorio para todos los trabajadores. Se estrena con expectación la película Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis  (de Rex Ingram). Ortega y Gasset publica su libro de ensayo La España Invertebrada’ y Miguel de Unamuno, La Tía Tula. Anatole France recibe el Premio Nóbel de Literatura y Albert Einstein el correspondiente de Física

El padre de Manolo era casero de los Picardo y por eso nació en la calle Los Moros, aunque el domicilio familiar de 'Zutanito' sería, de toda la vida, en la calle Pagador, 8, donde nacería su hijo Manolo (concertista de piano y director de corales), habido de su matrimonio con Margarita Cerdá Cossi, su viuda, que cuenta hoy con 80 años de edad. Los últimos cuatro años de su vida habitaría la vivienda de la calle Santa Lucía.

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Manolo Sánchez y Sánchez, de crío, en 1923.

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En la casa familiar, en la Bodega de Mora, cuando era propiedad de Álvaro Picardo. De izquierda a derecha, su hermano Juan, Manolo, Pepe 'Berenjena' camarero de la casa, el Capataz y el padre de Manol, en 1933. Contaba nuestro protagonista con  12 años.

Estudió en el Colegio de Las Carmelitas, luego en la Academia de Poullet, examinándose en el Instituto Padre Luis Coloma de Jerez. Hizo el Servicio Militar en Puntales, en Transmisiones.

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Durante el Servicio Militar, en Transmisiones, en Puntales (Cádiz). A la derecha de la imagen, otro porteño, Pepe Lojo Espinosa.

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Con su mujer, Margarita Cerdá Cossi, en la Feria de Primavera, en el Palmar de la Victoria. Año 1962.

Trabajaría en la bodega de Picardo hasta el cese de la actividad empresarial de ésta, haciendo de todo un poco. Luego continuaría su actividad profesional en Destilerías Rives, cuando era propiedad de Augusto Haupold Agüera, hasta su jubilación. Por cierto que Antonio Rives Brest fue el que le dio nombre a la marca; siendo alcalde de la Ciudad (1937-1939) fue el que quitó los chinos y las piedras de Tarifa y a cambio puso hormigón –otro pavimento peculiar de las calles de El Puerto— a las calles Nevería y Santa Lucía, precisamente la calle del primer edil. Ante las críticas, no tuvo otra respuesta que: “—Yo me moriré pero ustedes seguirán disfrutando de la calle novedosamente pavimentada”.

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Recitando una poesía en un Festival Benéfico de Acción Católica, a principios de 1950.

Trabajó, igualmente, llevando la contabilidad a Antonio Salvatierra, en Salvatierra Radio, en calle Luna,39, en donde hoy se encuentra una tienda de alquiler de coches, junto a la zapatería Cachalot, que es donde se encontraba la tienda de ultramarinos La Argentina. Trabajaban allí Ignacio Valimaña y Antonio Palacios Rives (nieto del alcalde al que nos referimos más arriba) y José Manuel Buhigas Cala.

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Manolo Sánchez, aficionado al Teatro, en el papel protagonista de 'La Venganza de Don Mendo' de Pedro Muñoz Seca junto a Milagros Lage, viuda de Pedro Muñoz Vela quienes se conocieron, precisamente en la obra que se representó en el desaparecido Teatro Principal.

Aficionado a la escritura, participaba activamente en los medios escritos de la localidad de aquella época: Cruzados, la efímera La Voz de la Bahía, e incluso llegó a tener a su cargo la tercera página de ABC con motivo del Cincuentenario de la Coronación de la Virgen de los Milagros, en septiembre de 1966. Participó también, firmando con su seudónimo de ‘Zutanito’ en el Libro Homenaje ‘Pedro Muñoz Seca en la memoria’, que se editó con motivo del descubrimiento del busto del insigne comediógrafo local en la Plaza de Isaac Peral, junto a José Luis Tejada y Juan Ignacio Varela Gilabert. El busto del reconocido escritor era entonces de medio cuerpo.

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Coro de Acción Católica. Segunda fila, de izquierda a derecha, María Luisa y Tily Cossi, Carmina, Lolichi Calvario, niña desconocida, Mila Cerdá y Loli, Manolo Sánchez, con gafas. Detrás podemos observar a Juan Cárave Beato, Valerio Marín Ordóñez, Encarna Gil de Reboleño Jiménez y a Jesús Py Bononato. Agachado, Manolo Iglesias. También aparecen Domingo Luis Renedo, Cayetano Vélez y, al lado de éste, Francisco Ameneiro Lucuix. (Foto: Castillo Garcés. Jerez. 1949).

Si pulsa sobre este enlace, podrá escuchar la Plegaria 'Los Tres Amores' que Manolo Sánchez cantaba con maestría y que, algún conocido suyo, recuerda con nostalgia.

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Fue miembro fundador del Orfeón Portuense, con nótula 118 en Gente del Puerto. En la imagen superior, de izquierda a derecha María Luisa Cerdá, Manolo Sánchez, José Luis Corbacho, a la sazón presidente del Orfeón Portuense, Antonia Poley, señora de Gabriel Calatayud y Carmina Cerdá Cossi, Vda. de Manolo de la Torre, en una actividad del Orfeón Portuense en el antiguo Tiro de Pichón.

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Finales de la década de 1960. El bar estaba situado en la esquina de las calles Jesús Cautivo y Ganado, frente a la conocida como “Posada de la Fruta” en dicha calle Ganado. Ambos edificios hoy no existen. Al otro lado de la barra, el señor del sombrero es el Cabo Pérez de la Guardia Civil, a su izquierda su hijo , tuvo otro hijo que murió  muy joven ahogado en el canal. Siempre nos lo recordaban para que nos nos bañáramos en el río. A la derecha del Cabo Pérez podemos ver de oscuro a Manuel Gil de Reboleño García de Roiz (padre de los Gil de Reboleño Insúa). El segundo por la izquierda es el propietario del Bar “La Muralla” situado en Tomás Cólogan Osborne, 6, en los pisos conocidos como “Los Empapelaos”. El camarero con la mano apoyada en el mostrador, Antonio Rojas, tío de Mario Peluffo Rojas. Detrás de los dependientes, en la parte oscura, el segundo con sombrero, "Tabique" corredor, padre de flordevaldaliga_puertosantamaria"Tabique", el camarero de "El Resbaladero" y,  ultimamente, en la barra del Bar Vicente hasta su reciente jubilación. El cuarto por la derecha, con la boina calada, es Eloy Fernández Moro. Agradecemos nos indiquen el nombre de los dependientes y parroquianos. que aparecen en la fotografía. (Foto superior Colección EFL. Foto de la izquierda, publicidad en cristal pintado de Destilerías Gil: Anis y Coñac 'Flor de Valdáliga).

La tienda de Rueda ya existía como taberna en 1826, habiendo pasado por diversos propietarios y reformas, con destilería y fábrica de licores propia y con salones o camarotes para la parroquia. En 1995, adquirió la taberna Rafael Ayala, tras haber permanecido 89 años en manos de la familia Gil de Reboleño. «Sobre el trato dispensado a los clientes, siempre en el Rueda todos fueron considerados iguales» --al igual que en Gentes del Puerto-- «sin distinción alguna de clases. Aquí solían parar los miembros de las familias portuenses de alta alcurnia; alcaldes como Francisco Tomeu o Eduardo Ruiz Golluri; flamencos como El Chumi, Canalejas de Puerto Real, El Cojo Pavón, José El Negro o Ansonini; toreros como Manolo y Miguel del Pino, Antonio Ordóñez, Manolo Bienvenida, Mondeño, el mejicano Lorenzo Garza o Paquirri (siempre con papelones de pescao frito), y un sin fin  de personajes populares, entre los que, como botones de muestra, mencionaremos al Loco Paquiro, a Caneco y a Margarito, el esquilador, que solía acudir todos los días a tomar café» Enrique Pérez Fernández. “Tabernas y Bares con Solera”. Año 1999.

