Habitantes y Gente de El Puerto de Santa María » Ambulantes

881. VICENTE VALLE REY. Lotero.

1 01 2011

Vicente Valle Rey fue nacido en 1929 en la calle de la Palma, es el tercero de los seis hijos habidos en el matrimonio celebrado entre Encarnacion Rey Rodríguez y Antonio Valle Ceballos. A sus 81 años, sigue en forma vendiendo décimos de lotería.

«El año de su nacimiento, 1929, se palpaba la incertidumbre política y el deterioro de la monarquía. En El Puerto de Santa María, la ausencia del Teniente Coronel del Batallón de Cazadores de África, nº 7 y del Ayudante Militar de Marina al funeral por la reina María Cristina, organizado por el municipio, excusando ambos por escrito su asistencia, era una clara muestra. Asimismo excusó su asistencia el filántropo portuense Elías Ahuja Andria mediante una comunicación de su secretaria, sin firma». Antonio Gutiérrez Ruiz. A.C. Puertoguía.

Estudió Vicente Valle interno en los Salesianos de Cádiz, donde aprendió el oficio de zapatero artesano.  Con 22 años se colocaría en oficios varios en Bodegas Caballero –“en el embotellado poniendo papel de plata a las botellas de Ponche Caballero”, recuerda- -, permaneciendo por espacio de cuatro años para, mas tarde, trabajar en la estiba, descargando barcos, en la Otra Banda.

En la imagen, con el periodista Modesto Barragán, director de ‘Andalucía Directo’ en el  Bar ‘Er Beti’.

Se casa en la parroquia de San Joaquín con María Morales y con ella tendrá cinco hijos. La familia demandaba un salario fijo y se enroló como marinero en sendos pesqueros, el ‘Glorioso’ y el ‘Playa de Valdelagrana’ donde permaneció por espacio de quince años, navegando hasta Cabo Blanco, Dakkar, Sa. Luis… allí se cogían buenos calamares, chocos y lenguados machos. Pero un accidente de trabajo le obliga a prejubilarse y deja el mundo de la mar.

LA LOTERÍA
Y ya lleva cerca de 20 años con la lotería y, a sus 91 se encuentra perfectamente haciendo sus recorridos urbanos con su ristra de décimos en la pechera, con la corrección y amabilidad que le caracterizan. “Niño, esto no es nada malo para mí, verdad? pregunta cuando le hacemos la nótula sentados en una mesa de Romerijo, donde charlamos a las 3 de la tarde. Ahora solo trabaja por las tardes, salvo los días de fiesta que cambia por las mañanas su ‘paseo de la suerte’. Y es que hay que decirlo, esta semana pasada ha dado un segundo y un tercer premio.

Su itinerario de antes era extenso. A las 12 de la noche se dirigía a la Otra Banda, a la Lonja del Pescado y allí permanecía hasta las 9 de la mañana, luego hacía un recorrido por Valdelagrana para, a continuación dirigirse al Centro Comercial ‘El Paseo’; una vuelta por la Clínica de Santa María del Puerto y alrededores y luego terminaba en el centro. Y todo ello, andando. Quien quiera encontrarlo, en el antiguo Bar Rábago, frente al Mercado, tiene una de sus paradas fijas. “Ojú, ahora es mas difícil buscarse la vida…”. 81 años, genio y figura.



699. EL YIYI. La indigencia en el siglo XXI.

4 07 2010

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El 22 de febrero de 2009 aparecía el cadáver de un hombre de 48 años de edad, nacido en El Puerto, y que respondía a las iniciales de G.G.C. Al parecer llevaba tiempo enfermo, viviendo en la indigencia y el abandono, y acostumbraba a pedir limosna en la puerta de la cercana iglesia del Espíritu Santo.

«No hacía ni un mes que paseaba por el Parque Calderón, cuando observé, que la caseta dedicada a albergar el mecanismo eléctrico que accionaba, la tan pretenciosa como efímera vida del chorro de agua sobre el Rio Guadalete, daba señales de estar habitada, a pesar de  su escaso metro y medio cuadrado.
Saqué mi móvil, e improvisé una fotografía, que al descargarla en el ordenador  y verla con detalle, sentí el impulso de plasmar en un soneto, la escasa poesía que podía generar tan sórdida estampa. No conocía al morador de la caseta, pero lo idealicé convirtiéndolo en  eremita y capitán de  barco anclado al rio.
Que falaz y triste metáfora, que me devuelve la realidad al leer en la prensa, cómo los empleados del Ayuntamiento, han procedido a demoler la caseta donde llevaba muerto tres dias el “Yiyi” , como así se le conocía.

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Operarios municipales, limpiando la zona tras la demolición de la ‘vivienda’ del Yiyi.

Tuvo su dia de gloria,  al ser noticia morbosa como portada Diario de Cádiz, “llevaba tres dias muerto” pero no era feliz, como yo lo idealizaba, vivía gracias a la escasa caridad que le proporcionaba su pordioseo y feneció de frío, abandono y soledad. Nadie lo echó de menos.
Sabía que un día lo expropiarían, por la remodelación de la ribera del rio, pero no dio la opción y decidió dejarnos.
No se si alguien lo recordará, yo si prometo que su recuerdo me vendrá a la memoria, por lo menos cada vez que pase por el Parque Calderón. Descansa en paz, Yiyi» (Texto: Alberto Boutellier Caparrós).



