
El cantaor y bailaor Ramón Núñez Núñez, conocido artísticamente como “Orillo de El Puerto”, nació en Chiclana de la Frontera en 1932, falleciendo en nuestra Ciudad, con 72 años, en el año 2004. Trabajó con el poeta Rafael Alberti en una producción finlandesa en 1986.
En 1932, año del nacimiento de Orillo, lo es también del cineasta español Carlos Saura, del semiólogo, escritor y filósofo italinao Umberto Eco, del torero Antonio Ordóñez, del cineasta Milos Forman, de la actriz Elizabeth Taylor, del humorista gráfico argentino “Quino”, del cantautor chileno Victor Jara, del actor español Fernando Guillén. Ese año Aldoux Huxley publica su célebre libro “Un mundo feliz”, mientras en EEUU se coloca el primer marcapasos artificial. Se estrena la película “Tarzán de los monos” de W.S. van Dyke.En los años sesenta del siglo pasado, comenzó su carrera artística en Madrid en, con actuaciones en los tablaos de Los
Canasteros, Las Brujas, Torres Bermejas y Las Cuevas de Nerja. Más adelante participaría en giras europeas como el Festival Flamenco-Gitano junto a artistas de la categoría de Camarón de la Isla, Paco de Lucía o El Lebrijano. (En la imagen de la izquierda, placa del Ayuntamiento de Madrid, donde se avisa de que en ese lugar estuvo el antiguo Tablao de Los Canasteros).
En los años sesenta del siglo pasado, comenzó su carrera artística en Madrid en, con actuaciones en los tablaos de Los Canasteros, Las Brujas, Torres Bermejas y Las Cuevas de Nerja. Más adelante participaría en giras europeas como el Festival Flamenco-Gitano junto a artistas de la categoría de Camarón de la Isla, Paco de Lucía o El Lebrijano.
La larga trayectoria de Orillo del Puerto incluye tablaos, peñas flamencas, espectáculos y giras con artistas como Lola Flores y Manolo Caracol, y más tarde, Camarón de la Isla, Paco de Lucía o El Lebrijano entre otros. También participaría en una olvidada pero maravillosa grabación con Antonio Gades con el que realizó varias giras y donde figura como “Orillo de Chiclana”.

Orillo del Puerto, entre Cagancho y Manolo Caracol, en una foto publicada en Diario de Cádiz en 1970.
En una entrevista que concedía a Diario de Cádiz, publicada el 4 de noviembre de 1970, después de una gira por Venezuela con el Ballet de Antonio Gades, Ramón Núñez hacía entre otras, estas declaraciones: «--Estoy ahora aquí en El Puerto, en mi tierra, y me agradaría la creación de una Peña Flamenca. En este pueblo se dan muchos y buenos aficionados y los hay ya profesionales que actúan fuera de aquí en compañías de primerísimas figuras. Esta peña sería
como una especie de cantera donde con su depuración se mantuviera el cante jondo en su pureza procurando que no se pierda el duende flamenco de nuestra tierra».
Hermano del también cantaor Alonso Núñez 'Rancapino' (en la imagen de la izquierda), el arte de Orillo del Puerto fue definido por la crítica como "tumulto de bulería en estado de gracia". Su hermano Rancapino, dijo de él: «Era un artista, un bailaor, un cantaor festero, un monstruo que convencía con su arte». Aunque Orillo ha sido conocido principalmente como un maestro del cante y del baile, también tuvo un papel en la película 'Currito de la Cruz' en el año 1965. De él dijo el guitarrista Esteban de Sanlúcar: «Su cante es como se guisaba antiguamente un potaje de frijoles, que con una cabeza de ajo y un poco de pimiento molío se chupaba uno los deos; hoy, al querer mejorarlo con muchos ingredientes lo estropean echándolo a perder”.
En 1997 recibió un homenaje en Cádiz de la peña Enrique El Mellizo, y otro en 1999, en Madrid. Muchas figuras le rindieron tributo en esas citas, entre ellos Mario Maya, El Güito, Enrique Morente, José Mercé, Paco Cepero, Pansequito, Juan Villar, Chano Lobato o El Pipa. Falleció en El Puerto, con 72 años, en el año 2004.
De Orillo del Puerto, escribió Luis Suárez Ávila, al poco de su óbito: "El lunes pasado se le dio tierra en el Cementerio campal de Santa Cruz, de esta Ciudad, a Ramón Núñez y Núñez, gitano cabal, conocido como “Orillo del Puerto”. Tenía 71 años y nació en Chiclana, pero su familia siempre estuvo aquí. Su abuela Antonia García Moreno, “Antonia la Obispa”, era natural de El Puerto y en El Puerto, en la Bajamar, tuvo su marido, el chiclanero Ramón Núñez Heredia, “El Obispo”, fragua, donde hacían la clavazón para los barcos. Su abuelos fueron transmisores de muchos cantes olvidados y Antonia, la abuela, mantenedora de la escuela más pura de los cantes de este Puerto de Santa María.

