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En El Puerto se celebraban en verano los Cursos de Estudios Sociales y Pedagógicos para universitarios, dependientes de la Universidad de Sevilla, circunscripción educativa a la que pertenecía El Puerto antes de la creación de la UCA, conocidos como ‘Cursos de Verano del Instituto’. No era de extrañar que, por nuestro clima y playas, las autoridades académicas ‘extendieran’ la actividad docente con estos cursos que, a la par que formaban al alumnado, les permitía a alumnos y profesores el solaz y esparcimiento con tan benigno clima, huyendo de la canícula sevillana y, simultáneamente dotaban al verano de El Puerto del barniz cultural que todavía permanece en la temporada estival.

 

Francisco Sánchez-Apellaniz Valderrama, catedrático de la Universidad de Sevilla y director del Curso de Verano para Universitarios, el ministro de Educación y Ciencia, el jerezano Manuel Lora Tamayo,  que visitó el Instituto Laboral con motivo de la clausura de los citados cursos, Joaquín Calero Muñoz, a la sazón director del Instituto y el concejal José Puente. 01.09.1967.

La fotografía corresponde con la clausura de los II Cursos, iniciados el 13 de agosto y que finalizaron con la visita del ministro de Educación y Ciencia, Manuel Lora Tamayo. A la misma asistieron el rector de la Universidad de Sevilla, José Antonio Calderón Quijano, el rector del Instituto de Estudios Sociales, Francisco Sánchez-Apellániz Valderrama, el primer Teniente de Alcalde, Juan Melgarejo Osborne, el comandante de Marina, Cayetano Román Andrade, ingeniero director del Puerto Comercial, José Antonio Español Caparrós, director del Curso de Magisterio, Francisco Guil Blanes y el erector del Santo Domingo, entonces Instituto Laboral, Joaquin Calero Muñoz.

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Eran los primeros años de la década de los 90 cuando conocí a Enrique Atalaya. En el castillo de San Marcos de El Puerto de Santa María se preparaba una exposición antológica del pintor Pepe Belmonte. A nosotros nos cabía el honor de comisariar la muestra y él era el encargado del montaje. Se iniciaba, entonces, en aquellas tareas. Desde aquellos momentos han pasado muchas cosas. Este que esto les cuenta sigue escribiendo de lo artístico y, dicen que por culpa de la crisis, cada vez, comisaría menos exposiciones. Quique Atalaya, poco a poco, se fue haciendo con un equipo grande, profesional y comprometido; se fue abriendo un importante camino en el montaje de exposiciones y de todo tipo de eventos; lo sigue haciendo, a pesar de la crisis, de los problemas, de la falta de seriedad de muchas instituciones, del dinero que se le debe por su trabajo… con la misma inquietud y apasionamiento del primer día y con la misma perfección y maestría. En esto quiero detenerme porque el Grupo 956 que, así se llama el equipo de trabajo que el portuense encabeza, es una auténtica referencia en el mundo del arte. Les explico.

Un joven Quique Atalaya en el desaparecido 'Baobab' del Parque Calderón, propiedad de Juan Ruiz-Herrera.

Hace unos días, viendo la exposición de Nacho Criado en el centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla, me entusiasmó la magnífica instalación museográfica de la muestra en algunos de los patios y espacios interiores del antiguo recinto de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, después fábrica de cerámica Pitman y muchas más cosas, hasta recalar como espacio museístico. No era fácil el montaje de unas obras complejas, con muchos matices, infinitos encuadres, piezas de colgar, de suelo, de gran formato, cuadros diminutos, etc. La exposición gozaba de una rigurosidad y de un sentido museológico digno de ser destacado. No pude por menos que preguntar cuál era la empresa de montaje. 956, un equipo de Cádiz, me dijo Juan Antonio Álvarez Reyes, el director del CAAC. Debo confesar que me sentí orgulloso. Con ellos había trabajado, ellos habían montado alguna exposición comisariada por mí y, además, era una empresa de El Puerto de Santa María.

Con Antonio Casimiro y Rafa Tardío, en VISCON, Madrid.

956 ha destacado en muchas grandes acciones. La Diputación de Cádiz, cuando patrocinaba aquellas grandes acciones en forma de importantes muestras de lo mejor del Arte Contemporáneo, muchas veces contó con el espléndido y profesional grupo de Quique Atalaya. El Gobierno de Ceuta también sabe mucho de la rigurosidad del trabajo de la gente de El Puerto. Las obras de Dámaso Ruano, las de Juan Manuel Brazam, las varias exposiciones comisariazas por Manolo Alés tuvieron detrás la maestría y profesionalidad del Grupo 956. Mi paso por la Consejería de Educación, en aquel apasionante trabajo organizando exposiciones, se encontró de primera mano con los montadores de 956, llevando a cabo muchos montajes llenos de entusiasmo creativo. Sin ellos, las muestras habrían sido simples exhibiciones de cuadros. José Lebrero Stals, cuando estuvo al frente del CAAC contó sistemáticamente con el Grupo 956 para sus más importantes proyectos. Cuando la BIACS - Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Sevilla - centró el interés artístico nacional e internacional en una ciudad que se apuntó con ellas a una parte de la modernidad artística, los fabulosos montajes de la Cartuja y en los de las Reales Atarazanas fueron producidos y llevados a cabo por el equipo técnico que capitaneaba Quique Atalaya - todavía duele y mucho el descaro y la poca seriedad de los muchos que gestionaron aquellos acontecimientos y que se marcharon sin pagar a los que tanto y tan bien trabajaron-.

Fachada del Museo Picasso de Málaga.

