
De izquierda a derecha, Ignacio Rodríguez Sánchez del Bar Casa Paco, Patricio Melgarejo de la Distribuidora Cruzcampo, Pepe Garrido Prado del Bar ‘Er Beti’ y José María Escribano Ivison, presidente del Real Club Náutico.

De izquierda a derecha, Ignacio Rodríguez Sánchez del Bar Casa Paco, Patricio Melgarejo de la Distribuidora Cruzcampo, Pepe Garrido Prado del Bar ‘Er Beti’ y José María Escribano Ivison, presidente del Real Club Náutico.

El portuense Juan Manuel Moreno Vega entra en el equipo olímpico de Río 2016
El windsurfista de Vistahermosa recupera la plaza tras su paso por Palma de Mallorca. Lo ha conseguido. El windsurfista natural de El Puerto de Santa María, Juan Manuel Moreno Vega, ha vuelto a enganchar en la carrera olímpica y ya es miembro de efecto del equipo olímpico español de RS:X. El regatista del Vistahermosa Club de Golf convierte en éxito su ya meritorio décimo puesto en el 46º Trofeo SAR Princesa Sofia disputado la pasada semana en aguas de Palma de Mallorca.
Moreno se apeaba del equipo tras una mala racha de resultados y es ahora y después de meses de entrenamiento y mucho trabajo físico y mental cuando logra la recompensa y el objetivo marcado hace ahora un año.”--Estoy muy contento con el resultado final del campeonato, ya que todos los entrenamientos desde octubre del año pasado estaban centrados en hacer un buen papel en Palma de Mallorca y finalmente he conseguido cumplir mi objetivo, terminar en la final y confirmar mi plaza en el equipo olímpico español para Rio 2016”. Ahora deberá seguir trabajando para intentar ser el titular de la plaza que tendrá que pelear con el alicantino Iván Pastor, último representante español en los JJ.OO.

El portuense supo mantener la templanza para, tras romper el mástil en la jornada inaugural, salir al mar el segundo día y ganar la primera prueba y con un 11º y un 7º en las otras dos, colocarse en el puesto décimo primero “con la presión extra de no poder pinchar en ninguna manga al ya tener mi descarte en la primera”. La guinda del pastel la conseguía poner el último día finalizando cuarto y sexto con unas condiciones muy difíciles, determinando su pase a la final. ”--Tenías que haber visto mi cara al saber que entraba en la medal race –regata reservada a los diez primeros-, todas esas largas horas de entrenamientos, viajes, planificación y sacrificios habían dado sus frutos y la recompensa mereció la pena!”
Juan Manuel Moreno disfrutaba de unos días de descanso para, de nuevo, coger su tabla y poner rumbo a Hyeres (Francia), para participar en una Copa del Mundo donde solo estarán los 40 mejores del ranking mundial ISAF. “--Esta regata es muy prestigiosa ya que es muy difícil conseguir la plaza para para acudir, y con el trabajo ya hecho solo queda hacer un buen papel disfrutando e intentando mejorar de cara a esta temporada." /Texto: Mara Escassi

«Supe de ti,
frente a la mar de Cádiz,
en las mismas arenas y al pie del mismo río
adonde tú, tal vez patrono y marinero
de las naves de Ulises, llegaste una mañana.»
Menesteo. Fundador y Adivino.
Así iniciaba nuestro paisano, Rafael Alberti, su poemario Ora Marítima.
50 años educando a portuenses desde el método scout ideado por Baden Powell a comienzos del siglo XX dentro del Movimiento Scout Católico. Este año 2015 se cumplen 50 años de la fundación del Grupo Scout Ntra. Sra. del Carmen de El Puerto de Santa María.

Este Grupo del Movimiento Scout Católico que cuenta en la actualidad con unos 100 miembros ha venido desarrollando su labor de manera ininterrumpida desde que en el año 1965 el presbítero Antonio González Montaño (ver rótulas 232 y 233 en Gente del Puerto.) junto con un grupo de jóvenes lo creara en la antigua casa de Acción Católica en la calle Larga con fachada también a la calle Diego Niño.
El mencionado Grupo Scout ha tenido su sede primero en la mencionada casa de Acción Católica, posteriormente en una escuela rural cedida por el Ayuntamiento en la carretera de Fuenterrabía, hoy desaparecida, y en la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen y San Marcos donde reside en la actualidad, aunque siempre ha estado vinculado a dicha Parroquia.
El acto central de esta celebración tendrá lugar el 4 de julio próximo con una Eucaristía y una cena, que están actualmente en preparación. Así mismo se han programado otros actos como una verbena el 6 de junio, una exposición sobre estos 50 años y una acampada, de las que informaremos más adelante.