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Parroquianos de Antigua de Rueda. De izquierda a derecha: Eduardo Ruiz Golluri, alcalde; El Chumi, cantaor flamenco; Manolo del Pino, torero; El Caneco, personaje popular.

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Foto tomada en el Bar Rueda, propiedad de los hermanos Gil de Reboleño García de Roiz, en ella podemos ver a los tres detrás del mostrador y en el orden de Antonio, Victoriano y Manuel, padre de los Gil de Reboleño Insúa. (Foto Colección VGL).

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El nuevo bar de Antigua Rueda, situado en un edificio moderno en el espacio que ocupó el original, en una fotografía tomada el jueves de la Semana Santa de 2010.

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Rafael es la viva imagen de su tío, el poeta Rafael Alberti, del que se declara admirador de su obra y orgulloso de su parentesco. Compañero del banca  en los Salesianos de Utrera del ex presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, en su infancia, añora el Oloroso, Sangre y Trabajadero que elaborara su familia: la Bodega de Cuvillo. Rafael nació el 11 de enero de 1944 en la calle Luna, 40, hijo de Agustín y Dolores, siendo su partero Don Miguel Duro del Moral, donde hoy se encuentra Banesto. Recuerda Rafael que él sembraba “perras gordas” en el jardín de aquella casa a ver si salía algo, «--Y salió un banco...».

rafael_y_agustin_merello_puertosantamariaLuego, entre los años  se fueron a vivir al Campo de las Hermanas Rioja, por la Hijuela del Tío Prieto y, entre 1949 y 1951 la vivienda familiar estuvo en lo que hoy es ¡Oh Puerto!, el Caserón Lasaletta. El 20 de octubre de 1955 muere su madre --María Dolores del Cuvillo y Sancho-- y los seis hermanos: Agustín, Rafael, Dolores, Alvaro, Carlos e Ignacio, fueron repartidos entre las casas de los familiares.

Rafael estudió en Utrera durante ocho años en los Salesianos, donde compartió pupitre con el actual tercer vicepresidente del Gobierno, Manuel Chaves con quien por cierto, ha quedado que un día que tenga que venir por El Puerto con tiempo, beberán una copa de fino en nuestra Ciudad. También estudió un año en los Marianistas, en Jerez. y luego en la Universidad Laboral de Sevilla. (En la fotografía de la izquierda, Rafael de pie y su hermano Agustín, con el cubo, en 1947 en la Playa de La Puntilla).

Hizo el servicio militar en San Fernando, de marinero, en 1969. Ya había llegado el hombre a la Luna, y la hizo con retraso porque tenía prórroga, siendo destinado luego en el Instituto Hidrográfico de la Marina en Cádiz. Trabajó por dos veces en el Hotel Caballo Blanco, antes y después de la mili. Estuvo también en el VIP, uno de los primeros pubs que se abrieron en El Puerto, en la calle Misericordia, frente a las Esclavas; perteneció a Teodoro Lavilla Valimaña y más tarde a Antonio Jaén Bautista. También trabajó en el Camping Guadalete y su última actividad profesional la desarrolló en la Clínica del Dr. Frontela. Pero con 35 años, el 24 de mayo hizo 29 que sufrió un infarto, lo que le llevó a la sala de operaciones y a alcanzar la invalidez profesional permanente. También tuvo un sustillo el año pasado y pasó por la UCI, pero se encuentra en franca recuperación.

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La calle Luna, el Teatro Principal y la casa familiar de los Merello, ambas desaparecidas durante un desfile de tropas de infantería de Marina, el Día de la Hispanidad, en la década de los sesenta del siglo pasado. (Foto Colección Archivo Municipal).

Está casado con Rosario González Pérez (el 3 de abril de 1975) y tiene cinco hijos. Vive en la calle Cantarería, en una Casa Palacio  cuyo patio participa, anualmente en la Fiesta de los Patios. Es aficionado a la cacería, pero recuerda un dicho de su padre, Agustín Merello Álvarez-Campana, igualmente aficionado y con muchos premios en su haber: «--La cacería es una buena afición hasta que te la puedas pagar; una vez que no puedas, olvídate de ella».

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Con su tío Rafael, dedicándole un libro a las puertas de los Jesuitas.

SU TÍO, RAFAEL ALBERTI.
Rafael conoció a su tío, el poeta universal, a través de su hermano, Agustín Merello del Cuvillo, con nótula 262 en Gente del Puerto, al principio de la década de los ochenta del siglo pasado, en el Patio de San Luis Gonzaga durante los actos del primer homenaje que le ofreció la Ciudad de El Puerto. Rafael no pudo asistir a recibirlo a la estación de ferrocarril cuando el poeta llegó el 24 de mayo de 1977, después de 46 años fuera de El Puerto, pues estaba en Jerez asistiendo al parto de su segundo hijo, Alejandro. De pequeño, cuando estudiaba historia de la literatura en el instituto. cuando veía el nombre impreso de su tío Rafael, «--Yo añadía, a mano, el segundo apellido del poeta --el primero mío-- y escribía Merello a continuación de Alberti».

la-arboleda-perdidaRecuerda nuestro protagonista que aunque hubo cierta aversión por parte de grupos reducidos de personas a que su tío se instalara en El Puerto, fue algo superado con creces para orgullo de El Puerto, solo pasó al principio, aunque alguna vez ha soportado alguna broma sobre su tío, que no ha tolerado: «--Me siento orgulloso de ser sobrino de Rafael Alberti».  El padre de Rafael era primo hermano del poeta, aunque 10 años menor que él, Alberti lo cita en La Arboleda Perdida como un compañero de aventuras simpático y revoltoso del que siempre guardó buen recuerdo, como le confesaría a los hermanos Agustín y Rafael Merello del Cuvillo.
Por cierto que, nuestro Rafael no guarda ningún recuerdo pictórico, ningún dibujo colorista de los que le gustaba hacer al poeta y fue por culpa del sobrino. Todos sus hermanos lo tienen pero él, esperando a reunir a toda la familia, se quedó con ese deseo. Ese y llevarle una botella de Oloroso, Sangre y Trabjadaero -el original- que tengo guardada de la familia. El Rafael sobrino no se perdió ningún cumpleaños del Rafael tío, desde que los celebró en El Puerto. Siempre, cada 16 de diciembre se encontraba con otros miembros de la familia, en ese rito que él quería cumplir hasta que llegara a los 100 años con su blanca melena, edad que no llegó a alcanzar.

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Jardín de la casa de la madre y los abuelos de Rafael Merello, en  Santa Lucía, 35 que daba a las calles San Francisco y Pagador, donde actualmente está Mercadona.  De pie, de izquierda a derecha: Dolores, María Sancho, Carlitos, Rosario del Cuvillo, Juan de Mata Cuvillo, --Juanito Cuvillo-- con nótula 199 en Gente del Puerto. Sentados, de izquierda a derecha: Pepe Cuvillo, Carlos del Cuvillo Sancho, Carmen Cuvillo (Tiaca), María Cuvillo Sancho, Lourdes Cuvillo (Tialu) y Luis.  En el suelo, María Pepa Cuvillo (Tiape).  Agustín Merello del Cuvillo llamaba de esa curiosa forma a sus tres tías maternas: Tiaca, por tía Carmen; Tiape, por Tía Maria Pepa; y Tialu, por Tía Lourdes. (Foto Vanderman. Sociedad Fotográfica. Director: Luis Saus. Madrid)

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Última fotografía publicada de Rafael Merelle -Faly- en la presentación del libro 'Por Montera', de Mariló Montero, en Bodegas Osborne, a finales del pasado mes de mayo de 2009. De izquiera a derecha, Isa Lora, Rafael Merello, Carlos Herrera, Rosa Cervera y José María Morillo. (Foto Fito Carreto).

