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Manolo Albaiceta Revuelta nace el 23 de septiembre de 1950 en el número 8 de la calle Diego Niño, tercero los tres hermanos del matrimonio formado por Antonio --trabajador de Bodegas Terry-- y Carmen. Estudió en el Colegio de La Merced, La Salle y SAFA. Ha sido considerado uno de los mejores contraltos de la Historia del Carnaval del cambio de siglo, casi siempre con ‘Los Majaras’. Este año 2012 abandona el Carnaval de forma activa como componente de la agrupación.

1950
El año del nacimiento de Manolo, 1950, era alcalde de la Ciudad, Eduardo Ciria Pérez.  La población de hecho era de 28.300 habitantes, la de derecho 28.368 con un número de 5.595 de hogares censados. El poeta José Luis Tejada refunda junto a otros escritores la revista gaditana de poesía ‘Platero’. Rafael Tardío expone en el Círculo de Labradores de El Puerto. El anterior Jefe de Estado, el dictador Francisco Franco visitaba El Puerto. Nacía María del Carmen Asensio, nadadora profesional y el ganador de los pesos pluma de boxeo amateur en 1972, Paco García Serrano.

Manolo Albaiceta, con sus padres y hermanos, en una foto en la playa de 1957.

VARIADO MUNDO DEL TRABAJO.
Manolo, tuvo muchos empleos a la largo de su juventud: empezando a trabajar en el desaparecido ‘Tejidos Ciudad de El Puerto’, en la calle Ganado, casi esquina con Nevería, en la desaparecida Conservas Sur (ver nótula núm. 333 en GdP) en bodegas Caballero y bodegas Terry, en los oficios de escayolista y electricista, en General Motor, en Ojelosa, y en las delegaciones de Danone y Matutano como autoventa,  como promotor en los comienzos de LANSYS con Juan Vaca (ver nótula núm. 1155) y, por último trabajando por espacio de 25 años como agente fiscal, en el Ayuntamiento, jubilándose el pasado año 2010.

Manolo, a la derecha, cantando con Los Majara, delante del Bar Triana, el pasodoble original de Diego Caraballo 'Un cuatro de diciembre', de la comparasa 'Raza Mora' y que interpretan anualmente en dicha fecha.

Está casado con Pepi Viñas Segura y tienen dos hijos: Daniel y María Belén y dos nietos: Daniel y Pablo.

LA MÚSICA.
Nuestro protagonista imitaba muy bien la voz de ‘Joselito’ y formó parte del coro de la iglesia de San Joaquín, --era el párroco José María Rivas Rodríguez-- con la hija del maestro Dueñas (ver nótula núm. 199 en GdP) algunos hijos del sacristán y otros chavales del barrio. Prestaría sus servicios como monaguillo en la Parroquia de San Joaquín, con Manolo Malpartida mientras estudiaba en el Colegio de ‘La Merced’.

Manolo Albaiceta, durante su úlitma actuación con 'Los Majara' en 'Llámame Jesús'.

Pero pronto vendría la afición por el mundo del Carnaval. Se iba de pequeño detrás de las agrupaciones para escucharlas cantar. Y, con 14 años, en 1965, empezará con la agrupación ‘Los Vampiros’, donde iba de cajilla y voz alta que fue Segundo Premio Provincial en el Concurso de Agrupaciones de las entonces ‘Fiestas Típicas Gaditanas’. Ensayaban en un local de la calle Misericordia --donde estuvo el Taller ‘el Venta’ y hoy existe una pizzería) y en un cuarto de redes en la zona de La Pescadería, donde se iluminaban con velas al no haber luz eléctrica.

Con Paco Díaz el 'Pelahigo' y Albaiceta formaron un duo con las voces de contralto y octavilla. En la imagen, ambos posando en el monumetno a la Inmaculada, en la Plaza de la Iglesia, caracterizados para la comparsa 'Cantares' en 1979.

La voz de Manolo siempre ha destacado: tenor, contralto y octavilla. Sería con esta última con la que triunfaría a partir de ‘Los Vampiros’ --inspirado en el desaparecido Paco Alba y en Alfonso Marín de ‘Los Quasimodos’). Más adelante formaría un tándem perfecto con ‘el Pelahigo’ y el propio Manolo con las voces de contralto y octvailla, respectivamente.

De izquierda a derecha, Javier Nuñez, José Luis Arniz, Antonio Martín y Manolo Albaiceta.

