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Editado por José J. Sánchez Llebret, en su año XVII, (es decir, desde 1910), se editaba en 1927 en El Puerto el Carnet Oficial de Propaganda Veraniega que recogía, además de las propuestas comerciales de los anunciantes, profusas por cierto, el Programa de Festejos Veraniegos que transcurría entre el 16 de junio, Festividad del Corpus Christi, hasta el 8 de septiembre Día de la Patrona, entre otras informaciones. Reproducimos aquí algunas páginas del programa de mano.

Se celebraban casi todas las festividades religiosas, San Juan Bautista, el Corazón de Jesús, San Pedro y San Pablo, la Virgen del Carmen, Santiago Apóstol… amén de conciertos de la Banda de Música, Corridas de Toros, Inauguración de la Temporada de Baños, Carreras de Cintas en bicicleta, elevación de globos y fantoches, fuegos artificiales, Exposición de los Alumnos de Bellas Artes, Cucaña en el Guadalete, Feria de la Victoria en el último tercio de agosto, ...

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Las Bodegas Jiménez Varela abarcan un conjunto de cascos bodegueros que fueron el fruto de la unión de edificios de obra nueva, el llamado escritorio, las oficinas centrales de las bodegas Varela, construido en 1872 y reformado en 1913; como de otros que ya estaban construidos, con anterioridad y que habían pertenecido a otras firmas bodegueras, las bodegas de Haro construidas en 1848.


Patio del trabajadero de las Bodegas Jiménez Varela.


El mismo patio, hoy convertido en dependencias del Hotel Bodega Real.

El núcleo de bodegas o zona industrial donde se ubicaba surgió en el primer tercio del siglo XIX, (el casco de bodega de la Sagrada Familia se construye en 1829), abarcaba el espacio comprendido entre las calles Pozos Dulces, Espíritu Santo, Albareda y Avenida de la Estación y Larga. Una zona de cierta tradición industrial que ya  en el siglo XVIII contaba con fábricas de estampados, curtidos,  molinos de aceite, así como otras relacionadas directamente con las faenas y las necesidades de la actividad marinera.

Camino de Urdax, actual Avda. de la Estación, donde se encontraban las Bodegas Sagrada Familia en la actualidad reconvertidas en viviendas. A la izquierda el Paseo de la Victoria y al fondo la Estación de Ferrocarril.

DEL COMERCIO CON AMÉRICA AL MERCADO EUROPEO.
El Siglo XIX fue un periodo caracterizado por el gran número de cambios que se produjeron en las sociedades de una manera continua e incesante. Cambios a todos los niveles: políticos, sociales y económicos. Estos últimos en El Puerto de Santa María,  como en gran parte de los pueblos de la Bahía, hicieron que se buscaran nuevas salidas o que se potenciaran actividades que ya eran importantes como la crianza y la exportación del vino fino. Se sustituyó la tradicional relación comercial con el continente americano por la potenciación de la ventas en el mercado europeo y muy especialmente en el inglés del vino de El Puerto.  Esto hizo que la imagen de la ciudad se viera transformada en algunas zonas por la instalación de naves bodegueras que acabarían por configurar el paisaje urbano de El Puerto.

Interior de uno de los cascos bodegueros. /Foto: CMPH.

CATEDRAL DEL VINO.
Estas bodegas de la calle Albareda, antes Victoria porque emboca hacia el monasterio del mismo nombre, son también un testimonio importante de una de las claves de la crianza biológica del vino fino: la proximidad al río Guadalete.  El río es uno de los condicionantes principales para obtener un buen caldo, las brisas del Guadalete controlaban el proceso de crianza aportando y manteniendo los grados de temperatura y humedad necesario para la obtención de un producto de calidad. Para ello era también imprescindible una arquitectura, en cierta medida biológica, que permitiera aprovechar las bonanzas climáticas de la zona: el casco bodeguero. Éste ha recibido todo tipos de apelativos, pero quizás el que más se le aproxima es el de catedral para alguno de ellos, que le viene dado por la esbeltez conseguida por el empleo de pilares y arcos de piedra de gran altura y tamaños en su construcción.

De izquierda a derecha, Ernesto Jiménez González, uno de los cuatro hijos varones del fundador de la firma Jiménez Varela, casado con Rafaela Sancho Mateos; Ernesto Jiménez Sáncho, hijo del anterior junto al hijo del fotógrafo Justino Castroverde, que aparece a la derecha de la imagen, tomada en los tendidos de la Plaza de Toros. En la segunda fila, en el centro, Mariano Cantera Molares /Foto: Colección de Rafael Ceballos Jiménez.

En la imagen superior, personal del escritorio de Hijos de Jiménez Varela. De izquierda a derecha, Arias, desconocido, José Lojo Espinosa, José Luis González Obregón capataz de la bodega, Juan Manuel Brea Vila, Luque que era suegro de Vera Palmer, Bernardo Zayas, Francisco Martín Repollet, Felix Ochoa 'Ochíta' primo del pintor y el niño Manolo Fernández Lores, hermano de Francisco el del Bar 'Paquito'. Sentados, de izquierda a derecha, Victor Unzueta Gabiola, Guillero Siloniz, Victor Unzueta padre, González Bruzón, dos desconocidos y Victor Moriñas. /Foto: Pantoja.

En la imagen de la izquierda, publicidad del Cacao Varela.

LOS JIMÉNEZ VARELA.
La familia Jiménez Varela fue muy laboriosa, y prueba de ello fueron las industrias vinateras que crearon y los afamados productos que en ella se fabricaron: el Brandy Viejísimo Varela, Cacao Varela, Oloroso Los 46, o el Amontillado Fino Jardín, bajo la firma comercial de Hijos de Jiménez Varela. También existe una relación familiar de los Jiménez Varela, pues un familiar de éstos fue el hombre de confianza de Isaac Peral, cuando botó en El Puerto, en la desembocadura del río Guadalete, el prototipo del que fue el primer submarino.

Publicidad del Champagne en una revista local portuense.

Parte de la desaparecida plantilla de Hijos de Jiménez Varela. Detrás, de izquierda a derecha, José Pérez Camacho; Estanislao Jiménez González-Nandín, Joaquín Jiménez Sancho y un argentino. Delante de ellos, en pie, Benito Moriña, Francisco Martín Repollet, Artiza, José Luis González Obregón. Agachados, Rafael Valiente Moreno, Miguel Ferrer García, Luis Jiménez González-Nandín, José Herrera Raposo, arriba de él Francisco Ariza Zarzuela y a la derecha, movido, Manuel Buhigas. /Foto: Colección Vicente González Lechuga.

HIERRO DE LA PALMA.
También se dedicaron a la cría de caballos, llegando a ser propietarios del Hierro de la Palma, ganadería creada por los señores Artalaya y Azpillaga, a principios del siglo XIX, y que luego fuera propiedad del Marqués del Castillo de San Felipe. El Hierro de la Palma figuraba en la etiqueta de los productos de Hijos de Jiménez Varela.

Productos de Hijos de Jiménez Varela, entre ellos el Amontillado Fino Jardín. /Foto: CMPH.

Cacao Varela, Champán Continental, reclamos publicitarios, que han sido recuperados para la colección de Antonio García, de quien es la fotografía.

Publicidad del año 927

AMONTILLADO FINO JARDÍN.
Que si bien se comercializaba como Fino, se aproximaba más a un vino  Amontillado. El amontillado es un vino dulce y generoso de uva Palomino, de color pajizo, ribeteado en metálico y destellos violáceos, de aspecto lagrimoso, brillante y transparente. Al olfato ofrece un olor a bodega, intenso y punzante; y al paladearlo saboreamos un vino redondo, seco, ahumado y con recuerdos de yodo. Hace un perfecto maridaje con el jamón ibérico o un queso curado de pasta dura y de gran potencia.

Es un vino perfecto para beber como aperitivo, o a media tarde, aunque los devotos del Vino Amontillado dicen que «sirve para compartir y departir a cualquier hora». La temperatura ideal para degustarlo es entre 10º y 14º, siempre en relación con la temperatura del ambiente. /En la imagen, un aprendiz, de nombre José Raposo Rasuelo,  jarreando sobre la canoa y la bota de Jiménez Varela.

Los vinos amontillados proceden de los Vinos Finos, el Vino por excelencia de El Puerto de Santa María, cuyo color ha evolucionado y llega a alcanzar entre 18º y 19º. Es un vino generoso (aquel que alcanza una graduación entre 15º y 23º), obtenido mediante soleras y criaderas, sistema de crianza que se aplica en la zona vinícola que ampara el Consejo Regulador del Jerez-Xérès-Sherry, a la que pertenecen los vinos y brandies de El Puerto de Santa María.

RELATO EL BARRIL DE AMONTILLADO.

El relato de Edgar Allan Poe, The Cask of Amontillado, adaptado al cómic por Archie Goodwin y Reed Crandall en Creepy N6 (Warren, 1966), de la mano de Golden Age Comic Book Stories

Interesante el cuento de terror del siglo XIX, obra del bostoniano Edgar Allan Poe «El Barril de Amontillado» (The Cask of Amontillado), usando como excusa la del conocedor de estos vinos generosos para contar el relato corto. (Fuentes: Centro Municipal de Patrimonio Histórico. Archivo de Antonio Gutiérrez Ruiz y otros)

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Sobre las 12:30 horas del 3 de agosto de 1954 --van a hacer 57 años--, se producía un aparatoso incendio en el piso superior del desaparecido Cine Macario (hoy es una discoteca), justo arriba de la entrada de las localidades de General, por la calle Luna.

Sobre dicho acceso al Cine (por ley, cumpliendo la normativa de espacios públicos para espectáculos, era obligatorio tener dos accesos diferentes al local, por lo que Antonio Valimaña Lechuga adquirió la casa de la calle Luna que anexó al antiguo corral que sirvió para Sala de Proyecciones, propiedad de Augusto Haupold), existía un cuarto donde se guardaban cortinas, cartelones en desuso, sillas y otros enseres que salieron ardiendo poco después del mediodía del citado 3 de agosto. El incendio declarado en la primera planta provocó que se derrumbara el techo de la segunda y no hubo que lamentar daños personales.

El interior del Cine Macario, de verano, antes de la reforma.