El Museo Picasso de Málaga, con Pepe Lebrero, ha seguido contando con 956 para sus magistrales montajes. Allí hemos podido ver extraordinarios proyectos museográficos llevados acabo por esta empresa. Las exposiciones de Alberto Giacometti, los juguetes de las vanguardias o la que todavía llena los espacios del antiguo palacio de Buenavista de la capital malagueña, titulada El Factor Grotesco, tienen el sello de la gente de Quique Atalaya -Pedrolo, el Inglés, Sacaluga, Rafalito, el Gitano, Lolo, David, Pedro…y, por supuesto, ese Pepe, moviendo los hilos-.

Por todo esto y por mucho que me dejo atrás, por tanto tiempo vistiendo artísticamente a lo más estacado del arte nacional e internacional, el Grupo 956 merece un reconocimiento en un espacio como este dedicado a comentar los más especiales acontecimientos artísticos. Y, además, porque me sentí tremendamente orgulloso cuando, el otro día, el Director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de mi Sevilla, a mi alabanza sobre el espléndido montaje de la exposición de Nacho Criado, me dijo satisfecho: lo ha llevado a cabo el Grupo 956.

Entre el público asistente al Monkey Week Festival 2012.

Y si ustedes quieren constatar todo cuanto escribo no se pierdan la muestra del famoso artista chino Ai Weiwei que acaba de inaugurarse en los espacios de la que fue Cartuja de Sevilla. El Grupo 956 es, otra vez, protagonista. El esplendor artístico de las piezas tendrá su riguroso sentido museográfico.  /Texto: Bernardo Palomo.

Más información de Enrique Atalaya/956.

Imágenes de una época, de los músicos 'modernos' de los conjuntos, o grupos musicovocales de la década de los sesenta del siglo pasado. En la primera imagen, Los precursores de la música pop en El Puerto de Santa María, Quijano al saxo, Isidoro Nogués a la batería y Pepichi a la guitarra... Año 1.960.

Conjunto Los Starfis, el primer grupo de música moderna de El Puerto: José Luis Perez al piano, Manolo y Diego Garcia, Isidoro Nogués a la bateria y Lele a la guitarra... en la Sala de Fiestas ‘el Oásis’ hoy restaurante ‘El Faro de El Puerto’ que acaba de cumplir 25 años. Año 1.960

Grupo ‘Los Simbroni’, de izquierda a derecha Jose Ramon Perles, Carmelo Ciria del Pino, Lele Carave y Peli Parra. Año 1965.

Los Simbroni actuando en Altea (Alicante) en el Cine Costa Blanca. Año 1965.

Conjunto Los Radar's:  Jose Troncoso (Pete), Bajo, Jose Enrique Cárave (Lele), guitarra y voz, Francisco Ramirez (Koky) Guitarra y voz, Juan de Dios Nogués (Juande), batería y voz. Año 1967.

Concurso de "conjuntos modernos" celebrado en el chiclanero Cine Arroyuelo. Ganaron "Los Radars"  --en la foto-- con el tema "Pretty Woman" de Roy Orbison. Año 1967.

En la fotografía de Pielfort, el Grupo Blend. José Luis Parra (Pely, guitarra acústica), Juan de Dios Nogués (Juande, batería), Francisco Ramírez Tallón (Koky, guitarra) y Juan Carlos Dueñas Redondo (teclados). Año 1974.  /Texto y Fotos de la Colección Antonio Ensenada.

MÁS INFORMACIÓN EN GdP.

Los Starfis

Los Simbroni

Los Radar's

Blend

Koky Ramírez Tallón

José Luis Parra, 'Peli'

Pepichi Nogués

 

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En febrero de 1933 ocurrió en El Puerto un hecho singular; por no habitual, extraordinario: entre el fango del dragado del río vaciado entonces en la banda del Coto se hallaron numerosas monedas de oro. Y claro…, se lió. La noticia corrió por toda la ciudad, y aquello se puso de bote en bote.

8 de febrero de 1933, el gentío rebuscando monedas de oro en la otra banda. /Foto: Justino Castroverde.

Lo contó la Revista Portuense el día 8: “Es estos días motivo de gran animación el lugar donde se vierten los fangos extraídos por la draga en sus trabajos en nuestra ría. Siendo varias las personas que han hallado allí monedas antiguas de diversos metales, la afluencia de los buscadores ha sido tal, que se interesó por los encargados de la draga la concurrencia a aquel lugar de fuerzas de la guardia civil, que actuó ayer en tal sentido.” Al día siguiente se añadió que “a juzgar por la fantasía popular, no son ya docenas ni centenares, sino miles las monedas y otros objetos de oro hallados en aquel lugar. Se cuenta de multitud de monedas encontradas así como de que algunas han sido vendidas a muy buenos precios. Lo que sí hay de cierto en el caso, es que aquello ofrece un aspecto muy pintoresco, siendo numerosos los grupos de criaturas de todas las edades y sexos que actúan activamente en el fango, esperanzados en hallar alguno de los codiciados discos”.

Como era acostumbrado, los depósitos de la draga se volcaron en el entorno del Huerto Jarilla (venta La Palmera), el Campo del Cuvillo y la Casa del Faro (demolida en 1998), en una orilla aún no canalizada –se construirían en 1951- con murallas. Y fue usual que al modo de los viejos chamarileros, algunos portuenses se buscaran la vida llenando sacos con cáscaras de ostiones y otros moluscos que vendían en la fábrica del guano que a comienzos de los últimos años 50 se abrió enfrente, donde está Bahía Mar. (Alguien me contó que un popular portuense –omitiré el nombre- tomó el hábito de entrar en la fábrica cargando el correspondiente saco de ostiones del Cerro Jarilla, y tras pesarse y pagársele por kilo lo vaciado, se iba, volvía para colarse sigilosamente al almacén, llenaba el saco, volvía a salir y al ratito entraba con el mismo saco de ostiones. Pura picaresca.) /En la imagen, dobla nazarí de Muhammad XII (Boabdil), emitida en 1482-83. Museo Arqueológico Nacional.