Desde el Comité Organizador queremos hacer un llamamiento a todos los que de alguna manera han estado vinculados a dicho Grupo Scout desde sus comienzos para que puedan participar de esta efemérides o al menos aportar sus recuerdos pues es intención de dicho Comité, que con los actos de este aniversario publicar un libro que contenga la historia del Grupo desde sus comienzo: testimonios, fotos, objetos, etc. serán bienvenidos.
Se ha creado una página web y un grupo de Facebook donde se irán dando a conocer esta celebración y para que sirva como lugar de encuentro de aquellos que pertenecen o han pertenecido a este Grupo Scout. También pueden ponerse en contacto a través del correo electrónico 50aniversarioelcarmenpsm@gmail.com. /Texto: Juan Ortega Álvaro.
En 1976, la Diputación Provincial de Cádiz gestionaba el Complejo Asistencial El Madrugador: Hospital Psiquiátrico, Centro de Educación Especial y Residencia de Ancianos, hoy en desuso. Si bien parte de las instalaciones se reconvirtieron en un Centro de Hostelería y Turismo, pendiente de inaugurar hace ya algo más de cuatro años.

En las fotografías, tomadas el 19 de septiembre de 1976, vemos una fiesta a la usanza de la época, con reina, damas y acompañantes, con el alcalde de la Ciudad, Manuel Martínez Alfonso.

En esta imagen, durante el ágape vemos, escoltados por las damas y acompañantes, a la izquierda a Juan Martín Vélez, secretario particular del Alcalde; el pregonero Francisco Montero Galvache, el alcalde Martínez Alfonso, el director del Hospital Psiquiátrico, Antonio López, el juez de la Ciudad, y el director administrativo del centro, Enrique García Paz. /Fotos: Archivo Municipal.
Continuamos con la serie de anagramas (ver nótula anterior núm. 2.392 en Gente del Puerto) que, gentilmente, nos ofrece el investigador Antonio Gutiérrez Ruiz, señalando para casapuertas, balcones, cancelas, ojos de buey y otros espacios de la singular y hogaño depauperada, arquitectura portuense.

Uno de los más bellos y enrevesados anagramas de hierro de los existentes en los balcones locales se encuentra en el balcón central del edificio de la antigua aduana, en la calle Maestro Veneroni. Las siglas que parece contiene son RFBC que bien pudiera corresponder a Real Fábrica de algo que no puedo concretar.

Este ventanal ovalado bodeguero, bellamente exornado con hojas de parra, que se encuentra en un lateral de la zona ajardinada frente al colegio Lasalle contiene las siglas V de P que corresponden a la denominación “Viuda de Pajares” propietaria de dichas instalaciones y de los terrenos de alrededor, parte de los cuales fueron legados para construir el colegio antes mencionado.

Las iniciales que figuran en el mediopunto de esta puerta-cancela calada que tiene más de 140 años y está en un inmueble de calle Palacios, entre las esquinas de San Bartolomé y Nevería son F y M

Las letras de otro mediopunto similar al anterior, en una casa de calle Diego Niño de la familia Velarde, son JVL, correspondiendo la letra central a este apellido.

En la calle Luna, en una casa entre Jesús de los Milagros y Misericordia, también figura en el mediopunto que remata el portón de entrada las iniciales de alguno de los propietarios, en este caso JGS.

En el balconcito de la casa de calle Cielos, esquina de Espíritu Santo, en la que vivieron últimamente las hermanas Ruiz de Cortazar Tosar mantiene el tipo a pesar del abandono del inmueble otro anagrama e el que solo distingo las iniciales F de P.

También en tiempos contemporáneos continúan identificando algunos propietarios sus posesiones como ocurre con esta casa de calle Nevería, en cuya cancela puede leerse claramente “Señores de Robles” /Texto y fotos: Antonio Gutiérrez Ruiz. - A.C. Puertoguía.

Anagrama E.A.A. en la casa de la Calle Federico Rubio 56 correspondiente al famoso filántropo Don Elías Ahuja Andria, (ver nótula núm. 185 en Gente del Puerto) constructor de esta su residencia desde que volvió de américa hasta que tuvo que abandonar España debido a la Guerra Civil.

Detalle del anagrama. Posteriormente esta vivienda le fue adquirida a Elía Ahuja en Nueva York por la inmobiliaria Luis Caballero. /Agradecemos a Julián Flores Vencela, la remisión de las dos últimas fotos que acompañan el final de la nótula.
Que la Sierra de San Cristóbal sólo tiene de sierra el nombre es tan cierto como que el espacio que ocupa (5’8 kms de longitud y 2 de anchura máxima) entre las campiñas de Isla Cartare y las marismas del Guadalete –a orilla de la antigua bahía de Cádiz-, propició, junto a la abundancia de recursos naturales (suelo agrícola, manantiales de agua, piedra, madera, caza, pesca), que este privilegiado y estratégico enclave fuese habitado por sucesivas comunidades humanas que durante más de cinco mil años dejaron, de punta a punta, de Cerro Verde al Cerro de San Cristóbal, las huellas de sus vidas y sus improntas culturales.

