La belleza perdida de un vergel

| Texto: Enrique Pérez Fernández
Sabido es que el solar del Paseo de la Victoria antes de habilitarse como tal lo ocupaba una parte de las extensas huertas del inmediato convento de Nuestra Señora de la Victoria, que en sus trazas principales se construyó entre 1504 y 1517 bajo el amparo de los duques de Medinaceli en el lugar que hasta entonces existió una ermita con la advocación de San Roque.
Las huertas, además de ocupar grosso modo el espacio del actual Paseo y del Instituto Muñoz Seca, se prolongaban a espaldas del convento hasta el Camino del Tejar (actual avda. de las Américas). Frente a la iglesia los franciscanos tenían un olivar, cuyo espacio sería integrado en el primer Paseo de la Victoria que se habilitó en 1734-1735. Lindaba entonces, hacia el Matadero (1697) y el Caño del Molino (abierto en 1701), con otra gran huerta, conocida como Huerto de Ceballos (quizás propio de Juan o Lázaro Ceballos, ambos regidores del cabildo).