Tras el hallazgo de las monedas, de inmediato, la autoridad competente –la Subdelegación Marítima- fijó un edicto instando, como estaba prevenido, a que las monedas se depositaran en su sede, recompensándose en metálico a sus descubridores. Sólo nos consta que se entregaron 16 monedas en cinco entregas. Pero las monedas exhumadas fueron muchas más.

En aquel febrero del 33, El Puerto atravesaba una profunda crisis económica y social, de pura subsistencia para las clases populares. Se vivían tiempos –no sólo en El Puerto- conflictivos, tensos, de manifestaciones callejeras y conatos de violencia. (No hacía un mes que el levantamiento anarquista en Casas Viejas había sido criminalmente reprimido.) A cuenta de las monedas, hasta alguna puñalada se cruzó entre dos gitanos de la calle Lechería, Cabete Chico y Jeromo (a quienes, no obstante, a los pocos días, reconciliados, cogieron robando gallinas).

En éstas andaba la ciudad cuando la draga Guadarrama y la fortuna volcaron en la orilla de ‘la otra banda’ un tesorillo de monedas de oro, probablemente procedente del cofre de un barco hundido en la secular barra del Guadalete en los primeros años del siglo XVI.

Portada de Diario de Cádiz, dedicada al suceso.

LAS MONEDAS.

Ciertamente, el conjunto monetario encontrado fue un hallazgo importante, de calado, siendo aún hoy un referente de la numismática nacional. Nunca se sabrá cuántas monedas aparecieron. Hipólito Sancho las cifró en unas quinientas. Muchas fueron compradas por un portuense (silenciaré también su nombre) de acomodada posición, al que algunos pícaros pretendieron dar gato por liebre ofreciéndole objetos metálicos que tenían en sus casas, más viejos que antiguos.

Numerosas piezas pasaron por las manos de coleccionistas y cambistas de Cádiz y Madrid. Algunas se subastaron en Amsterdam. Otras se depositaron en el Museo de Cádiz, en la Real Academia de la Historia y en el Museo Arqueológico Nacional. Un conservador de éste, Felipe Mateu y Llopis –uno de los más reconocidos numismáticos de la época-, pudo examinar en torno a un centenar y publicar un estudio sobre ellas (que hace años localizamos en una librería de viejo, en Madrid).

...continúa leyendo "1.727. AQUELLOS DUCADOS ANTIGUOS. Los ‘Duros Antiguos’ de El Puerto."

Momentos pastelería la ha puesto en marcha el pastelero Jesús María Fernández un profesional de bastante prestigio que colabora habitualmente con sus creaciones en revistas del sector. Además de la tienda quiere colaborar con restaurantes y hoteles de la zona que quieran reforzar su apartado de postres

Jesús María Fernández Ruiz en su nueva pastelería en El Puerto de Santa María.

Sus recetas aparecen en las revistas profesionales de pastelería de más prestigio en España como Confitería Española. Tiene su propio blog, “Patisier” donde pueden verse sus trabajos y reportajes sobre sitios míticos del sector. Viene desde Andorra donde ha estado al frente de la sección de pastelería de la cadena PrestigiHotels, una cadena de tres establecimientos situados en este pequeño país entre Francia y España. Se ha formado en nombres importantes tanto de España como de Francia, el número uno de la pastelería mundial. Ha estado en Spai Sucre, en Barcelona, en el centro Saper de pastelería, especializado en nuevas tecnologías aplicadas al sector o con Olivier Bajard, uno de los pasteleros punteros de Francia.

 

De vez en cuanto Jesús María Fernández Ruiz venía de vacaciones por la provincia, porque la familia de su mujer, la cocinera también especializada en dulces Elisenda Pastó, reside en la zona. Recientemente fueron papÁs y decidieron cambiar de vida, venirse a trabajar a un sitio agradable como Cádiz. Cuando encontraron en El Puerto de Santa María la antigua pastelería Rosi no lo dudaron en ningún momento y decidieron hacerse con el local. Jesús María señala “que mira que gusto trabajar aquí, con estas vistas”.

La pastelería Momentos, como han bautizado el local, impresiona. De líneas minimalistas y muy luminosa, llama la atención. La estética está muy alejada de las pastelerías que estamos acostumbrados a ver por la provincia. El obrador está a la vista del público tras una gran cristalera. Desde él Jesús María puede contemplar el paseo situado frente a la pastelería y también el río Guadalete. A un lado, en unos expositores refrigerados se alinean diferentes pasteles. Hay unos vistosos pitisús, unos milhojas que señala que están hechos con hojaldre invertido que hace que estén crujientes por más tiempo o una tarta selva negra en porciones. También hay tartas o un dulce de manzana de atractivos colores. Los dulces están en torno a los dos euros la unidad.

Pero no sólo hay dulces en la tienda, en otro expositor, en vistosas cajas transparentes hay galletas realizadas por el mismo, tejas de almendra, pastas, trufas de chocolate, algunas piezas de bollería como croasanes y atractivos bombones con frutos secos. Llamán la atención una especie de nubes aromatizadas con violetas.

Hay también una pequeña mesa donde degustar los dulces con dos bancos. Realizan tartas por encargo, incluidas las de pastelería creativa y tienen hasta monas de Pascua, una especie de huevos de chocolate decorados muy populares en Cataluña.

