La empresa “Corazones Hambrientos”, formada por los cocineros Diana Díaz y Jairo Quintero, crea una escuela de cocina que incluye la celebración de comidas en las que no se conoce ni el menú ni el resto de los comensales con los que se comparte mesa. Diana Diaz y Jairo Quintero las vieron por primera vez en Nueva York donde estuvieron un tiempo trabajando. Ahora, como dicen los finos, son “tendencia”. Una cena clandestina consiste en sentarse a comer en una mesa común en la que los comensales no se conocen previamente o tan sólo conocen a una parte pequeña del grupo. El menú suele ser una sorpresa y a veces hasta el sitio donde se realizan, en muchas ocasiones la casa del propio cocinero.
Categoría: Gastronomía
2.520. Mario Aliaño. El Adriano III navega de nuevo.
Hoy ha sido un día de esos para recordar, y lo ha sido porque me he acordado del Adriano III, ¿quién no recuerda al vapor del Puerto?, ese vapor que puntual como un reloj empezaba cada mañana y cada tarde, cada día, viajes de idas y vueltas a Cádiz, incansable, imparable, enviando sus olas contras las dos orillas, pasando majestuoso entre Valdelagrana y La Puntilla enfilando los espigones que le marcaban el rumbo hasta el horizonte, siendo quien mejor surcaba, el amo de las aguas de la bahía.
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2.517. Claudia Merello Mauchaussée. Little Cádiz en Madrid, con productos de El Puerto.
Claudia Merello Mauchaussée tiene 41 años. Nació en El Puerto de Santa María. Su abuelo era bodeguero y ella también ha tenido experiencia con la gastronomía ya que estuvo trabajando en la escuela de cocina y hostelería “El Anafe” de María Terry. Integradora social de profesión, desde 2011 vive en Madrid donde conoció a su marido. Cuando dejó de trabajar en Air Europa pensó que en Madrid “hay mucha demanda de productos gaditanos. La gente los conoce. Sabe de su calidad. Los ha probado, muchos porque han visitado la provincia y se han ido muy satisfechos de ella y sorprendidos por su gastronomía. Cuando venía por aquí muchos amigos me encargaban cosas, así que pensé que podría ser una buena idea la tienda”. /En la imagen, Claudia Merello posa en su tienda con una lata de tejas de El Puerto de Cien Palacios
2.513. Jesús y Javier Flores. Restaurante y barra ‘Cantigas’.
El restaurante y barra ‘Cantigas’ situado en el número 2 de la Bajada del Castillo abrió el pasado 2 de julio. La iniciativa es de varios socios, entre ellos el gerente del establecimiento, Jesús Flores, un profesional de la hostelería portuense de 37 años e hijo de Paco Flores, el fundador del famoso Casa Flores. Jesús también ha incorporado a otro conocido profesional, Javier Flores Jiménez, su primo, para atender al público. El nombre Cantigas lo escogieron por su cercanía al Castillo de San Marcos y en relación a las cantigas de Alfonso X El Sabio relacionadas con la historia de la Ciudad y el Cancionero de El Puerto de Santa María. (ver nótula núm. 1.000 en Gente del Puerto) /En la imagen, Javier y Jesús Flores.
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2.505. Ramón Gatica Ortega. Venta La Rufana.

Ramón Gatica Ortega, de la Venta ‘La Rufana’, ha sido galardonado este año por la Asociación de Empresarios de El Puerto de Santa María, en la XXI edición de su premio al mejor empresario local. Tiene 74 años de edad, es padre de seis hijos y abuelo de ocho nietos de los que tres también trabajan en las empresas del grupo ‘La Rufana’ que regentan en la actualidad sus hijos Ramón, Rafael, Manolo, Teresa y Floren. /Foto: Pablo Heredia.
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2.504. Encuentro Gastronómico de la Sal y el Estero

Un nutrido grupo de empresas relacionadas con la gastronomía, entre ellas las más representativas de la ciudad, organizan para septiembre unas jornadas de 3 días en el Castillo de San Marcos en las que mostrarán las posibilidades de los mariscos y pescados de estero, uno de los tesoros por descubrir en la provincia de Cádiz. /En la ilustración, imagen que anuncia las jornadas y que reproduce unas salinas. El dibujo abre la página web del evento.
La cocina de los esteros es el próximo tesoro a descubrir en la provincia de Cádiz. Tras la explosión de la cocina del atún rojo de almadraba, ahora la desconocida gastronomía relacionada con los esteros y las salinas, y protagonizada por pescados, mariscos, la sal y las algas, comienza a captar el interés del mundo de la gastronomía. ...continúa leyendo "2.504. Encuentro Gastronómico de la Sal y el Estero"
2.503. Vargas Llosa con Celia Insúa en El Puertito.

