
Fila de arriba, de izquierda a derecha: Francisco Domínguez Ramos, Enrique Gago García, del Bar Pescaíto; Francisco Ramírez Bermúdez, apodado ‘Mosqui’; Benítez, José Contreras López, ‘Ochele el de la Recova’ y Contreras, el taxista. Fila del centro: José Molina Benítez, José Zerola, Sánchez, Benjamin Lora Atalaya, de Muebles Pedregal, Guerrero, Rafael Sevilla López, trabajador de Bodegas Terry y concejal en los gobiernos predemocráticos, José Buhigas Guilloto, empleado de Osborne y actor aficionado. Fila de abajo: Cobo, Chaparro, Antonio Domínguez Ramos, Antonio Gallardo Carvia, conocido por ‘Castañero’; Esteban Caamaño Bernal, arrumbador, sindicalista y político; José Camacho Velázquez, Manuel Lora Atalaya, Cordero, Francisco Gutiérrez de Celis y Manuel Fernández. (Foto Rafa. Colección de Isa Lora Pedregal).
El domingo 29 de abril de 1984, el próximo miércoles va a hacer 25 años, un grupo de porteños que durante la Segunda Republica y Guerra Civil aprendieron a leer y escribir en el colegio conocido como de la Academia de Bellas Artes, --en el antiguo Convento de Santo Domingo y luego Instituto de enseñanzas con diferentes denominaciones-- se reunieron y tributaron un más que merecido homenaje a los educadores y enseñantes de aquellos tiempos difíciles de penurias y estrecheces. Los pocos supervivientes, octogenarios en la actualidad, pero con maravillosa lucidez recuerdan a doña Josefa, doña Inés, don Guillermo, don Sebastian, don Juan Wenceslao, don Antonio de la Torre, pero es la figura del maestro de escuela, don Salvador Adame Castro a quién encumbran cuando se refieren a sus peculiaridades y añoran sus enseñazas. Las edades de los supervivientes pasan de los ochenta: 85 años, caso de Enrique Gago García, 84 años Rafael Sevilla López,. 82 años, José Contreras López, Ochele el de la Recova y Antonio Domínguez Ramos. Los organizadores del acto fueron Benjamín Lora Atalaya, Rafael Sevilla López y José Contreras López.

Fotografía en el colegio de Bellas Artes, antiguo Convento de Santo Domingo, poco antes de la Guerra Civil, en la etapa final de la Segunda Republica. El maestro de escuela don Salvador Adame Castro en el centro de la fotografía con todos sus alumnos: Salmerón, los hermanos Arniz, Gabriel Cuevas Flores, Carrasco de la Bandera, los hermanos Villarrubia, Luis Gago García, los hermanos Valiente… y los 23 seleccionados por el destino: Francisco Domínguez Ramos, Enrique Gago García, Francisco Ramírez Bermúdez, Benítez, José Contreras López, Contreras, José Molina Benítez, José Zerola, Sánchez, Benjamin Lora Atalaya, Guerrero, Rafael Sevilla López, José Buhigas Guilloto, Cobo, Chaparro, Antonio Domínguez Ramos, Antonio Gallardo Carvia, Esteban Caamaño Bernal, José Camacho Velazquez, Manuel Lora Atalaya, Cordero, Francisco Gutiérrez de Celis y Manuel Fernández.
En la fila cuarta, de izquierda derecha, el niño cuarto con boina es Atienza, quien falleciera en la División Azul. En la fila de abajo, de izquierda a derecha, el penúltimo, flanqueado por Chaparro y Enrique Gago García, es Manuel Carrillo Lucero, con nótula propia en Gente del Puerto. (Foto Rafa de la Colección de Enrique Gago García).
Comentan que cuando D. Salvador Adame paseaba y transitaba las calles porteñas siempre se le veía leyendo algún periódico ó algún libro percatándose de todo cuanto ocurría a su alrededor, especialmente las travesuras de sus alumnos a quienes al día siguiente, en presencia de sus compañeros, corregía afectuosamente. Cordial, simpático y de extraordinaria calidad humana. Don Salvador Adame Castro hizo mas llevadero aquellos años calamitosos, siendo la razón que a estas alturas todavía añoren y viertan más de una lagrima cuando pasan por el Edificio de Santo Domingo.
Todos también recuerdan a doña Virginia Hernández López, quien además fue profesora de piano en la Academia de Bellas Artes entre 1923 y 1962… “… me acicalaron y condujeron a la Academia, en la calle Santo Domingo y entré por primera vez y para muchos años por su bonito patio, que mi retina conservó para siempre su forma, su escalera de madera, su salón de actos, sus clases, sus luces y mis oídos escucharon como una magia la campanita de llamada, acordes musicales unas voces de do, re, mi, fa, sol, inexplicables…” Juan Lara. “Mis Recuerdos”
En el mismo colegio se daba de comer diariamente a más de 100 niños. Un comedor inmenso y muchas necesidades por aquel entonces. Acudían niños de distintos lugares de El Puerto, además de los más necesitados que estaban en el colegio.