Jesús María, a sus 45 años, no sólo pretende vender al público sus dulces, su idea es contactar con restaurantes  y hoteles de la zona para asesorarles en cuestiones relacionadas con la pastelería y los postres y también hacer cursos de formación. Entre ambas partes de su negocio espera que sea rentable y así cumplir su sueño de hacer dulces mirando de cerca el mar. /Texto y Fotos: Pepe Monforte.

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José María Noci Belda nació en nuestra Ciudad el 20 de febrero de 1969, el mayor de tres hermanos hijos de José Noci y Carmen Belda, en el número 14 de la calle Jesús de los Milagros, hoy 22. Era el año de la eurovisiva Massiel cuando ganó con un trío de voces entre las que se encontraba nuestra Merche Macaria, del trío La, la, lá. Era alcalde Luis Portillo Ruiz.

«Aunque lejos de mi tierra siempre me he sentido muy unido a El Puerto de Santa María, voy con mucha frecuencia y hasta he tenido el honor de actuar en tres ocasiones en el Festival de Comedias --grandísimo honor-- . A menudo tengo la sensación de que una Ciudad tan bonita, con tanto que contar, con tanto que ofrecer, no se sienta lo orgullosa  que debiera de si misma. No se si es un fenómeno social o el momento que nos está tocando vivir, pero observo cierto abandono que me produce tristeza. Aunque me considero ciudadano del mundo, estoy muy contento de ser portuense».

Al poco se trasladaron a vivir a la calle Tórtola, donde la familia permaneció durante escaso tiempo, pues fueron destinados por la profesión de la familia a Valladolid, (el padre y su tío Luis, fueron maîtres de hotel en el Meliá Caballo Blanco y fue en El Caballo Blanco donde se conocieron sus padres; Pepe Noci se jubiló en el Meliá Olid de Valladolid) que es donde se ha criado nuestro protagonista.

El pequeño Chema Noci, en brazos de su padre, asustando ante SSMM los Reyes de Oriente, en el Caballo Blanco, delante del que fuera su director, Jerónimo Tavira.

Su infancia y juventud, toda su formación, colegios y centros de estudio serán ya en Valladolid, primero en el Colegio Público San Juan de la Cruz para luego la formación profesional en el Instituto Ramón y Cajal.  Aun recuerda un verano en el colegio de Don Juan ‘el Cojo’, en la calle San Sebastián, acompañando a sus primos. Su infancia está unida a El Puerto donde pasaba los tres meses de verano hasta incorporarse al Colegio… Y luego Navidad.

La formación actoral empezará en el aula de teatro de la Universidad de Valladolid.  A los 14 años, se incorpora al mundo de la danza, del folklore castellano donde tiene la oportunidad de actuar por toda Europa en prestigiosos festivales y, donde se da cuenta que es ahí donde quiere seguir: en un escenario. Luego, las circunstancias serán otras: no solo de actuar vive el hombre, pero la inquietud continúa y la desarrolla siempre que puede.

RECUERDOS.
Sus recuerdos de El Puerto siempre son gratos, unidos al descanso, al periodo vacacional. Sus abuelos maternos vivían en la calle San Bartolomé, y sus primeros recuerdos siempre están relacionados con aquella calle: el Bar Triana, la Cristalería Sánchez, Parra ‘el Zapatero’, Carmeluchi y Perico los pasteleros, el Hostal de Doña Irene, Manolo el joyero, Pepe de los de Sosa, la Librería Ferla --le encantaba el olor a papel nuevo-- y la paciencia infinita d ella dueña que les dejaba leer los tebeos sin comprarlos, gratitud que permanece intacta en su memoria. El carrillo de Juan, aquel señor que vendía golosinas en la calle de sus abuelos. /En la imagen, Chema con el vestido de Primera Comunión.

Pepe y María, los fruteros: Pepe hacía las cuentas en el mostrador con una tiza; Rosendo el carnicero. Los embutidos y las conservas exquisitas de ‘La Diana’. La Plaza y sus montones de juguetes, las churrerías, el Teatro Principal, la calle del Pozuelo donde estaba la farmacia, Bartolomé y sus Ultramarinos, la mercería del conocido cariñosamente como ‘el Taponero’, la señora Rosa y su lechería… Plastimar en la calle Vicario y mas juguetes.

Recuerda a los toreros saliendo del Hostal de Doña Irene. Y según como soplara el viento se podía oír el jaleo de las tardes de toros. Recuerda el sonido de las campanas de la Prioral, el Parque y sus caballitos, las patatas fritas recién hechas, las palmeras, el muelle y los pescadores tejiendo redes, el Vaporcito, los coches de caballos, el olor de las bodegas.

Y luego estaba la magia, la magia de los variados cines: el Macario, el Moderno --donde vio la Guerra de las Galaxias--, el cine Victoria y su favorito: la puerta verde del Cine Colón donde veía películas de Disney envueltos, además, en el sonido de la gente comiendo pipas de girasol.

Recuerda con cariño a Tía Maravillas, dando clases de costura a una multitud de chicas que cosían en silencio escuchando el serial radiofónico; las carmelas para desayunar, las visitas a su tío Luis Noci en el hotel de Valdelagrana, sus primos, todos sus primos, los juegos, la playa, siempre la playa: las casetas de La Puntilla de rayas de colores rojo y blanco; los gitanos el mercadillo de los martes por la mañana.

Con el actor Juanito Navarro.