564. EL PAPI. ¡Que alegría de verano! (II).

21 02 2010

elpapi_2_puertosantamariaNegro, negro, negro, como aquel cantaor de viejos romances del Puerto al que El Negro llamaban, y completamente vestido de blanco, de primera comunión. A la verita de la mar, un canasto de papas fritas que se le señala en el brazo y un pregón, qué jaleo junto a los toritos de las olas que derrotan en tablas de la arena. Una gorra blanca. Una blanca guayabera. Playa de Vistahermosa, que así le llaman por lo bonita que se ve Cádiz cuando, como una mujer, se la contempla en la distancia, Venus nacida entre la espuma cuyos pechos fueran las torres de la Catedral. Rafael Pérez Sánchez va pregonando sus papas. Bajo la gorrilla, tiene, en torno a la calva de las grandes entradas, los pelos rizados y alborotados de un solista de violoncelo de la Orquesta Nacional. Nadie sabe que se llama Rafael Pérez Sánchez ese hombre de la mar y la ribera, de la amarilla seda de las mallas de Terry, de las medias botellas de Quinta que pregonando va las papas fritas. Es El Papi. Hay revuelo de chiquillos entre pregones, Papi, las papas.

Por las tarde, cuando el sol echa su moneda de oro en la alcancía del horizonte, con la marea vacía, las playas de la bahía se llenan de buscadores de tesoros de de lo fenicios, duros antiguos, peluconas, anillitos de casada. Llevan unos auriculares, como oyendo el carrusel deportivo de la historia, mientras con una especie de fregona electrónica parecen sacerdotes que fuera inciensando  las arenas en un exorcismo de ondas mágicas. Esos son los buscadores de los tesoros de la tarde. Por las mañanas, el sol alto dando en la cúpula dorada de la Catedral, brillando en resoles de espigones y depósitos de de la base de Rota, algún barquito velero del club náutico buscando la canal por el faro de las Puercas y por El Fraile, las playas de la bahía se llenan de buscadores de los tesoros de la vida. El que pasa con la Carmela que ha habilitado como nevera ambulante de latas de cerveza y fanta fresquita para las marías. El de los pistachos. El de las papas: -¡Tor mundo entretenío por veinte duros!- Y mucho paro entretenido, y muchas fatiguitas echadas fuera buscando la vida con un canasto de papas, hay cañaíllas y bocas de la Isla, y camarones de porreo, y botellines de agua.

papi_2_puertosantamariaPapi, que se busca los tesoros de la vida con sus papas a la orillita de la mar de Vistahermosa, dicen que va a dejar de pregonar. Ahora El Papi tiene más dinero que muchos señoritos tiesos que lo veían pasar, con la copa de fino en la mano, desde El Buzo. La viuda quinielista con una pensión de cinco mil duros al mes a la que le tocaron los 308 millones de pesetas, si es famosa en España por su suerte de repetir los signos de la jornada anterior, en El Puerto lo es como madre del Papi el de las papas. En España le han tocado los millones a la quinielista del Puerto. En El Puerto le han tocado las quinielas a la madre del Papi, que es una cosa muy distinta. Dicen que al Papi lo van a retirar. El Papi, de momento, va a comprarse un BMW, como si fuera un ejecutivo encargado de la parte del jamón y el queso en la Casa Osborne. ¿Cómo se puede ir a pregonar a los niños las papas del Papi con un BMW?

Dicen que Ronaldo, con el 2 del Hércules frente al Barsa, va a retirar al Papi. Dicen. El verano de Vistahermosa será una larga ausencia de su pregón. Los niños ya no tendrán papas tras la que correr en el revuelo de chapuzones y castillitos de San Marcos de las arenas. Ojalá no se retire. Ojalá pase El Papi frente al Buzo con la frente más alta que nunca, pensando que tiene más dinero que muchos de los que desde allí lo miraban como si fuera una piedra ostionera del paisaje. Será precioso verlo llegar en el BMW, aparcar enfundarse en su blanco uniforme de contraalmirante de las papas fritas y comenzar su pregón, ahora pensando que es más que los que le compran. Cualquiera le tose al Papi. Claro que por todas las playas de la bahía seguirá habiendo cada mañana del veraneo otros Papis, otros hombres vestidos de blanco cuyas madres no acertaron con el descabello del 2 del Barcelona y dejaron vivo ese tesoro del paro, que pega tanta cornás, y al que hay que darle estos capotazos del ingenio. Ahora sí que son las más ricas las papas del Papi. (Textos: Antonio Burgos. 1997).

Anterior nótula de El Papi, núm. 009.



399. CUELLAR. Foto al minuto.

9 09 2009

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Cuando se haga la historia de la fotografía en El Puerto se hablará, sin duda, de Justino Castroverde y de Francisco Sánchez “Quico”. Se hablará de Pantoja, de Rasero, de Fariñas, de “Rafa,” de la “Galería Azul” o de Garpre. Seguramente nadie se acordará de “Cuéllar”, el viejo, ni de “Cuéllar”, el hijo. Pues, de entrada diré que “Cuéllar” el viejo no se llamaba “Cuéllar”, sino José Alonso Mesa, y que “Cuéllar” el hijo, ni se llamaba “Cuéllar”, ni era hijo del viejo. “Cuéllar”, el hijo, tiene por nombre Rafael y por apellidos López Raya. Lo que ocurre es que “Cuéllar” el viejo lo recogió, lo adoptó y lo tuvo siempre por hijo. (En la imagen, Rafael López Raya, ‘Cuellar el hijo’).