Recuerdan los últimos años de la Segunda Republica, pero con más claridad, es obvio, la Guerra Civil y conservan en su retina cuando los italianos llegaron a El Puerto durante la Guerra Civil. En la fotografía, las tropas italianas desfilando en la Plaza de Isaac Peral el 1 de octubre de 1938… (Foto: Colección Ramón Bayo).
Algunos de los alumnos del colegio de la Academia de Bellas Artes pudieron continuar aprendiendo en el Centro Católico, más tarde, Colegio de San José y San Estanislao, vulgo La Pescadería.
FRASES Y CITAS.
Rafael Sevilla López: “Gran Profesor, Gran Persona” en alusión a la figura de don Salvador Adame Castro”. “Niño que me está oliendo a pestiño” era la frase que en ocasiones decía don Salvador cuando no prestaban sus alumnos la debida atención en clase. Rafael recuerda que don Salvador “Era profundamente creyente”. “Vivía en la calle San Sebastian”
Antonio Domínguez Ramos: “Risa, penas, muchas calamidades y con nuestras chiquillerías contagiábamos e inyectábamos alegría. Era una manera de olvidar el hambre. Incluso nos quitábamos las alpargatas cuando jugábamos para que no se rompieran… “Me parto el pecho por vosotros para nada…” decía don Salvador cuando se enfadaba. “Nadie hacia nada, nadie se metía con nadie” cuando veían la imponente figura de don Salvador paseando, leyendo por la calle.
El bueno de Benjamin Lora Atalaya siempre preocupado por sus compañeros que nos daba todas las facilidades para comprar los muebles para casa ¡Cuánto lo recuerdo! ¡Que gran persona!”. Benjamín tiene nótula propia en Gente del Puerto, junto a su hija Isa Lora, con el número 105, en el Indice de Gentes de este Portal de Internet.
José Contreras López, ‘Ochele’: “Todos buenos maestros, pero don Salvador fue muy especial para nosotros” “Que pena los compañeros que se fueron prematuramente, uno de ellos cuando la División Azul, creo recordar que era Atienza, otros,
mas reciente, nos han ido abandonando…” “Aquí estamos algunos de nosotros para agradecer desde el recuerdo todo cuanto hicieron por nosotros”
Enrique Gago García, el veterano del Grupo, 85 años, memoria prodigiosa: “Mi padre era de Benaocaz, mi madre jerezana, se conocieron en la Playa de la Puntilla y nacimos los ocho hermanos en El Puerto ‘el pueblo más bonito de España’. Nunca me gustó la política, pero tuve un compañero político, desde entonces, escucho… “Que recuerdos, mi amigo Benjamin, mis
hermanos… a Don Salvador todos debemos gratitud, nos enseñó a caminar por la vida, leer, escribir y ser honestos”. Y añade “Antes de dedicarme a la hostelería fui pescadero y las cuatro reglas que me enseñaron en el Colegio de la Academia de Bellas Artes me sirvieron para trabajar por mi familia” concluyendo que “sería una alegría si me viera ahora don Salvador aquí, en el Bar El Pescaíto, con mi mujer, hijos y nietos que contento se pondría, pero seguro que lo está viendo… ”