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adolfotosar_antiguo_puertosantamaria(Continuación). Adolfo Tosar Martínez, era el mas joven de los hermanos que habían sobrevivido a sus padres, sexto en el orden familiar y, como hemos podido ver anteriormente, el favorito de don Antonio Tosar Hernández. Había nacido en Cádiz en 1822, recibiendo una educación  más  completa y polifacética, marchando muy joven a Inglaterra para ocuparse del mercado  en aquellas islas de la producción vinícola familiar. Avecindado en Londres, venía periódicamente a El Puerto. Debió vivir con intensidad su juventud, suponemos, sentando cabeza ya maduro, pues se casó en 1870, bien pasados los cuarenta, en San Sebastián, con una señora de nacionalidad inglesa y ascendencia vasco navarra, llamada Manuela Zurutuza Fesser. (En la imagen Adolfo Tosar Martínez. Miniatura propieda de Camilo González Selma).

En los primeros días de 1873 lo encontramos en El Puerto, pensamos que llamado por su hermano mayor, cuyo estado de salud comenzaba a debilitarse, para que tomara las riendas de la sociedad. Parece que su intención era  la de trasladarse definitivamente a esta ciudad, o alternar temporadas de residencia entre El Puerto y Londres ya que, además de venir acompañado de su esposa y los dos hijos que en esa fecha tenía el matrimonio, redactó un testamento en la notaría de don Miguel Raventós, con fecha 8 de enero de 1873, en el que, entre otras disposiciones, indicaba: ”Mando que mi cadáver sea amortajado decentemente y enterrado en el cementerio del pueblo donde ocurra mi fallecimiento y que mi funeral sea lo más humilde posible,” evidenciando con ello su intención de continuar viajando.

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Fotografía coloreada del Vergel del Conde en 1874, actual Micaela Aramburu. La vista desde el actual Parque Calderón, muestra las casas que forman la Plaza de las Galeras Reales.

Entrando en  el terreno de las suposiciones, creemos que Adolfo y su familia retornó a Londres, una vez regularizados los asuntos mercantiles, quedando Manuel, solo y enfermo, bajo el cuidado de sus sobrinos y ¿ama de llaves?, la señorita Galvez (ver anterior nótula 298 de Gente del Puerto), quienes debieron influir en sus decisiones posteriores, entre ellas la revocación del anterior testamento, documento que, dicho sea a título de curiosidad, había sido firmado por él con una caligrafía pulcra y armoniosa, equilibrada y elegante, virtudes que posiblemente poseyera.

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Embarque de botas en el Guadalete, en lo que hoy es un aparcamiento. Al fondo el Puente San Alejandro, la desaparecida Fuente del Sobrante, donde hoy está La Pontona (gemela de la Fuente de las Galeras). A la izquierda el Parque Caderón.

escudocabildo_1878_puertosantamariaLos acontecimiento se precipitaron poco después y los testamentos que se abrieron  fueron los de su hermano Manuel, fallecido el 5-11-1874, estando ausente Adolfo y... sin conocimiento del cambio de voluntad, en cuanto a la herencia, realizado por el finado. A las dos de la tarde, estando a punto de sentarse el Sr. Notario a la mesa para almorzar, se presentó en su casa, que le servía de despacho, un militar, comandante de caballería,  llamado Antonio Bayo Tosar para que hiciese llegar al Juez de Primera Instancia del Partido Judicial un escrito por él redactado “como sobrino carnal y único pariente en esta población de don Manuel Tosar, que acaba de fallecer, a la una y cuarto de la tarde...” Constituido el señor juez en el domicilio del finado, en calle de la Plata número 6, acompañado del antes citado notario, este redacta las diligencias realizadas en estos términos: “...presenté el testamento cerrado bajo mi custodia y examinado el exterior de este, (por el juzgado) lo halló perfectamente cerrado en un pliego del sello undécimo, cosido con una cinta de seda encarnada y lacrada por ambos lados sus aberturas, sin que en los sellos y firmas hubiese alteración ni enmienda alguna ni se advirtiese la más leve señal de haberse podido extraer ni introducir cosa alguna bajo su cubierta...” (En la imagen, escudo del  Cabildo Municipal en 1878,  siendo alcalde accidental J. de Pazos).

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El Camino de Urdax, que lleva desde la calle Larga (desde donde está tomada la fotografía) a la Estacion de Ferrocarril. A la izquierda el Paseo de la Victoria, con el enrejado original.

Este último testamento contenía una serie de legados  para amigos y trabajadores de su compañía, de los cuales los más importantes fueron, el anteriormente comentado de 140.000 reales a doña María Gálvez Sánchez, a la que también legó los muebles de su casa habitación y otro de 40.000 reales a su fiel dependiente. En cuanto a los herederos, dispuso de la siguiente forma el reparto del remanente de sus bienes: 1/3 para su sobrino Manuel Bayo Tosar; 1/3 para los dos hijos de su hermano Adolfo, por partes iguales, 1/6 para sus sobrinos Antonio y José Vinuesa y 1/6 para Belén, Carmen y Manuela Bayo, sobrinos todos ellos, asimismo.

adolfotosar_esquela_puertosantamariaEstas disposiciones testamentarias destruían la estructura societaria, al formar parte de los bienes la importante participación en la misma del testador, salvo que los herederos y el otro socio llegasen a un acuerdo para continuar, determinando las respectivas participaciones, entente que no se produjo, mas bien todo lo contrario, originándose diversas discusiones y falta de acuerdo entre los afectados, de tal forma que uno de los primeros pasos que debían darse para establecer el importe real de los bienes del fallecido, como era la disolución de la sociedad, no se produjo hasta año y medio después. (En la imagen de la izquierda, esquela de Adolfo Tosar Martínez. Colección de CGS).

ADOLFO TOSAR Y CÍA.
Después del reparto, Adolfo Tosar continuó en solitario los negocios vinícolas, creando la sociedad “Adolfo Tosar y Cia.”, arrendando las instalaciones donde estuvo instalada la anterior sociedad: la casa de calle la Plata, 6, esquina y vuelta con Larga, valorada en 96.606 reales, fue adquirida por él. En 1880 falleció don Adolfo Tosar, el día 12 de Noviembre. Declarados  herederos  universales sus cuatro hijos, su madre y tutora continuó los negocios familiares con el nombre comercial de “Vda. De Adolfo Tosar y Cia.”, funcionando así mas de dos décadas. En la Guía Oficial de El Puerto de Santa María de 1902 existe publicidad de esta empresa, almacenistas y exportadores de Vinos de Jerez, proveedores de la Real Casa, con bodegas en calle Espíritu Santo y escritorio en Plata, 6, esquina y vuelta con Larga.

casatosar_01_puertosantamariaLA FAMILIA EMPARENTA CON...