...continúa leyendo "1.410. MANUEL ALBAICETA REVUELTA. Toda una vida musical."

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Derribo de la Lonja del pescado en la Otra Banda. /Foto: Fito Carreto.

Me rebelo cada vez que oigo que El Puerto se hunde en la miseria de sus escasos recursos económicos, cuando siento en el ambiente la abulia del "ya no se puede hacer nada" y palpo el derrotismo crítico contra aquellos que pretenden aportar soluciones. Me sublevo porque quiero pensar que no llevan razón. Después, cuando compruebo lo insolidario que es el portuense ante este tremendo problema, me hundo en una desesperanza crónica. Y grito, ¡que ya no tenemos pesca, ni bodegas, ni industrias, ni comercio…!

Trabajadores y policía ante el cierre del hotel Monasterio San Miguel. /Foto: Cata Zambrano.

¡Que es hora de despertar! ¿Es que no os dáis cuente que el turista no nos sacará de esta miseria, que es pan para hoy y hambre para mañana, sobre todo cuando son azotados en verano por quienes pretenden recuperar en dos meses la ruina del otoño y el invierno? Y el ayer en el que sueña el portuense es un lastre, una venda que nos impide ver el futuro ¿Dónde están los emprendedores? Y cuando surgen, ¿cómo os tratamos? ¿Dónde está aquel pueblo próspero que conocí hace años, esa gente entusiasta de mirada limpia, plena de esperanza, que transitaba ocupada por las calles…?

Palmeras desmochadas en el Parque de Calderón.

¿Alguien ha analizado seriamente la situación, ha encontrado la raíz del problema y, sobre todo, conoce la solución? Si es así, me gustaría sentarme una mañana con él, en el Bar Vicente mismo, y hablar sobre cómo llevarla a cabo, qué mecanismos tocar para que el motor de este viejo trasto funcione.

El Vapor junto a otros útiles del mismo en el Varadero de la Avda. de la Bajamar.

La gente está hundida. Lo presiento. No vive con la ilusión que yo sentía de niño. Evita la muerte mirando para otro lado. ¡Es que, como portuenses, les da igual esta situación…! Pero, ¿es que no les entra nada por el cuerpo saber que la ciudad cuenta con muy pocos recursos productivos, aparte de bares, cafeterías, restaurantes y vendedores de patatas fritas en el Parque; que no ha dado con la tecla del turismo que deja dinero? ¿Nos resignaremos a seguir quejándonos de la situación, sin arrimar el hombro y pensar con optimismo que esto tiene solución y que no debemos esperar de fuera lo que no somos capaces de generar dentro?

Campaña de abono para el Racing Club Portuense.

Quiero pensar que en que cada portuense hay un corazón que late y llora por lo que ve a diario. Deseo en lo más hondo de mi alma que reaccione de una vez. Aún estamos a tiempo de reanimarlo, practicar el boca a boca y que todos los portuenses dejemos a un lado nuestras diferencias por un objetivo común: El Puerto, nuestro Puerto…

Corporación Municipal surgida de las urnas electorales del año 2011.

Perdonarme pero hoy he paseado por las calles de El Puerto y apenas me he cruzado con peatones. Los pocos comercios que aún permanecen abiertos eran islas de un único náufrago, el dependiente. (Texto: Álvaro Rendón Gómez).

La Peña ‘el Tirolés’ reunida en la terraza del antiguo Kiosko de Murga, en el Parque Calderón, hoy de Romerijo. Al fondo podemos ver el edificio de soportales que existía antes de la construcción de la actual sede central de Mariscos Romerijo.

De izquierda a derecha, Daniel Otero Rascón, Jaime Gutiérrez Perea, José Galán Venegas, Juan López Durán, Juan Monge Reinado y Manuel Albert Alonso. /Foto: Colección V.G.L.

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Estas imágenes tienen en común el Bar Santa María y el fotógrafo de la época ‘Cuellar’, a principio de la década de los setenta del siglo pasado, (ver nótula núm. 399 en GdP).  Es muy difícil que cualquiera de entonces no tuviera alguna foto hecha por él, y en la palmera, que estaba junto a una heladería de Camy, deberían de haber puesto una placa en homenaje a este peculiar fotógrafo. Fueron muchos los portuenses, y los que no lo eran, que dejaron su imagen ahí.

En la imagen uno de los hermanos Sánchez, Francisco Áspera Jiménez del grupo Chiqui Fly Travel Nirvana (ver nótula núm. 677 en GdP), Angelín Lozano y Méndez, entre otros.