Fotografía en una de las clases del Instituto Santo Domingo el domingo 29 de abril de 1984: Todos unidos, los 23 seleccionados por el destino con la hija de su maestro, don Salvador Adame Castro, Ana que aparece en el centro de la fotografía con el ramo de flores de bienvenida, acompañada de su esposo, Arana que trabajaba en la fabrica de Harina de la calle Postigo, entre ellos, el sacerdote Anastasio Pérez de Andrés. (Foto Rafa. Colección Enrique Gago García).
El homenaje y la convivencia de tan grata memoria se inició con una misa en el citado centro, celebrada por el sacerdote Anastasio Pérez de Andrés y continuó en el restaurante ‘La Goleta’ donde almorzaron y degustaron las exquisiteces ofrecidas por Juan García, el cocinero que vino de Soria, con nótula propia en Gente del Puerto. A los postres, Ana Adame, hija de don Salvador, recibió un ramo de flores, agradeciendo emocionada el reconocimiento a los maestros en general, y a su padre en particular.
La amistad forjada en la infancia fue el denominador común para que este grupo de arrumbadores, oficinistas, dependientes, marineros, agricultores, pescaderos, autónomos y pequeños empresarios, curiosamente, 23 alumnos seleccionados por el destino, como si se tratara de una maravillosa Selección, hizo posible llevar a su máxima expresión la frase: “Es de bien nacidos ser agradecidos”. (Texto: Antonio Carbonell López).





Victor Bellvis Acosta --Belva-- nace en El Puerto el 13 de julio de 1985. Hijo de José Ignacio y Carmen, porteño y jerezana, es el segundo de dos hermanos y nieto del conocido bancario jubilado del Andalucía, Rafael Bellvis. Vive en la calle Manuel Álvarez, 44, pegado al coso taurino, a una de sus grandes aficiones: el mundo de los toros. Tiene un perro, de nombre Henry, que lleva con la familia once años. Estudió primaria y parte de secundaria en el Colegio SAFA-San Luis, terminando sus estudios de bachillerato en el Instituto “Pintor Juan Lara”. En la actualidad estudia Ciencias Empresariales en Jerez de la Frontera. Satisfecho de los estudios que está llevando a cabo, el año próximo tiene previsto terminar la carrera de grado medio en Inglaterra, en la Universidad de Wolverhampton, con una beca Erasmus. (Victor, con su Cannon reflex, en el burladero de fotógrafos de la Plaza Real).
Victor, no tiene antecedentes familiares en el mundo de la fotografía. Su afición a la Semana Santa le hace entrar en el mundillo de los objetivos y las cámaras, empezando en el año 2004 con una cámara réflex de carrete, de forma autodidacta y agradeciendo los consejos de los profesionales que va conociendo, con los que llega a entablar una relación de amistad.
Apasionado tanto de la fotografía cofrade como de la taurina, colabora con la web taurina
DISTINCIONES SEMANA SANTA.