(En la imagen, sede de la oficina de la empresa vinícola, sala de degustación y despacho al detall de sus productos, esquina contraria al entonces Convento de las  Capuchinas, hoy convertido en hotel). La familia continuó ocupando el piso principal de la casa hasta que fueron emancipándose los respectivos hijos, que formarían nuevas familias a su vez. En los últimos meses del siglo XIX, la hija mayor casó con Juan Osborne Guezala, (su marido, descendiente directo del fundador de la firma Osborne, Tomás Osborne Mann, su abuelo, era el 6º de los once hijos habidos en el matrimonio formado por Tomás Osborne Böhl de Faber y Enriqueta Guezala Power), instalándose en la calle Fernán Caballero.  Le siguió su hermano Manuel, que casó con María Hano Rabech, instalándose recién casados en esta misma casa, aunque poco tiempo después, falleciendo el suegro y heredando una séptima parte del inmueble su mujer, compró las otras seis a los demás hermanos, trasladándose a vivir a escaso metros de allí, en la casa entonces número 27 de  calle Larga, 23 actual. Poco tiempo después le siguió Francisco Javier, que casó con Encarnación García Valdeavellano, instalándose cerca de allí, igualmente, en calle Larga número 15. Vivían frente a la fábrica de cervezas, industria montada por este joven portuense,  apenas alcanzó la mayoría de edad, en un solar con fachadas  por las calles Larga y Cielo, cercano a las bodegas de la familia. En 1901   comenzó la producción, poniéndose a la venta  por primera vez en agosto de ese año. Tres años después obtendría el producto la medalla de oro en la Exposición Agrícola de Córdoba. Un periódico cordobés de la época, llamado “El Noticiero” publica noticias de la  “Cerveza Tosar”, incluidos los elogios realizados por el Sr. Ministro quien, con motivo de su visita a la exposición,  degustó la misma. (REVISTA PORTUENSE del 13/7/1901, 28/5 y 4/6 de 1904.) Ver nótula 63 de Javier Tosar Barrera, en Gente del Puerto. Finalmente, Luisa, contrajo matrimonio con José Antonio Ruiz de Cortazar, viviendo muy cerca de sus dos hermanos y su madre, en la misma manzana, a la espalda de esta casa, en calle Espíritu Santo. No prolongaron su descendencia directa mas allá de los seis hijos habidos en el matrimonio, pues los solteros: Antonio, agente de Aduanas; Luisa, que trabajó en los comienzos de Bodegas Terry; Macuqui, que trabajó en el laboratorio de Herederos de Rafael Poullet; Javier; y los casados: José Antonio, casado con Paquita Pica y Rosario, la más pequeña, casada con Manuel Jiménez Jiménez, perito de Dragados, quien vive a los 95 años en el Asilo de Ancianos. Éstos tampoco tuvieron sucesores reconocidos. El apellido no se perdió pues buena parte de sus 27 sobrinos han continuado multiplicándose. ¡Nada menos que veintisiete! Ocho de ellos, hijos de su hermana Joaquina: Aurora, Juan, Luis, Joaquina, Josefina, Maria Teresa, Isabel y Margarita Osborne Tosar; 13, de Manuel: Manuel, José, Concepción, Ana, Adolfo, Rafael, Guillermo, Joaquín, Milagros, Enrique, Luis, Carmen y Pilar Tosar Hano, y seis, de Francisco Javier: Encarnación, Emilia, Nela, Manuel, Adolfo y Milagros Tosar Gª Valdeavellano. (Archivo personal de Antonio Gutiérrez: Genealogía de linajes y familias bodegueras de El Puerto de Santa María)

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La calle Ángel Urzáiz, nombre en honor del portuense que fué Ministro de Hacienda. La calle antes fue denominada Curtidores, Sarmiento, Puerto Chico y Plata (o La Plata, según el dicho popular). Nomenclator de 5 de agosto de 1936.

La casa debió continuar a  nombre de Doña Manuela Zurutuza que en 1925 contaba 85 años de edad, y aún después de fallecer, -fecha que no tenemos localizada-, suponiendo la heredase su hija mayor, no cambiando la titularidad, cediéndola a uno de sus hijos cuando contrajo matrimonio.  Se trataba de Joaquín Osborne Tosar, hijo de Joaquina Tosar Zurutuza, que casó con su prima Milagros Tosar Hano, hija de Manuel Tosar Zurutuza, quienes formalizaron la compraventa de la casa, después de residir en ella varios años, el 7 de Diciembre de 1954.  Serian los últimos habitantes de apellido Tosar de la que fue sacristía, sala de degustación y escritorio de las diversas compañías de la familia… y, anteriormente, cuna de Angel Urzaiz, tres veces ministro de Hacienda. El actual propietario es Mr. Thorpe que la adquirió a la familia Osborne Tosar.

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La casa fue labrada en los primeros años del siglo XIX en una parcela segregada de la finca colindante de calle Larga por Joseph Bellido, Factor de las Reales Provisiones y Víveres de la ciudad de Cádiz y Comisionado de Guerra de los Reales Ejércitos. Podemos destacar, aparte de su armonía y belleza arquitectónica, que fue cuna de Angel Urzaiz. Al que ostentó en varias ocasiones la cartera ministerial, lo parió entre esos muros doña María Dolores de la Cuesta Nuñez, una joven viguesa, en 1856. Y la corporación local, sesenta años después, en 1916, coincidiendo con el nombramiento de este portuense de nacimiento Ministro de Hacienda, acordó poner su nombre a la calle donde está ubicada la casa.

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Con motivo de una de sus actuaciones en El Puerto, en los años 20 del siglo pasado, el rejoneador Antonio Cañero posa para la cámara entre un grupo de amigos portuenses: De izquierda a derecha: José Portillo Ruiz, Nela Tosar García de Valdeavellano, Miguel Torres, Marquéa de Purullena,  Josefina Osborne y Tosar, Antonio Osborne Vázquez, Asunción Jiménez Loma, Romero Fontán, Javier Jiménez Loma, Natividad Rodríguez de Sancho, el rejoneador Cañero, Concepción Jiménez Guernica, Luis Osborne Tosar, Dolores JIménez Loma y José Luis Osborne Vázquez. (Del libro, Plaza Real).

(Textos: Antonio Gutiérrez Ruiz).

“Las tres primeras generaciones de la saga familiar de los Tosar» es un fragmento del trabajo inédito de Antonio Gutiérrez Ruiz: «LINAJES DE FAMILIAS BODEGUERAS PORTUENSES» que da a conocer en Gente de El Puerto.

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antoniotosarhernandez_puertosantamariaEn  Semana Santa, mediado el siglo XIX, dejó de existir el fundador del linaje portuense de los Tosar, don Juan Antonio Tosar Hernández, al que habitualmente llamaron y conocieron como Antonio Tosar. (1)  Falleció en nuestra ciudad el 12 de abril de 1850.  Era hijo de Antonio Tossar, de ascendencia italiana y gaditano como él, y de Beatriz Hernández. Familia, como tantas otras de las asentadas en la bahía, dedicada al comercio, venidas a menos al decaer el tráfico con  el continente americano.  Intentó rehacer su economía, iniciándose en la extracción de vinos, instalándose  con su amplia prole de muy corta edad  en El Puerto en el primer cuarto del XIX. Negocios que, posteriormente, continuarían sus hijos varones y ampliarían algunos de sus nietos  (1) En los documentos consultados figura el apellido con una sola “s”, mientras que una tía suya, hermana de su padre, llamada Isabel Tossar, figura en algunos padrones con la doble “s”. Concretamente en los padrones vecinales de 1836 y 1856 se indica de esta forma. Parece que sus sobrinos adoptaron de forma unánime el apellido “Tosar” con una sola “s”. (En la imagen, Antonio Tosar Hernández, en la tarjeta que tiene en la mano aparece la leyenda: 'Tosar en Cádiz'. Miniatura propiedad de Adolfo Blanco Osborne. Foto Camilo González Selma, autor de la donación).

escudo_estrella_1864_puretosantamariaA  don Antonio, lo encontramos en 1838 dado de alta como extractor, con una pequeña bodega en la calle Espíritu Santo número 19 antiguo y 11 moderno, junto a unas casas de calle de la Rosa que había heredado de su madre.  Estas instalaciones serian ampliadas por dos de sus hijos: Manuel, el mayor y Francisco Javier Tosar Martínez, los cuales formaron una compañía que respondía a las siglas “M. y F. TOSAR”, construyendo un trabajadero en una parcela de “terreno yermo al extremo que sale al campo de la calle Espíritu Santo...” cuyo proyecto fue presentado al ayuntamiento en 1845, comenzándose a construir al siguiente año. (En la ilustración, escudo de El Puerto  de Santa María en en el año de 1864).