Después El Puerto se volvió moderno. El hostal frene a casa de su abuela se convirtió en la Discoteca Galaxia. Recuerda ver a la gente imitando la película ‘Fiebre del sábado noche’. Y poco a poco, siente, con el paso de los años como empieza el deterioro. Se construye sin lógica. El Puerto quieres ser algo así como una ciudad para unos pocos: macro discotecas, puerto deportivo, el pinar que conduce a La Puntilla cada vez tiene mas claros, menos árboles, la playa se queda triste y sin olas, los cines empiezan a cerrarse, el teatro se quema o lo queman.

Con la popular actriz y cantante, Lina Morgan.

El Puerto es menos limpio, los coches lo invaden todo, el casco antiguo envejece y no se recupera, se vacía y lo nuevo se parece ya a cualquier sitio. Lo global, como en todas partes se instala, el sabor se pierde.

Con la cantante gallega Luz Casal.

Ahora El Puerto lo ve como un lugar tranquilo, a veces demasiado, con vocación de cambio, que espera que se produzca con una buena gestión cultural con propuestas, que no está seguro de que lleguen a todos sus habitantes, buenas instalaciones deportivas. Mucho por restaurar --observa con tristeza joyas arquitectónica en estado ruinoso--, que mejorar sobre todo en urbanismo. Es consciente de lo utópico de sus pensamientos, piensa que es cierto que los tiempos son los que son, pero quiere pensar en positivo y esperanzarse en que El Puerto vuelva a ser y a tener la autenticidad que a muchos les gustaría. Le consta que hay gente trabajando por y para ello. Quizás los tiempos de crisis --piensa-- sirvan para eso, para darnos cuenta entre otras miles de cosas que tenemos un espacio único, bellísimo y que es nuestra obligación preservar, cuidar, mimar este lugar que se llama El Puerto. Por los que lo queremos, por los que están, por los que vamos y por los que vendrán.

EL TEATRO.
Como hemos señalado, toda su formación la realiza en Valladolid, ciudad que hay que decir los acogió maravillosamente bien y con la que tiene aún muchos vínculos. A lo que nunca se acostumbró fue los inviernos largos y de mucho frío.  Entró en el Teatro Estable de Valladolid con ‘Romeo y Julieta’ de Shakespeare y el Aula de Teatro de la Universidad. Luego vendría la Compañía Juan Antonio Quintana conde trabajó desde Shakespeare a Moliera, pasando por Chejov, Pirandello, Miller, Lorca.

Con la actriz Belen Rueda.

EL CINE Y LA TELEVISIÓN.
Se le puede ver en el Festival de Teatro de Comedias de El Puerto con un Avaro de Moliere. En 1997 participa en su primer largometraje ‘Mamá es boba’, de Santiago Lorenzo; colaboró con alguna serie de televisión y ya se instaló en Madrid, donde reside actualmente. Luego vino un certísimo papel en otra película ‘Para que no me olvides’ de Patricia Ferreira y alguna intervención en la serie ‘Cuéntame’ para TVE.

...continúa leyendo "1.724. CHEMA NOCI. Actor, cantante, doblador, estilista, …"

Entrebares, un nuevo local de tapas que acaba de abrir en el centro comercial Vistahermosa de El Puerto, ofrece diariamente varios tipos de este plato andaluz que selecciona entre un catálogo de 20 diferentes que van rotando a diario

 La cocinera Monserrat Camacho junto a Jesús Matilla en la terraza de Entrebares. 

No se le puede negar su interés por ser originales. La carta de tapas se cambia a diario, e incluso a veces dos veces al día, señala su propietario, Jesús Matilla, pero si hay un plato fijo ese es el salmorejo de los que suelen tener, a diario, más de media docena en carta, todos diferentes y sacados de un catálogo de una veintena de fórmulas que ha ido desarrollando en los últimos años el propio Matilla con la colaboración de su cocinera Monserrat Camacho.

Jesús nació en Córdoba, no podía haberlo hecho en otro sitio, aunque ya lleva instalado en El Puerto de Santa María catorce años. En la actualidad tiene 38. La fórmula base la aprendió de su abuela María Madrid y destaca que “no lleva vinagre” porque esa, asegura, es una de las líneas características de este plato. Para todos los que hace emplea también cuatro ingredientes básicos: tomate, ajo, pan de telera del día anterior de la panadería de Roque de El Puerto de Santa María y aceite de oliva virgen extra que “cada vez que puedo me lo traigo de Priego de Córdoba”.

Los salmorejos se sirven en copas altas de cristal, de las de cócteles y todos van adornados. Matilla reconoce que es fundamental “presentar bien los platos porque por ahí es por donde se empieza a disfrutarlos, por la vista”. Reconoce ser un apasionado de la gastronomía  y ese afán creativo le ha llevado a tener un catálogo de salmorejos que va cambiando en su establecimiento que abrió el “Viernes de Dolores”, a las puertas de la Semana Santa.

Los diferentes salmorejos de Entrebares se sirven en vistosas copas de cristal

El clásico nunca falta. “Cada día puedo hacer hasta 30 litros para este establecimiento y también para la cafetería El Palmar donde es uno de los platos estrella”. Luego a esta base le añade diferentes elementos. Uno lo perfuma con albahaca, una hierba aromática muy habitual en la cocina italiana y que da al salmorejo un llamativo color verde. Por encima lleva una picada de bacalao ahumado.

Otro llamativo es el que realiza con queso de cabra y que luego decora con queso parmesano. Lo tiene también con una gelatina de vino oloroso que reduce a fuego lento hasta obtener la textura deseada o uno con pimientos asados que complementa con un poco de atún a la plancha. Lo tiene también de remolacha y uno que hace con algas al que agrega luego gambas picadas.