Dicha empresa era valenciana y se encargaba del suministro de intendencia de los ejércitos de Tierra, Aire y Marina de Guerra, así como a las prisiones. Se mudó posteriormente junto a su familia a una casa al lado del antiguo penal de El Puerto, edificio que no existe en la actualidad.
Juan Antonio García García, nació dos días después de la festividad de los Reyes Magos, el 8 de enero de 1943, en una España en la que la hambruna de la posguerra hacía estragos, en El Royo (Soria). Pero él entró con 16 años, a trabajar en una profesión donde, con el tiempo, daría de comer a los demás: en la hostelería. Concretamente de cocinero, empezando desde abajo, en Escoriaza (Güipuzcoa) en el Colegio de los Marianistas; pasaría por Zaragoza, en el Mesón del Carmen y en San Sebastián, en el prestigioso Hotel María Cristina. En 1961, con 18 años, llega a El Puerto al Motel Meliá “El Caballo Blanco», donde conocerá a la que sería su mujer, Marisa Alonso Juárez. Al año siguiente, en 1962, pone rumbo profesional a la Costa Brava, prestando sus servicios en el Hotel El Alfa (Calella de Palafruguell, volviendo en el verano de 1962 al Cangrejo Rojo, lo que luego sería el Club Mediterranee. (Juan, en una fotografía reciente, dando los últimos toques a una fabada asturiana de la que dieron buena cuenta una reunión de directores de hotel).

Y en 1980 crea una sociedad con José Cala, un tandem que daría mucho juego durante aquella década: el restaurante “La Goleta” la mejor oferta de restauración en cuanto a la relación calidad precio de la zona, siendo un referente tanto a nivel local como nacional. El equipo era comandado por José Cala Suano como Maitre y Juan García García, como Jefe de Cocina. En 1991 se construye Del Mar Hotel, (tres estrellas, 40 habitaciones) disolviéndose la sociedad Cala-García al año siguiente, en 1991. La familia Cala explotaría en solitario “La Goleta” y nuestro protagonista se quedaría con la gestión y propiedad del establecimiento hotelero hasta que, el pasado 2008, tras 17 años dirigiendo el hotel y 49 de vida laboral ininterrumpida, disfruta de la situación de jubilado jubiloso. La dirección del hotel la lleva en la actualidad su cuñado, Julián Antonio Alonso Juárez, bancario excedente, hijo del recordado profesor de Safa, don Lino Alonso. (En la fotografía, el Restaurante La Goleta).
LA FAMILIA.
VISITANTES ILUSTRES.


«Antonio Izquierdo Herrera, “el Baba’, apodo de ascendencia paterna, nace hace 75 años en el número 16 de la calle Postigo, en pleno Barrio Alto, hijo de Juan y Rosario, conocida como “Primita”. Tuvieron ocho hijos, de los cuales Antonio, ‘el Baba’ es el segundo y mayor de los varones. La hermana de Antonio, Pepa, ya fallecida, era la madre de la pequeña Carmen Marín Izquierdo que el día de 13 de febrero de 1963, a la edad de 8 años fallecía como consecuencia del
PERSONAJE DEL PUEBLO, PERSONAJE DEL PUERTO.
CHATARRA Y CARTONES.
LAS NIÑAS MALAS.
INCIDENTE EN CASA JOSELITO.
ESCALANDO LA PLAZA DE TOROS.
Aconteció que por la insensatez de algunos ‘simpáticos’ Antonio, ‘el Baba’ fue alentado para tocar las posaderas de una señora, que por cierto era la esposa de un personaje de cierta relevancia, la del Comandante de la Policía Local, Manuel López Romero, excaballero legionario que hizo que ‘El Baba’ diera con sus huesos en el Manicomio de Cádiz. ¡Tres meses en un manicomio! Incluso peor que el Penal del Puerto. Los peores momentos de su vida. Milagros Leiva, hija de Antonio Leiva, el del
EL VÍNCULO CON LOS CALERO