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Traslado de botas en carros tirados por bestias.

Estamos adelantando acontecimientos. Debemos antes presentar a la familia de Antonio Tosar. Se había casado con una dama de alcurnia:  Bárbara Martínez García Enriles, hija de la aristócrata Juana Enriles y Jomati, que le proporcionó una extensa prole, nada menos que ocho hijos  que sepamos, aunque parece existió un noveno, llamado Jerónimo que falleció “en estado de soltería” con anterioridad a la muerte de la madre, hecho cuya fecha no hemos podido precisar, conociendo tan solo que en el año 1835, en el que  Antonio Tosar redactó su testamento, estaba ya viudo.

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Embarque de botas desde el cantil del muelle del Parque Calderón.

Los hijos, apellidados Tosar Martínez, fueron: Manuel, que permaneció soltero hasta su muerte, continuador, como antes hemos dicho de los negocios familiares, encabezando sociedades con otros hermanos; Mª Natividad, que contrajo matrimonio con José Vinuesa, falleciendo antes que su padre; Francisco Javier, el cual también falleció soltero en 1864, compartiendo con su hermano mayor  la dirección de “M. y F. Tosar”; Amalia, casada con José Bayo, el cual colaboraba laboralmente gestionando la administración de la sociedad familiar; Adolfo, que se instaló en Inglaterra, ocupándose de las gestiones comerciales de la empresa en aquel país y del que nos ocuparemos especialmente mas adelante, al ser él y sus sucesores los continuadores del negocio vinícola. A estos cinco hijos mencionados hay que añadir tres varones más, de nombres: José, Antonio y Federico sobre los que apenas tenemos noticias.

mabayotosar_puertosantamariaM. Y F. TOSAR, UNA EMPRESA IMPORTANTE
La sociedad mercantil formada por los  hermanos Tosar Martínez es un trípode que se asienta con firmeza en el mercado vinícola. Laboriosos, eficaces, organizados, esmerados en la calidad de sus productos y con probada seriedad para los negocios, en la década de los sesenta del XIX alcanzan un puesto importante entre los extractores de la zona, colocándose en el grupo de cabeza, a pesar de la modestia de sus instalaciones. En una línea de clara expansión, abren una Casa en Londres, que regenta Adolfo y adquieren para la compañía la casa de calle de la Plata, 6 en cuyo bajo instalan un cuarto para degustación y venta de sus vinos, oficinas y gabinetes para reuniones de negocios, instalándose en el piso principal Manuel Tosar y el dependiente y hombre de confianza, Antonio José de los Reyes, también soltero.
A medida que fueron pasando los años, el empresario y su empleado, uno a punto cumplir los sesenta años y el otro veinte años menor, fueron mejorando su calidad de vida en la vivienda, amueblándola y... compartiéndola, huyendo posiblemente de la tediosa soledad que abruma a las personas mayores. Inicialmente tenían a su servicio a un mozo gallego, recién llegado al Puerto y en 1870, además de un sirviente gallego, figuran censadas dos señoras: Aurora Ortiz Larrañaga, gaditana, de 40 años, casada y separada que suponemos pareja del dependiente y la joven jerezana María Gálvez Sánchez, de 29 años, soltera, que debió alegrarle la vejez a don Manuel, a tenor  del importante legado de 140.000 reales que dejó señalado en su testamento ológrafo, realizado con todas las formalidades exigidas.

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Interior de un trabajadero de bodega.

Antes de continuar relatando los últimos años del mayor de los hermanos Tosar Martínez y las incidencias ocurridas tras su muerte, debemos dar referencia de la primera liquidación de la sociedad “M. y F. Tosar” que se llevó a efecto en el verano de 1865, al fallecer uno de los socios, Francisco Javier Tosar Martínez, hecho que ocurrió el 28 de noviembre de dicho año. En el mismo acto, celebrado en la notaría de don Miguel Raventos tuvo lugar la partición de bienes del finado, que falleció soltero, de acuerdo con su última voluntad, expresada en testamento que había realizado en 1851, en el cual instituía por herederos a sus hermanos Manuel, Adolfo y Amalia en la proporción de 3/6, 2/6 y 1/6, respectivamente. Al haber fallecido doña Amalia, de acuerdo con las condiciones previstas en dicho documento, su parte pasó a engrosar la de los otros dos hermanos, correspondiendo un 58,33% de los bienes a Manuel y el 41,66%  a Adolfo, en esas fechas avecindado en Londres y también soltero.
vdatosarycia_generico_puertosantamariaDespués del reparto de bienes, Manuel y Adolfo volvieron a formalizar una sociedad con las mismas siglas y fines, siendo bastante complicado determinar la participación o la propiedad de cada uno, expresada incluso en milésimas,  de los bienes raíces de la compañía.
Esta nueva reedición de “M. y F. Tosar” duró una década, el tiempo que vivió Manuel. Cuando esto ocurrió, la empresa había alcanzado su punto máximo de desarrollo, con una plantilla de veinte empleados, incluidos el encargado del trabajadero, capataz y administrador. En ese momento las existencias de vinos se aproximaban a las cinco mil arrobas, de  dos docenas de marcas o tipos, finos y dulces, aguardiente y vinagre. Todo se desmembraría al disolverse la sociedad y repartirse los bienes entre varios herederos, de lo que hablaremos mas adelante, desapareciendo una empresa consolidada y prestigiosa que durante una veintena de años se mantuvo entre las mejores del sector como tantas otras lo hicieron antes y continuaría sucediendo después. (Continuará) (Textos: Antonio Gutiérrez Ruiz).

“Las tres primeras generaciones de la saga familiar de los Tosar» es un fragmento del trabajo inédito de Antonio Gutiérrez Ruiz: «LINAJES DE FAMILIAS BODEGUERAS PORTUENSES» que da a conocer en Gente de El Puerto.

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El Paseo de la Victoria, a la entrada de la Velada, por el Camino de Urda.

«Cuando caía la noche,  la Feria se trasladaba a la ciudad y se hacía burguesa, la feria alcanzaba su continuidad en el paseo de La Victoria, donde se celebraban animadas veladas nocturnas, embellecidas por una rudimentaria iluminación extraordinaria, “magníficos candelabros como alumbrado ordinario, y multitud de adornos, pedestales con estatuas y jarrones”,  que junto al ambiente en las casetas y ‘El Cortijo’ contribuían a transformar las noches en “una mansión  de delicias”

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El 'show' de la cabra. En la Feria de Ganado de El Puerto situada en El Palmar, frente y en lo que son los terrenos actuales de PRYCA. Año 1962.

Nos cuenta la historia que allá por el año 1871 en el Pago de El Palmar nuestra feria tenía sobre todo un carácter ganadero, era un escaparate donde se mostraban ganados y caballerías, donde las transacciones comerciales se festejaban con una copa de vino bajo los precarios toldos instalados en mitad del campo. Según quienes la conocieron, ya a mitad del siglo pasado la fiesta del Pago del Palmar era semejante a una “romería sin santo y sin ermita”, ya que no estaba consagrada a ninguna imagen religiosa “ni tampoco  podía considerarse una feria en su sentido tradicional”.

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En Crevillet, con la Caseta Municipal instalada en los antiguos baños públicos. A la drecha un grupo de jóvenes con el traje a la moda, a la rodilla. Corría el año de 1966.