Uno de los más llamativos de su catálogo es el negro al que agrega tinta de calamar y para decorar un poco de chocos y gambas. También los hace con un toque dulce como el de melocotón o el de naranjas que combina con jamón serrano.

...continúa leyendo "1.721. JESÚS MATILLA Y MONSERRAT CAMACHO. Entrebares: el bar de los siete salmorejos."

El mundo de los toros era para el desaparecido presidente de la Plaza de Toros, Fernando Gago, punto y aparte. Por las peculiaridades que se dan en el planeta de los toros y por los amores y odios que concitaba en el ejercicio de la presidencia del centenario coso taurino porteño.

De izquierda a derecha, el veterinario Antonio Ruiz, Fernando Gago y el asesor José Feria, presidiendo el festejo del 29 de julio de 2001. /Foto: Bellido.

Conocedor del reglamento lo aplicaba escrupulosamente y se regodeaba con que el ejercicio de su presidencia fuese un espectáculo más, dentro del festejo taurino. «Ha habido división de opiniones, unos se han acordado de mi madre y otros se han cagado en mi padre», afirmaba al finalizar una corrida de toros. Corrida para la que, durante muchos años, se pagaba su entrada de toros, con el objeto de no ser sometido al ‘gañote vil’, como señalaba  de cuantos le solicitaban un pase de favor. «Si el presidente de la Plaza se paga su entrada --afirmaba para disuadir a los peticionarios  mostrándola--  no veo por que los demás ciudadanos no han de hacerlo». Y aunque no es menos cierto que tuvo un grupo de detractores en el mundo de las peñas, se llegó a crear una que lo apoyaba: la Peña Taurina Fernando Gago. He aquí algunas imágenes de su paso por la Plaza de Toros de El Puerto.

De izquierda a derecha, Fernando Gago, Jesulín de Ubrique y Carmelo Garcia, actual empresario de la Plaza de Toros de Sanlúcar, en el callejón el 4 de agosto de 2001. Foto: Núñez.

Fernando Gago con el maestro Javier Conde, el 5 de agosto de 2001. /Foto: Núñez.

Fernando Gago y el empresario de la Plaza de Toros de El Puerto, Justo Ojeda.

El clarinero Jesús Rosso Morro, el veterinario, Fernando Gago, el asesor Feria y el clarinero Juan Antonio Tur. 6 de julio de 2003.

Fernando Gago y José Tomás.

Fernando Gago y 'El Juli'. 8 de agosto de 2004. /Foto: Núñez.

Fernando Gago y el torero porteño Alejandro Morilla.

Fernando Gago y el diestro local José Luis Galloso.

Fernando Gago y Vicente Barrera

Fernando Gago y el torero Cesar Rincón.

Fernando Gago y Manuel Díaz, ‘el Cordobés’, arropados por los clarineros jesús Otero y Jesús Rosso, (ambos ya no están en activo). Podemos observar el clarín que porta Otero y sendos sombreros bicornios en manos de los clarineros.

Fernando Gago y Jesuli de Torrecera, en la corrida goyesca donde actuaba con Pepín Liria, quien indultó un toro del 16 de agosto de 2008 del Marqués de Domecq y de nombre ‘Insensato’.

De izquierda a derecha, el veterinario Martín, Fernando Gago, el asesor Feria y el clarinero Abraham Padilla. Entre el público podemos ver a Torriguera, Volpa o al electricista del Ayuntamiento ya jubilado.

 

La Peña Taurina 'Fernando Gago', en uno de los balconcillos de la plaza.

El diseñador portuense solo recibió un encargo municipal en vida para realizar el anuncio de la fiesta. El cartel premiado en 1964 sirvió para anunciar la Feria de ese año. /En la imagen, el artista, en una fotografía de la Fundación Manolo Prieto.

Fue en El Puerto, en la casa natal, de la que su abuela era casera -portera- donde Manolo Prieto descubre el primer cartel, que tanto le impactó, y que según me confesó, en una de nuestras largas charlas, recordaría durante toda su vida. Se trataba del cartel anunciando los Chocolates Matías López, para el que el empresario gallego contrató a Ortego y Vereda, creando éste unos cartones que pasarán a la historia de este país por ser los primeros carteles publicitarios que se pueden considerar como tales.

Ya se dice en la Biblia: "Nadie es profeta en su tierra." Y, en Manolo Prieto se cumple esta rotunda sentencia, pues siendo el mejor cartelista nacido en El Puerto, y de los más premiados y prestigiados en nuestro país, sólo en una ocasión los regidores de su ciudad le encargaron un cartel de Feria.

Fue en enero 1953 cuando nuestro Ayuntamiento le solicitó la realización de un cartel para la edición de la Feria de Primavera de ese año. Por dicho encargo le fue abonada la cantidad de 2.000 pesetas de la época. Este será el cartel reeditado para anunciar la Feria de Primavera y (aunque no se mencione en el mismo) 'Fiesta del Vino Fino' del pasado 2012. Ya desde 1994 nuestra Feria de Primavera lleva el añadido de Fiesta del Vino Fino.

Este cartel fue sido cedido gentilmente por sus herederos, a petición del Ayuntamiento, para conmemorar el centenario del nacimiento del artista portuense que se cumplió el pasado 16 de junio de 2012.

Cartel originalísimo, el que anunciaba la Feria de El Puerto. Cartel de tintas planas, en tres planos superpuestos, donde aparecen caballos, jinetes y amazonas. Cartel que nos recuerda una portada de la revista Blanco y Negro, aparecida en 1930 -año de la llegada de Manolo a Madrid-, obra del artista Enric Climent, que suponemos llegó a ver Prieto, y es posible le quedara grabada en la retina y años después le inspiró este cartel.