En las imágenes  estamos entre otros Paco Guerra, que en paz descanse, Mary Carmen, de la que en la actualidad soy viudo y Ángel Lozano, actual propietario del establecimiento. Y ‘Cuellar’ , en el bar Santa María, era de la familia. Corría el año 1974 o 75. Paco Guerra y yo estábamos haciendo el servicio militar, en  el Arsenal de la Carraca (San Fernando). Angelín Lozano se fue unos meses mas tarde a El Aaiún, aún colonia española. Allí vivió la Marcha Verde. Paco Guerra y yo, arrestados en La Carraca, cargábamos municiones y víveres en los barcos que salían para allí. A los tres nos cogió la muerte de Franco en la mili. Y ahora, cada uno, recordamos aquellos desde distintos lugares de España y el mundo, los mas en El Puerto, otros ya tristemente desaparecidos. / En la imagen de la izquierda, el desaparecido Paco Guerra.

Reunión en el Bar Santa María.

Los hermanos José y Ángel Lozano, segundo y cuarto, de izquierda a derecha.

Durante un tiempo, este bar se convirtió en el punto de reunión de aquellos  que despertábamos a otra forma de vivir la vida, algunos incluido el ‘porro’. Era conocido en Cadiz, Jerez, Sevilla y hasta de Madrid venían buscando el bar y su ambiente. Fuimos acogidos, en principio, muy bien, ya que la madre de Angelín tenía unas cualidades humanas extraordinarias, hasta que empezamos a perjudicar la imagen del bar y la caja registradora. Ninguno teníamos un duro y estuvimos a punto de cargarnos el medio de vida de la familia.  El testigo pasó al Kiosko de Luis, pero esa es… otra historia.


El fallecido Paco Guerra, Ángel Lozano, Manolo 'el Casca', de la barriada de la playa y José Antonio Zambrano.

TIERRA MAR Y VINO.
La auténtica revolución social de Los Radar´s tuvo lugar años mas tarde, en la inolvidable caseta de feroa de Crevillet ‘Tierra, Mar y Vino’, que se convirtió en un lugar estable. Se esperaba con impaciencia al domingo y una vez allí, comenzaban a surgir todo tipo de emociones y experiencias que hacían unirse con mas fuerza a los jóvenes emergentes. Marcó época. Allí nacía, cada domingo, la experiencia, el amor y... los niños, ya que teníamos el pinar enfrente. (Texto: José Antonio Zambrano. Fotos: Cuellar, de la colección de J.A.Z.).

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El artista urbano MESA acaba de terminar hace un par de meses esta fantástica pieza en el estilo hiperrealista que tanto lo caracteriza. La pieza fue pintada en una nave en ruinas ubicada en El Puerto de Santa María. Los temas de MESA son a menudo de carácter obscuro y sus figuras parecen desvanercerse o quizás emerger de las sombras, muchas veces de forma repentina en una atmósfera suspendida, en una penumbra y con un realismo intenso. El lugar, una bodega abandonada antigua, ubicada a la Ribera del río Guadalete, es una de las ubicaciones favoritas de MESA en este momento, quién no descarta seguir pintando en el lugar.

En adición a está pieza, hay otra dentro del complejo donde MESA pintó otro muro representando esqueletos de antiguas barcas en una habitación con el suelo lleno de duelas de madera, restos de antiguas botas envinadas que acogieron caldos y brandies de El Puerto. La idea para este muro vino del lugar mismo ya que justo al lado hay un cementerio de barcas de las cuales sólo quedan los restos. En fin, una visión poética que testifica acerca de tiempos pasados, de vidas vividas. Totalmente esperando ver más de este talentoso artista en un futuro próximo.

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Ofrecemos unas imágenes de diferentes lugares de El Puerto de antaño y en la actualidad, seleccionadas y/o realizadas por el Jefe de Fotografía de Gente del Puerto, Vicente González Lechuga. ¡Como ha cambiado El Puerto!

Calle Fernán Caballero. Bodegas Osborne.

Ayuntamiento y Plaza de Isaac Peral.

Avda de la Estación, antiguo Camino de Urdax. Bodegas e Instituto Muñoz Seca.

Panadería 'La Divina Pastora' en la calle Ganado, vista desde La Placilla.

Calle Luna, vista desde el tramo comprendido entre Larga y Misericordia.