Ubicación de la Sierra de San Cristóbal y en la zona ampliada los yacimientos arqueológicos de la Antigüedad: 1.- Ciudad del Castillo de Doña Blanca. 2.- Acrópolis del siglo IV. 3.- Poblado de Las Cruces. 4.- Necrópolis de Las Cumbres. 5.- Poblado de La Dehesa. 6.- Posible ubicación del puerto de la ciudad. 7.- Plataforma de cazoletas (Cobre
Pese a que el conocimiento de la historia de su ocupación es muy limitado por la falta de actuaciones públicas que hayan apostado por su protección y conservación, por su estudio integral multidisciplinar y su progresiva adecuación para el disfrute de los ciudadanos, la Sierra de San Cristóbal acumula y guarda en sus entrañas, como una de las cunas urbanas de Occidente que es, una historia destacadísima en la que lo sagrado, espiritual, religioso, trascendente o como se le quiera llamar, estuvo siempre presente. Sobre ello queremos incidir en ésta y las dos próximas entregas de Isla Cartare, marcando este carácter sagrado vinculado a la vida, a la muerte y al más allá que impregnó a la Sierra de San Cristóbal en el transcurso de la Historia, y que aún hoy, pateándola sin prisas y con los sentidos atentos, aún se percibe.

Vista parcial de la Sierra de San Cristóbal desde las marismas. / Foto, Juan José López Amador, 2014.
Escribimos en otro lugar (ver nótula 2.245) que la primera comunidad humana que de forma estable se asentó en el actual término portuense lo hizo hace unos seis mil años en el pago de Cantarranas, cerca del mar y del arroyo Salado de Rota, hasta que el poblado fue abandonado durante la primera mitad del III milenio antes de nuestra era, cuando se desarrollaron nuevos hábitats –de la Edad del Cobre- en dos áreas: en los márgenes del Salado, principalmente en el entorno de la laguna del Gallo, y en la Sierra de San Cristóbal, donde a cada extremo se ha detectado la presencia de un poblado, en Las Beatillas y junto a Doña Blanca. Y entre ellos, en el yacimiento Buenavista (junto a la carretera Jerez-Puerto Real), un taller estacional donde manufacturaban útiles de piedra.

Ubicación de La Dehesa y Doña Blanca con la reposición de la antigua bahía de Cádiz (marismas) a partir de una foto aérea tomada por José Ignacio Delgado ‘Nani’.
EN LA DEHESA
Cuando los fenicios arribaron a la bahía de Cádiz a fines del siglo IX antes de Cristo y fundaron al pie de la Sierra de San Cristóbal la ciudad del Castillo de Doña Blanca –la que los griegos llamaron Puerto de Menesteo-, su espacio y su entorno inmediato, a orilla del mar, había sido habitado por comunidades indígenas desde mucho tiempo atrás.

José Ignacio Delgado y José Antonio Ruiz sobre la huella de un fondo de cabaña de La Dehesa, en 1982. / Foto, J.J.L.A.
En linde a Doña Blanca, en el paraje conocido como La Dehesa, en 1982 y 1985 se realizaron sendas campañas arqueológicas dirigidas por Diego Ruiz Mata que sacaron a la luz (en 1.000 m2 excavados) las huellas parciales de un poblado del Cobre, de mediados del III milenio a.n.e. Conformaban el hábitat cabañas circulares (de 3’20 m de diámetro la mayor) agrupadas en núcleos dispersos, ligeramente excavadas en el suelo y levantadas con zócalos de piedra, paredes de tapial y cubierta vegetal, teniendo algunas delante zanjas en las que seguramente se encajaban mamparas para protegerlas del viento de Levante; y entre las cabañas, silos excavados para el almacenaje del sustento de la población y otras pequeñas estructuras de desconocida función.
Poblados como el de La Dehesa, cuyas características formales perduraron hasta la llegada de los fenicios, cimentaron las bases sociales y económicas que dieron lugar a la eclosión de la cultura tartésica (ver nótula 2.273 en Gente del Puerto).

Nani accediendo al hipogeo del Sol y la Luna el día que lo descubrimos, abril de 1983. / Foto, J.J.L.A. y Nani.
EL HIPOGEO DEL SOL Y LA LUNA
Enfrente de Doña Blanca, en la zona nombrada Las Cumbres y ocupando más de 100 hectáreas de la falda de la Sierra se encuentran, prácticamente desconocidas por no excavadas, las necrópolis de quienes habitaron estos parajes durante la Antigüedad.