Fosco Valimaña Lechuga recuerda a su madre llamando a los bomberos por teléfono (vivían enfrente, un poco más arriba) y, aparte de lo aparatoso del incendio, hay que señalar que no acudió coche de bomberos pero si vemos la escalera propiedad de la Compañía Sevillana de Electricidad, que sirvió para introducir el agua por los dos ojos de buey que daban a la fachada. Su hermano Manolo Valimaña cree reconocer en la vivienda de la calle Misericordia esquina con Luna, donde vivían los Moresco Suarez, sobre el antiguo almacén de Suárez hoy reconvertido en bar, a Ángel Moresco. Todo fue un susto que recogió el periódico Cruzados de la época.

Ver nótula 937. EL INCENDIO DEL TEATRO PRINCIPAL.

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Roberto Carmé Ramírez nace el domingo 27 de Mayo de 1934 en la Calle Vicario 20. Sus padres, Juan Carmé de los Ríos quien tuvo una droguería junto a la casa donde nació Roberto y María Ramírez Delgado tuvieron nueve hijos, ocupando Roberto el quinto lugar en venir a este mundo: Juan, María del Carmen “Luchi”, José el cura, con nótula núm. 948 en GdP, Cosme, Roberto nuestro protagonista, Ernesto, Jesús y Eloisa. Tiene en la actualidad 77 años.

1934

En 1934, el Ayuntamiento estuvo presidido ese año por tres alcaldes, desde junio del año anterior hasta marzo, por Francisco Cossi Ochoa; de marzo a Octubre, por Francisco Tomeu Navarro y, desde octubre hasta enero de 1936 por José Luis Macías Caro, padre de Luis Macías Rubio. Se crea el ‘Pósito Marítimo y de Pescadores’, siendo su primer presidente José Poquet Cabrera, entidad antecesora de la Cofradía de Pescadores. Aquel año de 1934 Hipólito Sancho publica «La Iglesia Prioral del Puerto de Santa María y Antón Martín Calafate».  La vía pecuaria ‘Colada del Cementerio’ fue deslindada y amojonada los días 14 y 15 de marzo de 1934.

Miguel Caro Gómez y Roberto Carmé, en la Feria de Ganado.

El Maestro Dueñas es destinado a hacer el servicio militar en El Puerto. La primera pata concedida como trofeo taurino fue entregada en 1934 a Vicente Barrera que cortó, además dos orejas y rabo y toreó junto a Rafael ‘el Gallo’ y Juan Belmonte. El Teatro Principal, cerró sus puertas durante la Semana Santa, reabriéndolas el sábado de Gloria, con la película ‘Melodías de Arrabal’, en la que intervenía Carlos Gardel junto a Imperio Argentina. En 1934, España, participa en su primer Mundial de Fútbol, jugando el primer partido en Genova contra Brasil y que arbitró el alemán, Birlem, llegando a cuartos de final tras perder contra el anfitrión, Italia.

Francisco Garrucho 'Paquito el del Bar El Chico' y Roberto Carmé.

ESTUDIOS Y PRIMERAS AMISTADES.
Roberto estudió en el colegio de Alfonso Cárdenas Felices, en la calle Luna; en el de Juan Díaz, en la Calle San Sebastian y en el Hospitalito, cuyo director en aquellas fechas era Diego Pérez Vélez. Fuero sus amigos de la infancia y de época de colegios, José Álvarez quien tuvo una relojería en la  Calle Los Descalzos y su hermano Ramón; Miguel Caro Gómez; los hermanos José y Domingo Prieto Ramos; Antonio Gil González de Quevedo; Rafael Gómez Ojeda ex alcalde de El Puerto, con nótula núm. 488 en GdP, Diego Fernández Rodríguez, Eduardo Chaparro y Manuel Martínez Mel, entre otros.

De izquierda a derecha, el sacerdote José Carmé Ramírez, José Arjona Cía, Roberto Carmé, Josefa Arjona Acá 'Pepita' y Carmen Carmé Ramírez, el 8 de diciembre de 1962, en la Boda que se celebró en la Iglesia Mayor Prioral.

LAS CASAS
Roberto vivió, como ya se ha indicado en la calle Vicario 20, donde nació, pasando en 1947 a vivir a la Calle La Fuente 8, hasta que se casó con Josefa Arjoja Acá, el 8 de diciembre de 1962 en la Iglesia Mayor Prioral, oficiando la ceremonia su hermano Pepe. El nuevo matrimonio se fue a vivir a la calle Cielo 11, junto a la barbería de Muñoz y la Taberna 'La Burra', con nótula núm. 489 en GdP y, posteriormente cuando fueron ya viniendo los hijos: Juan Bautista, José Luis y Roberto --que falleció recién nacido-- se compró la casa de la Calle Ganado 42, donde vivió durante 25 años.  Su afición principal es la lectura.

Ultramarinos 'El Carmen', el 1 de febrerero de 1960

DEL ALMACÉN AL AUTOSERVICIO.
Desde muy pequeño, con 12 años, Roberto empezó a trabajar como dependiente en el almacén, hoy Ultramarinos, que era de Vicente Jiménez Salmerón y estaba situado en la esquina de la Calle Vicario y Ganado, y que se le conocía como “El Cañón”. Se acuerda de cuando existían las cartillas de racionamiento y una de sus clientas asiduas era Cristobalina Delgado Sánchez. En dicho negocio se preparaban muchos costos para barcos pesqueros, y recuerda que el día de la explosión de Cádiz, el 18 de agosto de 1947, estaba preparando el avituallamiento para un pesquero que pertenecía al primo de Vicente, el dueño del “El Cañón”.

Roberto Carmé Ramírez durante el servicio militar

En 1956 fue llamado a filas para hacer el servicio militar tocándole el sorteo el Ejército de Tierra y recibiendo como destino Santa Cruz de Tenerife en la sección de automovilismo.

Roberto Carmé, en el interior del almacén de la calle Ganado con Cruces, el 27 de enero de 1960.

De regreso a casa, en 1959, se estableció como industrial en el ramo de alimentación en la esquina de la calle Ganado y Cruces, en el almacén o ultramarinos que tenía Julia Eizaguirre, junto a lo que fue la Peña de Los Majaras, al que le puso el nombre  'Ultramarinos Carmen'.

Roberto Carmé, haciendo el uso de la palabra tras serle impuesta la 'A de Oro' de la Alimentación, durante la jornada que se celebró en el Casino Bahía de Cádiz entre Eduardo Alcina Parodi, secretario de la Asociación Provincial de Detallistas de la Alimentación de Cádiz y Fernando Alcaraz Marco, Jefe Provincial de Promoción y Desarrollo de Comercio de la Junta de Andalucía, el 27 de marzo de 1984.

PRESIDENTE DEL GREMIO Y MEDALLA.
En 1970 fue nombrado por los comerciantes del gremio de la alimentación presidente, cargo que ostentó durante 7 años. En 1984 la revista mensual nacional del ramo de alimentación “El Comestible”, celebró, en el Casino Bahía de Cádiz, la 59 reunión anual, contando con la asistencia de unas 800 personas, entre autoridades, periodistas, televisión y comerciantes. En dicho acto se le impuso a Roberto la insignia de oro “A de Oro” del gremio de alimentación de manos de Francisco Alcaraz Marcos, jefe provincial de Promoción y Desarrollo del Comercio de la Junta de Andalucía.

En 1981, Juan de Dios entregándole un premio conseguido por una empresa de productos de limpieza. Ana María PInto Fernández, Juan Bautista y José Luis Carmé Arjona, Antonia Tapia de la Torre, Roberto Carmé y Pepita Arjona. 27 de mayo de 1981.

Autoservicio Roberto, la evolución de aquellos Ultramarinos 'El Carmen', el 31 de mayo de 1984.

CADENA DE SUPERMERCADOS.
En el año 1984 modernizó el negocio transformándolo en autoservicio, montando una mini cadena, que estuvieron en El Camino de los Enamorados y el la Calle Cruces esquina a Calle Espelete, además del original, llamándoles a todos ellos Autoservicios Roberto.

EL ARROPIERO.
Durante mucho tiempo, en la puerta de su negocio, solía haber un hombre llamado Manuel Delgado Villegas, que vendía arropías, al que diariamente le preparaba varios bocadillos, quien resultó ser, años más tarde, el trístemente celebre 'Arropiero'. Parece ser que el día de su detención fue en el establecimiento de nuestro protagonista. /En la imagen de la izquierda, una información del periodista Ramón Sánchez Ocaña sobre 'el Arropiero'.

Recorte de prensa de uno de los atracos que sufrió. En esta ocasión en marzo de 1998.

EL ESTABLECIMIENTO Y LOS CACOS.
Desde que se estableció como comerciante por su cuenta hasta que cerró, por jubilación, fue víctima de frecuentes robos en su local. De hecho guarda un álbum de recortes de diversos medios donde se cuentan los diferentes robos y atracos que ha sufrido en sus carnes... y en su tienda.

MEDALLAS PARA ROBERTO.
El 16 de octubre del año 2000, el exalcalde Rafael Gómez Ojeda, publicaba en su columna de opinión de Diario de Cádiz el siguiente artículo, bastante ilustrativo de las circunstancias por las que pasó Roberto años antes de su jubilación: "Roberto Carmé es el dueño de un almacén de ultramarinos sito en la populosa y otrora alegre calle Ganado. Roberto y yo, fuimos discípulos de Don Diego Pérez Vélez en la escuela de El Hospitalito. Ya entonces, Roberto destacaba por ser un niño despierto e inteligente. Reunía todas las características literarias del prototipo del "primero de la clase". Era, por méritos propios, el brazo derecho de D. Diego. Ya de mayor, decidió trabajar por cuenta propia y abrió el comercio anteriormente descrito.

Dicho establecimiento ha sido atracado varias veces; tantas, que ni Roberto sabe cuántas han sido. Le han robado por la ventana, por la puerta, y hasta por el techo. A pesar de todo eso, Roberto no grita, no maldice, no patalea, seguramente recordando la buena educación que recibimos de D. Diego. A Roberto no le ayudan ni las autoridades, ni la policía, ni los jueces, ni siquiera el mismo cielo. Está solo ante el peligro como Gary Cooper en las películas.

(En la imagen de la izquierda, Maruja López Romero, Julia y Carmen Izaguirre, Antonio Rodríguez 'el Bicho', Roberto Carmé, los niños José María y una hermana de Maruja. 27 de enero de 1967. Foto Rafa).

Ahora que en Australia se han repartido tantas medallas (y tan pocas han venido a España), a Roberto habría que concederle una, no por ser el comerciante más robado, sino por haber soportado tantos robos. Qué pensará Roberto cuando oye a algún político decir que "España va bien", o a algún comisario de policía asegurar que "El Puerto es una ciudad con bajo nivel de delincuencia".