En la imagen, los abuelos de Ramón, Antonia García Moreno, “Antonia la Obispa” y Ramón Núñez Heredia, “El Obispo”
Ramón fue un cantaor largo, rifado para cantar atrás por los bailaores. Sus siguiriyas, sus soleares, sus tientos, sus tangos, olían a antiguo. Sus alegrías, sus cantiñas, sus bulerías, tenían ese puntito y ese compás inigualable de las gentes de por aquí.
Pero en las chuflillas se desahogaba y, al són de sus cantes burlones del “Cocherito Leré” o “de Matarile..”, a la vez que se cantaba, bailaba, remedando el salto de la cuerda o la comba, con una gracia indescriptible.
En su juventud paseó el nombre de El Puerto por los carteles y en los tablaos madrileños, hasta que un día --y durante veinticinco años-- lo contrató para su compañía el bailaor Antonio Gades, (en la imagen de la izquierda) muerto recientemente en olor de comunismo.
Durante veinticinco años, por todos los escenarios del mundo mundial, Orillo le sirvió de cantaor para bailar. Durante veinticinco años, Gades le fue reteniendo la cuota de la Seguridad Social y se la embolsillaba. Así que Orillo se quedó sin pensión de jubilación. Y al cabo del tiempo, impedido, enfermo, desasistido, Orillo ha ido sesteando con su muleta por parques y jardines, por paradas de autobuses, viendo a unos, buscando a otros, “mangando”, que dicen los gitanos, sobreviviendo del cafelito que le “endiñaba” uno o de la caridad de otro, enseñando a todos las nóminas de la compañía de Antonio Gades y concluyendo inevitablemente con el “me cago en los muertos de los comunistas”, así, literalmente.

Su voz y su cante han quedado impresionados. Orillo grabó discos, incluso en Japón. De sus grabaciones domésticas hace gala mi amigo, el catedrático de la Universidad Niza, Pierre Lefranc, que obtuvo varias cintas de su cante. Ramón intervino en fiestas benéficas, como las anuales de la Cruz Roja que se daban en los jardines de la Excma. Sra. Doña Isabel Merello, viuda de Terry. Hizo recitales muy completos en los sitios más variados, desde el Penal, hasta el Club Náutico, y se cogía muy bien con un guitarrista portuense, un clásico de la antigua escuela, Roberto Iglesias, trágicamente desaparecido, un olvidado, injustamente.
Con Orillo se ha muerto un “histórico”, hijo de una casa cantaora de las de antes. Queda, como “bato” de la estirpe, su hermano Alonso “Rancapino”, el más importante cantaor e intérprete vivo de los cantes de Cádiz y los Puertos, que el lunes lloraba en mi hombro como un niño".
Festival de Chiclana. Año 1988.


Ismael Garrido, --hermano de María, la propietaria del Bar El Castillito, en la Playa de La Puntilla, con
RADIO JUVENTUD DE CÁDIZ.
No solo "Los Radar's" tocaron en "El Picnic" durante la década de los 60, ellos tuvieron que salir a nuevos sitios de la provincia y atender numerosos contratos. en el año 1.966 se llegó a contabilizar 390 actuaciones ya se tocaba diariamente y además se hacian dobletes. (En la imagen de la izquierda, el locutor Laureano Martínez de Pinillos).