“Cuéllar” el viejo vino de Sevilla a El Puerto unos años después de la Exposición de 1929. Allí había sido mayoral, cochero, del Marqués de Salvatierra, Don Pablo Atienza, que en la finca “Majalova” tenía –y su hijo Rafael, casado con Soledad Becerril, tiene– una ganadería de caballos españoles de estirpe cartujana y una de las mejores colecciones de carruajes y guarniciones de toda la Andalucía La Baja y parte del extranjero. Yo no sé cómo a “Cuéllar” el viejo, le dio por la fotografía y se planteó dejar de ser cochero por cuenta ajena, pero lo cierto es que plantó sus reales en el Parque de Calderón, al lado de la primera palmera, según se mira desde la Plaza de las Galeras Reales, a la derecha, y de allí no se marchó, sino obligado por la Parca. Allí, aunque dejó de ser cochero, no olvidó su antiguo oficio de caballerizo y se compró un impresionante caballo de cartón, con una plataforma de madera con ruedas, que le hizo un industrial-artista fallero de Valencia.

lsa_parquecalderon_puertosantamariaEL CABALLO DE CUELLAR.

El caballo, con su artística cabezada, sus riendas, su montura española y sus estribos ingleses, su baticola y su rico petral de flecos, le llegó un día por ferrocarril, en un tren de mercancías, dentro de una jaula de listones de pino, donde, envuelto en papel “cuero”, venía oculto el fogoso corcel que tanta gloria le daría. Se lo entregó “El Rerre” en su domicilio de calle Lechería, o Cervantes, número 36. En plena calle, “El Rerre” paró su carro de pértigas tirado por dos mulos leoneses, preguntó por el destinatario a cuyo nombre venía la facturación –que nadie le dio pistas porque venía a nombre de José Alonso Mesa, hasta que uno cayó en que era el propio “Cuéllar” de quien se trataba–,  pidió auxilio a unos zagales, bajó el bulto, y lo colocó en medio del patio de la casa de vecinos. (En la imagen de la izquierda, el autor del reportaje, subido a lomos del ‘Caballo de Cuellar’).

Abrir la jaula fue todo un acontecimiento porque, como hubo que echar mano de los buenos oficios de Diego “El Gurrino”, con fragua próxima al lugar, a fin de cortar –lo que hizo con excelente profesionalidad–, los flejes de acero que aseguraban la integridad del envío, se corrió la voz y acudió al florido patio toda la chiquillería. No es para contar lo que se armó, cuando apareció ante la vista de todos aquel caballo, que ni el de Troya, ni Bucéfalo, ni Babieca, ni tan siquiera el caballo de Ariza, causarían tanta admiración si aparecieran ante la grey infantil del barrio gitano de la calle Lechería, Rosa, Santa Clara y aledaños.

josemaria_y_antoniooviedogonzalez_puertosantamaria«–Ahora me monto yo», decía por aquí uno.
«–Bájate ya, que ahora me toca a mí», increpaba el otro.
Y ante la mirada atónita de “Cuéllar”, que veía abierto en canal y desplomado a su semoviente, saltó por los aires uno de los estribos de aluminio, rota la ación, de gutapercha.

«–Aquí se ha acabado esto», dijo “Cuéllar” el viejo y, contrariado, dispersó a la caterva devastadora y, acto seguido, encargó a Brión dos aciones para los estribos de cuero de vaca, de tan gran calidad, que han perdurado hasta que su hijo, “Cuéllar Jr.”, dejó el oficio y vendió el caballo a “Bicicleta”, un fotografo sevillano de al minuto, que tenía su “estudio” a los mismitos piés del monumento a Colón entre el Paseo de Catalina de Ribera y los Jardines de Murillo. Reparado inicialmente el caballo de tan estruendoso estreno, Cuéllar se lo llevó una mañana, tirado a mano, rodando, por Lechería, Chanca y Ribera del Río, hasta junto a la primera palmera, entrando, por la derecha, del Parque donde lo instaló de reclamo para su negocio. (En la imagen, José María y Antonio Oviedo González. A la derecha, al fondo de la imagen, el Cinema España).

Estrenaba “Cuéllar” aquel día un sobretodo de crudillo que su santa esposa le había cortado y cosido; estrenaba la cuadrada máquina de retratar “al minuto” con su trípode de madera; estrenaba su cubito de cinc con el agua; estrenaba el pañito de bayeta; estrenaba la fórmula mágica del revelador artesano hecho en su casa con particular cuidado: “seis gramos de sulfito, treinta gramos de hidroquinona, tres gramos de metol, treinta gramos de carbonato cristalizado, todo disuelto en un litro de agua“. Y funcionó. Funcionó, porque ya lo llevaba ensayado, que el día antes puso a su esposa como modelo en el patio de su casa y estuvo cogiéndole el pulso y el tono al objetivo de la maquina y a las dosis de productos químicos. Porque la luz debía calcularla a ojo, sin fotómetro; el tiempo de exposición, a ojo, quitando la tapadera de la lente y volviéndola a poner como un relámpago; y los gramos, a ojo de buen cubero… «–El ojo en este oficio es el que trabaja», se dijo.

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El Parque Calderón, en los tiempos de ‘Cuellar Viejo’.

Con esas iniciales fotos, “Cuéllar” colocó, de muestras, dos marcos en los laterales del cajón de su máquina y se lanzó a trabajar. Cuando un militar sin graduación se le ponía delante y le pedía que lo retratara, “Cuéllar” adoptaba una pose de artista; lo mandaba poner en el sitio adecuado; destapaba el objetivo, metía la cabeza por la manga, centraba la imagen, tapaba el objetivo, manipulaba el interior y montaba el papel que serviría de negativo en el chasis y ¡zas!, salió el pajarito. El militar sin graduación había quedado inmortalizado.
«–¿Cuántas copias desea?» preguntaba. Y el militar, contando, con los dedos pensaba en la novia, en la madre, en la abuela, en la otra abuela, en su tía fulana, en su tía mengana…
«–Las cuatro son, tres pesetas», advertía “Cuéllar”.
«-Pues cuatro», decía el militar, comprendiendo que tenía que venir el “tío Paco con las rebajas” que la cosa no estaba para tantos gastos.