Roberto con sus cuñados Pepón y Juan Arjona Acá.

Le dicen que sus asaltantes son Víctimas. Roberto se preguntará: ¿y quién puñeta es el culpable? En su establecimiento Roberto es el dueño, el dependiente, el chicuco y últimamente, el Guarda Jurado. Hay quien para consolarlo, le aconsejan que haga como su tocayo Roberto Alcázar y Pedrín: que intente dar caza a los ladrones, a lo que Roberto se niega porque, aunque parezca extraño, el sigue confiando en la justicia. Díganme, a ver, si no se merece este hombre una medalla".

Agradecemos la inestimable colaboración de Vicente González Lechuga en la elaboracion de esta nótula, tanto en la búsqueda de datos como en el tratamiento infográfico de las imágenes.

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Se denominan ‘tiendas de ultramarinos’, al establecimiento comercial que vende especialmente productos alimenticios, tanto envasados como a granel, al peso, abarcando un sinfín  de productos de nuestra gastronomía.

'Casa Joselito', de José Fernández, el 25 de noviembre de 1958./ Foto: Rafa.

El vocablo ‘ultramarino’, proviene de que los productos que antiguamente se vendían en estas tiendas procedían de territorios de Ultramar, eran artículos de importación; actualmente es una palabra en desuso y estos establecimientos han quedado en ‘tiendas de alimentación’, en  El Puerto ‘almacén’. Al propietario del almacén se le solía decir ‘almacenero’. Quiero referirme a los años de mil novecientos cincuenta del siglo pasado en El Puerto, en la zona comprendida dentro del casco antiguo.

EL ALMACÉN.
El Almacén, era un local de medidas de determinadas, curiosamente, las tiendas hacían esquina, perspicacia comercial del comerciante de entonces; el suelo solía ser de losas de Tarifa, mostrador de madera o fábrica de ladrillo con frente que podía estar forrado de azulejos y la parte interior de cajones que podía servir para guardar los pequeños artículos que, previamente, se habían envasado en pequeñas porciones en papel de estraza, tales como el café, pimiento molido, ... Algún cajón podía servir de caja registradora, balanza de la marca Berkel, encima del mostrador, como garantía de una pesada justa. La fábrica de balanzas Berkel, inventó más tarde las rebanadoras para chacinas que tanto éxito tuvieron en los años de mil novecientos sesenta. Además se solía colocar un artístico molinillo de café, el aparato para medir aceite y una guillotina para cortar bacalao, quizás también un recipiente con garbanzos “remojaos” y alguna bandeja con “carne membrillo”, cubierta adecuadamente para evitar las moscas. /En la imagen, estanterías del 'Almacén Casa Nicanor', en la esquina de Ricardo Alcón con Placilla. (Fotografía tomada el 15 de octubre de 2008).

Instantánea de Martín Peris Felices en 1990, padre de Vicente Peris Tey. (Foto: Carmelo Ciria Pino).

LAS ESTANTERÍAS.
El frente de la tienda lo conformaban estanterías de madera donde se colocaban, cantidades de conservas de pescado y vegetales. Recuerdo las tiendas de entonces con los productos de Conservas Sur, cajas de galletas María, grandes bolsas de paquetes de café, paquetes de Malta, leche condensada, cajas metálicas bellamente policromadas de pimentón murciano, azafrán El Aeroplano, especias de todo tipo, licorería, con vinos quinados, anises y vinos de nuestra zona, caldos Potax, --eran unos dados de un extracto de carne, que las amas de casa ponían un cazo con agua hirviendo y ya estaba el puchero hecho--.

Cajas de pimentón murciano.

Una chirigota de Cádiz, llamada “Los tontos de pueblo” sacó un cuplé al respecto,  que decía:

Con ezo de las comías
paecen cozas de medicina
con una pastilla jervía
ya er puchero jabe a gallina
con unos porvos amarillos
a los ciquillos le hazen flan
que igan lo que quieran
lo mas güeno en una telera
una buena jolla berza
y ju pringá.

PRODUCTOS CON PREMIO.
Como les decía y siguiendo con los caldos Potax, que eran unos dados del tamaño aproximado de un centímetro y medio envuelto en un papel que por el anverso venía la publicidad de Potax  y por el reverso la relación de premios que esta firma obsequiaba a los clientes por el consumo de los famosos cubitos del concentrado, recuerdo que el primer premio: “Un balón de reglamento con bomba y vejiga de recambio”, segunda premio: “Una pluma atómica” –consistía en un bolígrafo dorado con dos puntas una escribía rojo y otro azul, que no escribía nada bien, ya que fueron los comienzos de los bolígrafos– . El chocolate Elgorriaga también regalaba un balón de reglamento (de cuero), con la compra de un determinado número de tabletas de chocolate. Hubo casas en las que se llegó a aborrecer tan, entonces como ahora, apreciado producto.

CARAMELOS Y TAQUILLAS.
En lugar de la estantería, bastante visibles, existían algunos recipientes con caramelos. Había un espacio para colgar la chacina, una tabla para cortar ‘los avíos del puchero’, chacinas, ... La parte baja de las estanterías eran unas taquillas, donde se colocaban las legumbres para venderlas a granel; ver un a almacenero envolver en papel de estraza medio kilo, de alubias, garbanzos, arroz, dos reales de pimiento molido, una peseta de café o un octavo de ‘mantequilla de reino’,  era un primor. Por fuera del mostrador se solían colocar sacos de alubias del Barco, garbanzos y garbanzas, arroz, harina de trigo, lentejas, azúcar, harina de garbanzo para hacer las famosas “panizas”, que después se cocinaban aliñadas o fritas; alguna caja de frutas, alguna barrica de sardinas arenques como la de la imagen de la izquierda...

El Almacén de Nicanor en 1948.

LA TRASTIENDA.
El interior  de almacén o trastienda, era utilizado como almacén propiamente dicho, en donde se ubicaba en algún rincón o, colgada del techo, una balanza romana para pesar sacos y todo envase que pudiese pesar más de veinte o veinticinco kilos; un barril de buen vino fino, jamones colgados del techo. Quizás era el sitio adecuado para que el almacenero pudiese hablar con representantes o amigos, después de la jornada de trabajo. La contabilidad era bien simple, dos clavos en la pared, en uno facturas pagadas y en otro facturas pendientes de pago.

EL ALMACENERO.
La indumentaria del almacenero, solía ser un babi color beige o gris. Nuestro protagonista, salvo excepciones, era una persona amable y educada, con gran visión comercial, desde que entraba un cliente por su establecimiento, sabía en un alto porcentaje sus posibilidades de compra. Recuerdo una frase de Miguel Caro Beato, que tuvo sus comercio en la esquina de calle Larga y Chanca donde se encuentra hoy la Caja de Galicia, que decía: “--Un comerciante al que le entra un posible cliente y lo recibe con una sonrisa amable, tiene el cincuenta por ciento de la venta hecha”. Los clientes llevaban el control de turno a la hora de ser atendidos, preguntando: ”--¿Quién es la última/ o el último?”. Recuerdo, también, que había una forma de dirigirse al almacenero, que puede parecer hoy un tanto pintoresca; era utilizada por los niños que, poniendo en el mostrador  una cantidad de dinero aproximada de lo que iba a compra, decía: “--Pepe, me ha dicho mi madre que dé un cuarto y ortavo de aceite y la vuerta.”. / En la imagen, papel encerado de 'La Giralda'.

MIXTURA DE OLORES.
Las cantidades de artículos tan dispares que existían en estos comercios, producían una  la mezcla del olores nada desagradable, que hoy han desaparecido: el olor del bacalao, sardinas arenques, legumbres, aceite, café, chacinas, especias, el olor de los garbanzos ‘remojaos’, galletas... En Navidades estos olores se acentuaban ostensiblemente con la matalahúva, ajonjolí, anís, miel que se vendía a granel, además de los dulces propios de esta fecha como polvorones, alfajores, turrones, y las botellas de anís Periquito tan solicitadas, de las Destilerías Morphy dirigida por los Benventuy. Habían tiendas que adornaban sus escaparates en Navidades, con luces de colores, virutas de papel celofán, cajas de bombones, tarros de frutas escarchada, fiambres envueltos en bonitos papeles de colores, cajas de mazapanes y cajas familiares de cinco kilos de polvorones y alfajores de Estepa, Medina y Antequera./En la imagen, papel encerado de 'La Diana'.

El almacenero Diego Utrera Sánchez y Ramón Matiola Gutiérrez, empleado del Banco Hispano Americano.

Recuerdo algunas  tiendas que en aquellas fechas navideñas hacían un  alarde de buen gusto e incitaban al cliente a comprar, arreglando sus escaparates: La Argentina, La Giralda, Las Campanillas y el almacén de Diego Utrera. En algunas tiendas se ponía una cartel “Hay pavo trufado”.

La Argentina, en la esquina de la calle Luna con Nevería, cuando era propiedad de López Terán.

AUTOEXPLOTACIÓN POR DECRETO.
Por reconocimiento hacía estos profesionales que se autoexplotaban, con jornadas de trabajo interminables, vendiendo artículos casi al coste por prescripción gubernativa, siempre con el ánimo de servir al cliente, quisiera recordar algunos establecimientos emblemáticos que de alguna forma marcaron una época y que fuero la antesala de lo que después fueron economatos, supermercados e hipermercados:

En la imagen, José Sánchez Berrocal, desaparecido hace pocos años, propietario de La Argentina.

En la plaza de la Herrería, Casa Serafín. En calle Misericordia; esquina con Luna Almacén de Suárez. En calle Larga; esquina con Chanca,  Miguel Caro Beato; esquina con Federico Rubio, José Gómez Recalde. En calle Nevería; esquina con Ganado, Almacén de José Montes Enriquez --hoy Droguería de Roque Morales Augusto--; esquina con Luna, La Argentina de José Sánchez Berrocal (Ver más en nótula núm. 008 en GdP); esquina con Santo Domingo, Almacén de Cañadilla. Dentro del Mercado de Abastos estaba el almacén de Manuel Carrasco de la Bandera.

José Joaquín Sánchez Sena, en 1969, en Ultramarinos 'La Diana' que continúa abierto en la confluencia de Palacios con San Bartolomé.