La portuense residente en Madrid Celia Insúa Lavín tuvo oportunidad de tratar al Premio Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa. Celia fue, durante dos años, gerente de dicho restaurante que está situado en Madrid, por la zona de Ópera: ‘El Puertito de Felipe V’, situado en una calle peatonal, Felipe V, una por las que se accede a la Plaza de Oriente, en un costado del Teatro Real. /En la imagen, Vargas LLosa, Celia Insúa y la segunda mujer del escritor, Patricia Llosa, en mayo de 2012.
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2.496. Restaurante económico ‘La Placilla’

En la imagen, de izquierda a derecha, Fermín Mateos, Fernando --tenía una tienda de tejidos en la calle Ricardo Alcón---, Juan Salas, Manolo Rodríguez Ceballos propietario del restaurante económico y Kiliki Tejada, bajo un cartel de Luisa Ortega. /Foto: Colección María Jesús Vela Durán.
Manuel Rodríguez Ceballos, alquiló un freidor en La Placilla, --donde no hace mucho se encontraba una tienda de electrodomésticos-- en el que instaló un ‘Restaurante Económico’: el menú constaba de dos platos a elegir entre ocho primeros y ocho segundos pan y postre, costando el cubierto 15 pesetas en la década de los sesenta del siglo pasado.
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2.484. Antonio Gutiérrez Jiménez. Restaurador

Cuando las primeras luces de la mañana comienzan a dar pelea a la oscuridad de la noche, Antonio emprende el ritual diario de buscar entre subastas y mercados el mejor género de frutas, verduras, mariscos y pescados que sepan poner el acento a su manera de interpretar la buena gastronomía.
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2.482. Alfonso Ruiz Fernández. Almacenero de corte fino en La Giralda.

Alfonso Ruiz Fernández es de esas personas. Tiene 49 años, enjuto, que es la manera fina de decir que alguien es bajito y delgado, pero de esos que se crece detrás del mostrador, del mostrador de La Giralda.
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2.467. Irene Moro Cordobés. Crazy Runner.

Irene Moro Cordobés tiene 27 años, es enfermera especializada en nutrición deportiva y una adicta al deporte. Desde marzo es una 'crazy runner' más. Nació en Cáceres pero hasta los 14 años vivió en El Puerto de Santa María .
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2.424. VICENTE SORDO GÓMEZ. Vicentín.

Por los años 60-70 estaba claro que los niños nos adueñábamos de las calles de nuestro entorno y principalmente de nuestra maltratada plaza de Isaac Peral. Hemos tenido una infancia tan bonita, tan alegre y tan en calma, que para sí quisieran las generaciones actuales, pues entre las tareas, las clases extra escolares, y los deportes, apenas les queda tiempo para divertirse y jugar. Nosotros teníamos menos libros y hacíamos menos tareas, y no por eso fuimos peores estudiantes ni tuvimos peor educación. Nuestros maestros eran más que excelentes y se desvivían por formarnos y educarnos en valores fundamentales como: el respeto, la urbanidad y el civismo amen de las materias, escolares etc.
Considero que nosotros vivíamos con menos estrés, debido al ejercicio que hacíamos al jugar y corretear como gamos. Realmente en mi primera infancia, mis mejores compañeros de juego fueron mis hermanos. Los domingos, nos lo pasábamos en grande, los mayores llevaban la voz cantante, y las más ‘menúas’ --las más chicas--, sin chistar o corríamos el riesgo de que nos dejaran con dos palmos de narices y se fueran con la música a otra parte. Y eso, claro no era plan. Como el tiempo pasaba inclemente, llegó el momento de volar sola, y tener mis propios y buenos amigos. La verdad es que lo tuve fácil, pues al ser la mayoría vecinos, nos conocíamos y nos llevábamos bien , eran lo que se decía… niños de confianza.

Vicentín, sobre la máquina de café, junto a su padre, el desaparecido Vicente Sordo Díaz.
Uno de estos niños, era Vicentín, --Vicente Sordo-- un encanto de crío y nada bruto. Vicentín sin duda era unos de mis buenos amigos, junto a Manolín --hijo de Sofía-- Jeromín Castro y los hermanos Leopoldo y Manuel --hijos de Leopoldo, el gallego--, Roberto, --hijo de Boli--, y Roberto e Ignacio Rodríguez Sánchez --de Casa Paco Ceballos-- y alguno más que mi memoria no alcanza a recordar.
Pues bien, todavía recuerdo cuantos momentos agradables pasamos en la trastienda del Almacén de Leopoldo charlando o jugando a algún juego de mesa bajo la supervisión de Luisa la esposa de Leopoldo y viendo crecer feliz a la benjamína de la familia Luisita, como su madre, creo recordar. Luisa era tan genial como su marido. Nunca un mal gesto, por el contrario todo era agrado. ¿Quien dice que uno no se acuerda de los olores de la niñez? Esa trastienda olía a gente buena y encantadora, que a pesar de que hayan pasado los años y ya no estén entre nosotros, no tenemos que hacer ningún esfuerzo, por traerlos a la memoria, porque han dejado tanta huella, que al hacerlo nos viene una sonrisa y porque no decirlo, también mucha nostalgia.

