
La programación estable del Teatro del Títere La Tía Norica echa a andar hoy en Cádiz capital con una versión escénica de la obra de Fernando Quiñones Las mil noches de Hortensia Romero, y que parte del relato corto «La Legionaria» realizado por el autor en la primavera de 1978. En esta novela amplía y enriquece la historia de la protagonista y con ello sigue la tradición de la desapareciente narrativa popular española-andaluza de tradición oral anónima que son las ‘historias con gracioso o con valiente’ en palabras de Fernando Quiñones. La protagonista hoy es la actriz portuense Montse Torrent. (Ver nótula 154 en Gente del Puerto).
Bajo la dirección de Estrella Távora, Las mil noches de Hortensia Romero es la adaptación teatral de la novela del mismo título que escribió Fernando Quiñones (finalista del Premio Planeta de 1979). Esta adaptación teatral incluye parte de las vivencias de Hortensia --una prostituta de cincuenta años que relata sus experiencias eróticas-- hasta ahora desconocidas en un escenario; personajes, situaciones personales, ambientes, anécdotas con duende, las emociones de un personaje popular y sin pudor. Y al frente, la porteña Montse Torrent. La obra comenzará a las nueve de la noche.
MONTSE TORRRENT & HORTENSIA ROMERO.
Fernando Quiñones hace de La Legionaria un spin off tan magistral, tan académicamente andaluz y gaditano que consigue encumbrar a Hortensia Romero, la mujer que vivía de sus partes y de sus carnes al Olimpo literario del Planeta, siendo finalista del reconocido premio en el año 1979 con Las mil noches de Hortensia Romero. Legionaria, nombre de guerra de una puta que vivió entre las pensiones de la Alameda de Hércules de Sevilla y los prostíbulos de Cádiz nace como relato corto un año antes de salir a la luz trasfigurada en novela.
Estrella Távora, actriz y directora pujante dentro de la escena andaluza, consigue al alimón con Montse Torrent desmenuzar con una dramaturgia limpia de espinas trasversales el texto dicharachero y pegado a la cal de los callejones gaditanos, que Quiñones llevaba metido entre las venas y la sal de la Caleta pegada a su piel, desnudándolo y alejándolo a la vez de las miradas aviesas y entre visillos de las burguesas púdicas asomadas a los balcones abalaustrados de la Cádiz más cosmopolita.
El mundo de una hembra que nunca pudo ser niña es lo que nos enseña con desgarro y con la gracia y el desparpajo que se lleva por la baja Andalucía esta mujerona que tuvo que echarse a la vida antes de que la vida se la comiera por los pies.
Es el retrato de una tragicomedia en estado puro. Es la soledad de Hortensia Romero, que gira alrededor de una cama acoplada a lo largo de la representación a la propuesta escénica de la actriz portuense.
Las anécdotas y usanzas risibles y chocantes con sus clientes más habituales –el marino mercante, el de la risa, don Román Matute, el del calamar- consiguen las risotadas cómplices y a la vez descarnadas de un público que asiste entre incrédulo y fascinado a la sucesión de imágenes y de respuestas sin preguntas que ofrece una prostituta que se conforma con tener una casa y la ropa limpia a la hora de su retiro; que se conforma con el recuerdo de los baños en cuero en “la má” y con la luna.
La adaptación de la novela logra la conjunción entre la charla y el cante teatral con una interpretación medida y ajustada de una Hortensia muy diferente a la que estábamos acostumbrados a ver, en donde la actriz da muestras de su versatilidad y valentía siendo la primera mujer que se enfrenta a este personaje desde que saliera de la pluma del autor de Chiclanero.
Bien resuelto el comienzo de la obra con una proyección que prepara al espectador para el mar de sensaciones que viene después. Los quejíos en voz alta de Hortensia Romero, ese artificio carnal que traspasó la casapuerta de la calle de todos los días del maestro Quiñones, llegó con nitidez a los cinco sentidos del patio de butacas de un Muñoz Seca lleno hasta las trancas y que se rindió al magnífico trabajo actoral de Monserrat Torrent en su reencuentro con los escenarios andaluces. Larga vida a La Legionaria. /Texto: Manolo Morillo.















Náutico, cuna de la Puntilla y fin urbano de la Ciudad. En la conciencia más soñadora y extrema del Puerto siempre se tendrá presente su Bajamar, anclada en el río salino que es el Guadalete del Puerto, y se oirán los pitidos del Vapor, el bullicio de la Pescadería y sus barcos, la campanadas del Hospital anunciando ingresos, el sordo rumor de las vagonetas del embarcadero de la sal, etc. Sus ecos pasaron a la Historia pero su recuerdo nada puede borrarlo. /Texto: José López Ruiz




Todo lo que no fueran las ‘tajaítas’ --que así también se designaban en lenguaje coloquial a los trozos de raya rebozados y fritos-- y esos medallones dorados procedentes de las merluzas al trocearlas transversalmente, debía considerarse delicatessen (chocos, tapaculos, acedías, huevas, etc.), aunque tal carácter tenía igualmente para los pequeños las denominadas ‘mijitas del freidor’, las migajas de toda la fritanga en una deliciosa rebujina que más que alimentos eran golosinas dentro del cartucho grasiento de papel de estraza. «--Deme usted un cartucho de militas». /En la imagen de la izquierda, José Luis, el último gallego de la desaparecida Freiduría Apolo.
Estos hábitos gastronómicos que fueron diluyéndose hasta casi desaparecer a medida que pasaban las décadas tenían una tradición de siglos. Pascual Madoz en su diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, editado en 1846, reseña en su volumen 5º los establecimientos con puerta abierta a la calle de la ciudad de Cádiz y al referirse a los freidores de pescado añade: “cuyo número es prodigioso”, asombrado de la cantidad de freidurías existentes, y completa su ilustración al respecto con este comentario: “La especie de pescado que más abunda en la pescada pequeña que puede decirse constituye el principal alimento de la generalidad del pueblo, pues los muchos freidores públicos que se encuentran repartidos por toda la ciudad, viven y aún hacen capitales, sin más giro ni ocupación que esta tan mezquina al parecer; la misma gente rica la usa generalmente en sus cenas.” /En la imagen de la izquierda, suelto publicado en la revista Cruzados el 16 de julio de 1966, sobre los malos olores y los freidores.
El Ministerio de Cultura y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) realizaron el proyecto de investigación, conservación, digitalización y difusión del 




«Alejandro Dumas fue un gastrónomo quen escribió novelas y un novelista que hizo incursiones notables en el mundo de la literatura culinaria. Por consiguiente es bastante lógico que no falten testimonios por su interés por las cosas del vino, quien incluyó, también, un amplio artículo ‘--Vino’-- en su Diccionario de Cocina, una obra compleja que fue su contribución fundamental a la literatura gastronómica». Pablo Lacoste y Frederic Duhart. /En la imagen de la izquierda, Dumas, fotografiado por Nadar.
"El vino de Jerez se extiende por el mundo gastronómico desde El Puerto de Santa María. Ya conoce el famoso jerez, el jerez de los caballeros que tanto le gusta encontrar a don César Bazán junto al rey de los patés. Por eso El Puerto de Santa María es un verdadero lugar de peregrinación para los ingleses. El barquito de vapor que cada hora hace el recorrido de Santa Maria a Cádiz lleva en cada viaje, si no un cargamento completo, sí por los menos una buena muestra de gentlemen viajeros que, tras haberse detenido en Sanlúcar, quieren comparar el pajarete con el jerez". /En la imagen de la izquierda, El Gran Diccionario de la Cocina.