Abajo, Juan José en el interior colmatado del hipogeo. A la izquierda, la columna central de la cámara funeraria.
En 1983, José Bermúdez, querido amigo ya fallecido y entonces obrero en las excavaciones de Doña Blanca, nos informó de la existencia de una pequeña “cueva” frente a la ciudad fenicia. Personados en el lugar en compañía de José Ignacio Delgado ‘Nani’ y José Antonio Ruiz, constatamos la presencia de un hipogeo excavado en la roca, colmatado de tierra, en el que en 1987, bajo la dirección de Diego Ruiz Mata, se intervino arqueológicamente, resultando ser el enterramiento colectivo de unos 25 individuos que vivieron –seguramente en el entorno de La Dehesa- durante la Edad del Bronce Pleno, hacia los años 1700-1500 antes de nuestra era, según dató su excavador. No obstante de esta cronología, los enterramientos exhumados corresponden a una reutilización del recinto mortuorio, que en su origen fue excavado en la piedra calcarenita a fines del tercer milenio, en los tiempos postreros de la Edad del Cobre.

Acceso al hipogeo durante su excavación en 1987. En el dintel, los símbolos del Sol y la Luna. / Foto, J.J.L.A.
Al recinto se accedía por un pequeño pozo escalonado que daba a la puerta de acceso a la cámara funeraria, teniendo grabada al centro del dintel la figuración de los símbolos astrales del Sol y la Luna Creciente. Al exterior de la cámara quedaban los receptáculos donde se realizaban las libaciones sagradas, y a un lado un nicho sepulcral. Al interior la cámara presentaba una planta circular de 3 m de diámetro, techo plano a 1’80 m, una columna central y, al fondo, un amplio nicho conteniendo los restos óseos (muy destrozados por la acidez del terreno) de quienes aquí tuvieron su última morada. Y con ellos, los ajuares funerarios, de los que se pudo recuperar –conociéndose que la tumba ya fue expoliada en época romana- cuencos y vasos de cerámicas y objetos personales de oro, plata y bronce.

A la izquierda, interior de la cámara funeraria con la columna central y el nicho de las inhumaciones. / Foto, J.J.L.A. En la imagen de la derecha, parte de un ajuar hallado en el hipogeo: collar de plata con cuentas, pendientes de oro, espirales de plata, cuchillos -de sierra y curvado- de bronce y remaches de plata, agujas y punzones de bronce, placa de arquero, concha… / Foto, Museo Municipal de El Puerto de Santa María.
Es conocido un segundo hipogeo en Las Cumbres, no excavado, de mayores dimensiones, que tiene tras su puerta de acceso un amplio habitáculo central al que se abren, a derecha, izquierda y enfrente, tres grandes nichos mortuorios.

Desde la cima del Cerro de San Cristóbal, vista parcial de la necrópolis de Las Cumbres (más de un millón de m2), Doña Blanca, las marismas, El Puerto, Valdelagrana, la Bahía y Cádiz. / Foto, J.J.L.A.
EL TÚMULO FENICIO
La única excavación arqueológica realizada en la necrópolis de quienes habitaron Doña Blanca durante 600 años (fines ss. IX-III a.C.) se verificó en 1984-85, también dirigida por Ruiz Mata, en un túmulo que acogió las tumbas de un clan familiar durante todo el siglo VIII a. C.
El montículo artificial, de 22 m de diámetro y altura máxima de 1’80 m, tenía en su centro, enmarcado por un muro de adobes y excavado en la roca, el ‘ustrinum’, la fosa donde se incineraron los cadáveres. Y en su entorno, en cavidades practicadas en la roca y en resquicios naturales, 63 cremaciones depositadas en urnas que también contenían objetos personales de los difuntos (broches de cinturón, fíbulas, anillos, pendientes, cuchillos, cuentas de collar…); y junto a las urnas, quemaperfumes y copas de libación empleados en los rituales y otros recipientes cerámicos de ofrendas. Finalmente, cada tumba se sellaba con piedras y arcilla roja.

Excavación del túmulo fenicio en 1984. / Foto, J.J.L.A.
Una vez amortizado el espacio funerario a fines del s. VIII, el enterramiento colectivo se cubrió con un potente estrato de piedras y tierra, creándose una estructura tumular de forma troncocónica y delimitada en su contorno con piedras medianas y grandes espaciadas.

La tumba nº24 del túmulo fenicio, de fines del siglo VIII a.C. / Foto, J.J.L.A.
El túmulo, cuyas características son netamente semitas en sus rituales y en los materiales culturales, denota, por la coexistencia con cerámicas indígenas, la aculturación y la bien avenida interrelación de ambas comunidades –fenicia y tartesia- desde los primeros momentos de la fundación de Doña Blanca.