EL JUEGO DE LA PALMÁ.
El que no nos gustaran los niños brutos, evidentemente era porque alguna vez salimos lastimadas. Algunos juegos como el de la ‘Palmá’ eran eso, un poquito brutos y los niños de alguna manera competían en ‘dar más fuerte’. No era cosa de lastimarnos pero cierto era que arrearnos esos mamporros en la mano, nos la dejaba colorada como un tomate. Claro que ellos no se quejaban e incluso repetían. El que se la quedaba --era la forma de decir quién perdía y recibía los cates--, se colocaba de espalda a los compañeros de juegos, la palma de la mano se cruzaba abierta debajo de la axila y ahí empezaba el juego. Nos arremolinábamos a su alrededor y uno era quien daba el cate. Lógicamente unos daba más fuerte que otros y era fácil reconocerlos, pero no crean que las niñas también recibíamos aunque no como entre ellos. Ahí se reían sí, pero la mano la llevaban calentita. Y es que al ser ya mayores jugábamos más en grupo. No es la primera vez que lo digo pero es cierto que en mi primera infancia la Placilla me parecía enorme. Cabíamos todos los niños de los alrededores sin molestarnos unos a otros y sin pelearnos mucho. Que sí, que también había, enfado , pero duraba muy poco. La enfadá, bajaba a jugar, sola o con alguna amiga, pero nos miraba con carita de buena y se esfuma el enfado, no sin antes, eso sí, hacerle la pregunta “--¿Vas a hacerlo otra vez?” ¡Que iba a decir la criatura! ...

VICENTITO.
Pues bien, todos estos amigos, al crecer nos fuimos de alguna manera desperdigando y cada uno siguió su camino. Con Vicentito, jamás salí, ni a dar una vuelta como se decía antes, pero los dos nos tenemos mucho aprecio. Y es que quien conoce a Tito sabe que es un encanto. A ver, esperar un momento, que lo que estoy diciendo, no es una cursilería por quedar bien, os cuento: haciendo un símil taurino, Tito, es un torero de cante grande y salida a hombros, ¿y por qué? Fácil. Tiene: Hondura, con ella va el saber estar, dándole a cada uno su sitio, sin menospreciar a nadie. Pureza , con ella va la bondad y, a esta la regala, haciéndonos sentir, que es una persona sincera, cercana y cálida. Aparte, ¿y su empaque? Torero. ¿A que tengo razón?

Vicento Sordo Fernández, Vicente Sordo Díaz, Vicente Sordo Gómez, nieto, abuelo y padre, en una foto para el recuerdo.
Pues bien, es una alegría, saber que sigue ‘al pie del cañón’ en el mismo rincón donde empezó su padre Vicente Sordo Díaz (ver nótula núm. 2.091 en GdP), casado con Ascensión Gómez Recalde, y que tanta historia guarda entre sus muros. Y es que sigue siendo, un lugar especial donde poder reunirse, y que sigue conservando el encanto y ecos de antaño. Pareciera, que se hubiera detenido el tiempo, y pudiéramos adivinar, las instructivas tertulias, las miradas ilusionadas, ante un nuevo proyecto de vida o de trabajo y la risa alegre de los niños al degustar, un buen tazón de chocolate con churros. Y todo mi rinconcito del alma, para orgullo de sus padres, y de los que lo queremos bien.

Ivan Sordo Fernández.
Por suerte cuenta con espléndida savia nueva en la figura de sus hijos, frutos del matrimonio con Carmen Fernández Jiménez: Vicente, como su padre y su abuelo, e Iván. Está clarísimo que el futuro está asegurado, pues ambos dos han heredado, las virtudes de sus padres, en cuanto a calidez, educación, saber estar y bondad, mucha bondad. Amigo Tito, te emulo dándome un toque en el corazón, y diciéndote: hermano, sabes el cariño que os tengo. /Texto: María Jesús Vela Durán. Fotos: Bar Vicente.
Nota de Rectificación La dirección de Gente del Puerto tituló erróneamente la nótula dedicada a Vicente --su primer apellido--, como Sordo de la Borbolla, entendiendo que era un apellido, como otros de la Montaña compuesto, pero que éste no usaba, al igual que los Gil de Reboleño, Ruibal de Celis y otros. Queda, pues, hecha la rectificación.