En calle de San Bartolomé; esquina con calle Palacios, ‘Ultramarinos La Diana’, hoy de José Joaquín Sánchez Sena, (antes de Isidro Gómez Recalde y antes de Antonio Camacho Caballero), comercio tradicional de El Puerto --así fue distinguido por el Ayuntamiento-- que tiene el coraje y mérito de continuar en la brecha (Ver más en nótula 090 en GdP); esquina con calle Luna, ‘La Giralda’ de la familia Ruiz, almacén de siempre en nuestra ciudad, continua su actividad que además de los productos tradicionales, ha incrementado su oferta a productos de macrobiótica  y delicatessens (Ver más en nótula núm. 043 en GdP). Esquina con Luna, almacén de los hermanos Genaro y José González Noval; esquina con calle Luna y la Placilla, Almacén de Leopoldo. El almacén de ‘Los Dos Pepes’, esquina con Ricardo Alcón el almacén de Nicanor Gómez Soto y terminamos esquina con Ganado el almacén de Antonio del Valle.

Concha y Angelita, en Ultramarinos 'La Giralda'.

En calle Cielo esquina con Espíritu Santo, almacén y bar de Manuel Gatica; en el número, 54 se encontraba el almacén de Luciano Vázquez y junto a éste haciendo esquina con calle Chanca estuvo el ‘Almacén de Coloniales’, suministrador de casi todas las tiendas de El Puerto de José Velarde Díaz-Munio; en la esquina con calle Santa Clara estuvo el almacén y estanco de la familia de Ricardo Velarde Sánchez de Cos y esquina con Ganado, estuvo el ‘Almacén de las Campanillas’ de Juan Custodio.

La imagen muestra la tienda de Ultramarinos de calle Cielos esquina con Espíritu Santo en 1989, poco antes de su cierre. A ella vino de chicuco Nicanor Gómez Soto y de la que se hizo cargo allá por 1920. Luego pasaría, en la década de los cuarenta del siglo pasado a manos de Manuel Gatica, quien la tuvo abierto con una tienda de bebidas separada por una mampara, tal y como que se puede apreciar en la foto, hasta finales de la década de los ochenta del siglo pasado. (Foto José Ignacio Delgado Poullet. Centro Municipal de Patrimonio Histórico).

El Almacén de Joselito Verde, en la confluencia de las calles Ganado y Cantarería.

En calle Ganado, frente a lo qué fue la antigua droguería de Roque, estuvo el Almacén de Diego Utrera; en la esquina con Cantarería (también se llamó la calle Pedro de Villa) estuvo el Almacén de José Verde, que más tarde fue regentado hasta hace poco tiempo por sus hijos Manuel y José, fallecido el primero y felizmente jubilado el segundo. En calle Vicario, esquina con Ganado estuvo ‘El Cañon’; esquina con Sierpes estuvo el almacén de Eloy Fernández Moro (ver nótula núm 087 en GdP), a su jubilación  lo regentaron sus hijos Manuel y Eloy; en la esquina con calle San Juan el almacén ‘La Puerta del Sol’ de Federico, después pasó a Isidro Gómez Recalde.

Eloy Fernández Moro y su hijo Eloy Fernández Lobo, en el almacén situado en la confluencia de las calles Vicario y Sierpes, frente al Mercado de Abastos. Eloy Fernánez Moro, había nacido en 1906 en el municipio onubense de Cumbres Mayores. Era marchante, viajante o representante de Ultramarinos y se acabó estableciendo en El Puerto con su padre y hermanos, abriendo un almacén de ultramarinos que, fíjense que curioso,  no era gestionado ni por gallegos ni por montañeses.

En la imagen de la izquierda, Manuel Leveque Delgado, que regentó un almacén de comestibles en la confluencia de las calles San Juan y Cruces, frente al desaparecido Almacén de Rafael y el Bar 'El Golpe'.

En calle Santa Lucía esquina con Federico Rubio el almacén-estanco-taberna de Martín Peris Felices y después su hijo Vicente Peris Tey (ver nótula núm. 714 en GdP).  En calle Cruces, esquina con calle Ganado estuvo el almacén taberna de Eloy Eizaguirre, después lo llevó su hija Julia, a continuación el hijo de ésta Eloy Bayard Eizaguirre y después fue adquirido por Roberto Carmé Ramírez; esquina con Arena, estuvo el almacén de Antonio Rodríguez; en la esquina con San Juan estuvo el almacén de Manuel Leveque Delgado (ver nótula núm 097 en GdP) y en la esquina con San Sebastián estuvo el almacén de González Heredero.

Ultramarinos 'El Carmen', almacén de Eloy Eizaguirre, luego gestionado por Eloy Bayard Eizaguirre y más tarde adquirido por Roberto Carmé Ramírez, en calle Ganado esquina con Cruces. En la imagen, el establecimiento a principios del año 1960.

El Almacén de Nicanor, en la calle Ricardo Alcón, esquina con Placilla. 1948.

En calle Federico Rubio, esquina con Micaela de Aramburu estuvo el almacén ‘Los Caballos’ propiedad de Nicanor Gómez Recalde (ver nótula núm. 080 en GdP), después hasta su cierre lo arrendó José Manuel García Gómez; esquina con calle Cañas, estuvo el almacén de Nicanor Gómez Recalde; en la esquina con plaza Juan de la Cosa, estuvo el Almacén de Julián, que después paso a manos de José Montes Enriquez;  en la esquina con calle Gatona estuvo el Almacén y Taberna de Panseco.

Solar del almacén y vivienda de Victoriano García Linares, derribado el pasado año, en la confluencia de las calles San Juan, 5  y Postigo.

En calle San Juan esquina con calle Postigo estuvo el Almacén de Victoriano García Linares, (en la imagen de la izquierda) natural de El Puerto, pero hijo de santanderino de La Montaña (Cabanzón) (Ver nótula núm. 848 en GdP). En la esquina con Santa Fe estuvo y sigue estando el Almacén de Manila, hoy regentado por Manuel Rodríguez Tey. En calle Postigo; en el número 24 estuvo el almacén de José Fernández Rodríguez, “Casa Joselito” (Ver nótula 122 en GdP). En calle Zarza  esquina con Arenas estuvo el almacén de Benito; frente al Colegio Hospitalito estuvo el Almacén de Fernando Güelfo; en la esquina de Santa Clara estuvo el almacén de Ramona y Máximo Fernández Lobo y en la acera opuesta haciendo esquina también con calle Santa Clara estuvo el Almacén de Noriega.

Casa Joselito, con José Fernández Sánchez en los comienzos en calle Postigo.

Probablemente puede que alguna tienda se me haya quedado involuntariamente olvidada, pero creo que el colectivo de ultramarinos o almacenes de alimentación está suficientemente representado en el casco antiguo. Sé que había otras tiendas que, además, vendían otros artículos que tenían más rotación que en el centro como, hortalizas, frutas, verduras, refrescos, pan, etc.; pero estas al igual que la mayoría de los almacenes  fueron absorbidas, por lo que son supermercados de barrios y  los  grandes espacios comerciales, donde se vende de casi todo y se compra cosas que no necesitamos. Puede ser que hayamos ganado con esto algunos ochavos con estos cambios; pero se ha perdido un colectivo importante de trabajadores autónomos y el contacto humano que existían entre  cliente y almacenero. (Texto: Francisco Bollullos Estepa. Fotos: Colección J.M.M.)

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Palacio de Valdeavellano. Ribera del Río, 47.

Hoy hace 82 años que, en una especie de exilio urbano, alejado de las alcobas de su casona de la Ribera del Rio, 47 --el conocido como Palacio de Valdeavellano-- donde vivió más de tres cuartos de siglo, exhaló su último suspiro don Manuel Gª de Valdeavellano y Larraondo, el día en que se celebraba la festividad de la Virgen del Carmen del año 1929. Tenía 89 años y un merecido prestigio de hombre sensato y honesto, liberal, tan humano como religioso, especialmente popular por su asistencia a los entierros de personas de cualquier clase y condición a los que solía acompañar mientras tuvo fuerzas para ello hasta su última morada, caritativo hábito, respetuoso rito para con amigos y desconocidos, a los que consideraba su prójimo. Había sido el primer alcalde de El Puerto al proclamarse la I República.

Montenegro de Cameros, pequeño municipio de la provincia de Soria, de donde procedía y nació el padre de nuestro protagonista, Casimiro Gª de Valdeavellano y García Gastón.

Hijo de Casimiro Gª de Valdeavellano y García Gastón y de Dolores Larraondo, nació en 1840 en Cádiz, adonde llegó su padre procedente de la provincia de Soria (Montenegro de Cameros), por mediación de su hermano arcediano titular del cabildo eclesiástico de la catedral de Cádiz. Tuvo otro hermano menor, Francisco Javier. En 1842 la familia se trasladó a vivir a El Puerto, a la casa de su propiedad --dote de la familia materna-- en la Ribera del Río, 47. El cabeza de familia se dedicaba al comercio y a la elaboración y envejecimiento de vinos en las bodegas, también de la dote de su mujer, que tenían en Puerto Escondido con entrada por calle Mayorga, señalada con el nº 3 antiguo y 6 moderno que lindaban con otras bodegas propiedad de Angel Aramburu. /En la imagen, ilustración de Miguel Ángel Pantoja, que recrea la época a la que se refiere esta nótula.

VIDA PÚBLICA MUNICIPAL.
Apuntamos ahora la activa y dilatada participación en la vida pública de la ciudad del primogénito y protagonista de esta nótula, Manuel, a través de diversos cargos ejercidos en el consistorio municipal. Formó parte de numerosas comisiones, ocupándose de asuntos delicados que requerían de su talante conciliador, su experiencia y el infatigable espíritu de servicio que poseía y siempre mantuvo. Por ejemplo, en 1891, formó parte de la comisión municipal encargada de inventariar el hospital municipal y redactar un nuevo reglamento, mejorando sus instalaciones y servicios ó, encabezando una comisión de vecinos que se entrevistó con el gobernador de la provincia sobre el problema de la retirada de la guarnición militar del penal, en 1905, ó presidiendo la Junta Local de Enseñanza, el sorteo de mozos, etc… siendo uno de los pocos ediles que asistían a la mayoría de las sesiones municipales ya fuesen ordinarias, plenarias o extraordinarias. Las citas a su persona en la Revista Portuense era casi diaria.

Fábrica de Gas Lebón, a la altura de donde hoy se encuentran las viviendas que ocupan el que fuera el antiguo campo de fútbol del Racing Club Portuense, frente a la Comisaría de Policía.