Posteriormente, cuando se desvió la carretera del ‘caminito pa Jeré’ y el parque de la Victoria quedó cortado por el asfalto, se vio la necesidad de trasladarla a otra ubicación, eligiéndose entonces el barrio  de Crevillet,  en 1966.  Crevillet fue una feria de transición,  una fiesta urbana y marinera por la cercanía del río Guadalete y la playa de La Puntilla, entre la romería de cantes y toques de guitarra y la fiesta multitudinaria a golpe de decibelios. Durante años,  mantuvo un recinto ganadero de muestras, que seguía dando una dimensión comercial al festejo.

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Primeros años del Recinto de Las Banderas, hace 26 años. La Caseta Municpal, de lona, simulaba a la entrada una réplica del Vapor. Año 1983.

Finalmente, aquel recinto ferial fue absorbido por el crecimiento urbano, y en 1981 se decidió habilitar el Real de Las Banderas,  un amplío espacio con el que la fiesta volvía a los pagos agrícolas, hacia la campiña, de donde procede el carácter de la feria actual: vinatera,  hípica y taurina. La Feria, nuestra Feria de Primavera es como un poema de sabor clásico que paladeamos durante trescientos sesenta días al cabo de un año, y que consigue saciar nuestro ánimo más lúdico, en tan sólo cinco, de sensaciones dispares que luego quedan almacenadas en el disco duro de la nostalgia." Manolo Morillo. Del Pregón de la Caseta Los Romero. 2009. (Fotografías Archivo Municipal).

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Fotografía en la Feria de El Puerto 2008. Autor: Miguelno.

SEVILLANAS DE VERDE Y ORO.

Rincón de Puerto escondío
plazuela de la Herrería;
donde jugando soñaba,
con ser torero algún día…

…Marinero en tierra soy
viendo los barcos llegar,
por que quién nace en El Puerto,
consigo lleva la mar.

Misteriosas las bodegas
donde sestean los vinos;
donde el vientre de las botas,
al dar a luz paren, fino.

Rubias arenas sus playas
por tibias aguas bañadas;
rumor de olas que componen,
para el Puerto, su balada…

Oro es su sol y su vino.
verde su mar y su campo;
por que lo quiso el destino,
oro y verde es mi bandera,
por la que pierdo el sentío.

Y que ¡VIVA EL PUERTO Y SU GENTE!
Al Puerto y a mis distinguidos paisanos con el deseo de que pasen una muy feliz feria 2009, esta sevillanita por si alguien se atreve a cantarla este año.

Original: Rafael Ángel Moreno Naval
El Puerto, 24 Abril de 2009

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Fotografía en la Feria de El Puerto 2008. Autor: Belén Molina.

MÍRALA CARA A CARA.

Por ahí va un profesor del conservatorio con una tajá como un piano. Por ahí va un maletilla preguntando quién ha visto toros en El Puerto. Por ahí va una chiquilla llorando, con la cara y el cabello rosa, que no ha pasado la prueba del algodón. Por ahí va un guiri cantando que sueña la margarita con ser Romerijo. Por ahí va un tío bastísimo bebiendo Fino. Por ahí va una inmigrante que pone en las solapas flores de otro mundo. Por ahí va un piloto con un perrito. Por ahí va El Ratón vacilón, con sombrero, pañuelo y bastón.
Mira a ese vecino de Las Viñas, bebiéndose la urbanización entera. Mira al seductor de tu jefe invitando a su secretaria a un rebujito. Mira al chaval de la tienda de muebles, que por fin salió del armario. Mira al profesor de física de Pablito buscando, como Arquímedes, un punto de apoyo,  para no volver a besar el albero. Mira a la dependienta de la papelería de enfrente de casa, con los papeles totalmente perdidos. Mira al cura de la parroquia rememorando el milagro de las bodas de Caná. Mira al presidente de la peña madridista, paseando, cabizbajo, por el Real. Mira a ese mimo hablando por los codos.
Por ahí va una chochona con una muñeca. Por ahí va un grupo de patitos pescando niños. Por ahí va un pony, en su día libre, dándose una vuelta un poco más grande. Por ahí va un nostálgico preguntando por la caseta de Tierra, Mar y Vino. Por ahí va un compañero del Alambique meciendo la columna a derecha e izquierda, como si fuera un paso de Semana Santa. Por ahí, por la calle del infierno, va un catequista desesperado con su niño Jesús. Por ahí va la mujer barbuda, con una empleada de Corporación Dermoestética.
Mira a la Charo, que no hay quien la corrija. Mira al secretario de la Falange,  poniéndose puo en la caseta de Comisiones. Mira al equipo de rugby, en plena melé por un plato de gambas. Mira al rojazo de Marcelino, bailando cara al sol. Mira a ese guaperas, en la cola del servicio, con la barbilla incrustada en el ombligo, esperando para una Micción Imposible. Mira al cursi de mi cuñado,  pidiendo un pinchito del norte del Magreb.
Por ahí va, derrochando hospitalidad,  la Feria de Primavera, esa fiesta de los sentidos en la que conviven, fraternalmente,  todas nuestras contradicciones.
Pepe Mendoza.
www.pepemendoza.blogia.com

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Feria de Ganado y Velada en el Paseo y Jardines de la Victoria. Año 1917. Dorso de Tarjeta Postal.

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Paseo de la Victoria, las cuatro estátuas de terracota representan a las cuatro estaciones. ... a la derecha los arcos de hierro de la rosaleda y la casa del guarda y jardinero, Domínguez, cuyo escudo de piedra se puso, en tiempos de Rafael Sevilla como Hermano Mayor de la Hermandad del Rocío,en la casa de El Puerto en la aldea del Rocío. cuando aquel parque neoclásico estaba en todo su esplendor...

paseolavictoria_jli_puertosantamaria1Paseo de la Victoria, cuadro de Juan Lara. (Original de la colección de Francisco M. Arniz Sanz)

Al final del Paseo de la Victoria, la fuente de la gruta con su surtidor y su baranda, flanqueada por las estatuas de las cuatro estaciones: Y todo cubierto de hileras de farolillos y biznagas de luces, ahora apagadas. De la Granja de San Javier sale el hijo de don Félix Tejada que quiere ser poeta y, por ahora, conduce un  tonneau con una jaquita, que su padre le ha comprado a Emilio Bootello.

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La recientemente desaparecida gruta del Paseo de la Victoria. El padre de Luis Suárez Ávila pintó una acuarela el año 1931 de esa fuente en todo su esplendor. El deterioro del Paseo de la Victoria, bancos de hierro incluidos, es uno de los crímenes urbanísticos cometidos en nuestra Ciudad. Y van...

Más allá, la Sericícola, con su caserío, isabelino, pintado de rojo y blanco, por donde alcanzo a ver a otro grupo de jinetes y amazonas: Ana María y María Osborne, Cristina Cólogan, Isabelita y Cristina  y Jesús Terry, éste sobre una jaquita gallega. El Mosca, con el landau tirado por mulas, trasiega Osbornes-Domecq desde la calle Fernán Caballero hasta El Palmar. Franco, con su "coche de plata", Peris, El Mena, Muñoz... van y vienen llevando feriantes en coches cuadrados para seis viajeros, dos transportines, el "ahí te pudras" y el conductor. Los dos autobuses "Chevrolet" de Emilio Bootello, azul-celestosos, carrozados de madera, van cargados hasta los topes, una y otra vez. Juan Antonio Buhigas guía la jardinera de Javier Terry, El Pajarito se acerca al pescante de la manola de don José María Pastor, Repeto aparece, desde "Laborde", en un milord redondo que acaba de arreglarse Alonso Romero. Paquiro arréa (¡Ría!, ¡Bóa!) un carro de marca que Abelardo Guindate ha preparado con una reata de mulos leoneses, esquilados por Margarito, que llevan las aparejadas nuevas, bordadas y claveteadas, con mosqueros de colas de zorros, que van a ser la sensación de la feria. Como de la Cañada de La Valenciana, se acerca un tropel de mayetos, vestidos de rayadillo, con sus tirillas abrochadas, sombreros anchos, sobre jacos y yeguas en monturas vaqueras vencidas y forradas de loneta, sus novias a la grupa, vestidas de gitana, que vienen  desde lejos, dejando sus ranchos. Del Pago del Serrano, del Presidio, de Viruela, de Pernita,... Quiroces y Galanes sobre yeguas del hierro de "la Palma" que lo mismo trillan que les sirven de trono. Campo a través se divisan a los Sánchez Gallego, con sus caballos españoles de crines trenzadas y enlazadas, las colas recogidas, a la vaquera, cayendo en las monturas con la sencillez y la soltura que da lo cotidiano.

