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Las dos bodas de Amalia Jiménez #6.618

Una historia portuense propia de una novela romántica

| Imagen de la primera boda de Amalia Jiménez, generada con IA

| Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz [*]

La vida de Amalia Jiménez González (El Puerto de Santa María 1872-1918), es realmente digna de ser contada en una narración novelesca romántica. Estoy por asegurar que, si Fernán Caballero la hubiese conocido, la habría convertido en la heroína protagonista de alguna de sus novelas. A hechos tan dramáticos como la demencia y posterior suicidio de su primer marido compañero de Isaac Peral y la muerte del hijo mayor, con tan solo 23 años, en la Guerra de África se unen otros, plenos de romanticismo, como el de propiciar la conversión y bautismo de un alemán, director técnico de una fábrica de cerveza portuense, con el que acabó casándose y de quien volvió a enviudar. Tuvo una dorada madurez, enamorando a cuantos la rodeaban. Que grado de admiración no despertaría que uno de sus buenos amigos de la mejor sociedad de la época le dejó en herencia ¡un cortijo¡, y no un campito cualquiera, sino el famoso cortijo “Las Manoteras”. Era hija del vinatero Ramón Jiménez Varela.

Su noviazgo con Juan Iribarren, oficial de la Armada

Resplandecía la iglesia Mayor en la misa matutina del 8 de septiembre de 1888, festividad de la patrona portuense.  Entre los numerosos asistentes a la misa de ese día se encontraba Amalia Jiménez González a la que acompañaba su madre. Mujer de extraordinaria belleza, según sus contemporáneos, era la única fémina de los cinco hijos que tuvieron el matrimonio formado por Ramón Jiménez Varela, fundador de la casa vinatera que llevaba su nombre y Amalia González Urruela.

| El Teniente de Navío, Juan Luis Iribarren y Olozarra, primer marido de Amalia Jiménez y compañero de Isaac Peral en la botadura del submarino.

Se había prometido hacía unos meses con Juan Luis Iribarren y Olozarra, un oficial de marina sevillano. --Teniente de Navío--, de ascendencia vasco navarra. La blancura de su tez disimulaba la palidez del rostro, pero el rictus desasosegado de su boca evidenciaba el estado de nervios en que se encontraba sumergida. Estaba allí para pedirle a la Señora por el éxito de una empresa, un atrevido experimento que ten-dría lugar ese mismo día en aguas de la bahía gaditana, en el que participaba el que sería su futuro esposo. Se trataba de un ingenio naval, construido en el Arsenal de la Carraca, en San Fernando, ideado por Isaac Peral. Bajo su dirección y con el prometido de Amalia como según-do oficial el ingenio naval se sumergiría bajo la superficie del mar para realizar una serie de experimentos. Por el éxito de los mismos, y especialmente por la seguridad de los tripulantes y, particularmente, la de su novio, eran los ruegos de Amalia. Después de escuchar misa se dirigieron a pie hacia el domicilio familiar, en calle Larga número 11, para desde allí esperar la llegada de sus hermanos que junto con otros amigos se habían desplazado al lugar de la botadura y conocer de primera mano las noticias e incidencias del experimento.

De la biografía de Isaac Peral de la que es autor Ginés Delgado Palín, reproducimos un interesante fragmento descriptivo de este revolucionario invento que, de haberse construido y perfeccionado, quizás hubiese cambiado el rumbo de nuestra historia, una década después en la batalla naval contra EE. UU.

“Perfeccionando los complicados y novedosos aparatos de que iba dotado y después de la primera y satisfactoria inmersión, a pesar del sabotaje que sufrió en una de las palas de la hélice principal, en los años siguientes continuaron realizándose diversas pruebas en superficie, de inmersión, navegación submarina y lanzamientos de torpedos hasta la ruptura entre el inventor y el gobierno y la consiguiente paralización del proyecto. El sumergible botado el día de la patrona portuense tenía 22 metros de eslora, desarrollando una velocidad máxima de 7,7 nudos en superficie y 3,5 en inmersión. Su propulsión era eléctrica, toda una novedad, utilizando para ello un gran número de acumuladores montados en batería y dos motores de 30 caballos de vapor. Posteriormente, tras diversas pruebas llegaría a alcanzar los diez nudos en inmersión. Iba armado con 3 torpedos que se lanzaban desde un único tubo situado en la proa. Según los analistas modernos, su propulsión y armamento le convirtieron en prototipo de todos los demás submarinos existentes hasta la segunda guerra mundial”