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La Casa de los Sánchez Cossío, en la calle Larga esquina a Plaza de Isaac Peral, donde estuvo la Caja de Ahorros de Cádiz y la venta de entradas de la empresa. Soldados de la Marina, paseando. Posiblemente se fotografiaran en el Parque ante la máquina de Cuellar.

No se crea que lo de los retratos al minuto era fácil. Después de impresionado el negativo, había que revelarlo. Después de revelarlo, había que obtener los positivos y ahí me tiene Vd. a ese “Cuéllar” colocando la tablilla, en sus rieles o guías, con el negativo pegado de al revés, calculando la distancia, a ojo, alargando o acortando el fuelle, a ojo, con la cabeza otra vez metida en la manga de bayeta negra y el objetivo abierto. Ahora debía colocar el chasis con el papel de positivar, darle al negativo la exposición conveniente, a ojo, y tapar. Lo demás sería un tejemaneje dentro del cajón, en la cubeta del revelador; quitando el tapón, mirando, de vez en cuando, por el tubo del visor (acondicionado, en evitación de accidentes oculares, con un trozo de camara de rueda de bicicleta), levantando la trampilla del cristal rojo para no perder ripio y meter los positivos en el fijador. A todo esto, un brazo que entra y otro que sale de la manga negra y, a continuación, con un tirón del cajoncito de lata galvanizada,  aparecían, como milagrosamente, las cuatro fotos. Luego, el agüita milagrosa y la bayeta; la cuerda y los alfileres de tender; y, finalmente, papel de estraza, bien plegado y las fotos de dos en dos, encaradas por el reverso, para que, todavía húmedas, no se estropearan.

SON TRES PESETAS.
De tres en tres pesetas, de soldados, criadas, niños caprichosos, y angustiados viandantes con los carnets a punto de caducar, “Cuéllar”, fue ganándose su sustento y el de su familia. “Cuéllar” el viejo, no tuvo siempre la gran papada con que se le conoció. La fue adquiriendo poco a poco y, la verdad, no sé si era una acumulación de grasa o enfermedad que no había dado la cara. El caso es que “Cuéllar” el viejo tenía una enorme y desproporcionada papada que le hacía singular y hasta beatífico. “Cuéllar”, en verano, por la mañana, hasta media tarde, hacía una excepción. Se montaba en el autobús de Bootello, en el primer viaje, con su máquina y su caballo y se plantaba en la playa de La Puntilla. Puede decirse que eran los únicos momentos en que abandonaba su lugar de la primera palmera, a la derecha, entrando, del Parque adonde volvía sobre las cuatro o las cinco de la tarde hasta que empezaba a oscurecer. ¡La de niños y niñas en bañador, la de tatas con uniforme blanco, cuello duro y delantal que habrá retratado “Cuéllar” en la playa!

Cuando Rafael López Raya, “Cuéllar” hijo (que nació en Olvera el 3 de marzo de 1910) después de estar de soldado en Africa, de ejercitarse en los más peregrinos oficios, entre ellos el de picapedrero, no pudo trabajar –por mor de una quebradura que le hinchó un compañón de forma desmesurada–, decidió dedicarse a la fotografía al minuto. Se encargó una máquina de cajón de 25 centímetros de ancho y alto por 35 centímetros de largo, en un carpintero de Sanlúcar, que tenía taller abierto en la Puerta de Jerez, a la que dotó de un objetivo con diafragma metálico que adquirió al difunto “Churrasca”, el del baratillo. Con la máquina y el caballo, prosiguió en el Parque, al lado de la primera palmera, a la derecha, entrando.

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La Plaza de las Galeras Reales a finales de los cincuenta del siglo pasado.

Sin embargo “Cuéllar” el viejo, con su papada, y “Cuéllar Jr.”, con su quebradura, y ambos dos con las uñas parduzco-amarronadas, por la acción prolongada de la manipulación de los productos químicos, coincidieron en sus actividades fotográficas. En sus últimos años, “Cuéllar” el viejo se “agiornó” y ejerció hasta la muerte con una máquina de paso universal reflex. “Cuéllar Jr.” vivió apegado a la tradición de la máquina de al minuto hasta que una operación del riñón lo apartó de toda actividad. Desde entonces, tan fijo como un reloj, a eso de las tres y media de la tarde, todos los días, “Cuéllar Jr.” acudía al lugar de siempre. Luego se sentaba en el Bar Santa María y se tomaba un té. Y al que le preguntaba, le relataba la fórmula del revelador o sus andanzas por Africa. Antes de irse, “Cuéllar Jr.” dejaba sobre la mesa del Bar Santa María diez duros. Y Angel Lozano, protector de artistas, como su padre, no le dijo nunca, a “Cuéllar Jr.” que la infusión de té había subido de precio hace como cosa de diez años para acá. (Texto: Luis Suárez Ávila).