Parte del ajuar de la tumba nº24: dos urnas, una ampolla, un soporte, fragmentos de una cazuela y dos vasitos de alabastro. / Foto, Museo Municipal de El Puerto.
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Vista parcial del claustro del Monasterio de la Victoria, durante su uso como Centro de Cumplimiento Penitenciario. Año 1908. /Foto 219 del Catálogo Monumental de la Provincia de Cádiz.
En una anterior nótula (núm. 2.066 de GdP), recogimos una reseña ilustrada del Catálogo Monumental de la Provincia de Cádiz, con imágenes de El Puerto de Santa María fotografiado en 1908, y publicado en 1934 realizado por Enrique Romero de Torres, hermano del pintor Julio. Aunque sin completarse, dicho catálgo se considera la empresa colectiva más importante realizada en la España contemporánea, para dar a conocer su patrimonio histórico artístico.
El próximo martes 14 de abril a las 20:00 horas, Juan Gómez Fernández (ver nótula núm. 954 en GdP) presenta su nuevo libro ‘La Escuela Republicana en El Puerto: entre la ilusión y la represión, en la Fundación Rafael Alberti, publicado por Ediciones El Boletín, que dirige Eduardo Alabaladejo. Antes de la presentación, a las 18:300 horas, se proyectará el documental ‘Misiones pedagógicas de la República 1931-1936’ de Gonzalo Tapia, de 56 minutos de duración. La presentación del libro correrá a cargo de Diego Caro Cancela, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz, cuyo prólogo traemos a la consideración de los lectores de Gente del Puerto, por gentileza del editor de la obra.
La Segunda República Española ha sido uno de los periodos privilegiados de la historiografía contemporaneísta. Conocemos ya razonablemente bien los tres procesos electorales que la acompañaron, las biografías de sus personalidades más relevantes, la evolución de los partidos políticos que sostuvieron sus gobiernos, los nacionalismos que emergen en estos cinco años, la conflictividad social y el movimiento obrero y las ambiciosas reformas que se intentaron ejecutar en su primer bienio. De hecho, en los últimos treinta años se han ido formando dos grandes tendencias en esta historiografía con valoraciones abiertamente enfrentadas. Por un lado, y desde los años noventa de la pasada centuria, fue emergiendo una “escuela revisionista” que considera a la República como un régimen que fue incapaz de garantizar la convivencia de los españoles por el auge de los extremismos políticos y que encontraría en la guerra civil su epílogo inevitable. Un grupo de historiadores que pese a su pretendida modernidad no han hecho sino poner al día los viejos tópicos de los apologetas del franquismo que para justificar el golpe de Estado del 18 de julio atribuyeron a los políticos republicanos toda clase de maldades, entre las que no faltó el manido contubernio judeo-masónico y del comunismo internacional.
Frente a éstos, también ha ido surgiendo otra escuela historiográfica que ve en la República el primer régimen verdaderamente democrático de la Historia de España, el que intentó modernizar y resolver los problemas seculares que arrastraba nuestra sociedad y el que tuvo que hacer frente a los movimientos totalitarios que estaban poniendo en crisis a todas las sociedades democráticas de la Europa de los años treinta. Un periodo republicano con tres etapas claramente diferenciadas y en las que las reformas del primer bienio, quedaron frenadas en el segundo por la coalición radical-cedista, hasta que el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 volvió a recuperarlas.