«O PAGAN, O SE APAGA».
De la Revista Portuense, en su edición del 12-5-1905 extraemos una anécdota definitoria en cierto modo de su personalidad, ingenua e ingeniosa. Se había suscitado un problema con la compañía de Gas Lebón que era la que se ocupaba del alumbrado público. Existían varios retrasos en los pagos concertados, algunos de ellos con escasas posibilidades de cobrarlos, según entendía la empresa suministradora de energía, que tomó unilateralmente la decisión de no encender algunas  farolas del alumbrado público para compensar el débito. (Esta fórmula: “O pagan, o se apaga” puede que  la inventaran ellos pero el caso es que, actualmente, si no pagas el recibo te cortan el suministro, que es lo mismo, con la diferencia de que la energía lunar aún no se ha desarrollado lo suficiente como para sustituir a la eléctrica, de la que dependemos para todo). Don Manuel pidió la palabra en la reunión municipal donde se trataba este asunto y con la mayor seriedad propuso que, siendo razonable la medida adoptada por Gas Lebón, la anulación anunciada de las luces se produjese tan solo… ¡ en las noches de luna llena! para así minimizar el perjuicio a los ciudadanos.

De todos estos cargos desempeñados, el más importante y significativo fue el de alcalde, puesto que ocupó en 1873, elegido por sufragio en las elecciones convocadas por la I República.

ADVENIMIENTO DE LA I REPÚBLICA.
Cuando se recibe en El Puerto la noticia de la proclamación de la República el 11 de febrero, tras la renuncia del rey, D. Amadeo, se reúne en la mañana del día 12 la Corporación Municipal para tener conocimiento y constancia oficial de dicha proclamación. En consecuencia se redacta el siguiente texto: «Enterado el Ayuntamiento con la mayor satisfacción de este fausto acontecimiento que abre un porvenir de gloria y bienestar a nuestra querida Patria y que ardientemente deseaba el sentimiento público». Se acuerda publicarlo y enviarlo por telegrama al gobierno de la nación. Se trata pues, de una manifestación oficial de agrado y simpatía con el nuevo régimen político establecido por la Asamblea Nacional en Madrid. /Ilustración de la revistilla 'La Casa de las Dunas', en la que aparece Amadeo de Saboya, 'el rey efímero'.

LIMOSNAS PARA LAS CLASES POBRES.
Uno de los catorce miembros que componían en esa fecha la Corporación constituida en 1872, presidida por un militar retirado, el coronel D. Jose Maria Viaña, era Manuel Gª Valdeavellano y, conociéndolo, quizás fuese él también el que propusiera a sus compañeros el reparto de 2.000 limosnas en forma de bolsa de comida destinada a las clases pobres (media hogaza de pan, media libra de carne, una onza de tocino y un cuarto de garbanzos), con cargo al capítulo de imprevistos, formando parte de un pequeño programa elaborado sobre la marcha para celebrar el acontecimiento, tal fue el repique de campanas de  iglesias y conventos, la retirada del retrato de Don Amadeo de organismos y edificios públicos y la colaboración en el engalanamiento, exorno e iluminación de las casas de vecinos que quisieran adherirse o solidarizarse con la República, además de rotular efímeramente diversas calles con personajes republicanos, calles que volverían a su denominación tradicional poco tiempo después.  /En la imagen, escudo del Ayuntamiento en 1873.

ALCADE EN LA I REPÚBLICA.
En las elecciones municipales que se celebraron los días 5 y 6 de abril, al no participar los partidos monárquicos, que se abstuvieron, ganó con comodidad la candidatura democrática republicana, siendo votado don Manuel, considerado políticamente como liberal moderado para presidir el primer ayuntamiento republicano elegido por sufragio, elecciones cuestionadas por algunos historiadores  dada la escasa participación de votantes,  inferior al 30 por ciento. /En la ilustración de la izquierda, alegoría de la I República Española.

PRINCIPALES LOGROS.
Señalaremos algunas de las decisiones e iniciativas bajo su presidencia: el deslinde y amojonamiento de los términos vecinos de Jerez, Puerto Real, Rota y Sanlúcar; el comienzo de las obras de canalización del Guadalete y el proyecto para construir una dársena de carga y descarga. Preocupado tanto por la higiene y la salud pública como por la decencia y la buena educación mandó colocar diversos mingitorios públicos para varones en aquellos lugares donde era más ostensible –por el olor, mas que nada- tan extendida práctica.

EL ÓBITO, EN LA REVISTA PORTUENSE.
Su desaparición no pasó desapercibida, Reproducimos algunos párrafos de la semblanza publicada en la Revista Portuense del 17 de julio de 1929, dando cuenta de su fallecimiento. “El Puerto debe hoy estar de luto. Ayer tarde, confortado con los auxilios de la religión y tras una larga dolencia ha dejado de existir un amado convecino, el anciano señor don Manuel Garcia de Valdeavellano y Larraondo, persona dignísima que disfrutó de la estima y consideración de varias generaciones de portuenses…/… Persona en extremo piadosa, mientras pudo hacerlo, fue fiel cumplidor del precepto cristiano concebido en las Obras de Misericordia: dar sepultura a los muertos, acompañando el entierro de cuantos fallecían en la ciudad…/… No habrá hoy casa en la ciudad donde, al saberse la muerte de tan respetable y digno señor, no se muevan los labios en una oración por su alma, al par que sea comentado su fallecimiento con frases de condolencia. Descanse en la paz del Señor y sirvan estos renglones de lenitivo al justo dolor que embarga hoy a su distinguida familia.”  /En la imagen de la izquierda, vista del Palacio de Valdeavellano que da al Parque Ruiz-Calderón. Con los toldos, el actuar Bar Casa Paco 'Ceballos'.

Curioso anagrama en hierro con las iniciales del marido de Dolores Valdeavellano Tejera, JACM, es decir Juan Antonio Martínez Colom, que figura en uno de los balcones del edificio denominado Palacio de Valdeavellano.

En su testamento nombraba como única y universal heredera a su sobrina Encarnación Gª Valdeavellano Tejera, prohibiendo expresamente la intervención de la autoridad judicial y el cuestionamiento de su libre decisión por cualquier causa o motivo, la cual aceptaría el legado testamentario en 1930 y, formando parte del mismo, la parte segregada, deslindada y pactada del inmueble de Ribera 47, es decir el entresuelo y el piso bajo, excepto el bodegón denominado “carbonera” que transmitió a sus hijos. (Textos: Antonio Gutiérrez Ruiz. - A.C. Puertoguía).

Para muchos jerezanos ir al Puerto de Santa María en verano es una auténtica tentación, a pesar de la masificación de los fines de semana y de los problemas de tráfico. El Puerto es un poco la representación de las playas que perdimos, de aquellos paseos por calle Larga y Alameda Vieja del Jerez de hace más de cuarenta años, de esos ambientes veraniegos que se fueron con el paso de los tiempos y que solo queda en el recuerdo de las fotos de Iglesias o de Fiallo.

Playa de Valdelagrana. Vista aéreas. Foto: Jorge Roa.

Ir al Puerto sigue siendo una tentación en Jerez. Por el día la costa y por la tarde los bares, por la mañana Valdelagrana, Vistahermosa, el Ancla... por la tarde-noche la ribera del marisco con todas sus exquisiteces y el parque Calderón con sus carruseles de siempre y su olor al Guadalete, el mismo río que se acerca a Jerez para unirse al caminar jerezano hacia el Puerto de Santa María. La historia ha pasado sobre el Puerto como el tiempo sobre los vinos: dándole cuerpo y transparencia, color y aroma.

Playa de la Puntilla desde la vertical del Puerto Deportivo.

Las vacaciones en el Puerto es todo un clásico del veraneo jerezano, desde que se alquilaban habitaciones en pleno casco antiguo para poder pasar el día en la playa de La Puntilla hasta las modernas urbanizaciones de hoy ocupadas en gran parte por gente cercana. Ahora ir al Puerto cuesta menos tiempo que recorrer Jerez de punta a punta, conviene más bañarse en las tranquilas aguas de Valdelagrana que en cualquier piscina pública de la ciudad, porque es más saludable y más rápido de llegar. Por mucho tráfico y falta de infraestructura urbana que tengamos que soportar conviene más acercarse al Puerto en sus noches de verano que quedarse en este Jerez estival, desolado, carente de ambiente y de las atractivas ofertas que ofrece la costa.

Toros en la Bodega El Tiro, en la Avda. de Jerez.

Hoy si se puede decir, con fundamento, que el Puerto está a dos pasos porque se ha ido retranqueando cada vez más hacia Jerez. Hace unos años hasta que no se pasaban las vías del tren que llegaba hasta Sanlucar y el cuartel de la Guardia Civil. con sus toros de Osborne haciendo frente, no se podía decir que estábamos en el Puerto. Con la incorporación de la antigua carretera nacional como vía urbana desde la cuesta del toro y el parque acuático se ha acortado tanto la distancia que apenas quedan kilómetros que separan las dos ciudades unidas por el río y por sus vinos. Ir al Puerto desde Jerez es un paseo agradable que nada tiene que ver con aquella entrada insoportable de hace escasas fechas cuando las colas de coches eran temibles y complicados los accesos a la ciudad de los cien palacios, como la llamó el poeta arcense José de las Cuevas.

Vista aérea del antiguo Convento de Las Capuchinas. Año 1970.

Llegar al Puerto merece la pena. Definida por el escritor portuense Martinez Alfonso, como la ciudad que se engalana con la geometría blanca de las fachadas. Calles rectas, cruzadas en perpendicular, con la estructura de una población colonial: Cruces, Cielos, Nevería, Palacios, Misericordia, San Bartolomé, Pozuelo.... donde se abren en las casas los huecos de cierros y balcones, policromados con la gala de los geranios y gitanillas. Calles, plazas y jardines.....Geometría urbana del Puerto, testigos mudos de años y siglos de un continuado vivir. Calles con alma, porque en ellas vive, con el portuense de hoy,el espíritu de su pasado. Y aún más el afán de su porvenir.

Ir al Puerto es mucho más que un cúmulo de sensaciones que alegran la vida, es empaparse de un verano antiguo, castizo, con sabor a terraza de bar y a patio, a bullicio de mercado- a "Plaza" por antonomasia- y a visita obligada a la Prioral, sobre todo cuando septiembre empieza a despuntar.

Murallas en el Yacimiento de Doña Blanca, acaso el antiguo Puerto de Menesteo.