Miguel Marroquín Travieso nació en la calle Ganado, 2, esquina con la Plaza de la Herrería, en 1943, hijo de Carmen y Miguel, siendo el quinto de ocho hermanos; su padre, militante del Partido Comunista fue perseguido y encarcelado durante seis años por sus ideas políticas durante el anterior régimen político. Está casado con la portorrealeña María Vera y tiene dos hijos, Eva y Miguel y un nieto, Manuel. Estudió en el Colegio de el Polvorista y la SAFA hasta los 13 años. En este colegio iba temprano para que le dieran un vaso de leche y mantequilla que regalaban los americanos aunque el pan tenía que llevarlo, pero antes, según recuerda «tenía que escuchar misa y en los meses de inviernos por las mañanas y con pantalones cortos y sin calcetines nos hacían formar en el patio para subir las banderas y cantar el “Cara al Sol”, mientras los os curas y los maestros iban bien abrigados con las sotanas y abrigos.» Como se puede apreciar no tiene muy buenos recuerdos de dicho colegio, ni de su director, a la sazón el jesuita Manuel Bermudo de la Rosa, de quien hablaremos más adelante pues se lo volvería a encontrar mas adelante de una manera bien diferente.

María, su mujer, su compañera, ha afirmado que «El amor por mi marido me dio fuerzas para superar todo lo que se me puso por delante. Permanecía a su lado siempre. Pensé que debía hacer algo y comencé a repartir El Mundo Obrero y a participar activamente en política. Fueron aquellos muy malos años pues mi marido estuvo tres años encarcelado y teníamos un bebé de muy poco tiempo» Casí nada...
LA ENFERMEDAD DE SU MUJER Y LA SECRETARÍA DEL PCE.
MANUEL GERENA Y CARLOS CANO.

"En 1983, fue el año que cometí la mayor equivocación de mi vida, participé en la elaboración de una lista independiente a las elecciones municipales. Como éramos amigos de toda la vida me convenció para que le ayudase. Yo sabía que esta aventura era irrealizable, pues los candidatos en su mayoría eran de derechas o lo fueron en su día. Álvarez quería que yo fuera el segundo de la lista" -afirma Marroquín- "algo a lo que me niego y le digo que le ayudo nada más, que con esta ayuda estoy tirando mi historia política por una ventana, pero que nada mas llego hasta ahí. Efectivamente los ciudadanos solo le dan la confianza en un concejal: el mismo. Fue, como digo, una aventura y mi mayor fracaso como político, pero mi amigo quería mi ayuda y para eso están los amigos: para las maduras y para las mas duras".
SU VUELTA A LA POLÍTICA: EL PSOE.


Miguel recuerda el gran cariño y afecto que profesa y le profesan quienes trabajaron con él en el entonces Patronato Municipal de Turismo. Con ellos organizó, junto con la Tertulia Flamenca “Tomás el Nitri”, tres Concursos Nacionales de Cante Flamenco para los que el pintor de la luz Juan Lara, hizo el cartel convocatoria. También mejoró e impulsó los premios taurinos de la Plaza de Toros y otras actividades como los Premios a la Promoción Turística, la inauguración de Puerto Sherry o el apoyo que prestó a la celebración de congresos en la Ciudad. A la finalización de su mandato, el sector turístico de la Ciudad le tributó un caluroso y nutrido homenaje de despedida, donde valoraron el empuje y la entrega que le impulsó a la actividad turística, hace cerca de 20 años. (En la ilustración, el cartel que pintó Juan Lara para el Concurso Nacional de Cante Flamenco 'Ciudad de El Puerto').


