Un linaje portuense con destino Ecuador

| Texto: Antonio Gutiérrez Ruíz
Rafael Franco Gil, republicano radical y autodidacta políglota, destacó en El Puerto como comerciante y político a inicios del siglo XX, pese a su ideología minoritaria. Su vida familiar y profesional estuvo ligada a la firma Jiménez Dávila, mientras criaba a sus hijos en un entorno marcado por el trabajo y la actividad social local. Su hijo, Rafael Franco Díaz, amplió horizontes viajando a Estados Unidos y estableciéndose finalmente en Manta (Ecuador), donde desarrolló negocios cafeteros. Allí consolidó la saga familiar, con descendientes influyentes en la vida pública ecuatoriana, su nieto, Rafael Franco Barba, llegó a ministro de aquel país, manteniendo vivo el vínculo con sus raíces portuenses.
Rafael Franco Gil, concejal electo por el Partido Republicano Federalista en 1914 fue un curioso personaje de esa época inicial del siglo XX. Republicano, anticlerical, antimonárquico, masón confeso, pues perteneció a la Logia Candeur, de París, grado 33.
En febrero de 1873, con solo 14 años, desfiló como abanderado cuando se proclamó la Primera República. Sería un autodidacta total, un brillante polígloto que, sin salir de El Puerto, aprendió inglés, francés, alemán e italiano, idiomas que hablaba y escribía con soltura y le sirvieron en su profesión de agente comercial, aunque ejercía de contable, además de ser el jefe comercial de la Casa o firma local de Jiménez Dávila, empresa cuyo punto fuerte residía en la exportación de sus productos bodegueros.


Sus descendientes ecuatorianos creían que era ahijado de Fernán Caballero. La realidad es que fue su hermana, Aurora, siendo ya viuda de Osborne, la madrina de su bautismo, celebrado el 6 de enero de 1860, de manos del Beneficiado de la Iglesia Mayor Prioral, Francisco de Paula González de la Cotera, imponiéndosele los nombres de Rafael, Tomás, María de la Aurora, José, Joaquín, Francisco de Paula, Juan de Jesús, María y José. Había nacido dos días antes, a las cuatro de la madrugada, en la casa número 67 de calle Pozuelo. Sus padres fueron: Francisco de Paula Franco Sánchez, arrumbador de profesión quien, por esas fechas, se había convertido en empleado de confianza de la viuda de Osborne, y la gaditana María del Carmen Gil.

Casó joven, con 26 años con Joaquina Díaz Ceballos, que tenía 25 y era hija del popular relojero José Díaz Mesa y de Ramona Ceballos Rivas, abuelos de la saga local de los Diaz Cortés y su cuñado, José Díaz Ceballos, padre de los mismos. La ceremonia se celebró en la parroquia de los Milagros, es decir en la Iglesia Mayor Prioral, el primer día del año1887. Un amigo de la familia, el presbítero Juan de Luna ofició la ceremonia en la que, como era preceptivo, confesaron y comulgaron, fueron aprobados en Doctrina Cristiana y amonestados en tres días festivos, siendo testigos de su enlace, el patrón, Ramón Jiménez Dávila y un prestigioso maestro albañil, Baldomero Ruiz.

En los padrones del año 1900 hemos localizado al matrimonio censado en uno de los pisos de calle Larga 115. En esa fecha tenían dos hijos: Rafael y Milagros Franco Díaz, el mayor, con 11 años y la niña, de 6. Entre medio había nacido otro niño, bautizado como José Luis, que falleció de corta edad. Su vida laboral, exigente al máximo en años de dura competencia entre las empresas exportadoras locales y su vocación política, ocupaban completamente su existencia, integrado plenamente en la vida social portuense, aunque, claro está, en un bando ideológico minoritario. Por entonces habían abandonado el domicilio de Larga 115 y se habían trasladado a una casa de calle Cielo, frente a Muebles Palomino, ignorando si la ocupaban como inquilinos o propietarios. Igualmente conocemos, por las fotos que nos remitieron sus descendientes desde Manta (Ecuador) que la familia pasaba temporadas en un recreo de nombre Santa Matilde, cuya ubicación no conocemos con certeza pero que la suponemos en el camino de Fuenterrabía.

Antes de profundizar en la información de su hijo, Rafael Franco Díaz y sus descendientes debemos citar brevemente a su hermana Milagros Franco Díaz que casó con un Leal del Ojo, padres del desaparecido Pepe Leal Franco, estimado amigo y primo hermano de nuestro protagonista, que viajó en varias ocasiones a Ecuador relacionándose con sus descendientes. También queremos citar, por una cierta afinidad con mis antepasados, a su hermano José Franco Gil, que tenía una hojalatería en la esquina de Larga y Ganado, donde está ahora el Bar La Perdiz. Era, juntamente con la de mi bisabuelo Guillermo Palomino Cabe, que estaba en la calle Nevería, cerca de Luna, los dos talleres más importantes y céntricos de esa época.
Del bautismo en la Prioral al sueño americano
Rafael Franco Díaz nació el 13 de junio de 1888, a las 8 de la mañana, en la casa de Larga 115. Nueve días después lo bautizó en la parroquia de los Milagros, actual basílica, el presbítero Juan de Luna con permiso del cura rector de dicha parroquial. Se le impusieron los nombres de Rafael, Antonio, María de los Milagros y fueron sus padrinos José Franco, soltero y su abuela materna, que estaba viuda.

