
La verdad es que Manuel Pinto Muñoz no sabe por que le dicen “El Tagarnina”, en su versión corta, “Taga”. Lo cierto y verdad es que su cara está asociada, indisolublemente, a la historia del Rácing, equipo al que quiere «aunque no valga nada, pero para mi vale mucho» según afirma. Desde los tiempos del difunto Manuel Jarque, “Chicharito”, Manolo ha ayudado en todo cuanto ha podido al club de sus amores, entre otras cosas de ayudante de Utillero, «Ahora -afirma- que lo haga otro; hay tres y yo no cojo ná» . Así que en la actualidad descansa y se sienta en la Tribuna del Estadio José del Cuvillo a disfrutar del equipo rojiblanco. Todavía colabora pegando carteles cuando el Racing juega en El Puerto.
The truth is that Manuel Pinto Muñoz doesn’t know why people call him "El Tagarnina" (“The Thistle”), in its shorter version, "Taga". It’s true that he is associated, without a doubt, with the history of the football team Rácing, a team he loves, “they may be terrible, but to me they’re a great team” he says. When the now deceased Manuel Jarque was still here, also known as "Chicharito", Manolo helped in any way that he could with his beloved football club, amongst other things he was the kitman’s assistant. “Now,” he declares, “someone else should do it; there are already three and I don’t get anything for it”. So at present he is resting and occupies a seat in the stand at the José del Cuvillo Stadium to enjoy watching the red and white striped team. He stills helps by putting up posters when Racing plays in El Puerto.
El Tagarnina nació en 1937, en plena Guerra Incivil, recuerda vagamente los primeros años de la posguerra. Ahora, con 71 años, está jubilado, pero rememora que ganó mucho dinero cuando había trabajo en el muelle pesquero, cargando pescado. «Cuando se perdió el muelle, se perdió el trabajo», recuerda. Y también que, con un carro de tracción manual, repartía serrín por los comercios y bares, algo usual en la España de hasta los años setenta del siglo pasado. Aunque todavía se ve su rastro por algún bar de barriada, empero, lo difícil es encontrar el serrín pues ya no quedan aserradoras: hay que ir a las pocas carpinterías que quedan... El serrín, como las viejas glorias, se escapa entre los dedos de las manos. 'Sic transit gloria mundi'. Así pasa la gloria del mundo. (Foto Colección Miguel Sánchez Lobato).
En la fotografía tomada el 2 de febrero de 1930, el Racing en la Plaza del Polvorista, con la portería ante la puerta del actual Ayuntamiento. Hay dos González, uno es el 3º y el otro el 5º por la izquierda; el primero era José González Noval, hermano del presidente, y el otro Vicente González Bruzón. (Foto Colección Vicente González Lechuga).
LA FUNDACIÓN DEL RACING.
El 10 de febrero de 1928 está fechado el nacimiento del Racing Football Club de El Puerto de Santa María y ya por entonces los tonos rojos serían los predominantes en las primeras equipaciones que presentaran en los terrenos de juego; pese a que la inicial se configurara con tono blanco salvo cuello y manga, con vueltas negras. Se estrenará el 4 de marzo de 1928 en el segundo
partido que dispute el Racing. Concretamente fue en la Plaza del Polvorista, donde se desarrollaron los primeros encuentros, en un terreno improvisado para la ocasión al que acudían todas las fuerzas vivas de la ciudad y un sin fin de personas que durante la década se aficionaron y llenaban el recinto. El funcionario municipal, escritor y periodista Mariano López Muñoz fue el fundador del club y Genaro González Noval, su primer presidente [...] La equipación se estrenará en el segundo encuentro del que tenemos referencia y que se produce el 4 de marzo de 1928 en la Plaza del Polvorista, un “match” entre el Racing Football Club y el Español F.C. de Jerez de la Frontera, según la prensa local. El partido finalizó con un empate a un gol. El equipo portuense alineó a M. Conejo, M. Sevillano, F. Martínez, Mayo, A. Silóniz, el goleador portuense del encuentro, Puente, Campos, González, J. Grant, F. Sevillano y A. Arias. Fue Silóniz el autor del gol racinguista y la equipación que portaba el conjunto de El Puerto fue donada por un convecino de la ciudad, Sr. Don Elías Ahuja y Andría, que también contribuiría en el fútbol gaditano. Este insigne portuense es hijo adoptivo de la ciudad desde 1928. Filántropo, político, comerciante y académico, muy activo y partícipe en la sociedad de El Puerto en aquellos tiempos.» Diego Patrón Aguilera, de su trabajo de investigación: «1928... El Fútbol portuense de estreno. El balompié en El Puerto en los años veinte».