| Cartela conmemorativa de la prueba del submarino Peral

De los inventos propios aplicados al ingenio naval que se construyó, entre los que destacaríamos la torre óptica de visión directa (periscopio) y un sistema de regeneración de aire que permitía respirasen sin problemas durante la inmersión toda la tripulación, compuesta de doce hombres, los más numerosos fueron los relacionados con la electricidad. Así, entre otras aplicaciones menores, dotó a la embarcación de unos reflectores eléctricos de arco (que luego serían utilizados en el alumbrado de grandes espacios públicos, como por ejemplo la Plaza Isaac Peral en determinadas fiestas y durante los meses de verano) cuya luz, recogida por lentes y espejos, iluminaba las aguas hasta una distancia de 150 metros, de un silbato eléctrico o sirena, para avisar de las operaciones a realizar a todos los componentes o de una corredera eléctrica que permitía la navegación de estima en inmersión con gran precisión”

La navegación de estima permite a los marinos calcular su posición sin observar el sol ni las estrellas, resolviendo el rumbo desde el último punto conocido y la distancia recorrida.

Nos hemos permitido cierta licencia en el párrafo inicial, recreando una escena tan solo imaginada, para así informar al lector de este hecho, poco conocido y escasamente difundido, de la amistad y confianza existente entre Peral e Iribarren, al que sitúa como su segundo en el bautismo del submarino y su conexión con El Puerto, iniciada a través de este camarada de armas que a su vez está integrado en la sociedad local merced a su relación, compromiso y posterior boda con la hija de Ramón Jiménez Varela, importante empresario vinatero local, enlace que ahora, tras este preámbulo, pasamos a comentar

Hace 135 años, exactamente el 15 de abril de 1891, desposaron en la Iglesia Mayor Prioral,  Juan Iribarren, tripulante del submarino de Peral, en la prueba de inmersión, con el que compartió “glorias y sinsabores, laureles y disgustos” según cita la Revista Portuense en su crónica del enlace, y Amalia Jiménez, “la admirada de todos, una  de nuestras jóvenes mas bellas, la que daba nota a las reuniones con su gracia y discreción quien, siendo lideresa social de la juventud local a sus 20 años, se unió en matrimonio en la capilla de la Virgen de los Milagros con Juan Iribarren, que le superaba en 19 años, siendo los padrinos los padres de la desposada y testigos de la ceremonia Isaac Peral y su esposa. La novia vestía un precioso traje blanco rameado, adornado con azahar y el novio lucía uniforme de media gala de teniente de Navío.

| En la calle Larga, la Casa Palacio de los Miera, en 2024, domicilio de los padrinos de los nuevos esposos donde se celebró el banquete nupcial.

La iglesia estaba rebosar, asistiendo, además de los 40 invitados oficiales, numeroso público atraído por el propio acontecimiento social y otros muchos ávidos de ver de cerca a Peral. Al finalizar la ceremonia, los novios y los invitados fueron trasladados en calesas y coches de caballo al domicilio de los padrinos, la casa palacio de los Miera, en calle Larga 11, “en cuyo comedor, que es magnifico y adornado con exquisito gusto, se sirvió un espléndido almuerzo”.

El menú confirma el adjetivo de espléndido utilizado en la crónica de la Revista Portuense: Tortilla con trufas y jamón, filetes de ternera a la Champignon, mayonesa de salmón y langostino, boulevant de pollos, boastted a la inglesa, pavo trouffé, jamón con huevo hilado, soufflé a la emperatriz, budín de cabinet, petits sous a la cremme, piñas de América, gelatinas, pastelería y  repostería extranjera y del país. Las bebidas referenciadas fueron: Jerez, Amontillado y Champagne de Jiménez Varela, y también Champan Bouche & Fils, francés.

Los recién casados viajaron en tren a Granada, instalándose después en la casa número 44 de calle Larga, que hace esquina con Caldevilla, posiblemente el regalo de bodas de su padre, Ramón Jiménez Varela, aunque es probable que, cuando quedó embarazada dos años después, se trasladasen a vivir a una casita anexa a la de la familia Jiménez Varela en Larga 11. Tuvo el matrimonio tres hijos: María, la mayor, casó con el alcalde de Utrera, Vicente Giraldez, y los dos varones siguieron la carrera militar del padre. Ramón se jubiló como General de Brigada de Infantería y Juan Luis Iribarren Jiménez, teniente de Regulares, muerto en la Guerra de Marruecos (ver nótula 1299).