Con 14 años, Ramón Jiménez Dávila, fundador y propietario de la casa bodeguera en la que trabajaba su padre, lo envió a estudiar a un instituto alemán, y después a Inglaterra, pasando a formar parte de la red comercial cuando estuvo formado. Con solo 18 años viajo a Nueva York para operaciones comerciales de su representada, la casa portuense de R. Jiménez Dávila, y fue registrado en Ellis Island el 10 de enero de 1907.

Como dato curioso comentamos, haciéndonos eco de la información facilitada por su nieto Diego Franco que este viaje lo realizó posiblemente desde Liverpool en el barco “Carpathía”, un trasatlántico de la compañía inglesa Cunard Line que un lustro después se haría famoso por el rescate de 705 náufragos del Titanic. Volvió a repetir escala en Nueva York dos años después, pero… algo que no conocemos debió de pasar.
Algo pasó en Nueva York …y nunca se supo
Y al indicar que no conocemos, nos referimos a lo extraño de su comportamiento, pues al parecer se desligó o lo desligaron de la red comercial de R. Jiménez Dávila, trabajando en Nueva York una temporada, desde donde marchó a Manta (Ecuador), estableciéndose allí durante una década, dedicado, posiblemente a comerciar con café. Por esas fechas los hijos varones de Ramón Jiménez Dávila parece habían tomado la dirección de la empresa, considerando la elevada edad de su padre, el fundador de la firma, que fallecería en 1912. Habiendo sido mecenas Ramón Dávila de los Franco, tanto del padre como del hijo, no es de extrañar que los nuevos dirigentes los relevaran de sus cargos, al desaparecer de la dirección empresarial el padre.

Llegó a Ecuador con 21 y se marchó una década después, volviendo a su tierra natal. El viaje lo realizó vía Panamá-New York en el barco Glenorchy. Todo parece indicar que el retorno no fue por nostalgia, morriña o añoranza, pues poco después volvería a Manta (Ecuador), eso sí, con su esposa, después de casarse, para instalarse allí definitivamente. Poco tiempo después, enterado de que el currículo paterno, en una sociedad tan conservadora como la de El Puerto de Santa María de aquella época no le favorecía, convenció a los padres para que se fueran allí a vivir… y también a morir. Los restos del matrimonio reposan en sendas urnas depositadas en la iglesia del Perpetuo Socorro, en Manta.
El día de la Asunción de la Virgen, el 15 de agosto de 1919, se celebró el enlace matrimonial de Rafael Franco Díaz, oficiado por Ricardo de Luna con licencia del arcipreste y cura ecónomo de la parroquia, ¡en casa de la novia!

Y la novia era Ana María de los Milagros Barba González, que vivía con sus padres en el número 88 de calle Larga, Ambos contrayentes tenían la m isma edad: 31 años, ejerciendo como testigos del sacramento --no se si será una irreverencia que pudiéramos calificarlo como casero--, Antonio Ameneiro y Juan Ibañez Bononato. El padre de la novia era un empresario y comerciante muy conocido en la ciudad: José Barba González, propietario entre otros negocios del restaurante La Alegría, cuyo slogan comercial era: “Almuerzos y comidas a todas horas” y tenía en aquellos felices años veinte servicios a domicilio; y la madre María de los Milagros González González.

Rafael Franco Díaz que se dedicó a negocios de exportación cafeteros, fue vicecónsul en Manta del gobierno republicano en el exilio, entre 1936 y 1939, en que finalizó la guerra civil, Como hijo de Rafael Franco Gil, a quien ellos conocían por su trayectoria y militancia republicana, recibió la visita de dos personajes de esa república en el exilio: el general Miaja y Martínez Barrios
Del linaje de El Puerto al Gobierno ecuatoriano
En tierras ecuatorianas nacieron los cinco hijos que tuvo el matrimonio Franco Barba: Rafael, Milagros, Pilar, Jaime y Ana Franco Barba.

Vamos a finalizar haciendo una breve semblanza del primogénito, Rafael Franco Barba, nieto americano de nuestro personaje inicial, Rafael Franco Gil. Fue vocal principal del organismo por las Cámaras de Agricultura, Comercio e Industria de la Costa, director del Banco Nacional de Fomento y ministro de Agricultura y Ganadería (1967-1968) en el gobierno de Otto Arosemena, entre otros varios cargos públicos, además de exportador de café. Casó con una quiteña que estudió en EEUU, María Chiriboga y uno de sus hijos, Diego Franco Chiriboga, hace ahora casi tres lustros, entro en contacto con esta web de Gente del Puerto, identificándose como descendiente de portuenses, informando con orgullo de sus ancestros.

la Balda Cucalón, el presidente del Ecuador, José María Velasco Ibarra, Rossy, Pedro Balda Cucalón
y Milagros Franco Barba, en casa de Pedro Balda Cucalón en el centro. Manta, 1960.
Hemos podido rescatar los correos que intercambiamos entonces y buena parte de la información aquí contenida se la debemos a él, enamorado de la Ciudad en que nacieron su abuelo y su bisabuelo.
| Asociación Puerto Guía