376. JUAN GUERRERO VILLEGAS. Al buen higo.

17 08 2009

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En la imagen, Juan Guerrero Villegas, en el exterior de la Plaza, junto al la Frutería de Genaro. Lleva más de 30 años viniendo al mercado portuense desde su Paterna de Rivera natal. Los higos los coge por la tarde en Medina y los prepara y “barre” para, el día siguiente, ponerlos a la venta en El Puerto. Trabaja la temporada del higo de tuna de martes a sábado. La bolsa de 12 unidades, ya sin piel y envasado a la vista de todos, cuesta 2 euros. (Foto JMM).

deuteronomioEl ius usus innocui es una institución del derecho consuetudinario que tiene su apoyo nada menos que en el Levítico (XIX, 9, 10) y en el Deuteronomio (XXIV, 19, 20). El ius usus innocui equivale al soutelo o la musga gallegos y al emprìu catalán. Se trata del aprovechamiento de aquello que a nadie puede estorbar, ni lesionar en sus intereses. O dicho como lo decían los romanos: quod tibi non nocet et alii prodest non prohibetur; quod mihi prodest et tibi non nocet, faciendum est. (En la imagen, portada del Libro del Deuteronomio).
Póngase Vd. en el pellejo de un menesteroso, comprenderá perfectamente los latinajos (que más sabe un necesitado que diez abogados) y verá cómo se las ingenia para cubrir todo el ciclo anual con la recogida de las tagarninas, de los cardillos, de las almejas, de las coquinas, de los caracoles, de los espárragos trigueros, de los piñones, de los muergos, de los ostiones, de los cangrejos moros, de las bocas, de las caracolas, de las cañaíllas, de los palmitos, de las moras y de los madroños, del rebusco en las viñas, en los olivares, en los garbanzales…

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Piramide de higos de tuna, en el puesto de Juan Guerrero Villegas.

A finales del mes de julio y hasta septiembre, las esquinas de El Puerto se pueblan de improvisados tenderetes que aparecen por la mañana y desaparecen con la calor y vuelven a aparecer por la noche. Se trata, en unos casos, de una Mobilette, con serones de esparto. En otros, de un cajón bocabajo, que sostiene un esportón. En ambos casos, siempre, un cubo con agua, un paño y una buena y afilada navaja. La mercancía la constituyen higos de tuna.

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‘Vallao’ de Tunas existente en los caminos, cañadas, veredas y cordeles de El Puerto.

Antes, todos los caminos estaban cercados de vallados de tunas, de espinos aromos o de pitas, que crecían sobre una alfombra de vinagreras y de matas agrestes de tomatitos del diablo. En las fincas y en los ranchos, había toriles de tunas, donde se encerraba el ganado.

espinosdearomo_puertosantamariaSi Vd. cogía por el camino de los Enamorados, por la hijuela del Tío Prieto, por la del Tío Gilito, por la vereda del Verdugo o la del Presidio, por la Cañada de La Valenciana, por la del Hato de la Carne o por cualquier paraje rústico de nuestro término municipal, seguro que, a un lado y a otro, se encontraría liños de tunas, necesario resguardo para las bichas, los lagartos, los erizos, las ratas, las panarrias, los gallitos-marzo, las mariquitas de San Antón, los escarabajos peloteros, los panales de abejas o los avisperos, que mantenían, entre sí, un admirable equilibrio ecológico. Las pencas de las tunas tostadas, servían para alimento de las vacas, una vez desprovistas, por el fuego purificador, de las púas. (En la imagen, pinchos de aromo con su característica flor amarilla. Todavía se pueden ver por el Camino de los Enamorados).

Vallados había que daban el higo de tuna (el más común, o verde), el higo moscatel (cuya pulpa es amarilla) y el higo chumbo (que tiene el fruto carmesí-rojizo). Valga esta distinción botánica, porque, como dice el Evangelio que por sus obras los conoceréis, había quienes eran verdadera y visceralmente patrióticos. Me explicaré: por los caminos no era raro encontrar alguna deposición, bien vacuna, bien caballar, bien de un rústico humano. En este último caso, alguna había que reproducía, en forma de artística ensaimada, la bandera española. Y es que el autor de la obra, previamente, se había pertrechado las entrañas de higos chumbos y de higos moscateles, a razón de dos partes de la primera variedad y una de la segunda. Claro que eso que relato podía percibirse con asiduidad en los años cincuenta e incluso antes, cuando había que demostrar en todo, incluso en el obrar, la adhesión al glorioso Movimiento Nacional, y no perder ojo, en evitación de tener alguna complicación seria.

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Recolección en un ‘vallao’ preparándolos para su transporte en canastas de esparto que luego serían cargadas por el borrico que aparece en la fotografía. A la izquierda de la imagen podemos ver la herramienta para su recogida: la caña adaptada al tamaño medio del higo. (Foto: Colección Vicente González Lechuga).

higosdetuna_03_puertosantamariaAl amanecer, por cualquier camino te podías topar con gente que, con una burra con su albarda y sus serones, armada de una caña (convenientemente cascada por la punta, abierta lo necesario con un tapón de corcho y fijada la apertura con una cuerda de abacá), se dispusiera a hacer suyo el fruto de todo un vallado. Luego, recolectados los higos, debía barrerlos, esto es, desproveerlos de las pequeñas púas. Los higos barridos, restregados por la arena, quedaban en disposición de ser lavados. El agua debía cambiarse varias veces, mas que nada, porque en su superficie quedaban nadando los restos de minúsculas púas, como pelillos, y algunas impurezas. Así, finalmente, los higos quedaban preparados para ser expuestos y expendidos en los tenderetes callejeros.