Se puede decir que este cartel es uno de los más importantes e innovadores en toda la historia de la cartelería de la feria portuense, pese a lo elemental de su concepción, y al mínimo de líneas y colores. Glosando su obra, el subdirector del Museo de Arte Moderno de Madrid e ilustre crítico de arte Gil Fillol, decía: "Cada idea la viste con la jerarquía y dignidad que le corresponde, pero sin uniforme. Para cualquier género grande o chico está perfectamente capacitado. De sus lápices puede salir una ópera, un poema sinfónico, una zarzuela o un sainete; o lo que es lo mismo, una decoración mural, un cuadro, un cartel o una viñeta".

Ese mismo año un cartel de Manolo Prieto anunciaba la Gran Corrida Extraordinaria de la Beneficencia de Madrid.  Durante las décadas de los 50 y 60 varios carteles suyos fueron premiados y anunciaron esta emblemática corrida madrileña.

Decíamos que solo un cartel se le encargó a Manolo en vida. Pues el segundo cartel de Feria que lleva su firma lo consiguió en un concurso convocado por el Ayuntamiento en 1963, para anunciar la Feria del año siguiente. Así en enero de 1964 se falló el premio, resultando ganador nuestro paisano, por la obra titulada Cascabeles de Feria, con un premio en metálico de 5.000 de las antiguas pesetas. Años después, el mismo nos explica su cartel en estas pocas palabras: "Cartel muy localista y lleno de alegría. Con un poco de voluntad se pueden escuchar hasta los cascabeles."

El segundo premio fue para José Alvarez Gámez -artista que anunciaría la feria del puerto en las ediciones de 1957, 1962 y 1966-. Y el tercer premio sería para Rafael de los Santos Márquez.

Manolo falleció el 5 de mayo de 1991, tres días antes de que se encendiera el alumbrado de la feria portuense. Pero no sería hasta seis años después cuando el Ayuntamiento decide que la feria se anuncie con una obra suya. Tuve el inmenso honor de que me encargasen el cartel de 1996, un año después de uno de Juan Lara y un año antes que el de Manolo Prieto.

Y, para esa ocasión de 1997, se tomó como punto de partida, uno de los minúsculos bocetos que Manolo realizó, en 1970, para anunciar el Fino Quinta. Se amplió dicho boceto, se le cambió el color del etiquetado de la botella, añadiéndole a ésta, la leyenda de 'Vino Fino de El Puerto'.

Sirva la reedición de este cartel de 1953, que anuncia este año nuestra Feria, y la efemérides de su centenario, para recuperar la figura de Manolo Prieto, haciendo realidad la ansiada Fundación que lleva su nombre, y para la que el artista donó, en 1988, millares de obras -entre carteles, cuadros, medallas, discos, revistas, libros, incluidos los pequeños bocetos-, y que esperan el sueño de los justos, para su exposición permanente, desde los depósitos municipales y su domicilio madrileño.

Que al fin se haga justicia con nuestro artista, y pronto en El Puerto podamos dar un rotundo mentís a la sentencia bíblica, y Manolo Prieto sea profeta en su tierra… (Texto: Francisco M. Arniz Sanz).

María Mora Mateos, el bailaor Antonio Sánchez Mora ‘Loliti’ y Puchi, en la Feria de El Puerto a mediados de los cincuenta del siglo pasado.

Antonio Andrades Arana, ‘Carambito’ con sombrero, en la Feria de Crevillet, acompañado de su familia.

Pedro Ventura, a la derecha, con unos amigos en la Velada de la Victoria.

Esther García Rubín y unas amigas aprendiendo a sentir la Feria con faralaes.

Las hermanas Irene, Marta, Mónica y Susana Bollullos Prado. Esta imagen fue portada de Diario de Cádiz a mediados de la década del 2000.

El desaparecido alcalde de la Ciudad, Fernando Gago, bailando con la que fuera su concejala de Fiestas, Silvia Gómez, ante la mirada de Pedro Pablo Lamadrid. De espaldas, Pedro Alamillos Ortega.

De izquierda a derecha, Enrique Moresco, Juan Carlos Rodríguez, la desaparecida esposa del primero, Miguel León, Hernán Díaz, la esposa de Rodríguez y Pepe Joly Palomino, en la caseta de Diario de Cádiz a finales de la década de los noventa.

Diego, Silvia y Pilar Arechinolaza Sábado serán los responsables este año de llevar la Caseta de Logroño en el Real de las Banderas.103 años de experiencia avalan su proceder en la gastronomía de Lorgroño.

Diego, Pilar y Silvia Arechinolaza, responsables de la Caseta de Logroño en la Feria.

La familia ha regentado durante casi 103 años el restaurante ‘El Cachetero’, que cerró a finales de 2012 y que ahora funciona como ‘Cachetero tapas bar’ una prolongación de aquel restaurante que después de aquel 24 de febrero de 1910, cuando sus tatarabuelos Silviano Arechinolaza y Ezequiela Barrio abrieron la entonces casa de comidas que luego no hizo sino crecer. Fue la tercera generación, la que representaba la recientemente desaparecida Pilar Sábado, la que le dio un cambio radical en la cocina y en el marco, si bien en estos momentos ya se veía también la huella de los 'herederos'. Ahora la cuarta generación continúa en las cocinas.

Las tapas que se van a consumir en la Caseta de Logroño solo serán dos, pero contundentes, tanto como para acompañar el vino de la D.O. La Rioja que, a través de diversas marcas, se consumirá en el territorio de Logroño en El Puerto, durante la efímera ciudad de la Feria de Primavera y Fiestas del Vino Fino. Y este año, también, de La Rioja.