Fuente del Paseo de la Victoria.

Fuente del Convento de Santo Domingo hoy en el Parque Calderón.

La Ribera, restaurantes Flores y Los Portales.

 

François Pérez Ayrault nace en Madrid en 1961. Conoce El Puerto de Santa María desde hace aproximadamente 20 años, donde colaboró con la desparecida emprendedora del Turismo, Rosa Mayo (ver nótula núm. 1053 en Gente del Puerto) como ejecutivo de Viajes Vincit y es a raíz de esa relación profesional, donde conoce en profundidad los escenarios portuenses que aparecen en la novela ‘Anochecer en El Puerto’, donde se desarrolla la trama.

Ha desempeñado a lo largo de su vida profesional diversos cometidos siendo en la actualidad Director Comercial de la consultoría para directivos Instituto de Formación Avanzada (Infova). Es articulista de diversos medios: El Economista, Cinco Días, Expansión & Empleo, ABC, Nuevo Trabajo, Gaceta de los Negocios, etc… sobre gestión y recursos humanos. Persona polifacética, le gusta cocinar, hacer pilates, nadar en mar abierto y estar en su casa, en Torrelodones (Madrid), donde vive, está casado, tiene dos hijos y dos perros. Tiene, además, su propia banda de rock&roll.

ANOCHECER EN EL PUERTO.
‘Anochecer en El Puerto’ es la primera novela de François. Una aventura de terror, humor y amor ambientada en El Puerto de Santa María, que describe las aventuras de dos peculiares detectives privados Martínez & Manteca, quienes tendrán la responsabilidad de defender al mundo ante una siniestra estirpe de vampiros, decidida a conquistar el mundo y acabar con nuestra forma de vivir tal como la hemos conocido hasta ahora.

Martínez & Manteca, ¿investigadores privados?, han de resolver en El Puerto de Santa María el caso de sus vidas: una conspiración que arranca en Valaquia a finales del siglo XV y que enfrenta al príncipe de las tinieblas y rey de los vampiros, Drácula, contra nuestra civilización. Los protagonistas vivirán una aventura desmesurada, con personajes redondos, complejos, una maldición, el mismísimo Conde Drácula y vampiros por doquier que se dan cita en El Puerto. Estos investigadores tan particulares serán los encargados de librarnos del asedio y ataque final de este ejército del mal en lugares tan conocidos de nuestra Ciudad tales como el propio Castillo de San Marcos, las bodegas de Osborne o mariscos Romerijo.

Para la editorial ‘Infova Ediciones’ «François Pérez Ayrault, en su ópera prima, nos brinda un originalísimo cóctel de aventuras, de terror, de conflictos personales, con un humor absurdo, brillante y un ágil ritmo narrativo. El poderoso comienzo, que no deja indiferente a nadie, da paso a una historia donde con maestría engarza el miedo con la risa en un ejercicio en el que si uno se despierta a las cuatro de la madrugada no sabrá si reírse o mirar para las cortinas con una cabeza de ajos en la mano y un crucifijo en la otra. En suma, una original, divertida y terrorífica novela cuyo entretenimiento está asegurado por unas horas. Algo muy necesario en tiempos difíciles».

Será presentado el jueves 17 de mayo a las 20:30 horas en la Fundación Rafael Alberti. ‘Anochecer en El Puerto’. François Pérez Ayrault. ‘Anochecer en El Puerto’. Infova Ediciones. Madrid, 2011. 18€

Leer las primeras páginas del libro, pulsando aquí.

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En los primeros años de la década de los sesenta del siglo pasado, la perspectiva de explorar cosas nuevas, era cuanto menos preocupante. No, no entendía por qué debía madrugar, --con lo a gusto que estaba durmiendo, y encima…-- para ir al colegio. ¿Al colegio para qué? Y… por qué tenia que ir, si yo era muy chica? No entendía nada. Que no, que no… que no quiero!  De nada sirvieron berrinches ni pataletas, mi frustración fue grande,  pero al final me rendí, o lo que es lo mismo, tuve que ir al colegio ‘de cabeza’. Mucho era mi miedo, pero fue cosa de pocos días, de seguida disfruté de todo lo que iba aprendiendo, --que era mucho-- y sobre todo de la buena compañía de mis compañeras, y nuevas amigas. /Juego de la rueda, 1892, pintura de Baltasar González

A la salida del colegio, con las ansias de otro nuevo  inicio, --esta vez tenia la seguridad, de que me iba a encantar-- ni merienda quise, pero ni eso me dejaron. No podía bajar a jugar si no me comía el bocadillo. Pero si yo no tenia ganas? En fin una lata! A algunas de mis compañeras, ya las conocía de verlas alguna vez por la Placilla, pero esta vez era distinto, venían a jugar conmigo, ya éramos niñas grandes, ¿o es que no es ser grande, tener cinco años? Imitando a las mayores, --que no nos dejaban jugar con ellas-- hicimos un corro y a cantar se dijo!