alcalde_caballero_puertosantamariaFue el alcalde don Luis Caballero Noguera, recordable por tantos buenos motivos, quien dispuso que los puestos de higos debían tener su regulación estética. Así quedaron acuñados los modos de vender higos: en un tablero, flanqueado por unos listones que servían de topes, sobre dos caballetes, se disponían dos pirámides de higos ( los de a chica y los de a gorda). El frontal y los laterales se guarnecían de tela de vichy a cuadros y en las dos esquinas del tablero se colocaban sendas macetas de albahaca. Eran inevitables el cubo con agua, el paño para secarse y la navaja. “–¡Al buen higo!, pregonaban, o ¡Al gordo, al gordo, higo!”
Claro que, desde los pueblos de la sierra, venían algunos a tirar por bajo los precios y a hacer su agosto en la costa: “–¡Higos de Jerez, a una gorda diez!”. (En la ilustración, el alcalde Luis Caballero Noguera).

pesasymedidas_puertosantamariaSin embargo, otros, como el desvergonzado de Cambriles, en su puesto, al lado del Cine Macario, cuando veía pasar a un grupito de muchachas, echaba su pregón:  “–¿A quién le pelo el higo?”, con un trasfondo marcadamente erótico que no voy a permitirme explicar. Pelar un higo es labor altamente difícil y especializada: en un solo movimiento de muñeca, con el higo en una mano y la navaja en la otra, se hacían tres cortes (uno, en la cabeza, otro, en el lado, y otro, en el culillo) y el higo aparecía, como por ensalmo, libre de su pellejo y a disposición del consumidor, que los engullía uno tras otro. Lo importante era llevar el mismo ritmo, esto es, sincronizar eso de higo pelado, higo comido, pero nunca quedarse atrás. Cuando, ahíto, el insaciable comedor, pronunciaba la palabra ¡Ya!, cesaba la tarea de pelar higos. Entonces, la dueña del puesto comenzaba a contar los pellejos, a realizar arqueo y a comunicar la cuenta al repleto viandante. Repleto y bien atascado, porque, según decían, con las pepitas, los higos producían un gran atasco intestinal que no se curaba más que con la enorme y terrible lavativa del Hospital. (En la fotografía, un peso y medidas del actual puesto de higos de tuna de Juan Guerrero Villegas).

alberti_gorra_puertosantamariaAsí, aquel verano, cuando un día visité a Rafael Alberti en su casa y le llevé un canasto de higos de tuna pelados, se puso inmediatamente a comerlos y, transportado a sus años infantiles, prorrumpió: “–¡Ja, ja, ja!, me van a tener que poner la lavativa de San Juan.” La misma terrible lavativa de la que yo había oído hablar desde chico: la lavativa del Hospital de San Juan, de San Juan de Dios, llena de agua de mar templada; aquella que Felipe Lamadrid, prevenido, amparado en un baby de hule, aplicaba al paciente devorador de higos de tuna, mientras éste, antes de dar el taponazo, sentía por sus entrañas el benéfico alivio de el mar, la mar, sólo la mar, que dijo el poeta. (Texto: Luis Suárez Ávila. Pie de fotos: Redacción).




318. NDIAGA SAMA. Venta ambulante desde Senegal.

20 06 2009

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Ndiaga (pronúnciese Yaga) Sama, nació en Touba (Senegal) el seis de septiembre de 1980. Hijo de Mor y Amiy, estudió el Graduado Escolar en su Ciudad natal, una de las más importantes de su país. La ciudad santa de Touba, en Senegal, es una especie de Vaticano, un emporio espiritual y económico musulmán, el centro de la orden sufí del Muradismo, donde se asienta la Gran Mezquita. Con once años se vino a España con su padre, desde Casablanca, dado que su progenitor “tenía papeles” de residencia en nuestro país. Y primero vivió en San Fernando, luego en Puerto Real, donde reside, aunque El Puerto es uno de sus lugares de trabajo desde que llegara a la Bahía de Cádiz. En El Puerto es muy querido, algo que nos consta y, según afirma, nunca ha sido discriminado por el color de su piel, aunque no siempre ha sido así en otros lugares de Andalucía. “¡Na ga deff!”, o lo que es lo mismo “Hola», lo saludamos.

En nuestro país estudió lo básico para saber leer y escribir el idioma español. Y luego ya vendría el trabajo, la venta ambulante de artesanía, bisutería, complementos y cosas de su país. Ferias de toda Andalucía y Extremadura, el Paseo Marítimo de El Puerto o el Parque en verano son sus lugares de trabajo, como un nómada buscando el sustento para su familia. También trabaja de forma ocasional con una empresa de montaje de andamios portorrealeña, Gadur, en Sevilla principalmente; la crisis en la construcción ha reducido al máximo este trabajo. Tuvo hace tiempo una novia blanca en San Fernando pero en la actualidad, está casado con Fatiy y tiene tres hijos Mor, Mahkt y Khadi, dos niños y una niña de los que se siente especialmente orgulloso y por los que se afana en encontrar trabajo.

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Niños por una calle/camino de Touba (Senegal).

TOUBA, CIUDAD SANTA.
«La Ciudad de Touba, como ya hemos indicado, es como la Meca de Senegal o el Vaticano para el mundo católico, es un importante centro económico y espiritual del sufismo musulmán del Muradismo. El Sheij Ahmad ibn Muhammad ibn Habiballah (1854-1927), más conocido como Ahmadú Bamba, fue el fundador del muridismo en 1883, la orden sufí más influyente de las cuatro existentes en el Islam senegalés y gambiano. Sus herederos, hasta ahora, sus cinco hijos, se han ido sucediendo en la cabeza de la cofradía hasta el jeque general actual, Serigne Saliou Mbacke, un anciano de 91 años, líder de los murides desde que murió su hermano mayor en 1990.