CAPARRONES.
Es uno de los platos más representativos de la gastronomía riojana: alubias pintas que consiste en una variedad de alubia roja de semilla mas corta y redondeada de lo habitual, cosechadas en La Rioja (Anguiano), guisadas con ‘los sacramentos’: chorizo, morcilla, oreja, costillas y tocino, que se suele desgrasar algo para hacerlo asequible a todos. Y sobre todo, Silvia, la cocinera, le pone mucho amor a sus pucheros, condimento imprescindible heredado de su madre, Pilar Sábado.


PICADILLO DE CARNE.
Es la prueba del chorizo, pero sin embutir: carne de cerdo ibérico picada a cuchillo y adobada con los dis tipos de pimentón de la la comarca de la Vera (Cáceres), dulce y picante, cocinada a la plancha con muy poco aceite de oliva.


LOS VINOS.
Son todos de bodegas de Logroño capital. De Bodegas Viña Ijalba: Múrice; de Bodegas Juan Alcorta: Azpilicueta; de Bodegas Olarra: Añares; de Bodegas Ontañón: Vetiver; de Bodegas Marqués de Vargas: Marqués de Vargas.

2

Foto: Fito Carreto.

Reproducimos algunos fragmentos del pregón que ofrecía anoche en el Real de Las Banderas,  el porteño Javier Maldonado Rosso, director del Centro Municipal de Patrimonio Histórico y reconocido investigador de la cultura del Vino del Marco del Sherry, encargado este año por la Hermandad del Olivo de anunciar con el Fino Quinta, la Feria. Estas son algunas perlas de su pregón.

Pero, aun siendo esta ciudad la cuna del vino Fino y estando dedicada la Feria a él, lo cierto es que el Fino es un ilustre desconocido para buena parte de los portuenses; por eso se me ha encargado que hable de nuestro vino en esta magnífica ocasión que ofrece el pregón de la Feria. Y por sentido de la responsabilidad que todos los portuenses tenemos en la promoción del vino Fino es por lo que me atrevido a aceptar esta encomienda.

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Todos los vinos tienen madre. El Fino tiene, además, padre: es el velo de flor que lo cubre. Y son las funciones biológicas que desarrollan las levaduras del velo de flor las que le dan al Fino sus características singulares.

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La palabra finura significa primor, delicadeza, buena calidad. Su pariente lingüística fineza expresa las ideas de pureza y bondad de algunas cosas. Y el adjetivo fino es equivalente, semánticamente, a primoroso, delicado, selecto, distinguido, exquisito…

Foto: Fito Carreto.

El Fino es el vino genuino de El Puerto y El Puerto es la ciudad del vino Fino merced, sobre todo, al microclima de sus bodegas, debido a la situación costera y fluvial de esta antigua villa.

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La cercanía y orientación abierta a la Bahía de los pagos vitícolas de El Puerto hacen que las brisas de poniente confieran a sus mostos características singulares de sabor y fragancia. Después, la crianza de flor de estos mostos, hasta hacerse vinos, en bodegas flanqueadas por el río Guadalete y sus esteros y el Atlántico y su marisma,  completa el proceso. Estas son las razones por las que el Fino de El Puerto está preñado de notas marinas de la cepa a la copa. Y son los factores por los que El Puerto es la tierra y la ciudad del vino Fino.

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El vino Fino es doblemente delicado: por primoroso y por vulnerable. El mantenimiento del velo de flor exige un cuidado constante de bodegueros, enólogos, capataces y arrumbadores. Ellos y los viticultores, ingenieros agrónomos, capataces de viña, manijeros, trabajadores vitícolas… son los protagonistas del vino Fino, son sus cultivadores y criadores.

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El Fino es un vino de autor desde sus comienzos, mucho antes de que se acuñase esta reciente definición para los vinos de máxima originalidad. Realmente, es un vino de autores, porque cada bodeguero crea su propio estilo de Fino. ¿Mayor complejidad? Sí; pero, sobre todo, más riqueza enológica y cultural que aporta este singular vino.


Boceto de la portada de la Feria de este año.

Ser la ciudad de un vino único por sus características organolépticas, su crianza biológica bajo velo de flor mediante el sistema de criaderas y soleras, su historia, su nombre y su cultura es una satisfacción, es motivo de sano orgullo, y es, también, también, una gran responsabilidad que nos compete a todos los portuenses.

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No es sólo cosa de las empresas bodegueras de El Puerto: es cosa de todos. Los portuenses tenemos que conocer la cultura del vino Fino, desarrollarla y difundirla.

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Que sepamos, lo único que australianos, británicos, estadounidenses, sudafricanos… han intentado imitar de nosotros, y que afortunadamente no han conseguido, es el vino Fino. Porque es único, porque no tiene parangón en la vitivinicultura mundial.


Presentación del cartel anunciador de la fiesta 2013.

Hay que hacer visible que el Fino es el vino de El Puerto y que El Puerto es la ciudad del vino Fino. Hay que promocionar el consumo de este vino singular que es el Fino porque es importante para nuestra economía. Es una oportunidad –una más, desde luego, pero muy importante- para el desarrollo de El Puerto.

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Amigas y amigos: estamos en tiempo de Feria. Estamos en primavera, que es la estación en la que se producen dos fenómenos naturales que afectan al vino Fino: en las viñas, la vid tiene su brote, comienza la floración; y en las bodegas, las levaduras de flor incrementan su actividad, experimentan una suerte de rebrote. Son manifestaciones del renacer de la vida que se produce cada primavera. También nosotros sentimos ese aliento de la naturaleza y lo exteriorizamos como alegría. Y por eso reverdece la vida social, de la que la Feria es máxima expresión.

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