1.299. JUAN LUIS IRIBARREN JIMÉNEZ. Militar muerto en combate en la Guerra de Marruecos.

Hemos localizado en el periódico “El Estandarte” del 14 de agosto de 1888 unas breves líneas indicando que se había dispuesto formase parte de la dotación del torpedero submarino “Peral”, el teniente de Navío Juan Yribarren Olazarra. Este destino y su nombramiento como comandante del cazatorpedo “Destructor”, en octubre de 1896, fueron los mas destacados de su carrera profesional, trágicamente acabada al fallecer años después al suicidarse como consecuencia de problemas graves de su salud mental, datos que recogemos con reserva al no localizar ninguna referencia fiable sobre su muerte.

| Cazatorpedos 'Destructor' | Imagen coloreada con IA

Segunda boda de Amalia Jiménez González

#5.457. Tradición cervecera en El Puerto de Santa María (y II)

En la acera de enfrente del domicilio de Amalia Jiménez, en Larga 11, estaba la fábrica de cerveza de Javier Tosar, donde prestaba sus servicios como director técnico un alemán llamado Hugo Richter Noack, soltero, de la misma edad que la joven viuda, madre de tres hijos. Hicieron amistad, se prometieron y decidieron unirse en matrimonio, con el único inconveniente de la diferencia de confesión religiosa, ya que Hugo Richter profesaba la religión protestante luterana. Pero eso lo solucionó Amalia.

| Escaparate expositivo de Cervezas Tosar

Reproducimos íntegramente el artículo que con el título “Nuevo Católico” figuraba en la “Revista Portuense” del 14 de enero de 1904: A las 3 de la tarde de ayer, tuvo lugar en la Iglesia Prioral, con toda solemnidad, el administrar el Sacramento del Bautismo e imponer los nombres de Emilio Hugo al Sr. Don Hugo Richter y Noack, director técnico de la fábrica de cerveza de los señores F. Javier Tosar y Cia., siendo madrina la respetable señora Doña Manuel Zurutuza, Vda. de Tosar, padrino el señor don Juan Osborne y Guezala y testigos los señores D. Javier y D. Manuel Tosar Zurutuza. Numerosa y distinguida concurrencia asistió a dicho acto, el cual se celebró a puerta cerrada, luciendo la capilla bautismal sus mejores galas, realzando los majestuosos acordes del órgano el ingreso en nuestra Sacrosanta Religión del nuevo cristiano. Concluida la ceremonia religiosa se trasladaron en varios carruajes los invitados a la suntuosa morada del padrino, Sr. Osborne, donde con la esplendidez proverbial en aquella casa, se sirvió a los concurrentes un magnífico lunch, sentándose a la mesa los padrinos, el bautizado, testigos, el Sr. Arcipreste, D. Manuel González Macías, que había actuado en la ceremonia, los presbíteros Sres. Cozar, Arenas, Castilla y Carro, D. Rafael Osborne, Srta. Carmen Loma, D. Francisco Hohenleiter y la señorita María Teresa Hohenleiter, haciendo los honores de la casa, sus dueños, la distinguida y bella señora Dª Joaquina Tosar y su esposo el Sr. Don Juan Osborne, con su reconocida amabilidad y “savoir faire”.

Dos días después se firmaron los esponsales, solicitando el permiso del cura de semana, el presbítero Ricardo de Luna, capellán de las RR. MM. Capuchinas, que recibió la promesa matrimonial. Y el 12 de febrero de 1904, el presbítero citado, desposó y casó “con palabras de presente que hicieron verdadero y legítimo matrimonio a Don Emilio Hugo Richter, soltero, alemán, de 32 años con doña Amalia Jiménez, viuda de Juan Iribarren, de 31 años” habiendo precedido Mandamiento del Muy Ilustre Señor Previsor y Vicario general del Arzobispado de Sevilla, autorizando el enlace.

Los nuevos esposos y los hijos de Amalia ocuparon por segunda vez la casa de Larga 44, donde los hemos localizados empadronados en 1910. Están dos de hijos del primer matrimonio de Amalia: Ramón y Juan Luis Iribarren Jiménez, de 16 y 15 años, respectivamente, ambos estudiantes. La hermana mayor, María, se habría emancipado en esa fecha y el quinto empadronado que figura es el único hijo del segundo matrimonio, Emilio Richter Jiménez, que tiene 6 años. En la referencia al cabeza de familia, Emilio H. Richter, de 39 años, de profesión cervecero, figura una cruz potenzada. Había fallecido y Amalia Jiménez, nuestro idealizado personaje, estaba nuevamente viuda.

Nació en 1872 y dejó de existir en 1918, con 46 años de edad.

[*] Asociación Cultural Puertoguía

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