Nació en la calle Cruces, 32 el día 2 de diciembre de 1935, pero con cuatro años su familia se va a vivir a la calle Postigo, frente a la Fábrica de Harinas. Sus primeros recuerdos son para la droguería de la esquina y la frutería de Tito Pastrana o el almacén -luego bar y freidor- de La Gloria. (Manolo, de pequeño, posando para el fotografo).
Un tío suyo, Paco, estaba suscrito a las revistas Clarín, Dígame y El Ruego y mientras las devoraba, se le metía la afición en el cuerpo a la par que practicaba la lectura. Todo el tiempo que tenía libre lo invertía en aprender, leer, documentarse... No sabe jugar a las cartas, ni al dominó, ni al carro, ni a las siete y media, ni a nada... No perdía el tiempo, su avidez por aprender no le dejaba tiempo para nada más. En julio de 1955, con 20 años, se marcha al Servicio Militar de voluntario. Como no había hecho la Primera Comunión, allí que la hizo, vestido de marinero, pero de marinero de verdad. Y seguía aprendiendo, estudiando, conociendo... Y a su vuelta al campo, a trabajar en las viñas, especialista como era en las tareas de las viñas, entre otras las labores de poda y castr. (En la fotografía del Estudio Pantoja, tomada el 26 de noviembre de 1955, cuando estaba haciendo la instrucción durante el Servicio Militar).

ADIOS AL CAMPO, ADIOS.









«Manuel Jiménez García, conocido popularmente entre el gran público portuense como ‘Manolo el de la Tuba’, obrero de la construcción forjado a sí mismo, artesano del zapato, barbero por beneficio de su padre y músico por afición, nació el 5 de febrero de 1930 a las 4,30 h. de la madrugada en la calle Jesús de los Milagros, donde también vivían ‘los Lobitos’. Cinco días antes se instaura en España la dictablanda, tras el nombramiento en Madrid del general Berenguer como jefe del consejo de ministros, con el encargo del rey de preparar la vuelta al régimen constitucional anterior a 1923. Toda una época.
Era fácil ver por aquél entonces en la antesala de la barbería a ‘el Caneco’, limpiabotas y cantaor de tronío que aprovechaba la espera de los parroquianos para ejercer su oficio de lustrador de zapatos, y marchar luego a cantar por las esquinas con una copita de más el arte racial que llevaba dentro.Sus primeras letras las aprendió en el Colegio del Hospitalito con Doña Magdalena Ávila, también profesora de Rafael Gómez Ojeda. pasando luego a las sabias manos de Don Remigio Peñalver que le inculcó inequívocamente casi sin saberlo, su pasión por la música. Con diez años y tras la muerte de sus padres y de varios hermanos a consecuencia de la guerra y el hambre que pasaron –quedaron seis de 11 hermanos-, quedó a cargo de su hermana Antonia, para él, toda una heroína del momento que les tocó vivir. (En la fotografía el cantaor y lustrador de calzado, Antonio 'el Caneco'. Foto Colección Luis Suárez Ávila).
Los Salesianos de Cádiz lo acogieron como a tantos niños huérfanos de aquellos horribles años, aprendiendo el oficio artesanal de hacer zapatos y empezando a ser aprendiz de músico con los instrumentos de la clave de fa, símbolo usado en notación musical, cuya función consiste en asociar las notas musicales con las líneas o espacios del pentagrama. Allí aprendió también por estigma familiar a recortar las coronillas a los curas, aún conserva los aperos de aquellos menesteres. (Ilustración de María Fernández Lizaso.
Después de cumplir con el servicio militar en Figueras, se incorpora al gremio de la construcción donde desarrolla el resto de su vida laboral, y conoce a través del asilo de huérfanas de la calle Cielo, a la que más tarde sería su esposa, María Cárdenas Serrano.
Luis del Pino Robles, Luis 'el de los huevos', nació en la Ribera del Río el 15 de julio de 1923, en los soportales existentes frente a la Casa de la Munición o Provisión, donde por la época existía un cuartel militar de Artillería, y que muchos han conocido al final del siglo XX como Taberna 'La Resaca'. Su madre, María Magdalena Robles le lavaba y planchaba la ropa a los soldados. Su padre, Francisco Pino Suárez era primo hermano de Manolo y Miguel del Pino, los célebres diestros locales. El apodo de la recova le viene a Luis por su trabajo en el Despacho de Plácido Carvajal, con el que repartía huevos y queso al por mayor al comercio local con quince años.

SU OPORTUNIDAD ARTÍSTICA: CANARIAS.