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Feria de Ganado. Año 1964. (Archivo Municipal).

Al llegar al Palmar, un olor de hierba recién segada y un horizonte de mástiles, encalados, alineados, con gallardetes y grímpolas se presenta tras la portada de tres arcos, por donde penetra un hervidero de gente a pié, en coche y a caballo que desemboca en el real. Allí casetas de garlingas de eucaliptus y palmas, recién cortadas del Parque, del Vergel, de la Avenida de los Baños y de la Rotonda; allí, las sucursales provisionales de "Caza y Pesca", de "Antigua de Cabo", de "La Fuentecilla", de Aguilar el de "La Viña", de Obregón y de "La Gallera"...

Por el ala de la izquierda se penetra en la exposición del ganado. En boxes de empalizadas de eucaliptus y palmas, los caballos del hierro del "Bocado" y los del "Rastrillo"; cobras de yeguas de atusadas crines y colas, con rastra y sin ellas; potros tusones; vacas de leche; ganado de carne, retintas españolas, ovejas, cabras, burros garañones, burras de vientre; gallos españoles, pollos ingleses, gallinas de Guinea y conejos en clásicos polleros de madera, puestos a la vista de todos, pero, en particular, del competente jurado que ha sido nombrado. Los ganaderos guardan las formas. Sus mozos están vestidos impecablemente de corto, al cuidado de las bestias. El Loco Paquiro, Moroncillo o El Caneco sin guardar formas, ni nada, se permiten acercarse al Jurado para impetrar al Secretario: "--Don Federico de mi alma, ¿ha visto Vd. qué gallo más hermoso?"

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Feria de Ganado. Año 1960. (Archivo Municipal).

En el real, asiste al barullo, desde lo alto de sus caballos y sus monturas dragonas, la Guardia Rural, al mando del cabo Mulero; a pié, los guardias municipales: Peral, el comandante, el cabo Penita, Merengue, Pacuqui, Saborido, el Salas, Rafael Camacho... con blancas guerreras y cascos aun más blancos y relucientes. Y un ir y venir de jinetes y amazonas, de coches y de peatones, entre los que destaca y se descubre el brío de don Ramón García Llano, a lomos de una jaca torda y al Secretario General de Excmo. Ayuntamiento, don Federico Sánche- Pece y del Puerto, que con su jaca picaza y su garrocha ha traído, muy de mañana, desde el vecino cortijo de San Felipe y desde el Hato de la Carne el ganado retinto español hasta la feria. Antoñito, su hijo, hace sus pinitos, vestido de corto, sobre una burra, con aparejada bordada y albarda con estribos, que tienen en la finca de "Las Nieves" y cuida amorosamente el padre de Rafael Camacho.

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Feria de Ganado. Año 1965. Las botas de vino, hacen las veces de paredes y mostrador. A la derecha, vendedores de coco y de mariscos. Nada ha cambiado desde entonces... (Foto Archivo Municipal).

En las casetas, sobre mostradores de medias botas, se trasiega el vino fino de El Puerto y se abren cestas de mimbre de donde salen tortillas, bistelitos empanados, lonchas de jamón, de queso y de caña de lomo. La Guachi, de punta en blanco, tan limpia, con su mata de geranios en el pelo, su pañolillo rojo de flecos, sus medias y sus alpargatas blancas, pregona el marisco que lleva en sus cestos y circulan los papelones de gambas y bocas, los bogavantes y los peñiscos, sin tasa ni miramiento. Por aquí Eduardo Ruiz y su tocayo Tejada, con sombreros de ala ancha, dan la nota. Don José Mesa, tan alto, se toca también con otro sombrero andaluz. Por allá Jhoni Osborne, con la chaqueta de hilo recién planchada e impecablemente arrugada, se pone un clavel reventón en la solapa y derrama gracia y sabiduría. La Farfolla, con su bolso y sus botas de botones, su cigarro y su voz de trueno masculino, coloca lotería entre la coña y las risas, encajadas con arte y filantropía. Por acullá, niñeras uniformadas, de cuello duro y delantal con tiras bordadas, briegan con unos angelitos que quieren retratarse en grupo por "Foto Paco", "Foto Leo" o "Galería Azul" o que les compren sombreros alones de papel "pinocho" de los que hay en esas panoplias de listones, cogidos con alfileres de palo, entre "feces" y gorritas ciclistas, trompetitas y matasuegras, o incordian porque las compren turrón o cocos de La Habana.

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Interior de una caseta en la Feria de Ganado en 1963. Foto Rasero (Archivo Municipal).

El pueblo soberano desborda de alegría, en esa feria campera, tan ajena al asfalto, y canta a viva voz al son de una guitarra y baila hasta extenuar "La Sebastiana está al liquendoy..." Milagros Govantes se desgañita cantando "Pastillas de jabón a real...", "Me casé con un enano...", "Azules rejas..." y "La nieve por tu cara...". El Caco, Cailla, Quijano y Pepichi se parten tocando sevillanas de chimpúm. La Cruz Roja voluntaria, está pendiente, con camillas, por si hubiera o hubiese algún descarrilado que, con el sol y el polvo, se  indigestara del vino...

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Feria de Ganado en El Palmar. Entrega de Premios por el entonces alcalde de la Ciudad (1959) Miguel Castro Merello. A la izquierda un militar desconocido, el Juez de la Ciudad, Fernando Ramos Pasalodo. A la derecha de la fotografía podemos observar en primer término al niño Ramón Insua Lavín, y detrás de izquierda a derecha a Blas Aranda, funcionario del penal, Francisco Sara Sampalo, funcionario de Fiestas (su hijo, José Luis Sara, desempeña en la actividad el mismo cometido), y el fotógrafo Luis Sánchez Pérez, 'Quico'. Foto Rafa. (Archivo Municipal).

A la hora señalada, las fuerzas vivas, civiles y militares, y el clero, se colocan en la tribuna para que desfile el ganado y Martínez Montenegro proclame, por el micrófono, la lista de los premiados:
"--Primer premio..., para el conejo de Doña (y aquí el nombre de una señora muy conocida); Premio de ganado retinto: Mejor semental, Don...(y aquí el nombre de un acreditado portuense)".
Ante el pasmo de la concurrencia, cada cual recoge su premio y no pasa nada. Porque la feria es así. Himno Nacional y bajada de bandera.

Por la tarde, en la Victoria, habrá batalla de flores, en camiones camuflados de carrozas, donde Lola Nimo es la inevitable. La feria acabará. Había empezado con el desfile de gigantes y cabezudos que, desde la Casa Cuna, salieron garbosos, con sus reyes, sus roques, sus enanos, sus toreros y su toro que, como una tarasca laica, va arremetiendo contra el personal, al son de pasodobles, hasta llegar a la Avenida de Valentín Galarza y desvirgar la feria más abierta y jovial de todas las Andalucías.

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Feria de la Victoria. Carrozas y Batalla de Flores. Año 1959. Foto Rafa. (Archivo Municipal).

