
| Viñeta y texto: Alberto Castrelo
En la demarcación de El Puerto, ciertos acontecimientos que los gacetilleros despachan como noticia no son más que constataciones de lo cochambroso. A estas alturas de la historia contemporánea porteña, son ya tradiciones de una solidez granítica. Como la polinización entre jóvenes fiesteros, los embotellamientos estivales de gentes con bañador o ese fenómeno físico-químico por el cual, en cuanto se mienta un apellido de los de toda la vida, la palabra «triquiñuela» [*] comparece en el aire y la misma conversación. No es un improperio, válgame el cielo y me perdone Su Señoría; estoy haciendo una descripción de la biosfera local. Un equilibrio biológico de una armonía pasmosa, como el que mantienen el hongo y la humedad en los sótanos mal ventilados.