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La Gran Mezquita de Touba, construida en 1963; ceerca se encuentra la tumba del fundador del Muridismo.

Los senegaleses, murides o no, acuden a vivir a Tuba atraídos por el bajo precio del suelo que oferta la cofradía y por los privilegios que disfrutan sus ciudadanos. Por ejemplo, no pagan el agua que consumen y hasta hace pocos años gozaban de un fuero jurisdiccional distinto que escapaba de la autoridad de jueces y policías. Pero, ¿de dónde surgen estas peculiaridades? ¿por qué el desfile de embajadores y personalidades extranjeras a Tuba es obligatorio tras la visita al presidente del país, Abdoulaye Wade? El fundador del Muridismo, el equivalente a un santón ermitaño que dejó una gran producción escrita, incluída poesía, fue una figura clave de la formación del Senegal independiente. Apóstol de la no violencia, Bamba, obtuvo el favor de los colonizadores franceses tras el largo exilio de 12 años que le impusieron.

El envío de divisas para la asistencia a los pobres en las mezquitas y el engrandecimiento de las obras de Tuba ha sido una constante en la cofradía. De hecho, la mayor parte de los senegaleses que recorren las playas españolas vendiendo artesanía y otros objetos son murides afanosos que abonan sus contribuciones al morabito que les visita y asiste con consejos prácticos sobre práctica religiosa y de vida en general. Esto ha enriquecido al muradismo enormemente y convierte a la hermandad en un vector de influencia política clave en su país. Tan es así que el presidente Wade (también murid) procura no ausentarse de la peregrinación anual al mausoleo de Bamba en Tuba, el gran magal, de fecha variable y en el que participan cientos de miles de personas. También tras las elecciones, al día siguiente de su victoria, su primera visita oficial la rinde al “jeque general” de su hermandad.» (Webislam).



201. EL ARROPIERO. El vagabundo de la muerte.

21 02 2009

elarropiero_2_puertosantamariaManuel Delgado Villegas, “el Arropiero” debía su apodo a que su padre vendía arropías o arrope, un dulce elaborado con higos,  a la puerta de los colegios, concretamente a la puerta del Colegio de La Salle donde tuve la oportunidad de verle de pequeño. Las arropías tenían tres colores: frecuentemente rosa, pero también traía en el canasto de mimbre las de color amarillo y verde claro. El pregón que lanzaba el padre era: «¡Arropía de Turquía! / ¡Las llevo largas y retorcías! / ¡Que ricas y que buenas, / llevo mis arropías!». Y en función del público oyente, agregaba nuevos versos: «¡Largas, largas, / como las malas lenguas!». O este otro: «¡Qué larrrrrrrga la tengooooooooooo!». La colaboración de dos policías locales, uno de ellos vecino de la novia del hijo del arropiero, Juan Barrios Quirós y su compañero Manuel García de Quirós, fue decisiva para la detención del personaje a manos del Cuerpo Superior de Policía.

«Primero fue “el hijo del arropiero” y luego se quedó con el mote. Manuel Delgado Villegas nació en Sevilla el 25 de enero de 1943. Su madre, que contaba entonces 24 años, murió al dar a luz, por lo que él y su única hermana, Joaquina, fueron criados por su abuela. Fue detenido el 18 de enero de 1971 en el Puerto, por la muerte de Antonia Rodríguez Relinque, con la que mantenía relaciones sentimentales.

El Arropiero presentaba entonces un aspecto muy singular: corpulento y atlético, caracterizaba su rostro con un inconfundible bigote a lo “Cantinflas”, en homenaje al que era su personaje más admirado. Salía con Antonia Rodríguez, una mujer subnormal, soltera, de 38 años, mucho mayor que él, a la infligía malos tratos. El día del crimen la llevó en moto a un lugar del campo, solitario, en Galvecito, donde mantuvieron relaciones sexuales. Movido por el impulso irrefrenable que le hizo cometer tantos crímenes, rodeó el cuello de Antonia con los leotardos que le había quitado y la estranguló mientras hacían el amor. Fue detenido tras haber vuelto tres noches seguidas a poseer el cuerpo, ya cadáver, de Toñi en el mismo lugar donde la había asesinado.» (F.P.A.)

elarropiero_4_puertosantamaria«En septiembre de 1970 decidió trasladarse a vivir al puerto de Santa María con su padre, para ayudarle en la fabricación de arropías y vender golosinas en un carrito por las calles. Pronto hizo amistad con un homosexual, con el que mantuvo secretas relaciones. “Fuimos a dar un paseo en moto y cuando íbamos a salir a la carretera general, me acarició. Le dije que se estuviera quieto, pero no me hizo caso. Enfadado, paré y le di un golpe en el cuello, despacio, pero era tan flojo que se cayó y se rompió las gafas. No respiraba bien y me dijo que lo llevara al fresco, junto al río. Allí intentó otra vez tocarme y, sin pensarlo, le solté un golpe más fuerte y cayó al fango, boca abajo e inmóvil“. El cadáver fue localizado flotando a 12 kilómetros del lugar del crimen…» Margarita Bernal.