Pues bien, sabemos ya bastante sobre las grandes líneas de la República, pero poco sobre cómo se vivieron y cómo se ejecutaron estos cambios políticos y sociales en pueblos y ciudades. Por esta razón es bueno que sigan apareciendo más historias locales y provinciales que pongan en evidencia los grandes planteamientos o que los enriquezcan con todos los matices y complejidades que tienen los hechos históricos. /Juan Gómez Fernández, a la izquierda d ella imagen.
En este contexto, la aparición de este libro de Juan Gómez que tengo el placer de presentar no puede ser más procedente. En primer lugar porque es la primera aproximación que se hace a la historia de la Segunda República en El Puerto, centrada especialmente en las reformas educativas que se practicaron. Y en segundo lugar, porque de esta manera contribuye a ampliar el conocimiento que tenemos de este periodo histórico en la provincia de Cádiz, completando el panorama historiográfico ya asentado por autores como Fernando Romero, José Luis Gutiérrez Molina, José Pettenghi, Manolo Santander, Manuel Garrucho, Tano Ramos o Fernando Sígler.
Juan Gómez no sólo reconstruye minuciosamente cómo se aplican en El Puerto las reformas educativas del régimen republicano. También nos hace retrato bastante acertado de cuál era el punto de partida, una situación educativa bajo la Monarquía de Alfonso XIII marcada por las altas tasas de analfabetismo, especialmente en las mujeres, la falta de plazas escolares y el deterioro material de las escuelas.
Sobre este desgraciado escenario se tienen que asentar las reformas educativas del primer bienio republicano, con la creación de nuevas escuelas, la ampliación de plazas de maestros y los conflictos que se plantean en la ciudad al implantarse una educación laica. Unas reformas que, como se cuenta en el libro, provocaran la movilización de todos los sectores conservadores y católicos contra las mismas, con la Revista Portuense de ariete ante la opinión pública.
Pero este libro de Juan Gómez va todavía más lejos, porque además del análisis detallado que hace de la política educativa republicana en El Puerto nos cuenta también la “contrarreforma” que viene tras el triunfo del golpe militar de 1936 en la ciudad y gran parte de la provincia, con el regreso de los curas a las aulas, las ejecuciones y depuraciones de maestros y maestras, las campañas de adoctrinamiento de lo que será el nacionalcatolicismo y las listas de libros que tenían que ser “eliminados” de las bibliotecas escolares. También de especial interés nos parece el capítulo sexto en el que se hace un detallado análisis de otras instituciones educativas como la Colonia Escolar Obrera jerezana y los niños que traía de vacaciones a la playa de la Puntilla, una de las experiencias más hermosas de la educación gaditana del siglo XX, o las páginas que dedica a describir la labor social de la Cantina Escolar de la Escuela de Bellas Artes.

La convocatoria es el próximo martes 14 de abril.
Frente a estas acciones educativas cargadas de ilusión y altruismo para mejorar las condiciones de vida de la población infantil más necesitada de Jerez y El Puerto, lo que se narra en el libro sobre la depuración franquista del Magisterio portuense pone en evidencia la bajeza personal y la degradación moral a lo que llegaron algunos de los personajes que se situaron en el lado de los vencedores de la guerra. Sólo lo que se cuenta del expediente de depuración de la maestra a la que antes le habían fusilado el marido y un hijo merecería entrar en la historia universal de la infamia, preludio de la “larga noche” de muertes, cárceles, exilios y represión que vino a continuación.
Juan Gómez ya demostró su solvencia como historiador cuando alcanzó el máximo grado académico con la tesis doctoral que hace algunos años presentó sobre la educación portuense en el siglo XIX. Ahora lo confirma con este libro sobre la realidad educativa de un periodo conflictivo de El Puerto del siglo XX. Les invito a leerlo. /Texto: Diego Caro Cancela.
Francisco Pérez Pastor nos dejaba e Madrid el miércoles 13 de enero de 1988, a primera hora de la tarde, el tiempo y el espacio dejaron de tener sentido para él, porque estaba penetrando serenamente en lo eterno y en lo ilimitado.

El Puerto de Santa María, desde hace muchos años atrás, tuvo en él una especie de embajador oficioso en la Villa y Corte. Muchos son también los portuenses que saben de su actividad receptiva , de su consejo amistoso, de su gestión eficaz, en tantas y tantas entrevistas mantenidas en su despacho de la Sociedad de Autores o en su propio domicilio de Fernando el Católico, ineludiblemente rematads con unas amigables copas de vino de su tierra.
El Puerto, siempre latente en el corazón de Paco Pérez Pastor. Una ciudad y un entorno permanentemente sentidos con él con cariños de hijo fiel y sensibilidades de fino escritor. Sin lejanías, sin nostalgias, porque sus visitas eran frecuentes y su vivencia continúa. Se añora lo que no se tiene; y él no podía añorar a El Puerto, porque El Puerto siempre estaba con él.
Desde mucho tiempo atrás. Desde su infancia asomada a los azules de la Bahía. Desde su juventud con inquietudes intelectuales, en que por tradición familiar y propia vocación periodística participara tan activamente en la publicación de esda doble hojilla diaria que se llamaba la “Revista Portuense”.
Casi medio siglo de información local, desde los penúltimos años del siglo XIX hasta el año 1939. Un periódico breve, sencillo, coridal; para una ciudad cordial, sencilla y breve, como era El Puerto de por entonces. Luis y Dionisio Pérez Gutiérrez (ver nótula núm. 812 en GdP) lo habían traído al mundo, y una nueva generación --Luis y Paco Pérez Pastor-- recogió la antorcha de la continuidad.