El patio de mi casa
es particular
cuando llueve se moja
como los demás.
Agáchate,  
y vuélvete a agachar.
Las niñas bonitas,
se vuelven a agachar.
Chocolate, molinillo.
Corre, corre,
que te pillo
con la punta
del cepillo.
Agáchate...

...continúa leyendo "1.379. JUEGOS INFANTILES DE NIÑAS. Años sesenta."

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“Desde el balcón de mi cuarto se ve la entrada del Guadalete. En el barro del río hay un casco viejo de un barco que están componiendo; un poco más lejos, al lado de una barraca, se ven las costillas de otro barco sostenidas por puntales. Sobre el muelle de la Ribera, unos cuantos hombres y chicos hacen cuerda de cáñamo; los hombres marchan hacia atrás con una madeja de estopa en la cintura y los chicos dan vuelta, mientras tanto, a una manivela que retuerce la maroma. Cerca, a la izquierda, hay junto al río una antigua fuente, pintada de rojo, que se llama la Galera.”
PÍO BAROJA: El mundo es ansí.

“El Puerto, que también llaman Puerto de Santa María, está situado en la desembocadura del Guadalete, que va a verter sus aguas en la bahía de Cádiz. Es el almacén y el puerto de los vinos de Jerez. La ciudad, que es blanca, alegre y limpia, es como un Cádiz diminuto. Visitamos sus bodegas, grandes cuevas, anticipo de las de Jerez, y su plaza de toros, una de las mejores de toda España y mucho más frecuentada por los aficionados que la de Cádiz.”
BARÓN DE DAVILLIER: Viaje por España.

"El Colegio estaba sobre el mar y rodeado de grandes parques; cerca de mi dormitorio había una ventana que daba a la playa y por donde, las noches de primavera, se veía el cielo profundo y dormido sobre el agua, y Cádiz, a lo lejos, con la luz triste de su faro."
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: Autorretrato.

"Sin cenar apenas, me acosté, durmiéndome en seguida, cruzado el sueño de azoteas azules, que ella saltaba alegremente, perseguida por mí y los ladridos de su perro, entre la algarabía de todo el barrio, encaramado hasta en la punta de las veletas. Pero a ninguno de los tres nos importaba. Sin Treviño, que jamás supe por qué rincón del sueño se había extraviado, seguíamos corriendo, a caballo sobre los pretiles, más lejos cada vez de los que nos gritaban, desvaneciéndonos al fin por la penumbra fresca de aquella manzana con chimeneas que se iba hacia el mar..."
RAFAEL ALBERTI: La arboleda perdida.

Fotos y selección de textos: Rubén Pérez Fernández.

En la década comprendida entre 1950-1960 se organizaban espectáculos de Variedades -Varietés- y festivales cantantes noveles, además de obras de teatro y bailes en dicho espacio, algo que se añora hoy en esa misma plaza y otros parques de El Puerto.


En la imagen aparecen Manuel Rodríguez Ceballos (hermano de Paco) quien tenía la concesión de instalar un bar en dicha plaza. La fotografía está tomada en 1958 en el mes de agosto. Aparecen, además de Manuel Rodríguez, su hijo Manuel Rodríguez Lores y Pepe, hijo del conocido industrial propietario del establecimiento de ‘Los Dos Pepes’ de la Placilla.

En aquellos bailes la orquesta la componían Miguel Leveque, Pepichi Nogués, Quijano, Benítez y Pedro Pablo como vocalista. Por cierto que este grupo tocaba, al ritmo de salsa, el cuento de Caperucita Roja. También cantaba Luis Aranda con ‘Su cara bonita’, los bailes de los ‘Loliti’, la orquestan de doña Virginia Hernández al piano con su hijo Ramón Zarco al violín, las poesías de Manolo Astorga, Bononato en lo lírico y todo ello perfectamente organizado por Manolo Carillo. (Ver nótula núm. 076 en Gente del Puerto).

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