Ir al Puerto en verano es una tentación tan antigua que cuenta el viejo Homero en su epopeya que uno de los guerreros de la guerra de Troya fue el caudillo ateniense Menesteo y que una vez conquistada la ciudad, en vez de regresar a su patria, anduvo por el Mediterráneo hasta encontrar; pasado el estrecho de Gibraltar, una abrigada bahía en la que penetró con sus naves, para desembarcar junto a la desembocadura de un río y fundar allí una ciudad a la que puso su nombre: Puerto de Menesteo. Esa ciudad se llamaría con el tiempo El Puerto de Santa María. Ir al Puerto en estos tiempos es más fácil que en los de Homero, por eso se llena cada verano de visitantes, por eso La Lola se fue a los puertos y dejó a La Isla sola y por eso podríamos cantarle a nuestra manera, a esta ciudad que cautiva, "mejor quisiera estar muerto que verme "pa toa la vía" sin poder ir al Puerto, Puerto de Santa María"  (Texto: Eduardo Velo García).

Este verano, como curiosidad, proponemos hacer un viaje a las localidades españolas donde El Puerto de Santa María tiene dedicada una calle, un pasaje, una avenida, un callejón… Unas son kilométricas; otras, apenas unos metros. Unas están en urbanizaciones nuevas, otras, forman parte del entramado del casco histórico. Como muestra les acercamos una selección de 15 calles ‘portuenses o porteñas’, encontradas en una navegación de urgencia por Google Earth. Pero hay más...

Calle Puerto de Santa María. 11206. ALGECIRAS (Cádiz).

Calle Puerto de Santa María. 47715. BERCERO. (Valladolid).

Calle Puerto de Santa María. 11001. CÁDIZ.

Calle Puerto de Santa María. 07310. CALPE. (Alicante). Estamos hermanados con la Villa de Calpe.

Calle del Puerto de Santa María. 30310. CARTAGENA (Murcia).

Pasaje Puerto de Santa María. 14014. CÓRDOBA.

Calle del Puerto de Santa María. 41703. DOS HERMANAS. (Sevilla).


Calle Puerto Santa María. 04230. HUÉRCAL DE ALMERÍA. (Almería).

Calle Puerto de Santa María. 28043. MADRID. (Capital de España).

Calle Puerto de Santa María. 11179. MEDINA SIDONIA. (Cádiz).

Calle del Puerto de Santa María. 11530. ROTA. (Cádiz).

Avenida del Puerto de Santa María. 11540. SANLÚCAR DE BARRAMEDA. (CÁDIZ).

Calle Puerto Santa María. 03189. SAN MIGUEL DE SALINAS. (Alicante).

Calle del Puerto de Santa María. 46015. VALENCIA. (Capital de la Comunidad Valenciana).

Calle Puerto de Santa María. 23300. VILLACARRILLO (Jaén).

Existen otras calles denominadas 'El Puerto de Santa María' en Benalmádena (Málaga); Conil (Cádiz); Guadix (Granada); Rincón de la Victoria (Málaga) y San Fernando (Cádiz), además de en otras poblaciones.

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La familia González Gómez, recogiendo el Premio de Patrimonio Histórico, el pasado diciembre de 2010.

La panadería ‘La Pajarita’, también conocida como ‘Antiguo Horno de las Cañas’, es una establecimiento con solera de los que quedan pocos en El Puerto, a pesar de que ha vivido en sus instalaciones diferentes reformas y mejoras, desde 1921, para dar un trato moderno a sus clientes, acorde con los tiempos.

1921

Aquel año era alcalde de El Puerto de Santa María Manuel Ruiz-Calderón y Paz. Pedro Muñoz Seca estrenaba ‘El Parque de Sevilla’, ‘La hora del reparto’, ‘El castillo de los ultrajes’, ‘El Ardid’ y ‘San Pérez’. El ayuntamiento nombraba a Valentín Galarza Morante, quien con el tiempo sería ministro de la Gobernación, hijo predilecto de El Puerto. El torero Manuel García López ‘Mera’ tomaba la alternativa en la Plaza de Toros el 28 de agosto, de manos de Rafael ‘el Gallo’. Se iniciaban las obras del pabellón principal de la ‘Compañía Española de Electricidad y Gas Lebón’. Dionisio Pérez Gutiérrez, fundador de la Revista Portuense, obtenía el primer premio ‘Mariano de Cavia’ instituido por ABC, por su trabajo ‘La musa de Joaquín Costa’, publicado en la revista Nuevo Mundo.

Nacían también ese año el locutor de radio Pepe Morillo León, el fotógrafo Luis Sánchez Pérez, el jesuita Jorge Loring Miró, quien hizo el noviciado en El Puerto de Santa María y donde vivió los últimos años de su vida, Pedro Cairón Calatayud ‘Pedro Ventura’ y el que fuera presidente de Domecq México, Antonio Ariza Cañadilla.

‘La Pajarita’ abría sus puertas como tal fundada por Felipe González de los Ríos en el año 1921, la continuó su hijo José González Narváez, casado con  Antonia Gómez Recalde, con quien tuvo nueve hijos: Amparo, José Felipe (Pepín), Antonio José (Nono), María de la Cruz, Pilar, Rafael Felipe (Fali), Luis Felipe, Felipe y Joaquín, estando en la actualidad regentada por dos de los hijos de éste matrimonio: Antonio y Felipe González Gómez. En el Archivo Municipal existen antecedentes de la existencia de una tahona en el mismo sitio, es decir, en la calle Federico Rubio (o Pozuelo), esquina y vuelta con el recodo que hace la antigua calle Cañas, a espaldas del Castillo de San Marcos, en el entorno donde hace siglos estaba situada una los laterales de la muralla o cerca de El Puerto. Dicha calle tuvo otras denominaciones en sus orígenes: Horno de Juan Romero y Horno de Bizcocheros.

Vista áerea del entorno en el que se desenvuelve la clientela de 'La Pajarita', en la esquina superior izquierda de la instantánea. /Foto: Jorge Roa.

BARES CON SOLERA.
Relata Enrique Pérez en su libro ‘Taberna y Bares con Solera’, que «José Luis González Obregón tuvo La Draga, antes de su actual emplazamiento en Juan de la Cosa, junto a la panadería que hace esquina a la calle Cañas. Mediados los 40, Eugenio Espinosa tenía en Pozuelo esquina a Cañas, en la acera izquierda, el Nuevo Bar, aunque pronto fue llamado Casa Eugenio. Luego instalaría el Bar Guadelete en Aurora  en la Bajamar. Enfrente, en la casa de los azulejos, hasta hace unos 40 años, Nicanor Gómez Recalde tuvo una tienda de comestibles y tabanco --éste metido en la calle Cañas-- llamado Los Caballos; nombre que puso luego en la esquina de Pozuelo con Aurora. No nos atrevemos a asegurar en cual esquina de la calle Cañas fue la que estuvo, desde el 17 de mayo de 1925, cuando se inauguró, Las Cañas, un establecimiento de bebidas de Antonio Herrera».

Pesqueros 'Mariela' y 'Vicente y Dionisia', en el antiguo muelle pesquero, hoy centro comercial y aparcamientos.

PROVEEDORES DE LOS PESQUEROS.
Desde principios del siglo XX, el pan de ‘La Pajarita’ es el que llevan los marineros de El Puerto en las singladuras que hacen los pocos barcos de pesca que aún quedan en los muelles de nuestra Ciudad, dada su calidad, lo que hace que sus propiedades se mantengan intactas durante semanas, incluso en alta mar. Y es que «el secreto del pan de telera es una miga blanca y suave que proviene del respeto a una tradición artesana», pan que se amasa a mano y después se introduce en el horno durante horas,  afirma el responsable del horno, Felipe, fórmula heredada de su padre, José González Narváez.

Azulejo en el interior de 'La Pajarita'.

Esta elaboración artesana precisa de personal especializado con experiencia en el mundo del obrador, vocacionales de su profesión, con largas jornadas para sacar los delicados y exquisitos productos, que conocen poco el descanso, dado el resultado final de tan cualificados

LOS MANOLETES.
Como sostiene Felipe, la diferencia con el pan de viena, un pan más moderno que se comercializa en forma de ‘Manolete’ (pan delgado y alargado que recuerda al desaparecido diestro de quien toma el nombre,parecido a la baguette. Esta una explicación para quienes no son o no viven en El Puerto).

Interior de 'La Pajarita' con clientes habituales.

DIPLOMA DE PATRIMONIO HISTÓRICO.
El pasado año 2010, el diploma a establecimientos tradicionales se le entregaba a la panadería ‘La Pajarita’, en reconocimiento a su trayectoria vital, laboral y profesional   por el respeto y mantenimiento del patrimonio histórico portuense, en cualquiera de sus manifestaciones. Sus continuadores al frente del antiguo Horno de las Cañas, han desarrollado una clara labor en la preservación del patrimonio etnográfico local y el mantenimiento de un oficio y un ambiente tradicional durante muchos años. Como destacó el alcalde, Enrique Moresco, «ya en pleno siglo XXI la panadería ‘La Pajarita’ es de las pocas que quedan en nuestra ciudad manteniendo el oficio de siempre».

Diploma del Centro Municipal de Patrimonio Histórico, otorgado a La Pajarita.

El acto, celebrado en los primeros días de diciembre del pasado año con motivo del Día Local del Patrimonio Histórico, instituido por el Ayuntamiento para celebrar que el 4 de diciembre de 1981 el Conjunto Histórico de El Puerto de Santa María fue declarado ‘Bien de Interés Cultural (BIC)’, algo que supone --al menos en el papel,  que lo soporta todo-- que nuestro centro goza de especial protección de los poderes públicos. Algo que no se entiende a la vista de los desaguisados que hemos seguido viendo cometer desde hace 30 años, cometidos contra el patrimonio de todos los portuenses.

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Este cuadro de Pablo Picasso de 1961: ‘El baile o danza de la juventud’ inspiró a la organización, el Partido Comunista de España, para ser la imagen y anunciar el ‘Encuentro de Arte y la Cultura con los Pueblos de España’ en la Plaza de Toros de El Puerto el 5 de agosto de 1977. Fue uno de los primeros y más multitudinarios conciertos que se celebraron durante la llamada Transición, en el que participaron diferentes artistas y creadores de diferentes nacionalidades y estilos. Una plaza de toros a rebosar, donde la solidaridad inspirada en el cartel, hizo de El Puerto el centro del hambre de cambio de aquellos días. De hace 34 años.

En el cartel anunciador se veían a artistas de la talla de  Gente del Pueblo, Victor Manuel, Ricardo Cantalapiedra, Manuel Gerena, Patricio Castillo, Taburiente, Ovidi Montllor, Rafael Cañizares, Elisa Serna, Adolfo Celdrán, Isabel Parra, Tita Parra, Teddy Bautista --antes de crear el denostado entramado recaudador de la Sociedad General de Autores--, Coz, Quintin Cabrera y Ana Belén. /Teddy Bautista, en una imagen de aquella época.