CON LOLA FLORES.
23 AÑOS EN FRANCIA.
La ficha técnica es para leerla: Dirección Artística: M.Carrillo. Dirección Musical: M. Leveque. Maestra Concertadora, profesora: Lolita Lanzarote. Regidor de escena: Manolo R. Cortés. Maquinista Jefe: Francisco Camacho. Segundo Maquinista: Francisco Andrade. Gerente: José Valiente. Representante en Ruta: Guillermo Aguilar. Números de Baile montado y dirigido por L. del Pino. Vestuario confeccionado para este espectáculo por: M.Mariscal, según diseños de M. Carrillo. Decorados y atresso [sic]: Propiedad. Peluquería: Pepi. Grupo microfónico: Quico, montado por Manolo Pacheco. Organización: M. Leveque y M. Carrillo. Representante exclusivo: Manolo Astorga. El patrocinio era de una bodega portuense: Brandy Viejo Veterano Osborne y Amontillado Fino Quinta. (En la fotografía, perteneciente a otro festival benéfico, Luis caracterizado de mejicano en el Teatro Principal. Doña Virginia lo dirigía al piano y escogía para nuestro protagonista los números cómicos).

«Más de 20.000 alumnos han pasado a lo largo de siglo y pico de existencia de la Academia por sus aulas. La exposición de los trabajos realizados, la entrega de diplomas y las visitas de personalidades a las clases han sido tónica permanente de todos los tiempos. Muchos alumnos encontraron en las enseñanzas de la Academia la orientación hacia su futuro profesional como arquitectos, pintores, músicos y oficios artesanos.» (Del catálogo de la exposición: Un siglo de Actividad e Historia).
estudiaba con 

estuvo haciendo durante su vida de marinero “el Gato”. Superviviente de tres naufragios: “La Isla Paloma”, otro de Alicante y un tercero del que no se acuerda: «estas cosas son mejor olvidarlas», afirma entre maullidos y un extraño sonido que se asemeja con fidelidad a un serrucho de carpintero. (Foto superior: La Lonja en 1970. Colección Antonio Leveque).
Su afición por las imitaciones y las parodias le viene de chico: hace de todo: un gato, una gata en celo, un cochino, el caballo, un serrucho, un trueno, voces de extranjeros, mueve las orejas, suplanta voces, hace la parodia de una mujer pariendo... Si “el Gato” hubiera nacido en estos tiempos, a lo mejor se hubiera especializado y sería una figura del Beatboxing, la habilidad de imitar sonidos con la boca, principalmente caja de ritmos, también considerado como el quiento elemento del hip-hop (los otros cuatros son Rap, Break Dance, Graffiti y Turntablism). Curioso personaje este Gato... con sombrero y botas.


Dos meses antes de la vendimia, las mujeres de los integrantes de las cuadrillas venían por los cortijos de la zona buscando paja para preparar los colchones de sus hombres que luego cortarían la uva. Hogaño difícilmente se encuentran vendimiadores. Cuando se bebía vino, recuerdan en la Venta, todas las semanas se vendían 20 arrobas de 16 litros, y el consumo habitual, lejos de las cervezas y otros bebestibles, eran las medias botellas de vino, como medida para el trasiego en las reuniones de la parroquia. Aquella pequeña superficie comercial de hace 50 años, se resintió con la llegada del primer Simago a Jerez: ya las mujeres no se avituallaban tanto en la venta y por el contrario se las veía cargadas bajando desde la parada del autobús próximo, lo que hizo que el negocio se enfocara más a una casa de comidas y bar, que a almacén de conveniencia. (En la fotografía a color de la izquierda, arriba, Pedro y Pepe, de Arcos, Zapata el Pescadero y Rosillo, ya fallecido; abajo a la izquierda el guarda de la obra de Puerto I, ya fallecido y Miguel López-Cepero Gallardo).