La fotografía tiene 108 años. En ella aparece la redacción de la Revista Portuense, sentados de izquierda a derecha: Mariano López Muñoz, andalucista y socio fundador de Racing Club Portuense; Luís Pérez Gutiérrez, propietario de la publicación; Manolo Soto, Javier Caballero, Antonio Peñasco y de pie junto a éste, el comediógrafo Pedro Muñoz Seca. /La foto es del año 1907 y pertenece a la Colección Pérez Pastor.
Cuando, por las circunstancias que el paso del tiempo trae consigo, hubo de cerrar sus puertas la Imprenta Pérez Pastor, hogar y taller de la entrañable publicación, todo un tesoro de datos, anécdotas y curiosidades locales de la vida del Puerto de Santa María, permanecía reunido en treinta o cuarenta grandes tomos alineados en una vieja estantería en las penumbras de la ya desaparecida imprenta: la colección completa única e insustituible de la Revista Portuense. Francisco Pérez Pastor tuvo el gesto noble y generoso de donarla al Ayuntamiento de su pueblo. De sus manos la recibí, para depositarlas en la Casa de la Cultura, y hoy forma parte del Archivo Municipal.
Cuando Paco se nos fue, callada, serenamente, sin la oportunidad de una despedida cuando su vida cerrada dejó atrás la triple cosecha de su familia, de su trabajo y de su amor por El Puerto, parecía como si las páginas amarillentas de la Revista Portuense nos dijeran su adiós definitivo, el adiós que Paco Pérez no nos pudo decir. /Texto: Manuel Martínez Alfonso.
A finales de junio de 1991, hace 24 años, el recordado profesor e investigador, catedrático de Geografía e Historia del Instituto Laboral, Enrique Bartolomé López-Somoza (ver nótula núm. 222 en GdP), recibía un homenaje por parte de la comunidad de profesores, alumnos y ex alumnos, así como del Ayuntamiento, como reconocimiento a su larga trayectoria como docente en El Puerto de Santa María, con motivo de su jubilación, tras 39 años dedicado a la enseñanza en institutos portuenses.
El director del centro, Emilio Flor Jiménez (ver nótula núm. 1.867 en GdP) recordaba aquel día las cualidades de Enrique Bartolomé como humanista e investigador. Desarrolló dicha labor investigadora con una humildad exquisita en el Archivo Municipal. Con tal motivo se le hizo un reconocimiento público en 1984, por lo que se le entregó en febrero de 1985 la Medalla de Oro del Centenario de la Plaza de Toros, por sus trabajos en el ámbito de la historiografía local, catalogando documentos. En concreto el que fuera también profesor de historia de la UNED en Cádiz, entro otros trabajos realizó el catálogo de documentos y folletos en relación con América y libros del Fondo Antiguo de la Biblioteca Municipal, catalogación de los documentos de cuarto y seis legados de "Apéndices' correspondiente a la sección 'Papeles Antiguos' que no fueron descritos en su día por Juan Miguel Rubio de Espinosa y redacción de fichas y materiales de estos documentos dejando todo a disposición d los investigadores; resumen de la prensa que se encuentra en el mencionado archivo, titulado 'Breve reseña de la prensa portuense' de los siglos XIX y XX.
El concejal de Cultura, Juan Gómez Fernández (ver nótula núm. 954 en GdP) trajo a colación las palabras: “los pueblos que honran a sus hijos se honran a sí mismos”, poniendo de manifiesto que, con motivo de su jubilación el Ayuntamiento había publicado dos artículos de Bartolomé: “El diario del viaje del piloto mayor Diego Tomás de Andía y Varela a las costas de la Patagonia /1745-1746)” un documento científico cuya característica esencial es que se conserva íntegro, desde la organización del viaje, hasta los resultados del mismo pasando por el desarrollo, regreso y salida; y “Notas para una historia de El Puerto de Santa María en el siglo XIX (periodo 1800-1814), aunque el profesor estudió hasta el periodo del año 1923.
Bartolomé calificó el homenaje de inmerecido y desproporcionado “para quien se ha limitado a cumplir sus obligaciones, no tiene que ser exaltado porque ha cumplido y está pagado".
José Pineda Fabra es un músico portuense, nieto del que fuera el conocido médico Juan Fabra, uno de los mejores pediatras con los que contó la Ciudad. El abuelo paterno del músico era pescador, excelente mecánico naval y mejor persona. José tiene su ocupación principal como programador web. En su día trabajó en el que fue el único bar Heavy, situado en Puerto Escondido, en una antigua farmacia.
Según el propio Pineda: "Mi primer concierto de Heavy Metal que dí, en el colegio de Las Esclavas, en 3º de la ESO, las hermanas, de las que guardo un cariñoso recuerdo, nos dieron permiso para montar dicho concierto en la fiesta de fin de curso y repetimos incluso dos días. Yo tocaba con compañeros de clase que también empezaban conmigo por entonces, pero el único que siguió luchando por llegar a algo fuí yo. También guardo muy buen recuerdo de mi paso por San Luis Gonzaga para cursar Bachiller y mis estudios de informática, aquí ya teniamos una buena pandilla de gente que amabamos la música y en las tertulias de sus recreos fué donde cultivé mi conocimiento en nuevos grupos y estilos.
El punto de reunión musical, donde aprendí a tocar con una banda de verdad, fué gracias a los locales que nos prestaron la gente de CNT, si formar parte de la asociación y ni siquiera conicidir con sus ideas fueron tan amables de cedernos un local para ensayar en el antiguo colegio de la calle Gatona". Aficionado a la música en general, componer y tocar la guitarra o el bajo, ver series de TV, jugar a la Wii, ver programas y documentales de historia, misterio y ciencia ficción y al F.C. Barcelona.
En 1998 asistió a su primer concierto: Iron Maiden, mas Helloween y Dirty Deeds. Sus bandas favoritas son Iron Maiden, Judas Priest, Manowar, Whitesnake, Bon Jovi, Gamma Ray, Edguy. Además del Metal le gusta mucho el Blues y todo el Rock en general.