Rememora uno de sus organizadores, Miguel Marroquín: «Grandes recuerdos me trae este cartel, no solo fui coparticipe en su organización (PCE), sino que fui quien lo imprimió. Fue un éxito del pueblo para el pueblo. Efectivamente, grandes recuerdos me trae, pero más recuerdos de mis camaradas; Jose Gutierrez Ponce, (Pepito Alberti), Carmelo Ciria Pino, Joaquin Gonzalez Fuentes, (administrador honesto donde los haya) etc. Recuerdos donde la ilusión superaba al deseo, donde la abnegación era antes que la ambición, cuando la camaradería era antes que el interés personal y los intereses partidistas y de clanes. Pero llegó la fiera injusticia y acabó con las ilusiones del pueblo.

Era un época donde casi nadie quería ser capitán, todos querían ser soldados, eso sí, soldados pero en la primera línea de salida para cuando llegara tiempos mejores, y llegaron esos tiempos, y dándose codazos se situaron en el escalafón. Pero la historia es implacable y a cada uno lo coloca en su lugar y en este y en otros casos la historia sale con fuerza y le reconoce a Pepito, Carmelo, Joaquin, etc., como los organizadores del evento. Pero sabemos, o deberíamos saber, que nadie por si solo, está en condiciones de organizar nada si no cuenta con una organización política con el empuje que tenia el PC. esto fue posible al conjunto de los 448 camaradas trabajaran para que todo saliera bien; Servicio de bar, taquilleros, porteros, servicio de seguridad; decían los izquierdistas: «¡¡Para que queremos policías si ya tenemos al PC!!». Hombres y mujeres trabajando desinteresadamente para la libertad, la cultura para el pueblo. /En la imagen, José Gutiérrez Ponce, en la actualidad.

No fue fácil montar el acto, costó sacrificio, tiempo y también incomprensiones, pero como todas las cosas de la vida, los triunfos tienen muchos padres, pero lo importante es, que los que lo hacen saben cuantos padres tiene estos actos.  Ya he comentado en otras ocasiones que, Pepito Alberti ha sido el iniciador de todos y cuantos actos culturales importantes se han celebrado en El Puerto, ha sido la cabeza pensante de todos ellos, pero sin el concurso de los casi quinientos militantes hubiese sido imposible celebrarlos. /En la imagen, Carmelo Ciria Pino en la actualidad.

Victor Manuel y Francisco Gómez Ortega, el popular 'Pacoli' de la comparsa de 'Los Majara'.

Hay que destacar el apoyo y solidaridad de Manuel Gerena y Manolo Luque (representante), sin su ayuda hubiera sido casi imposible aglutinar a tantos artistas y además, cobrando solo y cada uno de ellos 40.000 pesetas brutas, que el camarada Joaquín,  responsable de finanzas, liquidó en el momento. Detalles que no se publicitan pero que están en la memoria de muchos».

Francisco Rabal, Cristina Almeida, Claudia Gravi, Ana Belén, Víctor Diez Cardiel y Juan Diego, puño en alto durante un mitin del PCE en 1977.

Y Fernando Lucini: «Recuerdo que fue una auténtica fiesta de solidaridad en la que en todo momento estuvo presente el simbolismo expresado por Picasso en su dibujo. A veces añoro encuentros musicales y fiestas solidarias como aquellas. La música y la canción nos unía y, sobre todo --pese a ‘la calor’-- nos hacía sentirnos fuertes y soñadores».

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Esta es la frase habitual. El centro está muerto. La ciudad languidece. Por más obras que se lleven a efecto, cada día hay más comercios que  cierran. Es un enfermo terminal. ¿Hace falta un milagro? Creo que no. Es necesario una mayor dosis de sentido común y poner la brújula en la orientación adecuada.

El mercado medieval que se ha celebrado éste fin de semana, viene a poner de manifiesto,  que la ciudadanía, aun en épocas de crisis como la que vivimos, está ávida de estímulos. Cualquier  manifestación que le saque de la rutina, está dispuesta a participar. El… mercado medieval? ha llenado el centro  de portuenses, e incluso de jerezanos, atraídos por lo exótico del título. Después, de mercado medieval, muy poco. Aun así, gran poder de convocatoria.

Me ha  interesado más el aspecto humano de los componentes de esta troupe trashumante, que el análisis final y su relación con los centros  urbanos. En este mercado medieval, efectivamente se recrean algunas actividades. He hablado con alguno de ellos,  como el que dirige Felix Casillas al frente de la exposición donde se pueden contemplar,  sus halcones, un buho real y  un coreano; aves de corral como simbolo de los antiguos mercados; es digno de destacar su esfuerzo por darle veracidad al remedo; las armaduras, los yelmos, las armas, las cotas de malla, que con sus quince kilos de peso pasea orgulloso. Su fragua, donde fabrica réplicas de armas medievales.  Encantadores de serpientes y algunas atracciones rudimentarias, para el goce de los niños, cuyos padres inmortalizan  el momento con sus cámaras fotográficas. Banderolas y gallardetes dan un aire festivo, y bajo él, lo propio de un mercado:  bebidas y asados, que en algún  caso, han dado lugar a quejas por los humos que han penetrado en la Iglesia Prioral.

Algunos artesanos, pocos, entre los que destaca un anciano marroquí que,  usando sus manos y pies, en un rudimentario torno, es capaz de fabricar y vender en menos de tres minutos,  un original amuleto al precio de dos euros. Mi amor por la cultura marroquí, me deja extasiado ante la exposición del más exótico muestrario de te y de especias: de Ceylan, Gargade de Egipto, de jazmín… palos de canela, cardamomo, pimientas blancas, rosas, verdes, negras, de Jamaica, ginseh…  unos maravillosos conos de especias molidas, de fascinante colorido. Buen negocio del marroquí, que te cobra dos euros por escribir tu nombre en árabe… ¡cómo nos gusta  el snobismo!

Stands de alimentos variados.  Gracias a los distintos tenderetes con inciensos y sándalos de toda índole, encubren el penetrante olor de los quesos extremeños. El resto, lo constituyen una amplia representación de la bisutería más original y actual. Tras sus mostradores se adivinan antiguos hippies, que al  rebufo de estos mercados, intentan estabilizar su negocio. Salvo excepciones, se les aprecia su deficiente calidad de vida. Bocadillos y pernoctas en el coche; aseo, el imprescindible. Pero tienen mucho mérito. No son parásitos de la sociedad. Se ganan honradamente su pan y lo hacen con simpatía.

Mientras El Puerto no encuentre la atracción suficiente en su centro, los rescoldos que quedan entre cenizas, solo serán ocasionalmente avivadas, por procesiones, cabalgatas y mercadillos. Después, el más deplorable de los  desiertos. (Texto: Alberto Boutellier Caparrós).

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En el libro 'El Puerto de Santa María, a través de sus gentes, sus calles, sus tierras, sus playas, ...' de Juan Leiva Sánchez, dice que la calle Cruces, además de este nombre es nombrada  en otros tiempos por Monasterio, Monasterio Viejo, Horno Nuevo, Cruces Reales , Cruces Públicas y Cruz Real.

Deseo referirme a los años cincuenta del siglo pasado, de los cuales tengo los recuerdos más nítidos de mi vida. Siempre escuché que la calle Cruces o calle de las Cruces, se debía a la cantidad de cruces que había en algunas fachadas, porque en ellas, se hacía las distintas estaciones de penitencia que se organizaban los Viernes Santo. Recuerdo perfectamente el recorrido que hacía  el Vía Crucis, que salía de la Parroquia de San Joaquín con la imagen del Cristo del Amor, que de forma permanente estaba en el convento de las RR MM Capuchinas; convento que estaba situado en lo que hoy es el Hotel Monasterio San Miguel,  el recorrido que hacía por la calle Cruces, era el tramo comprendido desde Espelete a Santa Clara.

Esta calle, según el  estudioso portuense Hipólito Sancho,  (en la imagen de la izquierda) ya es nombrada en el año mil seiscientos como “núcleo central” de lo que entonces podía ser  El Puerto; era una entrada natural por la avenida de Sanlúcar, igualmente por las calles de San Sebastián y San Francisco, donde entraba el campesinado de Sanlúcar, Fuenterrabía y Rota a traer frutas y hortaliza al mercado que existían en las instalaciones que hoy tiene Telefónica, tiene esta calle forma de ángulo obtuso, empieza en la calle Santa Clara, hace vértice en la esquina con Espelete y termina en la plaza del Ave María. Quizás sea la calle del barrio alto más importante, calle como todas las calles del casco antiguo ‘trazadas a cordel’, la calle Cruces representaba una expresión risueña y campesina de otros tiempos, su luminosidad  y colorido, --¡no sé que tendrá la luz de mediodía  y el azul del cielo en esta ciudad !--, donde el blanco de la cal,  las jambas y dinteles de piedra de San Cristóbal  se llevan bien. Casas-patio de campesinos, donde todo el mundo se conocía, relacionaba y se saludaba, hoy conocemos en cualquier viaje o simplemente por Internet a cualquier persona y nos hacemos amigos para siempre, sin  embargo tenemos a vecinos al lado nuestro que no saludamos. En fin la vida..

Casapuerta o zaguán en la calle de las Cruces, con una bonito portón de acceso al patio principal.

LA CASAPUERTA.
En anteriores  nótulas en Gente del Puerto sobre el Barrio Alto, nunca he definido lo que representaba en las casas-patio la palabra zaguán. Zaguán o casapuerta, es una pieza de las casas de la baja Andalucía, un casa sin zaguán es una casa en la calle;  es una palabra como muchas derivadas del árabe, es una parte importante de las casa-patio, de vecinos o no; el zaguán  es la parte de la vivienda  que da acceso al patio desde la calle; es un espacio intermedio entre lo público y lo privado. Los visitantes o extraños que llegaban a las casa de vecinos o individuales no entraban directamente en los lugares íntimos de ella, sino que se recibían primero en el zaguán, una vez que el visitante era identificado se pasaba a la sala o no, estar en el zaguán era estar entre la casa y la calle.

Carro delante de la carbonería existente en la calle de las Cruces, en el Palacio de Purullena, con la calzada empedrada de chinos y las aceras con losa de Tarifa. /Foto: Centro Municipal de Patrimonio Histórico.