Construcción de la Tribuna del Estadio José del Cuvillo. Instantánea tomada el 13 de julio de 1971. (Foto Archivo Municipal).
La Tribuna del Estadio José del Cuvillo, llena, en el encuentro del pasado 5 de octubre de 2008. Temporada 2008/2009. Liga 2008/09. Jornada 07. Portuense 1-1 Balona. (Foto Colección Racing Club Portuense).







También trabajó de cocinero en los campamentos de la OJE (la antigua Organización Juvenil Española, brazo juvenil del antiguo régimen político). Luichi, que tiene alma de artista, trabajaba de jovencito, -en la foto que ilustra este párrafo con 17 años-, en el Motel Bahía del Sol, (actual Hotel Dunas Puerto), en las Dunas de San Antón frente a “El Berrenchín». Allí actuaba, cantaba y bailaba, -se descocaba- una forma muy de la época de sacar afuera su verdadera personalidad, transgrediendo lo impuesto en busca de su personalidad. Rociero de pro, no falta a su cita y tiene anécdotas para contar que harían enrojecer al más templado. La prudencia aconseja poner un recuerdo liviano: haciendo el servicio militar -el campamento en Ovejo y el destino en Algeciras- se fue de permiso con un amigo a Toledo y, comiendo castañas en una carretera -a saber que pasó-, lo atropelló un coche, con el consiguiente revuelo en el Destacamento, que anuló los permisos a todo el acuartelamiento. Luichi, que ha vivido lo suyo, insiste: «pido una oportunidad trabajando en lo que sea: se hacer todas las labores domésticas». Necesita llegar a la jubilación con el número de jornales ajustados. (En la fotografía, Luichi durante la Semana Santa de 2008, en la Plaza del Castillo. Foto Colección C.P.A.)




Antonio Arenas Aniceto, conocido por el mote de “El Ratón” es un personaje que forma parte del paisaje de El Puerto. Tal es así que una pintura sobre él, de cuerpo entero, se encontraba expuesta en una de las galerías de la Casa de la Cultura (Al día de hoy, cuando hemos ido a tomar una fotografía, nadie ha sabido darnos norte de donde se encuentra o si desapareció en uno de los actos vandálicos que sufrió el edificio cuando se trasladó la Biblioteca). El Ratón es un hombre que derrocha el mejor humor, el sentido del humor portuense. Que habla con cualquiera de buen grado. Que tiene un saludo para todo el que se acerca a él. Estudió en el Colegio del Hospitalito. Fue cabrero y guardapavos, pero un curso de soldador le propició el trabajo de su vida: trabajar en Astilleros hasta su prejubilación. (El Ratón, haciendo el camino del Rocío. Foto Colección Carlos Pumar Algaba).
Pero si algo define a El Ratón es su vestimenta. En la mano, debajo del reloj, una mata de romero y yerbabuena. «Tiene un ropero, un vestidor en su casa de La Angelita Alta, en plena campiña portuense, de lo más variado. Nuestro amigo es muy coqueto y tiene un estilo al vestirse, un “dandismo sui géneris” que le hace inconfundible. Se ducha, se peina los caracolillos, se afeita teniendo cuidado con tres puntos fundamentales de su colorada y sana cara: su perillita que es como la antena de su inspiración, sus patillas largas a lo “Tempranillo” y su finísimo bigote. El acto de vestirse con su estilo inconfundible que lo hace único es un acto de creación y como de liturgia torera. Pausada, lentamente se va colocando sus prendas. Una camisa blanca que es como el alba de un canónigo; un largo y estrecho pañuelo perfectamente acoplado al cuello; un chaleco a la “torera” que hace resaltar su torso bien formado; un pantalón estrecho, largo, ajustado y perfectamente planchado y un manojito de flores silvestres en un ojal o en el bolsillo superior de su chaleco que como su señal de identificación con la naturaleza, porque El Ratón es un ecologista por cuanto ama y respeta la naturaleza y su bastón que no le sirve para apoyarse porque es un atleta, sino para enseñorearse y afirmarse. Va sobre las doce del mediodía a beberse el mundo, a Ratonear. [...] Ni un general con sus entorchados en la época prusiana andaba y se pavoneaba como El Ratón. Ya está el paisaje de El Puerto al completo. ¡Cuidado, calle Ganado, Santa Clara, San Juan que baja El Ratón! Y comienza su retahíla de aludos, de cortesía, de sonrisas, de educación exquisita. Para todo el mundo tiene su pequeña inclinación de cabeza, su letanía de saludos, su forma peculiarísima de entablar un corto diálogo.» Antonio Muñoz Cuenca. De su libro, “Paisajes y Paisanajes”. (El Ratón, con un compañero, trabajando en Astilleros de Puerto Real. Foto Colección C.P.A.)

