José Pineda, a la izquierda, con la banda gaditana SPHINX.
"Desde 2002, que entré en la banda gatidana SPHINX, ya traslade mi lugar de ensayo a Cádiz, a la zona Franca, desde entonces no he parado de girar por todo el pais, sacando discos bajo grandes discográficas como Warner, Avispa o la histórica fonomusic, así como haber participado en los festivales de rock más importantes de España, como Viña Rock, Metalway, Derrame Rock, o Leyendas del Rock (en tres ocasiones en este caso). En los tres últimos años ha sido cuando mi carrera ha pegado un buen estirón, con la creación de mi nueva banda SnakeyeS, que tiene una gran acogida a nivel internacional y mi inicio en las tareas de producción y grabación en mis propios estudios, que tengo en mi casa de Jerez.
En 2013, editamos con Sphinx nuestro último disco "Chronos", a los meses nos separamos así que entré a formar parte de otra banda, llamada Nova Era, donde militan músicos de la talla de Jose Rubio, (afamado guitarrista Cordobés, residente en Galicia y miembro de la banda del cantante de Mago de Oz, Jose Andrea), así como otros músicos de renombre como el baterista argentino, Gustavo Segura, miembro durante 7 años de la Vargas Blues Band. Con Nova Era, co-producí junto a José Rubio, el disco "Fight", (editado en noviembre de 2014), además de grabar en mis estudios, baterias, bajos y teclados, así como aportar en la composición de 5 temas del disco.

La banda SnakeyeS, al completo con el portuense a la derecha de la imagen.
José Pineda, junto al resto de la banda SnakeyeS, presentó en el programa de referencia del sonido 'Metal' de la radio española El vuelo del Fénix, de Radio 3, su nuevo disco Ultimate sin.
"He trabajado duro para poder editar el pasado 19 de marzo el primer disco de SnakeyeS, con tan solo un mes el video del single alcanzó las 10.000 visitas, con un notable éxito en la crítica tanto nacional como internacional, así como en la venta fuera de nuestras frontera en paises como USA, Alemania, Grecia, Holanda, Lituania o Israel".
SnakeyeS es una nueva banda de heavy metal que nace fruto del proyecto de tres de los miembros de la banda Sphinx, el batería Carlos Delgado, el guitarra Justi Bala y José Pineda, bajista y productor, y Cosmin Aionita, poderoso cantante rumano de la banda 9.7. Richter. Con unas influencias comunes dentro del Metal como Judas Priest o Iron Maiden, SnakeyeS decide consolidarse como banda tras preparar un amplio repertorio de temas y comprobar que la química musical es perfecta.
Para el disco Ultimate sin, SnakeyeS cuenta con el sello de calidad internacional de Felipe Machado, artista habitual en los discos de grupos como Blind Guardian, Iced Earth, Rhapsoy o Iron Savior. En cuanto a la gira del grupo, comenzará hoy jueves en la sala We Rock de Madrid y le llevará durante el próximo medio año a visitar las principales salas y festivales de Metal en Barcelona, Sevilla, Toledo y Zaragoza entre otras capitales. /Portada de Ultimate Sin.
El público portuense y de nuestro entorno geográfico podrá disfrutar del directo de SnakeyeS el próximo 16 de mayo en la sala El Pelícano, de Cádiz.
El álbum Ultimate sin consta de once temas, grabados y producidos por José Pineda en sus propios estudios. El disco sale a la venta hoy jueves. Acerca de su último trabajo, la banda cuenta que "con Ultimate Sin hacemos una propuesta de heavy metal sin concesiones, ni etiquetas, con una producción a nuestro gusto y medida, adaptada a los tiempos que corren, pero manteniendo un toque clásico y directo".
La filosofía de la vida de José Pineda es “Deja para el final lo que no tengas ganas de hacer ahora. Empieza y acaba el día con una sonrisa. Fidelidad, honor y lealtad”.