Pero con la batalla de flores, la feria acaba: "Ite, feria est". Yo, por mi parte, me apeo del pescante, refresco las cuartillas de mi jaco, le desabrocho la muserola y el ahogadero, le saco el quitipón y le abrocho las carrilleras del costal de lona porque el pienso se lo tiene merecido. (Texto: Luis Suárez Ávila).

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Velada de la Victoria, en el Paseo del mismo nombre. Foto Rasero. (Archivo Municipal).

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Parada de Coches de Caballos en la Plaza de Isaac Peral, camino de la Feria.

Permitidme que me suba al pescante de un coche de punto y que me aúne y me mezcle con los Potoco, los Cuín, los Moros de Sanlúcar; con los Naterros y los  Canarios, de Chipiona; los Juan Lanas de Rota; los Benito, Amalio y El Coreano, de Jerez: con Poquito y El Sanitario, de Cádiz... que arriban con sus milords, sus manolas y sus jardineras, traídas por caminos de arena, con un jaco de reata para refresco, para terminar sentando sus reales en la rinconada de La Campana o en la Plaza de Peral, que --a pesar de los pesares--todavía guarda un olor mixto de estiércol y azahar inigualable. Allí, junto a la acera frontera de la casa de Sánchez-Cossío, la bodega de don Serafín Álvarez y la tienda de El Chico, donde, por cierto, acaban de entrar Perico Lastra, Joaquín Sancho y Luis Fernández-Sanz, que vienen de dejar el palique con Cayetano el de La Alegría , allí, están, digo, como clavados, los coches de Pacurri, del Mellizo, de Juan Ramón, de Navarro, del Sordo Gallego, o de Manolito Ariza, últimos vástagos de las míticas estirpes de caleseros portuenses que ensalzaran Richard Ford, Fernán Caballero o Federico Rubio.

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Cola de los Toros, en el edificio donde estuvo la Caja de Ahorros de Cádiz,  calle Larga esquina  con la Plaza de Isaac Peral. Foto Monclova.

Por la calle Larga, un borbotón de gente, a grupos, va andando, como en peregrinación. Otros hacen cola en la taquilla de los Toros. De balcón a balcón doña Rosalía Tinajero comenta no se sabe qué con Candelaria Leal y Clemente, el guarda, recalca su autoridad a una gitana que ha confundido los árboles de la plaza con los del huerto naranjel. Veo a la puerta de su casa, escamondados, a Enrique, a José Mari y a Consuelito con la oronda tata; y a Chonita Lassaletta con su abuela y su padre, Pepe, derrochando simpatía y gracia; el padre Iñigo, como una exhalación entra en su casa resoplándose con la canoa a modo de abanico...; se oyen los rítmicos y acompasados cascos de un grupo de caballos. Son las jacas camperas, cruzadas, que montan Chano y Diego Colón, señores de Las Manoteras, como lo fuera aquel ilustrado y dieciochesco don José Reinoso. Eustasio Torrecillas, Lolo Sánchez-Cossío y Luis Fernando Terry enfilan la calle Larga al paso franco, tranqueando con sus caballos que tiran los mosqueros de oreja a oreja; pasa el milord, tirado por dos caballos bayos, de doña Carmen Noguera Jiménez, la prima de Juan Ramón el poeta de Moguer; de la la Casa Caballero, cruzan la jardinera con las mulas Pescadera, CarboneraLa Chata y, al pescante, Agustín Margallo y el faetón guiado por Joaquín Panales con cuatro caballos del hierro del Infante de Sanlúcar: Pavón, Benito, Milenario y Macarena.
El Coreano, que estaba "en primera", ha cogido un viaje y yo corro turno a ver si me estreno y me incorporo a la caravana. A la izquierda, más allá, veo a Milagros Govantes y a Carmen Gaztelu que toman por asalto la manola de doña Victoriana y vuelven a la mula cara al Paseo de la Victoria. Gente multicolor y varia se jalea con palmas redobladas en corros peripatéticos; otros esperan , en grupos, en los escalones de las casapuertas y aun otros descorren tímida y curiosamente los visillos de los cierros para contemplar el espectáculo.

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Coche de Cabalos al llegar a la Feria de Ganado de 1960.

Por fin me estreno. Invade mi coche una señora gorda, con sus hijas vestidas de gitana que se sientan sobre los arcos de la capota, con sus trajes rebosantes. Arreo a mi jaco. "--¡Látigo atrás!", me dicen. Yo tomo mi tralla y la lanzo amenazante a quien quiere viajar de balde. Me incorporo, riendas en mano, en el pescante, giro, me asiento e inicio mi marcha hacia el ferial. Cubriendo la carrera a los transeúntes, a un lado y a otro de la calle, puestos de turrón, de almendras garrapiñadas, de fruta de Aragón, de coco de La Habana y reolinas que siempre tocan y  "--¡Al rico parisién, compre!" Ampulosa y percherona, Cruz Hernández se asoma a las persianas del balcón de su casa. Al llegar a la calle Espíritu Santo, se incorpora un cortejo de caballistas y amazonas: Fernando y José Manuel Terry, Perico Barbadillo, Cayetano Bustillo y Pepe Ñudi, Loli Caballero, Milagros y Mency Terry. Ellos, de corto, montando a la vaquera, y, ellas, con faldas, sobre monturas de corneta. En la esquina aguarda Juanito Buhigas, auriga en la vagoneta que engancha en tresillo a la calesera. Más adelante, el Tato Quijano se acerca a la casa de don Rafael Fernández de Haro para recoger a Merceditas.

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Caballistas por la Plaza de los Jazmines y el Arco de la Trinidad. Al fondo, la Ermita de los Caminantes, engalanada para la Feria.

En la Plaza de los Jazmines, el pitter de Lamarca, enganchado a la media potencia con cinco caballos del "bocado", por el cochero más fino que vieron los tiempos: Joselito Buhigas, tan menudo de cuerpo, como grande sobre la cuña del pescante, manejando pendones de riendas incontables. Al pasar por la Victoria, el paseo descansa de una recién cerrada velada de noche. Los basureros arriman basuras, papeles, botellas, hollada comida y Luis Espino Pino, riega con el coche del agua, el Hispano-Suiza, para dejar en orden el recinto nocturno. Junto a la portada de las "tías encueras", la ermita pequeña de los Caminantes y la oronda fuente de la que Eduardo Ruiz hiciera manar milagroso el vino. Quietas, de día, las carmelas valencianas, plagadas de figuras variopintas y espejos; la tómbola de las Luisas de Marillac, donde Carmen Pérez, Magdalena Domínguez, Charo Jiménez, Pepita Castro o Paquita y Catana Aquino reparten la suerte en forma de medias botellas y cachivaches inservibles.

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El Cortijo, en el Paseo de la Victoria.

Y el Cortijo, tan blanco, con sus surtidores rocosos, en el que todavía está el eco de Agustín Embuena anunciando a Juanita Reina. "Tadeo" y su caseta y Murga, con la suya y la de la "Peña de los Embusteros", tan dignamente presidida por Luis Benvenuti y en la que hay un pozo de vino que se escancia a cubetas, descansan. El carrito de los sifones y las gaseosas de Rivas, y el otro mayor, de la Cruz del Campo, presa en barriles ovoides de roble, reponen la mercancía allí donde falta. Y el tablado de la música, donde la banda de Rocafull, la más torera del mundo, junto a la del maestro Tejera de la Maestranza de Sevilla, entonó, por la noche, sonoros pasodobles.

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Atracciones en la Feria de 1961.

Al fondo, el penal, el Teatro Chino, el tren de los escobazos, los espejos de la risa, el laberinto, la zaranda, la ola y las cunitas, el carro de las patás y los cochecitos, los Cristobitas y los hermanos canarios, la vaca Paquita, aquella de las cinco patas, cuatro cuernos y tres ubres, descansan hasta el atardecer. Continuará. (Texto: Luis Suárez Ávila).

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