EL CROMOSOMA LOMBROSO.
Este es el relato que hace Pedro Ingelmo de nuestro personaje: “El Arropiero se llevaba con él su arma homicida, un arma genética conocida como el cromosoma Lombroso en honor al positivista que afirmaba que el asesino es incorregible, que su impulso de matar está en el código genético. El criminal nace, no se hace, defendía Cesare Lombroso a finales del siglo XIX. Los asesinos y violadores en serie no son XX ni XY en el cromosoma que define la sexualidad humana. Son XYY. El Arropiero tenía esa anomalía genética. El Arropiero era violador y asesino, violento en toda circunstancia, no tenía una sexualidad definida. El Arropiero parecía haber sido puesto en el mundo por Cesare Lombroso en persona.

elarropiero_5_puertosantamariaCuando fue detenido, confesó 47 crímenes más además del de Paqui, entre ellos el de Francisco Marín, un vecino suyo de El Puerto que apareció ahogado en el Guadalete, una hippie francesa ciega de LSD en Ibiza, un millonario barcelonés que había solicitado sus servicios de chapero, un publicista al que dejó seco de un golpe de karate… De 1964 a 1971, El Arropiero regaba muerte en su vagabundeo. La policía pudo comprobar ocho de esos crímenes, dio verosimilitud a otros 22 y no siguió investigando los demás. Cuando iba en el coche policial, escucharon por la radio el caso de un mexicano al que se le atribuían 49 crímenes. “Este te gana”, bromeó el policía. “Señor inspector” -contestó El Arropiero- “déjeme libre tres días más. No deje que ese mexicano me gane”.

Pero al Arropiero no se le juzgó por ninguno de esos crímenes. El Arropiero dio con sus huesos en el manicomio sin más, escondiéndolo del sistema, eliminándolo en su celda de psicópata. Y así el bigotillo se transformó en una larga barba. En la Navidad de 1997 un esqueleto de larga barba, sin sombra de parecido con Papá Noel, se refugiaba en las esquinas de Mataró escupiendo sangre. Tenía 58 años, pero aparentaba mil. No quería pisar albergue alguno, no quería volver a estar entre cuatro paredes. Había tenido bastantes paredes de psiquiátrico en psiquiátrico, de Carabanchel a Fontcalent, de Fontcalent a Santa Coloma, el Robinson de los loqueros, como le llamaban los demás locos. Loco, loco… Estaba libre porque iba a morir. Ya no era un asesino peligroso, sino un mendigo moribundo. Y moriría días después, en febrero. En las calles reventarían sus pulmones podridos de nicotina. Acababa de morir el mayor serial killer de la historia de este país. Tendido en el suelo de una calle de Mataró, El Arropiero parecía poca cosa. Un muerto poco vistoso para una biografía con tantos muertos a las espaldas.

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En la fotografía, el Hospital Psiquiátrico de Miraflores (Sevilla) donde estuvo ‘el Arropiero’ antes de su traslado a los psiquiátricos catalanes.

Investigadores publicaron en la revista American Journal of Medical Genetics un estudio en el que encontraron el ‘cromosoma criminal’ en el 1,8 por ciento de los agresores sexuales que examinaron. Pero el autor de la investigación, Peer Briken, del Instituto de Investigación Sexual y Psiquiatría Forense de la Universidad de Hamburgo, matiza que “los factores genéticos sólo son importantes cuando concurren con otros de tipo ambiental. Realmente, la presencia de XYY es rara y no debería preocuparnos como un gran comportamiento antisocial, pero hay que estar atentos a su presencia en los agresores sexuales”.

Los individuos con un cromosoma Y duplicado suelen presentar una serie de patrones comunes. Según el instituto de Investigación en Enfermedades Raras del Instituto de Salud Carlos III, los afectados suelen ser altos y delgados, la mayoría presenta un acné severo en la adolescencia y el espermiograma revela generalmente falta o ausencia de espermatozoides. Todo ello coincide con El Arropiero, el mayor criminal de la historia de España, un bruto, un Robinson de los psiquiátricos, un hombre solo, un vagabundo sin infancia, un salvaje que, como el monstruo de Frankenstein, acariciaba con cariño el cadáver de la mujer que había asesinado. Un esqueleto del invierno de Mataró.»  Pedro Ingelmo.

elarropiero_amigo_puertosantamariaBERNARDO SÁNCHEZ.
A raíz del reportaje que VISTA PÚBLICA emitió acerca de este peligroso y peculiar personaje, un espectador de El Puerto, residiendo en el Asilo de Anciano se puso en contacto con el  programa para contarles  su personal y peculiar experiencia con  Manuel Delgado Villegas, asesino confeso de 48 personas, la Policía le atribuyó 22. Bernardo Sánchez, que lógicamente desconocía la faceta criminal de éste, describe cómo el azar lo salvó de morir, en dos ocasiones, a manos del mayor asesino en serie de la historia de España.

elarropiero_peliculaARROPIERO, EL VAGABUNDO DE LA MUERTE.
Título original: “Arropiero, el vagabundo de la muerte”.
Productor: Carles Balagué.
Productora: Diafragma P.C.., S.L.
Directora de Producción: Susana Batalla.
Coproducción: Producción Ejecutiva TVC: Jordi Ambrós. Producción Delegada TVC: Rosa Bosch.
Guión y Dirección: Carles Balagué.
Duración: 80 min.
Versión original: Castellano y catalán.
País: España.
Año: 2008.
Montaje: Carmen M. Guzmán.
Director de fotografía: Josep Gusi (AEC).

Carles Balagué:
Ensayista y crítico de cine, ha escrito seis libros, el último de ellos, “Las mejores películas del cine negro”. Desde hace 12 años programa las Salas Meliès de Barcelona, dedicadas a la recuperación del cine clásico y a la difusión del cine europeo, y galardonadas con el Premio Sant Jordi en 1996.