TALLERES DE CARROS.
La calle de las Cruces, como casi todas las calles del Barrio Alto en aquellas fechas estaban pavimentadas de chinos de cantos rodados, colocados sobre tierra y eran lo suficientemente resistente para soportar el peso de carros, carretas y los escasos camiones que entonces circulaban. En El Puerto de aquel entonces existían dos talleres de fabricar carros y carretas, el primero  estaba en la calle Santa Clara, muy cerca de la calle Cruces en este lugar estuvo una bodega de González Rico Hermanos, después esta finca fue enajenada para hacer un grupo de viviendas, el otro taller de carros estuvo en la esquina de la calle Durango y Cruces, propiedad de la familia Palomo. El trasiego de granos, frutas, hortalizas, sal y vinos, demandaba una gran cantidad de carruajes de este tipo. Recuerdo la actividad fabril del taller de Santa Clara, la propietaria creo que se llamaba Rosalía. Como curioso que soy pasaba horas mirando como se hacían las ruedas y observando como se colocaban los aros metálicos en las mismas.

Exterior de la restaurada Ermita de Santa Clara, o Huerta de Palomeque.

ENTRE SANTA CLARA Y ESPELETE.
La calle Cruces comienza en la esquina de Santa Clara,  a continuación relaciono los propietarios del tramo comprendido entre las calles Santa Clara y Espelete, por la acera de la derecha: Ermita de Santa Clara o la Huerta de Palomeque, Casa de Cordones, Casa de Diego el conserje del cementerio, Casa de Baldomero, Tonelería de Luis Huerta, Casa de tres plantas de Luis Huerta, Casa de José Gutiérrez (después la vendió a Roberto Carmé). Por la acera de la izquierda: Solar de Penita (se entraba por calle Santa Clara), un colegio de niños (desconozco el propietario), Casa de los Olivos, Bodega de los Caracoles, Casa de las Cañas, Bodega de Manuel Quirós y Casa de Juan González Moresco  (este señor tenía una panadería en calle Ganado y era propietario de la pensión Frasquita).

Comedor de 'Sol y Vida', donde estaba la casa de Dolores 'la Gitana'.

ENTRE ESPELETE Y GANADO.
Con idea de no hacer demasiado larga la exposición de todos los propietarios de  fincas de esta calle, haré un recorrido por la misma haciendo algún que otro comentario que pueda ser motivo de interés. Empezando por el tramo de las calles Espelete a Ganado, en la acera de la derecha, donde se encuentra actualmente el comedor “Sol y Vida”, el nº 18, esta vivienda era una casa típicamente del barrio alto, casa-patio de gran superficie, tenía muchos vecinos, es una pena que no se construyera igual que fue. Allí vivió Dolores la gitana (esta señora vendía cigarrillos que ella misma liaba, tenía el “negocio” en calle Ganado junto a la tienda que existe actualmente de máquinas de coser). En la acera de la izquierda haciendo esquina con ganado estaba la tienda de ultramarinos de Eloy Eizaguirre que además tenía taberna por la calle Ganado.

Número 47 de la calle Cruces, una fachada convenientemente restaurada.

ENTRE GANADO Y ARENAS: EL CINE MODERNO.
En el tramo de las calles Ganado a Arenas o Arzobispo Vizarrón, destacaría el gran corral de cabras de mil setecientos metros cuadrados, con sus puertas pintadas de rojo, este corral lo adquirió Pedro López Serrano, propietario de las cines Moderno y Victoria, en este solar hizo un gran cine de verano, la película de estreno fue “El bandido generoso”. Este cine se dividió en dos, uno de verano y otro de invierno, la película de estreno del cine de invierno fue “La reina Luisa”. Por la izquierda destacaría el almacén de ultramarinos de Antonio Rodríguez Gil (Manila) que estaba situado en la esquina con calle Arenas.

Interior del desaparecido Cine Moderno en el Carnaval de 1986

ENTRE ARENAS Y SAN JUAN.
Siguiendo el tramo de las calles de Arena a San Juan, en la acera de la derecha cabe destacar por la antigüedad el almacén de ultramarinos de Manuel Leveque, con nótula núm. 097 en GdP (que aparece en la imagen de la izquierda), que hacía esquina con calle San Juan. Por la acera de la izquierda, recuerdo a mediado de la calle la barbería de Natera y además la casa los Terry, de las mallas de Terry, donde se recogía la seda y se entregaba las mallas de los famosos brandies de Fernando A. de Terry; esta finca que hacía esquina con San Juan y que era una preciosidad, fíjense bien la lamentable fachada que han dejado.

Número 62 de la calle de las Cruces, una bonita fachada que mejoraría mucho si estuviera restaurada.

El número 61 de la calle de las Cruces, puerta de zaguán con jambas y dintel con dovelas de piedra arenisca de San CristóbaL.

ENTRE SAN JUAN Y SAN SEBASTIÁN.
Siguiendo el tramo de las calles San Juan hasta San Sebastián, en la acera de la derecha, recuerdo la taberna de “El Golpe”, por cierto hay que felicitar a los propietarios de esta finca  nº 58,  por la fachada tan nuestra y el patio tan bonito; el nº 62, casa de fachada clásica, mantiene todavía  la fachada y patio que conocí siempre; el nº 74 la finca del Bar El Reloj, con el famoso reloj de sol, en esta casa vivieron siempre la numerosa familia de los González-Rodríguez.

Número 62 de la calle Cruces.

La casa del reloj de sol, en la esquina de Cruces con San Sebastián. Durante muchos años albergó al Bar 'El Reloj'.

En el tramo de la izquierda, había que destacar la finca esquina con Postigo, el almacén de ultramarinos, panadería, freidor de pescado y por último bar;  el nº 67, gran casa de tres plantas que  los propietarios conservan aún y mantienen a pesar de la que esta cayendo y la esquina con San Sebastián el almacén de ultramarinos de Antonio González Heredero, que tantos y agradables recuerdos me trae por sus bocadillos de atún, --que eran cosa seria-- cuando fui alumno San del Colegio de San Ignacio.

Cruces 67, gran casa de tres plantas donde hubo un taller de electrónica y televisión, ahora un despacho y Cruces, 82, Casa de la Hermandad de la Oración en El Huerto, fue tienda de venta de muebles y, anteriormente, bodega.

Cruces 89, bonito frente de fachada, rejas sencillas, bien restaurada.

ENTRE SAN SEBASTIÁN Y PZA. AVE MARÍA.
Por último el tramo comprendido desde San Sebastián hasta plaza del Ave María, en el tramo de la derecha,  el nº 82 considero acertado la adquisición de esta finca  por la Hermandad de la Oración en el Huerto, un colectivo de estas características puede cuidar bien esta casa-bodega;  en el nº 84 casa que conocí siempre así, vivieron la familia Letrán Leyva; el nº 86 donde estuvo el Colegio de Don José Luis Poullet Martínez de gratos recuerdos para todos los portuenses.

Palacio del Marqués de Villarreal y Purullena, recientemente restaurado /Foto: Javier Reina.

Después viene el Palacio del Marqués de Villarreal y Purullena con la carbonería y el baratillo del Portugués que tenía en las accesorias y que no me extiendo porque ha sido difundido suficientemente por GdP;  a continuación nº 98  casa de una planta muy hermosa, fachada sencilla, de siempre de Joaquín Lojo Espinosa, creo que el propietario actual es Juan Andrés Jiménez Rodríguez;  el nº 100 actual, quizás sea la casa más bonita, a mi juicio, de toda la calle Cruces, creo que en esa vivió don Agustín del Toro Gómez.

Cruces, 100, a juicio del autor la casa más bonita de la calle Cruces. Al final, la vivienda propiedad de Roberto Romero Laffite, donde vivió desterrado el General Queipo de Llano.

A continuación casa nº 102, creo que los propietarios eran  la familia de la esposa del profesor Don Enrique Bartolomé López- Somoza;  a continuación casa nº 92 donde vivió algún  tiempo el General Queipo de Llano, actualmente esta casa es propiedad de Roberto Romero Laffite y finalmente termina la acera de la derecha, con casa-bodega de la firma Luis Caballero SA. Por la acera de la izquierda cabe destacar la esquina con Durango del taller de carros de la familia Palomo. Este taller estaba dividido en dos partes: una parte estaba en esta esquina y frente en lo que fue el Bar Palomo estuvo el resto del taller;  a continuación la calería de Antonio Orellana García; la casa de los Bononato de bonito frente de fachada con jambas y dintel formando dovelas de piedra caliza de San Cristóbal;

Cruces 103 actual, 73 antiguo. Casa que fue de Carmen 'La Roteña'. De la fachada... juzguen ustedes mismos.

El número 103 actual, es  hoy una aberración arquitectónica, yo entiendo como se pude permitir esa fachada; recuerdo esta casa que estaba junto a de mis abuelos, tenía el nº 73 antiguo y le decía la casa de Carmen ‘la Roteña’, señora de pelo blanco peinada con rodete, era muy buena persona, vivía en la planta alta y vendía frutas y hortalizas; casa clásica de dos plantas, dos ventanas a los lados en planta baja, zaguán al centro que daba a un patio interior, dos ventanas en fachada de la planta alta y balcón en el centro; zaguán y patio de losas de Tarifa y escalera al fondo del patio a la izquierda que desembocaba en un pasillo volado sobre el patio que daba acceso a las viviendas; eran inquilinos de esta casa, entre otros, la familia Bernal-Márquez.

Cruces 105, 75 antiguo, la que fue casa de mis abuelo: sigan juzgando...

Y termino con la casa nº 105 moderno y 75 antiguo, fue la casa de mis abuelos paternos Francisco Bollullos Sánchez y Juana López Ruiz, esta casa era otra clásica del barrio alto, de una planta con zaguán y patio interior con helechos jazmines y aspidistras, que daba una aspecto de frescor en verano;  corral  interior, azotea a la andaluza y desván encima del zaguán al que tenía acceso por la azotea, muy bonita;  si ustedes se fijan en la fachada , nada que ver con el entorno, las ménsulas de balcones y ventanas, entrantes y salientes, no parecen fachadas típicamente portuenses, no sé si el arquitecto se daría un paseo por esta calle antes de proyectar la fachada.

Por circunstancias que no vienen al caso, viví una temporada con mi abuela y le tenía un cariño especial al entorno de la plaza del Ave María y calle Cruces porque allí pasé parte de mi naciente juventud y me sentí feliz. Para mi ha sido motivación suficiente para tener el atrevimiento de hacer esta nótula. (Texto y fotos: Francisco Bollullos Estepa).