En aquella época el autor de esta nótula tenía una grabadora "Philips" de esas de bobina grande, comprada en "Quicar" y pagada en pequeños plazos. Como estaba casi siempre escuchando la radio que es lo que había en esa época, hablamos de 1.968, aparte de una sola cadena en TVE, emitieron como primicia en una emisora las canciones que se presentarian en el Festival de Benidorm y las grabé. Unos días después estuve con Alvaro Rendón en mi casa preparando el Festival de la Ponderosa, cogí la guitarra y le dije: "--Esta es la canción que vamos a interpretar Los Radar's" y se la canté. Él dijo: "--No esta mal, ¿como se llama?», a lo que le respondí que no le habíamos puesto nombre todavía. Inmediatamente le puso "Unos que vienen". Momentos antes del Festival le dije que iba a cambiar la canción por la otra que era "Vivo el amor" compuesta por "Los Radar's" para el Festival. A Alvaro le pareció estupendo porque la verdad es que no le gustaba mucho "Unos que vienen" así que interpretamos "Vivo el amor". La sorpresa se la llevó cuando unos meses después se escuchó la canción de Julio Iglesias que ganó el VII Festival de la Canción de Benidorm en 1.968 con "La vida sigue igual". Era la misma que yo le canté aquel día en mi casa con la guitarra, desestimándola después para el Festival Juvenil. Yo creo que esa broma no me la perdonará nunca.
“Aplausos, foco al centro del escenario, y… ahí está: temple, presencia, mirada, serenidad… con un dominio del ritmo, del silencio y de la situación que muchos buenos artistas –no sólo magos- querrían aprender.” (Luthipiero -Valencia-).

Este joven porteño puede sentirse orgulloso de haber colaborado con figuras de la talla de Juan Tamariz o Anthony Blake (en la imagen de la izquierda). Su carrera en la magia comenzó hace 17 años en un hospital, donde realizaba juegos sencillos delante de su abuelo enfermo con el único deseo de hacerle sonreír y pasar buenos ratos. «--Vi que le llenaba muchísimo y decidí llevar esa ilusión a más gente», comenta Juan Luís Rubiales». Su formación profesional le llegó de la mano del mago gaditano León Camacho, quien le enseñó el arte de la prestidigitación, y del gran maestro Juan Tamariz, que le introdujo en el campo de la psicología y la habilidad mental. «--Lo que hacemos es desviar la atención, engañar al cerebro para poder hacer el truco de magia. Es lo que se conoce como misdireccion», explica este ilusionista que además es de los pocos invitados a las Jornadas Cartomágicas del Escorial, dónde 40 ilusionistas de todo el mundo se reúnen en un claustro en el Escorial durante tres días, bajo invitación expresa de Juan Tamariz para estudiar y debatir sobre la magia con cartas, su historia, su evolución e intentar innovar en ella.







Según dice mi padre “la risa del niño expresa placer y felicidad de vivir”. Es carpintero pero, desde hace seis años, cuando nació mi hermano y quedó ingresado por un periodo muy largo de tiempo, observó la necesidad que tenían los niños hospitalizados de reír y maravillarse, lo que le motivó a realizar actividades de ilusionismo y globoflexia, con el objetivo de distraer y provocar risas en las secciones de pediatría.??Comenzó esporádicamente en los hospitales de Cádiz y Puerto Real. Conforme pasaban los meses los profesores de las aulas de Pediatría comprobaban el beneficioso efecto que causa estas actividades sobre los niños, y los médicos consideran que las risas en los niños enfermos favorecen a su recuperación. (En la imagen, el Mago Jaime Peinado López).

«--Papá, ¿me dejas hacerles unos juegos?», le pregunté.
Conforme iba pasando por el pasillo desde las habitaciones los niños se despedían con alegría y los padres con agradecimiento. Al pasar por el Control de las enfermeras una de ellas le dijo: «--Ojalá pudieras venir todos los días, pues contigo las tardes se le hacen más cortas y les suben los ánimos a los niños». Ese día me di cuenta que los minutos tan valiosos que desaprovechamos haciendo cosas inútiles lo podíamos invertir en ilusiones como la que hacen personas como mi padre. (Texto: Jesús Peinado Bueno, en la imagen)
En un principio, comenzó a realizar dichas actividades con carácter esporádicos en los hospitales Puerta del Mar, en Cádiz, así como en el Universitario de Puerto Real. Como quiera que profesores del aula de pediatría comprueban el beneficioso efecto que causa esta actividad sobre los niños enfermos solicitan de aquel que se desarrolle en Fin de Año como después en otros eventos. Habiendo comprobado por tanto el éxito de esta experiencia y teniendo en consideración que resulta patente que la asociaciones desempeñan un papel fundamental en los diversos ámbitos de la sociedad.
VI FESTIVAL DE MAGIA Y MÚSICA.





ARTESANO EN MINIATURA DEL CARNAVAL.








En 1.959, nuestro protagonista comienza a formar parte de la Orquesta Santamaría, tocando el acordeón o la batería, según las circunstancias, con destacados músicos de El Puerto como Alberto Barba y Enrique Galán , ambos extraordinarios saxofonistas, Antonio Pérez y Ramón Zarco maestros del piano, así como Roberto Vega que tocaba el acordeón. Llegando a tocar en numerosas Salas de Fiestas de nuestra Ciudad y la provincia: El Oasis, El Cangrejo Rojo, El Picnic, Balneario de La Palma en Cádiz, ...
SALVATIERRA RADIO.

PEPICHI Y SU GUITARRA.





María se casa en 1950 con Ignacio Valdés Sancho, hermano de Joaquín, fundador y director de la Revista 'Diez Minutos'. Aunque nacido en Sevilla, su familia materna y su propia madre era de El Puerto, emparentado con el bodeguero Hipólito Sancho García, padre del historiador Hipólito Sancho de Sopranis. Vivieron, a partir de entonces, en la planta baja de una casa de la calle Pagador, 16., donde tendrían de vecino a alguien que, con el tiempo, alcanzaría justa fama de escritor. Tuvieron siete hijos: Francisco de Paula (+), María, Berta (+), Ignacio (Director de Arte de
¿Acaso fue ese el origen literario del escritor? Veamos que dice propio Mendicutti: «Siempre cuento que mis precoces, bochornosos y --en su momento-- celebradísimos inicios literarios tuvieron que ver con Rafael Alberti, aunque es verdad que de un modo tan indirecto que a lo mejor más de uno piensa que eso es coger el rábano por las hojas. El caso es que, cuando yo tenía 6 o 7 años y vivía en El Puerto, una vecina nuestra, María Merello, prima hermana de Alberti, nos contaba a sus hijos y a mí y mis hermanos, sobro todo en las tardes de lluvia, unos cuentos fascinantes que no he vuelto a leer o a oír en ninguna parte: al cabo de muchos años, María Merello me reveló que eran cuentos que ella había oído en su casa y que seguramente acabarán perdiéndose porque nadie los ha escrito nunca. Bueno, yo una vez escribí uno. Quiero decir que, un buen día, arranqué unas páginas de un cuaderno escolar, las doblé por la mitad y las cosí por el canto con un hilo, para fabricar un libro, y allí escribí una historia cuyo encanto al parecer no conseguí estropear del todo con mi, por lo demás, comprensible torpeza. Cuando los mayores de la casa leyeron el cuentecito cayeron todos en trance: «--Este niño va a ser un Pemá», repetían una y otra vez, arrebatados de admiración. Pero María Merello, en un momento en el que estábamos los dos a solas, con una sonrisa entre cómplice y pícara, me dijo: «--Al principio, todos los escritores se inspiran en otros, ¿verdad?». Porque ella sabía que aquel cuentecito estaba calcado de uno de los que ella nos contaba, pero no me delató. De haberlo hecho, y por culpa de la vergüenza, seguro que yo no habría vuelto a escribir jamás una sola palabra. No lo hizo, María Merello no le contó la verdad a nadie, y eso me ayudó, como ninguna otra cosa en la vida, entonces y en el discurrir del tiempo, a descubrir el encanto, el desafío, el dolor, la alegría y el compromiso de la escritura. Solo puedo decir que siempre que se me ocurre preguntarme por qué demonios escribo, recuerdo aquellas tardes lluviosas de El Puerto, la voz levemente afónica y el acento delicado de María Merello, aquellos cuentos fascinantes que nos contaba, y hay en todo eso un eco misterioso y seductor de los versos de Alberti, un parentesco raro y enigmático que me permite evocar el feliz descubrimiento de la escritura y llena de sentido y necesidad el sinuoso empeño de escribir».
UNA MUJER EN VESPA.
CUENTOS, POESÍAS Y JUEGOS.
